“BAJO FUEGO”: Una imagen de mentiras vale mas que mil balas.

“BAJO FUEGO”: Una imagen de mentiras vale mas que mil balas.

“UNDER FIRE” (Roger Spotiswoode, 1983)

CINEFORO CCEN: CINE Y PERIODISMO

Julio 2012

La acción de “BAJO FUEGO” se desarrolla en la Nicaragua de la insurrección de 1979, pero esta no es la historia del triunfo revolucionario. La película pertenece a un sub-género popular a inicios de los 80s. Si ahora Hollywood adora a los súper-héroes vestidos de spandex, en aquel entonces amaba las historias basadas en la vida real, protagonizadas por periodistas en zonas de guerra de todo el mundo. A ese grupo pertenecen “The Year of Living Dangerously” (Peter Weir, 1982), con Mel Gibson y Sigourney Weaver en Indonesia; “The Killing Fields” (Roland Joffe, 1984) con Sam Waterstone y John Malkovich en Cambodia; y James Woods como un bala perdida en “Salvador” (Oliver Stone, 1986). La mayoría de estas películas tienen a un “nativo” que sirve como la conciencia del filme. Un traductor o un “fixer” local, como Linda Hunt en “The Year…” o Haing S. Ngor en “The Killing Fields”.

No hay una figura similar en “Bajo Fuego”. Nick Nolte es un foto-reportero cuyo trabajo domina las portadas de las mejores revistas; Joanna Cassidy trabaja para la influyente National Public Radio; Gene Hackman es un periodista en línea para tomar el mejor trabajo en la industria noticiosa norteamericana: el escritorio de presentador de noticias en una de las grandes cadenas. La película arranca cuando los tres levantan tienda del Africa. Cassidy y Hackman terminan su relación. Ella no está dispuesta a quedarse jugando a la ama de casa en Nueva York. Nolte apuesta a que tendrá chance de seducirla cuando viajen juntos al nuevo “punto caliente” que atrae a la prensa internacional: “Nicarragua”.

La película es brillante a la hora de recrear el mundillo móvil de los reporteros errantes. Es como un club flotante, que arrastra consigo a sus miembros y sus relaciones de un lugar a otro. La guerra cambia, pero la dinámica es la misma. El hogar es un hotel que todos parecen compartir siempre. La oficina es todo lo que queda fuera, desde la línea de combate hasta las fiestas donde cortejan fuentes. La acción de “Bajo Fuego” podría escenificarse en cualquier país en conflicto, porque su verdadera preocupación esta en dramatizar un conflicto ético: ¿que pasa cuando un periodista deja que su ideología o involucramiento emocional lo haga faltar a la verdad? Eso es lo que sucede con Nolte.

El líder de la revolución es un mítico “Rafael”. Nadie lo ha entrevistado jamás. Su rostro es conocido solo por pintas y carteles. Nolte y Cassidy se juegan el pellejo buscándolo. Hackman regresa de EEUU para encontrarlo. A medio camino, descubrimos que el héroe está muerto. Nolte es reclutado por los guerrilleros para tomarle un retrato que simule que aún vive. Es apremiante, para que los guerrilleros mantengan la moral en alto en el último empujón para derrocar al dictador Somoza.

Nolte accede, motivado por la violencia que ha visto. Pero en una trágica ironía, es el asesinato de Hackman, en circunstancias que emulan la muerte del periodista Bill Stewart, el que pone en jaque mate al régimen. El dictador se va, llevándose a sus muertos – vemos a la grua que saca los féretros de sus padres de la cripta. El crucial apoyo de los EEUU desaparece, empujado por la opinión pública indignada al ver la ejecución sumaria en la televisión. Un periodista fabrica una noticia, otro se convirte en noticia. Nosotros podemos decenas de miles de muertos. Tanto asi queda claro en un amargo diálogo entre una doctora nicaraguense y la atribulada Cassidy, búscando a Nolte entre los últimos estertores de la retirada.

Pedirle autenticidad a la película a la hora de retratar la Nicaragua de 1979 es un ejercicio de futilidad. ¿Se imaginan explicar al espectador norteamericano casual la dinámica entre las tres tendencias del Frente Sandinista y las luchas territoriales entre sus comandantes? Eso es material para una serie documental. Tanto así puedo concluir: “Rafael” es una mezcla de Carlos Fonseca y el Ché Guevara. Miss Panama ocupa el lugar de Dinorah Sampson. Hackman muere como Bill Stewart, pero no es Bill Stewart. Si puede leer en inglés, busque esta fascinante entrevista con el director Roger Spotiswoode, donde revela que otros episodios están basados en eventos reales y mas detalles sobre la realización de la película <http://thehollywoodinterview.blogspot.com/2009/04/roger-spottiswoode-hollywood-interview.html>.

Deberíamos apreciar la humildad de los cineastas, concentrándose en la historia que si pueden a contar. También es encomiable el sentido auto-crítico. Los periodistas son humanos y falibles. Incómodamente parecidos al mercenario interpretado por Ed Harris, vagando de guerra en guerra para ganarse la vida (Harris vendría a Nicaragua años después, para tomar el papel titular de la sátira política “Walker” (Alex Cox, 1986). Nolte, al cruzar la raya y tomar la foto que sirve a los propósitos de un bando, se termina pareciendo al misterioso espía interpretado por el gran actor francés Jean Louis Trintignant: un extranjero inmiscuyéndose en los asuntos de un país ajeno.

El director Roger Spotiswood es un jornalero, no un gran estilista. Se inició como ayudante en el set de Sam Peckinpah. Eso es lo mas cerca que ha estado de la gloria. Ha hecho de todo, desde una comedia protagonizada por un perro San bernardo y Tom Hanks en sus años mozos (“Turner & Hooch, 1986) hasta una película de James Bond “Tomorrow Never Dies” (1997). “Bajo Fuego” sigue siendo su mejor trabajo, un filme certero y controlado. Reclutó como director de cámara al gran John Alcott, veterano de varias batallas con Stanley Kubrick. Incluso, Alcott usó lentes especiales que creó para “Barry Lyndon” (1975) que le permitían filmar de noche, a la luz de velas y candiles. Los realizadores hicieron su tarea: pintaron fachadas de casas basándose en los colores de las famosas fotos de Susan Meiselas. El corresponsal Don McCullum y el fotógrafo Matthew Naythons, quienes cubrieron la insurrección, colaboraron con la producción. Puede que la música original de Jerry Goldsmith, mercidamente nominada al Óscar, haga uso libre de quenas. Eso se llama “licencia artística”. Esta es una película de ficción, no un reportaje noticioso. Sería una necedad demeritar a “Bajo Fuego” porque no encaja exactamente con la historia que vivimos. A mas de 30 años de la insurrección, lo que tiene que decirnos en sus propios términos es mas importante.

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