ESTRENO: “EL CÍRCULO” (The Circle)

Boyega y Watson, encerrados en “El Círculo”

El escritor Dave Eggers saltó a la fama con “A Heartbreaking Work of Staggering Genius” (Una historia conmovedora, asombrosa y genial). Publicada en el año 2000, es una memoria brutalmente honesta sobre un capítulo traumático de su vida: el declive físico de su madre ante un cáncer fulminante, apenas un año después de la muerte de su padre, y las dificultades implícitas en convertirse en el guardián de su hermano menor, siendo él mismo un joven aún en formación. Su éxito crítico y económico lo consagró como un talento emergente. Fundó la revista literaria McSweeney, que eventualmente desarrolló un brazo editorial. Quizás su trabajo en el periódico Cups y la revista satírica Might esconden las raíces de esta novela, poco merecedora de sus talentos.

Portada de “The Circle”

“The Circle”, publicada en el 2013, es una historia aleccionadora que ve con suspicacia el nuevo orden de la sociedad virtual. La acción se desarrolla en el campus de la compañía homónima, que sintetiza las características de Facebook, Google, Apple y Microsoft. Dios sabe que el culto alrededor de Silicon Valley merece ser objeto de burla, pero “The Circle” toma el camino mas corto hacia su moraleja. Lo único sorpresivo es que haya tardado cuatro años en llegar al cine. Esta escrita con la ligereza de un thriller de John Grisham. Fue hecha para que la filmaran. Sus debilidades se vuelven evidentes en la película dirigida por James Ponsoldt. En lugar de explorar la conducta humana en este nuevo orden, vilifica la tecnología con el celo de un ludita.

“Vos dale ‘me gusta’ a todo”: Hanks y Oswalt le bajan la línea a Watson.

Mae (Emma Watson) es una joven que apenas paga sus cuentas con trabajos temporales. Al menos, hasta que su amiga Annie (Karen Gillan) le consigue un trabajo en “El Círculo”, empresa que ha desarrollado una comunidad alrededor de un software que integra todos los aspectos de la vida. Los detalles son confusos, pero imagine una amalgama de redes sociales y Gran Hermano. El lugar es genial. Parece el campus de la universidad más moderna del mundo. Sus compañeros de trabajo se compartan como súbditos de un culto, pero los directores de la empresa – los únicos adultos de verdad en este mundo particular – son amistosos y geniales. No en balde Bailey, el CEO, y Stenton, el brazo legal, son interpretados por Tom Hanks y Patton Oswalt. ¿Que podría salir mal con estos buenazos? Pues, muchas cosas. La compañía se insinua en todos los aspectos de la vida de Mae, en formas que parecen benignas, pero dan paso a invasiones cada vez más siniestras.

Por ejemplo, el padre de Mae, Vinnie (Bill Paxton) padece de esclerosis múltiple. Su tratamiento consume buena parte de los ingresos de la familia. Al menos, hasta que “El Círculo” lo incluye en el seguro de Mae. Pero nada es gratis en esta vida. Cuando Mae es reclutada para transmitir todos los eventos de su vida, en vivo por internet, se espera que Vinnie y Bonnie (Glenne Headley) participen como buenos soldados. Esto da pie a un repunte de comedia mortificante, cuando una llamada en video los revela en la cama, manipulando los instrumentos que les permiten tener relaciones.

Sus amorosos padres dejan de contestar su llamadas. Pero es demasiado tarde para Mae. Ha bebido el kool-aid de la empresa, y se siente embriagada por su cercanía al poder. Eso despierta la suspicacia de Ty (John Boyega), un gigante manso y evasivo que entabla amistad con ella. En giro (in)esperado, resulta ser el genuino inventor de El Círculo, que mira con desaprobación como Bailey y Stenton extienden las capacidades del software para invadir la privacidad del individuo y hasta el funcionamiento del sistema político.

El problema de “El Círculo”, en papel y en pantalla, es que no tiene una curiosidad genuina por la tecnología, y como su aplicación afecta el tejido de la vida. Es el tipo de advertencia que emana de un adulto alienado por el desarrollo que no entiende. Solo ofrece una condena generalizada. ¡La sociedad sería mejor si nadie tuviera teléfonos celulares!

Me temo que no es ese el caso. El problema no son las herramientas, sino la naturaleza humana. La tecnología sirve para exacerbar lo mejor y lo peor del hombre, lo que ya está ahí, desde antes que descubrieramos el fuego. Bajo su apariencia moderna, “El Círculo” esconde una filosofía regresiva y reaccionaria. La trama, un mecánico ejercicio de corrupción y redención, usa la pretendida intriga para simplificar interesantes dilemas éticos. Es un thriller para los abuelitos que extrañan el teléfono de disco.

El mejor momento de la película recuerda a un producto mas afortunado a la hora de explorar la frontera entre hombre y máquina. Una vez a la semana, los líderes del Círculo montan una presentación en un gigantesco teatro. Que el evento recuerde los lanzamientos de Apple en la era de Steve Jobs no es coincidencia. Mae presenta un software que recluta las cámaras y las voluntades de todos sus usuarios alrededor del mundo para ubicar a cualquier persona en cuestión de minutos. El programa se presenta como una herramienta para detectar criminales y fugitivos. Pero a la hora de probarlo, la multitud obliga a Mae a utilizarlo para encontrar a Mercer (Eldar Coltrane), amigo de infancia que se ha distanciado de ella después de que las redes sociales lo convirtieran en un paria. El episodio no termina bien.

Black Mirror: fábula tecnológica superior.

La escena me recueda a “The Entire History of You”, el tercer episodio de la primera temporada de la serie “Black Mirror”. Esa magistral pieza de ciencia ficción especulativa imagina un futuro cercano en el cual todos los seres humanos pueden implantarse un chip que con la ayuda de una cámara ocular, graba todo lo que sus ojos ven durante el día, en tiempo real. El golpe maestro está en insertar la tecnología en el seno de una historia de escala íntima y personal: el ocaso de una pareja carcomida por los celos y la infidelidad. Su tiempo estará mejor servido consumiendo esa serie, disponible en Netflix.

Las chicas malas van a todas partes: Watson brilla en “The Bling Ring”.

El guión no sirve bien los talentos de Emma Watson. Si quiere verla haciendo bien el papel de chica mala, tendrá que buscar “The Bling Ring” (Sofia Coppola, 2014). Eldar Coltrane, el improvisador milagroso de “Boyhood” (Richard Linklater, 2015), lucha contra las esquemáticas líneas de su diálogo. Hanks y Oswalt pueden interpretar villanos amables en sus sueños, y pareciera que eso es lo que están haciendo aquí. Lo único que le da razón de ser al círculo es meramente accidental. La película es la última película que el actor Bill Paxton completó antes de su repentina muerte el 25 de febrero de este año. Este genial actor merecía una mejor salida de escena.

Chet para siempre: R.I.P. Bill Paxton (1955-2017)

 

Para leer después de ver “DUNKIRK” (Christopher Nolan, 2017)

Soldado sin nombre: el estoicismo heróico impera en “Dunkirk”

El director Christopher Nolan cultiva sus ambiciones artísticas con este espartano filme bélico que reproduce el asedio de las tropas aliadas en la bahía de Dunkerque en Francia, uno de los episodios más desconcertantes de la II Guerra Mundial. Tras una malograda ofesiva en la Francia ocupada, 400 mil ingleses y franceses se replegaron a la playa, esperando ser evacuados por una marina británica diezmada, mientras las tropas fascistas los cercaban.

“Dunkirk” inicia in media res. Tommy (Fionn Whitehead) es un soldado raso que recorre con un puñado de compañeros las calles del fantasmagórico pueblo abandonado. Las balas alemanas reducen al grupo. Solo él llega a la playa. Ahí, miles de soldados obsevan el horizonte. Pocos botes llegan. La evacuación puede tomar días. Un silencioso entendimiento con otro recluta (Anaeurin Bonnard) los convierte en cómplices en la difícil misión de sobrevivir. Asumen la posición de camilleros de un herido inconsciente para colarse en un navío a punto de zarpar, pero son expulsados sin mucha ceremonia. Se ocultan en las bases del muelle, pero las bombas hunden el barco. Salvan de una muerte segura a Alex (Harry Styles), quien se les une en sus desesperados intentos por huir. Sobre el muelle, el Comandante Bolton (Kenneth Branagh), oficial de mayor rango, espera como cualquier otro soldado. No puede hacer más.

La playa es el escenario de “The Mole”, uno de tres capítulos que corren paralelos, repartiéndose el breve y eficiente metraje de apenas una hora y 42 minutos. Los otros son “The Sea”, protagonizado por los tripulantes de uno de cientos de botes civiles, requisados por el ejército para colaborar en la evacuación: el Sr. Dawson (Mark Rylance) dispone hacer él mismo el viaje, en lugar de simplemente entregar el barco a oficiales de la marina. Le acompañan su hijo adolescente, Peter (Tom Glynn-Carney), y un amigo de la escuela, George (Barry Keoghan). “The Air” sigue a los pilotos de tres aviones Spitfire, encomendados con la tarea de proteger a los hombres en tierra del fuego enemigo. Tom Hardy es un galante piloto, pero su cara permanece cubierta durante la mayor parte de su tiempo en pantalla, con una máscara que recuerda a Bane, el archivillano de “The Dark Night Rises” (Nolan, 2012). El poder de estrella se maneja al mínimo. La voz de Michael Caine (el mayordomo Alfred in su trilogía de “El Caballero de la Noche”) guía a los aviadores. Con eso tendrán que conformarse los fans de Batman.

Créanme, ¡debajo de esta máscara está Tom Hardy!

La carnicería se mantiene fuera de cámara. No verá el morboso fetichismo de la carne mancillada de “Hasta el Último Hombre” (Mel Gibson, 2016), donde la violencia se explota para reafirmar el sacrificio de los protagonistas. El estoicismo de los personajes se traduce a la puesta en escena. El director asume el carácter del británico flemático. Quieren acelerar tu pulso como si estuvieras a la par de los hombres, luchando por sobrevivir, a la par de ellos, pero sin convertir la experiencia en un espectáculo vulgar. Compare como se presenta el mismo episodio histórico en “Atonement” (Joe Wright, 2007). La novela original de Ian McEwan dedica un capítulo entero al paso del protagonista, el soldado Robbie Turner, a través del dantesco escenario. En la película de Wright, la dramatización del capítulo tiene como corazón una vistosa secuencia de una sola toma, con la cámara serpenteando a través de una multitud de actores y extras ejecutando una intrincada coreografía. Hay algo de exhibicionismo en su virtuosismo. “Dunkirk”puede verse como una refutación estilística a estas decisiones creativas. No verá tampoco el celo documental que Steven Spielberg desplegó en su dramatización del desembarco de Normandía en el inicio de “Saving Private Ryan” (1998).

Solo los veteranos de guerra pueden testiguar sobre la fidelidad de la visión a la experiencia real. Para todos los demás espectadores, nuestro referente son otras películas. Esa suerte de “realismo” suele ser mas apreciado que la estilización. Aquí, Nolan retrata la muerte como una especie de extinción cósmica. Una bomba cae sobre el muelle atestado de soldados. No vemos miembros cercenados, no escuchamos gritos. Simplemente, los hombres, y el pedazo de madero sobre el cual estaban, quedó borrado de la faz de la tierra. ¿Por qué la ausencia de sangre es rechazada? Puede encontrar en redes a muchas personas decepcionadas con este tratamiento. Quizás esperaban la cámara hiper kinética de los filmes de super héroes, aunada a violencia gráfica. Este es un caso claro de espectadores insatisfechos porque un artista decide desafiar las expectativas del público.

Harry Styles, en su estado natural, cantando con One Direction

Tome nota del uso que Nolan hace de Harry Styles. Si usted no sigue el mundo de la música pop contemporánea, tiene que saber que es miembro del grupo musical One Direction. Entre el 2010 y el 2016, fueron uno de los actos más populares alrededor del mundo, principalmente con el público adolescente. El casting de uno de sus miembros más carismáticos, en su debut como actor dramático, es visto como un golpe de suerte comercial. Sin embargo, Nolan se resiste a convertir su aparición en un evento. No hay floridos movimientos de cámaras en su introducción, ningún guiño estilístico que reconozca su status de celebridad. Con el pelo teñido de color oscuro, bien puede ser irreconocible incluso para sus fans más acerrimos. Es, simplemente, un soldado más.

Harry Styles, estilo soldado de “Dunkirk”.

El tratamiento va de la mano con la presentación de Tom Hardy, casi siempre cubierto con la máscara de aviador. Su único close-up glamoroso se presenta al final de la película. Es, incidentalmente, un momento triunfal con matices de derrota. Ha logrado aterrizar su avión sin gasolina. Siguiendo las reglas, lo quema para que el enemigo no lo recupere. Las llamas doradas, como un sol cenital, sirven de fondo cuando los alemanes – fuera de cámara – lo toman prisionero. La derrota jamás se había visto más gloriosa.

Estoy casi seguro que nunca vemos el rostro de un soldado alemán. En cada escena, el punto de vista se concentra insistentemente en los ingleses. En las escenas de combate aéreo, no cortamos al alemán en la cabina contrincante. El antagonista de “Dunkirk” es el héroe mismo. El miedo, y el afán de sobrevivir a cualquier precio, echa a pelear a los soldados del mismo bando. Tome nota de como los aliados se atrincheran en su nacionalidad si eso les da una ventaja. Soldados británicos le niegan espacio en los botes británicos a los franceses. Un sobreviviente traumatizado provoca un accidente fatal. Además de comprometerse con el momento histórico, Nolan logra insertar en este retrato coral sus preocupaciones éticas, que ya han figurado en otras películas. Cuando los soldados atrapados en un barco que debe liberar peso muerto debaten a quien tirar por la borda, la escena recuerda el diabólico desafío que el Guasón (Heath Ledger) impone sobre los pasajeros de un ferry en “The Dark Knight” (Nolan, 2008). Los desafíos éticos de la sobrevivencia nos conducen por el lado oscuro de una gesta heroica.

Nolan siempre ha gustado de alterar el tiempo lineal. El desconcierto es una arma más en su arsenal. El truco que activa en “Dunkirk” es modesto en comparación a la disrupción onírica de “Inception” (2010), la prestidigitación dramática de “The Prestige” (2006), y las narrativas invertidas de “Memento” (2000). Aquí, nos damos cuenta que “The Mole”, “The Sea” y “The Air” no son una narración paralela tradicional, cuando el soldado sin nombre interpretado por Cillian Murphy aparece por segunda vez. La primera vez, es rescatado por el Sr. Dawson cuando lo encuentran flotando sobre los restos de un naufragio. Unas escenas después, está a bordo de ese mismo bote, a millas de distancia, en la costa de Dunkerque. Queda claro que si el rescate de Dawson es “el presente”, la escena en la cual le niega a Tommy y sus amigos espacio en el bote, es “el pasado”. El episodio de aviación corre su propio cauce, y la misión habría iniciado apenas horas antes del desenlace. El asedio de Dunkeque duró casi una semana. La acción de la película puede desarrollarse en un par de días.

El truco puede justificarse como un intento por duplicar en el espectador el estado de desconcierto de los soldados traumatizados. En términos utilitarios, alínea el momentum de las historias y sus puntos de climax. Pero también tiene un efecto negativo: pone en evidencia el artificio detrás de una película que se precia por su pretendido “realismo” e inmediatez. Y puede ser una distracción que lo saque del espacio mental “usted esta aquí”. La experiencia pasa de visceral a cerebral. Armar el rompecabezas puede tener un efecto alienante de la acción en el teatro de operaciones.

Nolan: “OK, Ken…recita todos los números mirando para allá”

Así como no vemos alemanes, tampoco vemos a Churchill debatiendo el curso a seguir en Londres. El Comandante Bolton (Kenneth Branagh), oficial de mayor rango en el lugar, representa al poder. Y está reducido a esperar como cualquier otro soldado. No puede hacer más. Su situación subraya el desempoderamiento de la tropa, pero también es el flanco más débil de la película. Peor aún, es el Basil Exposition – según la taxonomía de “Austin Powers”, es un personaje secundario convertido en herramienta para transmitir información de contexto que el espectador puede necesitar para entender que pasa, y porqué -. En el otro extremo tenemos a otra estrella del teatro inglés, Mark Rylance. Sus películas con Steven Spielberg – incluyendo “Puente de Espías” (2015), por la cual ganó un Óscar a Mejor Actor de reparto – lo han catapultado al reconocimiento internacional, mas allá del mundillo teatral. Su actuación es parca y concisa. No verá grandes despliegues emocionales, pero va al corazón de la agenda de Nolan: tomar medida del sacrificio, y seguir adelante.

Estrategia civil: Rylance comanda su bote rumbo a “Dunkirk”

“Dunkirk” no es un filme bélico tradicional, especialmente por la manera deliberada en que le baja el perfil al triunfalismo, o más bien, a la luz de la derrota, nos obliga a reformularlo. Los mismos soldados del bando aliado pueden matarse entre ellos, o privar a un colega de la oportunidad de sobrevivir. Los que llegan con vida al final de la película, van seguros de que serán recibidos como parias. El climax de la película, su modesta versión de final feliz, se presenta cuando dos de ellos caen en la cuenta que los civiles que golpean las ventanas de su tren no quieren insultarlos. Les pasan botellas de cerveza y les felicitan. La mera sobrevivencia es, por el momento, el único triunfo que necesitan. No verá las ceremonias de imposición de medallas de “Hasta el Último Hombre”; o la visita de sobrevivientes a la tumba de hombre que les salvo en “Saving Private Ryan”. No habrán grandes desfiles. No aún, por lo menos. Es puro estoicismo británico: sobrevivimos, la guerra sigue. Nos nos felicitemos mucho, todavía.

En espíritu y forma, “Dunkirk” tiene una deuda con “Overlord” (Stuart Cooper, 1975), película que seguía a un soldado en su rutina normal, en los días previos al desembarco en Normandía. La diferencia está en que Nolan no introduce material de archivo en su película, y concluye en esa nota celebratoria que lo acerca a los despligues emotivos de Spielberg en la conclusión de su “Saving Private Ryan” (1998). La guerra es un infierno, pero si sobrevives, quizás alguien agradezca tu sacrifico con una cerveza bien helada.

Episodio por episodio, la película funciona como una cadena de piezas de suspenso, apoyada en la adrenalina pura de la música de Hans Zimmer. Tenía buen rato de no quedarme en el borde del asiento, como en la secuencia temprana en la que Tommy y su colega tratan de usar al herido como su pasaporte a casa.

Nolan filmó “Dunkirk” en el antiguo formato de 65 mm, y cabildea por la proyección de copias en celuloide expandidas a 70 mm. De esta manera, se alínea con otros directores de alto calibre que en reacción a la digitalización, usan su capital para trabajar en el formato que Hollywood desechó. A este club exclusivo pertenecen también Quentin Tarantino con “The Hateful Eight” (2015), y Paul Thomas Anderson con “The Master” (2012). Es un poco tarde para ello. Los grandes estudios han triunfado en sus esfuerzos por imponer la trasición digital. “Dunkirk” se proyecta en los teatros que aún cuentan con los proyectores adecuados. Son pocos, y existen solo en ciudades grandes del mundo desarrollando. Lo que la resistencia del celuloide ha creado es un sistema de castas. Un puñado de ciudadanos del primer mundo tiene acceso a cines que proyectan en 70 mm. Mas abajo en el escalafón están los que tienen acceso a proyecciones en formato IMAX. Las masas – y los nicaragüenses – tendrán que conformarse con el estándar de proyección digital en DCP (digital cinema package). Quisiera atrincherarme con los puristas, pero los hombres de negocios han decidido por nosotros. Como los sobrevivientes de “Dunkirk”, fueron derrotados pero siguen peleando.

Trailer “Blade Runner 2049”: Todo lo viejo es nuevo otra vez.

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Ridley Scott le ha hecho tantas revisiones a “BLADE RUNNER”, que es inútil molestarse por una secuela dirigida por otra persona. Lo bueno: el director Denis Villeneuve promete, después de “Sicario”. Y su reciente “Arrival” es aclamada como uno de los mejores filmes del 2016. Lo malo: la dinámica de “el viejo Harrison” tratando de ungir a un heredero huele a “Indiana Jones and the Crystal Skull”. El pobre Shia LaBeouf todavía no se recupera.

Las tomas exteriores que introducen el trailer conservan la estética del original, al menos, hasta que atraviesa un desierto bañado en un dorado solar. Ryan Gosling, el nuevo compañero de fórmula de Ford, entra en un suntuoso edificio abandonado. Después de que Gosling toca distraídamente las teclas de un piano – ¿alusión a la reciente “La La Land”? – enfrenta el cañón de un revolver empuñado por Ford. “Tuve tu trabajo una vez…y era bueno haciéndolo”, le dice. Podríamos vaticinar una dinámica de confrontación entre los personajes, pero los trailers promocionales suelen ser poco fiables. Veremos que pasa realmente el 6 de octubre del 2017, fecha oficial del estreno.

Trailer oficial, “BLADE RUNNER 2049”

VIDEO: “EXPERIMENTER” (Michael Almereyda, 2015)

Ni Batman ni Superman: Milgran (Sarsgaard) es un súper héroe de la mente.

Ni Batman ni Superman: Milgran (Sarsgaard) es un súper héroe de la mente.

Anoche se estrenó “Superman versus Batman”, el último intento de DC Comics/Warner Bros por hacerle sombra a Marvel/Disney. La película llega después de meses de anticipación y promoción. Y a la hora de salir para el cine…símplemente no quise hacerlo. Las vacaciones de Semana Santa me han liberado de la obligación de someter una crítica a los editores. Añada a eso las multitudes armadas de teléfonos celulares y el don de la palabra, y mi incentivo para salir de la casa quedó en cero. La veré la próxima semana, cuando las salas de cine estén menos abarrotadas.

Decidí ver una película que resulta ser la antí-tesis del monstruo taquillero. El presupuesto entero de “Experimenter” no debe cubrir ni siquiera el costo del talco que usaban para que Ben Affleck se pusiera su bata-disfraz.  El director nortamericano Michael Almereyda ha creado un bio filme sobre el científico social Stanley Milgram. Su único súper poder era un intelecto inquisitivo, capaz de explorar el lado más oscuro de la naturaleza humana. Fue el autor de controversiales estudios psicológicos entre los 50s y los 70s. La película ocupa la mayor parte de su metraje dramatizando la ejecución del legendario experimento sobre obediencia a la autoridad: una persona aplica choques eléctricos a otra, oculta en un cuarto contiguo, cada vez que comete un error al responder a un cuestionario. Milgram y sus colegas descubrieron que la gente es capaz de capaz de causar daño, protegiéndose bajo el convencimiento que la verdadera responsabilidad recae en la persona que gira las instrucciones, en este caso, un colega que gentilmente conmina al sujeto a seguir con el experimento, a pesar de los gritos de dolor de la persona en el otro cuarto. Milgram era descendiente de judios, y sentía una obligación personal por entender como el holocausto de la II Guerra Mundial había sido posible.

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La película es una modesta producción independiente, pero explota al máximo sus recursos, y logra que las estrecheces se fundan conceptualmente con la historia. En varias escenas, recurren a fotos proyectadas como fondo, en lugar de locaciones físicas y reales. Este recurso es eminentemente teatral. La primera vez que lo ví en el cine, fue en la película alemana “The Nasty Girl” (Michael Verhoeven, 1990), irónicamente, otra exploración en la conciencia culpable de la sociedad alemana frente al fascismo. En “Experimenter”, las retro-proyecciones llaman atención sobre lo artificial de las situaciones que vemos. La película misma es una construcción de la realidad, como lo es también la situación construida por Milgram y sus colegas. Como el científico, el director Almereyda crea una situación artificial que los espectadores asumen como real.

Varios escenarios, exteriores e interiores, son fotos proyectadas en una pantalla.

Almereyda posee la misma curiosidad por el ser humano de su protagonista, y la satisface reclutando a un extenso reparto que se luce en escenas breves y jugosas. Estrellas reconocibles del cine y la TV desfilan ante nuestros ojos, como sujetos del experimento, o miembros del círculo social y académico de Milgram. Winona Ryder es su devota esposa. Taryn Manning (Pensatucky en “Orange is the New Black), Anthony Edwards (el Dr. Mark Greene en “E.R.”), el comediante Jim Gaffigan, el versátil actor y comediante latino John Leguizamo. Abriendo otro nivel auto-referencia y teatralidad, la película sigue a Miligram hasta un estudio de TV, donde su experimento es dramatizado por William Shatner (Kelan Luntz) y Ossie Davis (Dennis Haysbert). Actores interpretando a actores, dentro de una película basada en la realidad. Estoy seguro que el énfasis en rostros reconocibles es parte de la agenda de Almereyda. Somos, nosotros mismos, sujetos de su propio experimento.

Retro "Pennsatucky": Manning es conmovedora al confrontar su lado oscuro

Retro “Pennsatucky”: Manning es conmovedora al confrontar su lado oscuro

La película le pertenece a Peter Sarsgaard. En los productos taquilleros, suele ser relegado a pequeño papeles. La última vez que lo vimos en la pantalla grande, era un mafiosos de poca monta que terminan en el lado equivocado de la pistola de Whitey Bulger (Johnny Depp) en “Black Mass” (Scott Cooper, 2015). Aquí, lleva la película sobre sus hombros, haciendo que la curiosidad intelectual sea fascinante. Echando mano de otro recurso teatral, que delata la artificalidad del cine, Almereyda permite que Milgram le hable directamente a la audiencia. Si le gusta cuando Frank Underwood comparte sus planes con nosotros en “House of Cards”, disfrutará estas interpelaciones. Pero Milgram no nos hace cómplices de maquinaciones políticas homicidas, sino de la búsqueda del conocimiento.

Rory Cochrane, Sarsgaard y Depp en "Black Mass"

Rory Cochrane, Sarsgaard y Depp en “Black Mass”

La película invierte algo de tiempo en las intrigas palaciegas del mundo académico. Es marginalmente interesante, aunque se justifica porque revela la hostil recepción que el status quo presentó ante los resultados del trabajo de Milgram. Más interesantes son las referencias a sus otros experimentos. Fue él quien descubrió la teoría de los seis grados de separación entre todos los series humanos. Ya pueden dejar de darle el crédito al actor Kevin Bacon.

Los fondos proyectados, la ropa de época evidentemete curada, las pelucas evidentes, y el proverbial “elefante en el cuarto”, que literalmente sigue a Milgram un par de veces…la maleabilidad de nuestra interpretación de la realidad, y nuestra capacidad para auto-engañarnos para convivir con nuesto lado oscuro, es la materia misma de la película. No se deje engañar por el poster siniestro. “Experimenter” es fascinante e inspiradora. Puede ver el trailer a continuación.

  • “EXPERIMENTER” esta disponible en DVD, streaming en Amazon y Netflix USA.

“DIVERGENTE: LEAL” pone a prueba lealtad de sus fans.

James, Elgort y Woodley: leales hasta que la franquicia se acabe.

James, Elgort y Woodley: leales hasta que la franquicia se acabe.

“Divergente:Leal” es el tipo de película que aún haciendo un montón de dinero en la taquilla, fracasa. Los departamentos de publicidad gustan de llamarlas “sagas”, pero creo que “franquicias” es más apropiado, especialmente con esta emulación del espíritu y forma de “Los Juegos del Hambre”. Esta es la hermana pobre de Katniss Everdeen. O más bien, la prima lejana que no sabías que tenías y de repente aparece un día con una maleta de ropa y planes para quedarse en tu casa todas las vacaciones.  La tercera entrega en una serie de cuatro películas debutó recaudando poco menos de $30 millones de dólares en EEUU durante su fin de semana de estreno. Suena a mucho, pero representa un 44% menos que su antecesora, “Divergente:Insurgente”. Probablemente la taquilla internacional la sacará de los números rojos, y justificará la producción del capítulo final, “Divergente: Ascendiente”, programada para el próximo año. Para que vean que no soy amargado, encuentro algo de valor, incluso en la que puede ser la peor película del 2016. Lean mi reseña en La Prensa aquí.

Para leer después de ver “JOY” (El Nombre del Éxito)

Este texto es una versión ampliada de mi columna publicada en La Prensa. Por los límites de espacio en el papel, siempre tengo que recortar bastante el texto,  privarme de analizar algunos elementos, y no mencionar detalles que si bien superficiales, contribuyen a darle valor a las películas. El medio digital me permite incluir videos, fotos y enlaces a artículos relacionados, así que también aprovecharé esa capacidad. Usaré este blog para compartir estas “críticas agrandadas”. Tomen nota que abundan los “spoilers”, así que si no ha visto la película y prefieren no saber nada de ella, véanla primero y lean después.

Genuina imitación de nevada: Lawrence es "Joy"

Genuina imitación de nevada: Lawrence es “Joy”

Con “Joy”, el director David O’Russell trabaja por tercera vez con Jennifer Lawrence, su estrella de  “Silver Linnings Playbook” (2012) y “American Hustle” (2013), para crear una inspiradora historia sobre el espíritu (norte)americano. A diferencia de las antecesoras, “El Nombre del Éxito” se enfoca completamente en la experiencia femenina. El primer trailer oficial es iluminador a la hora de poner en evidencia los prejuicios comerciales. En primer lugar, porque oculta el objeto del éxito de Joy: la invención de lampazo ultra-absorvente que puedes exprimir sin ensuciarte las manos. La manera en que lo hacen, resaltando el poder de las estrellas del reparto, es admirable por su pericia. Véanlo aquí.

Puede discernir por el “trailer” que Joy es una joven mujer de clase media baja, divorciada y con dos hijos pequeños, a un tropiezo de caer en la pobreza. También es el único miembro sensato de su familia. Todos coinciden en la misma casa ruinosa: Terry (Virginia Madsen), su madre, obsesionada con las telenovelas; Rudy (Robert de Niro), el padre, es abandonado por su última mujer en el porche de la casa; Tony (Edgar Ramírez), el ex esposo, es un cantante fracasado; su hermana Peggy (Elizabeth Rohm), esta llena de resentimiento. La abuela  (Dianne Ladd) es su único apoyo. Como tabla de salvación, Joy se aferra a la idea de comercializar el dichoso lampazo. No se trata símplemente de hacer dinero. Supone también una afirmación de su valía como persona. La película invoca las banalidades de la superación personal, pero las menoscaba cada vez que puede.

“Joy” se basa en una historia de la vida real. El personaje esta basado en Joy Mangano, mujer italo-americana que realmente hizo una fortuna mejorando productos del hogar – afortunadamente para ella, su vida familiar no es tan pintoresca como la de su contraparte ficticia -. La premisa es excusa para explorar el universo doméstico de manera simbólica. Toma medida del papel tradicional de la mujer, y como el personaje tiene que trascender a este para realizarse plenamente como ser humano. O’Russell utiliza renferentes culturales comunmente asociados con lo femenino. Véase las escenas satíricas de las telenovelas que Terry mira, invadiendo las pesadillas de Joy. El refugio de la madre es el tormento de la hija. En ellas, lo femenino se convierte en exagerado gesto teatral. El hogar, en el mundo real de la película, es escenario de un sainete cómico, poblado por personajes que llevan los roles tradicionales al extremo. Mamá es una ama de casa paralizada ante la TV, papá es un rompe-corazones, y el ex esposo es noble pero inutil, un latino cantor y bailarín. Serían caricaturas ofensivas si no fuera por la humanidad de los actores. De Niro, en particular, se roba cada escena, y es responsable de las mayores carcajadas. Le dice a su ex esposa, “Terry, eres como una fuga de gas: no te vemos, no te olemos, pero silenciosamente no estas matando a todos”.

De Niro: "Eres como una fuga de gas..."

De Niro: “Eres como una fuga de gas…”

Después del hogar, el segundo escenario simbólico es QVC, la cadena de ventas por TV, lugar del primer triunfo de la protagonista. Es otro referente de la domesticidad norteamericana. Aquí, tenemos un guiño a otra mujer emprendedora. La comediante Joan Rivers, luego de caer en desgracia con Johnny Carson, tuvo que ganarse la vida diseñando y vendiendo joyería en televisión. Resultó ser un pingue negocio, que la convirtió en una mujer acaudalada. En un golpe maestro de casting, O’Russell recluta a la hija, Melissa, para encarnar a la madre. Esto une a dos figuras femeninas que logran trascender a sus roles tradicionales y reafirmarse contra todo pronóstico. Joy es, en algún nivel, como Rivers. Y hay sombras de su sentido de humor en la película.

El escenario de QVC también funciona como símbolo de la otra gran preocupación de la película: el éxito material como razón de ser. Joy es una heroína para la era del emprendedor. No es una casualidad que Trudy (Isabella Rossellini), novia de Rudy, pase de ser mecenas a antagonista. La fortuna heredada de un marido muerto la marca como la antí-tesis de Joy. Como refutación existencial, ella construirá su propia fortuna, no la heredará de ningún hombre.

La presencia de Bradley Cooper en el reparto parece vaticinar que funcionará como interés romántico de Lawrence. Después de todo, ya han sido pareja en “Silver Linnings Playbook” (David O’Russell, 2012) y “Serena” (Susanne Bier, 2014), además de coincidir en “American Hustle” (O’Russell, 2014). Los antecedentes con el director, y la edición de los trailers promocionales sugiere que serán pareja. Pero la película tiene algo más interesante en mente. Cooper interpreta a Neil Walker, un ejecutivo de QVC que resulta ser decisivo para que el lampazo de Joy se ofrezca como parte del catálogo. Su aura de éxito y su seguridad lo convierten en un hombre digno de nuestra heroína, un macho alfa de buen talante, que representa la antí-tesis del Tony, el ex marido fracasdo. Pero en lugar de sucumbir al camino más transitado, el guión de Annie Mummolo concibe la relación entre ellos como una reunión de pares. Joy y Neil se complementan en un plano personal, completamente desprovisto de tensión sexual o romántica.

Es curioso que para reafirmar el carácter de Joy, el guión de Annie Mummolo neutralize a casi todos las demás mujeres. De no ser por la narración, la abuela sería casi silente – llegué a pensar que era un fantasma. Madsen se desperdicia como la madre. La hermana es una arpía de una sola nota. La película parece una secuela en espíritu de “Silver Linings Playbook” (O’Russell, 2012). Comparten el mismo afán de caricaturizar la experiencia italo-americana. Pero también funciona como correctivo. En aquella película, un hombre “dañado” (Cooper) encontraba la felicidad con una mujer “dañada”. Lawrence, en el papel que le valió un Óscar era una joven viuda de temperamento volátil, con fama de promiscua. En algún nivel, “Silver Linnings…” sostenía que la mujer necesitaba de un hombre para ser feliz. “Joy” refuta esa idea literalmente.

O’Russell construye una atmósfera de fábula cómica que da licencia para matar. Su cámara inquieta observa la realidad como un teatro del absurdo. La guerra de géneros culmina con un duelo de voluntades: Joy, liberada del lastre de su familia, se enfrenta sola ante machos acuerpados por el privilegio de género. Primero, en la misteriosa fábrica donde una un patán fábrica las partes de su lampazo. La escena climática, en un cuarto de hotel iluminado como cuadro de Edward Hopper, es un momento de inusitada belleza. El hombre ante quien Joy se enfrenta es silencioso y opaco. Esta es una decisión dramática deliberada. Todo corre por cuenta de ella.

El director de fotografía Linus Sandgren emula a Edward Hopper.

El director de fotografía Linus Sandgren emula a Edward Hopper.

Aún con ese guiño estilístico, todos los ambientes de la película tienen la textura de espacios mundanos. No hay un afán por hacer que las cosas se vean más bonitas de lo que son. Acaso, más bien, se ven reconocibles. Una nevada artifical marca el final feliz, aportando un tono ambiguo y agridulce. No hay magia que valga. A veces hay que pelar con uno mismo, con la familia, y con todo el mundo, para conseguir lo que quieres. Lawrence ganó el Globo de Oro, y está nominada al Óscar como Mejor Actriz Protagonista. Dudo que gane, pero realmente, no lo necesita. La actriz ya tuvo su momento, y está en un plano profesional superior. Con apenas 26 años, puede comandar una franquicia taquillera (Los Juegos del Hambre), sobrevivir desastres (Serena) y conquistar a los críticos. No creo que necesite más.

 

MEMORIA PERSONAL: OMAR SHARIF (1932-2015)

Lobby card original de "Dr. Zhivago"

Lobby card original de “Dr. Zhivago”

Twitter me dio los buenos días con la noticia de la muerte de Omar Sharif, víctima de un infarto fulminante a los 83 años. Inmediatamente me acordé de la primera vez que vi al actor egipcio que descolló en el cine occidental. Fue en “Dr. Zhivago” (David Lean, 1965). Uno de los inesperados beneficios de crecer en la Nicaragua de los 80s era que podías recibir una comprensiva educación cinéfila. La guerra y el bloqueo obligaba a los cines a excavar en sus archivos, buscando películas que programar. Quizás no teníamos los últimos estrenos de Hollywood, pero muchas joyas del pasado desfilaban en las pantallas. El estado físico de los rollos de película podía ser un problema, pero a esa edad y en esas circunstancias, era fácil aceptarlo. Entonces, vi “Dr. Zhivago” temprano en los ochentas, en los Cinemas de Camino de Oriente (donde ahora está un Supermercado la Colonia existía desde los 70s el único cine de dos pantallas del país). El filme se había degradado a tal extremo que todos los colores en pantalla cubrían el espectro del rojo al rosa y al blanco. Pero no importaba. Eso no reducía el arrebato épico de la narrativa basada en la novela de Boris Pasternak. Ni menoscaba la belleza de las estrellas. Sharif y Julie Christie eran hermosos juntos. La pareja hacía que el idealismo trágico fuera irresistible. La trama sobre el intelectual seducido y traicionado por el fervor de la Revolución de Octubre tendría particular resonancia en Nicaragua, pero eso vendría luego.

Volvía a ver a Sharif como el mejor amigo de “Lawrence de Arabia” (David Lean, 1962); o romanceando a Barbra Streisand en “Funny Girl” (William Wyler, 1968). Pero nada se compara a ese primer encuentro. Sharif como Yuri Zhivago dejó una marca indeleble en mi subconsciente. Como le sucede a todos los actores, el paso del tiempo eclipsó su brillo. Hace años que no veo una de sus películas. Sin embargo, se mantuvo activo hasta el final de sus días. Ese es un triunfo para todo actor. Hoy, cuando leía que había muerto, me imaginé que había encontrado su fin en una réplica de la escena climática de Dr. Zhivago, en aquella casa de campo congelada, acostado en una cama imponente, abrazando a su Lara en un palacio de hielo.

TRAILERS: Katniss, te presento a Janet.

El rojo y el blanco: Katniss (Jennifer Lawrence) rinde homenaje a Janet Jackson.

El rojo y el blanco: Katniss (Jennifer Lawrence) rinde homenaje a Janet Jackson.

El nuevo teaser de “Los Juegos del hambre: Sinsajo, Parte II” trae una dosis de déja vu para los que sufrimos la adolescencia en la década de los ochentas. ¿Donde hemos visto antes a estos soldados uniformados ejecutando rítmicas movidas marciales? Pues, en el video-clip de “Rythm Nation”, el primer sencillo lanzado para promocionar el album “Rythm Nation 1814”, el segundo disco de la hermana menor de Michael Jackson. En aquel entonces ella era grande. ¡GRANDE! Grande nivel Beyonce. Pregúntenle a su papá si no me creen. O a sus abuelos. Si sus corazones se aceleran no es por JLaw, es por Janet, Mrs. Jackson if you’re nasty. Vean y comparen.

El video-clip dirigido por Dominic Sena se estrenó en 1989, en plena era dorada del formato, cuando las disqueras invertían presupuestos millonarios en una herramienta promocional. Lo que comenzó como un “comercial” para los discos, se convirtió en virtuales mini-películas. Incluso, existe una versión “expandida” de “Rythm Nation”. El video clip ganó multiples premios Billboard y MTV. Como otros egresados de la escuela de MTV, Sena se ganó un pasaporte a Hollywood, donde dirigió algunos proyectos taquilleros como “Gone in 60 Seconds” (2001) y “Swordfish” (2001). Su último crédito es la risible “Season of the Witch” (2011) con Nicolas Cage, que aparentemente mató su carrera. Para Janet, este recordatorio de su época de gloria es bastante oportuno. Después de un largo silencio, se prepara para estrenar música nueva y recorrer el mundo con un nuevo tour. ¡Metan a Janet en la banda sonora!

El mimetismo del trailer no es necesariamente una ofensa. El videoclip mismo tiene una gran deuda estilística con películas clásicas como “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927) y “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982). El homenaje más bien subraya una inquietante idea que pulsa a lo largo de “Sinsajo”: la rebelión popular del Distrito 13 empieza a adquirir preocupantes matices totalitarios. Quizás sean los uniformes apropiados para una Korea del Norte futurista, o la actitud de la presidenta Alma Coin (Julianne Moore). Vea mi reseña original aqui.

El teaser refuerza esa idea, contrastando la blancura de los uniformes de los soldados con la ropa roja de Katniss. La heroína siempre ha estado incómoda con su liderazgo. Veremos si esta es una interpretación antojadiza de mi parte, o si es un tema de fondo en la adaptación cinematográfica de las novelas juveniles de Suzanne Collins. “Los Juegos del Hambre: Sinsajo, Parte II” se estrenará el 19 de noviembre del 2015.

 

“MUERTE DE UN CICLISTA”: FILM NOIR CON CONCIENCIA DE CLASE

“Muerte de un Ciclista” (1955), filme clásico de Juan Antonio Bardem, se proyectó en el marco del Curso de Apreciación Cinematográfica del Centro Cultural de España y la Universidad Centroamericana de Nicaragua. La película esta disponible en una edición de la Colección Criterion. Nuestra próxima función tendrá lugar el lunes 6 de julio del 2015, con la película “Viaje a Ninguna Parte” (1986), de Fernando Fernán Gómez. 

Daño colateral: Closas y Bosé tras la "Muerte de un Ciclista"

Daño colateral: Closas y Bosé tras la “Muerte de un Ciclista”

Como los mejores cineastas trabajando bajo censura, Juan Antonio Bardem supo apropiarse de un género popular para disimular su verdadera agenda. “Muerte de un Ciclista” es un transparente film noir, con todas las convenciones del género: la fotografía de alto contraste, el espíritu fatalista, la femme fatal que acarrea la perdición del héroe. Pero en lugar de tener como protagonista a un detective de poca monta, se centra en Juan (Alberto Closas), profesor universitario y veterano de guerra, enfrascado en un romance ilícito con una mujer casada. Se trata de María José (una esplendorosa Lucía Bosé), dama de la alta sociedad, casada con un acaudalado industrial. Al principio de la película, ambos atropellan a un ciclista, mientras regresan a Madrid después una tarde de placer en una posada de las afueras.

El evento es invisible para nosotros. La cámara permanece inmóvil mientras corren los créditos iniciales, mostrándonos una desolada carretera. El ciclista cruza el encuadre, de espaldas a nosotros, y el impacto sucede fuera de cámara. Un corte nos lleva a la cabina del vehículo, donde vemos a la pareja. Salen del auto y el hombre se acerca al cuerpo. La artera puesta en escena de Bardem deja al ciclista moribundo fuera de cámara. Al ver sólo a los tripulantes del vehículo, el director nos ubica firmemente en su perspectiva. Los burgueses conservan el foco de us atención. A través de sus ojos veremos el mundo. Pero de rebote, la audiencia toma el lugar del atropellado. Tome nota de la dirección del Juan al acercarse al cuerpo. Es como si avanzara hacia nosotros. Remarca que el hombre aún respira, pero cede ante la insistencia de la mujer, empeñada en irse. Ella no tiene que pensar dos veces. Sabe cuales son sus prioridades.

Amor es…ir al circo para tener conversaciones paranoicas

PAREJA CON HISTORIA

El accidente es un catalizador para el despertar de la conciencia de Juan, quien empieza a cuestionar su relación con María José y su lugar en la sociedad. Ella no tiene muchos problemas en dejar el evento atrás. Probablemente no hubiera pensado en ello dos veces, a no ser por un inquietante giro de trama. Rafa (Carlos Casaravilla), un intrigante miembro de su círculo social, sugiere casualmente que sabe algo. La pareja tiene dos cosas que esconder, ambas igualmente destructivas: el affair amoroso y el homicidio.

Los antecedentes de María José y Juan se revelan poco a poco. Fueron novios de juventud, pero él se fue a la guerra, a luchar con las fuerzas franquistas, y ella no pudo esperar. Se casó con Miguel Castro (Otello Toso), un rico hombre de industria. El matrimonio que nunca sucedió entre los jóvenes amantes es un daño colateral de la Guerra Civil. El desencanto, y los traumas del campo de batalla, han convertido a Juan en una sombra de sí mismo. El affair con María José es un patético y sórdido intento por regresar en el tiempo.

JUAN Y RAFA: ZORROS DEL MISMO PIÑAL

Casaravilla: Perro faldero, con colmillos

Casaravilla: Perro faldero, con colmillos

Aunque Rafa está codificado como un villano, tiene mucho en común con Juan. Ambos son parias dentro del alto círculo social que frecuentan. Juan es un intelectual, condición vista de menos entre la nueva burguesía adinerada. Su trabajo como profesor depende de las influencias de su cuñado, un político ampuloso y ridículo. Rafa es un crítico de arte que ha asumido el papel de bufón y perrito faldero. Trata de conservar su complejo de superioridad cosechando los sucios secretos de sus amigos. La manera en que tortura a María José y Juan, sugiriendo que sabe algo – o todo –, es un vano intento por elevar su autoestima.

CUATRO ENCUENTROS CON MATILDE

Mientras Rafa cerca a María José, una segunda vertiente narrativa se establece alrededor de Juan. Un día, impulsivamente, aplaza injustamente a una alumna durante un examen oral. Se trata de Matilde (Bruna Corrá). El caso se convierte en una causa célebre para el movimiento estudiantil, que cierra filas alrededor de ella, promoviendo una huelga y exigiendo el despido de Juan.

El conflicto se desarrolla en cuatro escenas dispersas a lo largo de la película. La brillante puesta en escena de Bardem grafica la evolución de la relación entre Juan y Matilde, a la vez que pone en evidencia la imposibilidad de regresar al estado de pureza ideológica de la juventud. Matilde es como el doble positivo de María José. La amante lo empuja hacia la oscuridad, la alumna apunta hacia la luz. Pero de acuerdo al espíritu fatalista del film noir, y la realidad histórica que Bardem dibuja, la suerte esta echada para Juan. Dejar morir al proletario ciclista representa un punto sin retorno moral.

Veamos como se dramatiza la relación entre Juan y Matilde con puramente cinematográficos (posición de la cámara, disposición y movimiento de los personajes en escena, edición). Podría ver estas escenas en silencio, y discernir la evolución narrativa.

  • En el aula: tan lejos, tan cerca.

    En el aula: tan lejos, tan cerca

    1. El examen en la Universidad: mientras Matilde rinde su examen, resolviendo un problema de cálculo en el pizarrón, Juan lee el periódico. Absorto en la noticias que documentan su crimen, nunca vuelve a verla. La música atonal toma un registro alarmante, abonado por su voz que suena como encantamiento matemático. Sin siquiera voltearla a ver, con un brusco “”Cállese!”, la manda de regreso a su silla. Es una certera manifestación de poder, que destruye de un sólo golpe la carrera académica de la muchacha. Ella ni siquiera puede reclamar.

Separados por abismo de sombras

En la facultad: separados por abismo de sombras

  • 2. La reunión en la facultad: esta secuencia es la que tiene mayor deuda con la estética del film noir. La oscuridad de la sala de profesores contrasta dos hazes de luz que iluminan a los personas desde el techo. Las dimensiones del espacio son monumentales. Los personajes se interpelan directamente, en contraste a la secuencia del examen, pero siempre están separados por una distancia y una larga mesa de conferencias. Matilde le confirma a Juan que su cargo como profesor y cualquier poder que ostenta depende de las influencias de su cuñado.
La Pareja Ideal

Reunión vital: la pareja ideal

  • 3. Negociación bajo estado de sitio: mientras los estudiantes se manifiestan rudiosamente en las afueras del recinto universitario, Matilde y Juan conversan en una oficina. En contraste a las escenas anteriores, ambos conversan en un tono cordial, lleno de confianza. Por primera vez, Matilde y Juan son retratados juntos en un solo fotograma, físicamente cercanos. La oficina esta bien iluminada, en contraste al oscuro salon de la escena previa. Entre ambos surge una conexión emocional positiva. Matilde remarca la bondad de Juan. Suenan como amigos. La juventud de Matilde y la beligerancia de sus compañeros inspira a Juan a asumir su responsabilidad.

La Unión Imposible

En el estadio: la unión imposible

  • 4. Despedida en el estadio: Juan ya a decidido entregarse. Se cita con Matilde en el estadio de la universidad, al aire libre. Ya no están confinados en el imponente edificio. Juan y Matilde conversan en tono cariñoso. Comparten el mismo fotograma, pero están inevitablemente separados por una cerca de alambre. A pesar de la empatía, para Juan es simbólicamente imposible estar del lado de Matilde. Juan le confía su carta de renuncia a Matilde, en un acto de sumisión y apología. Al abandonar el trabajo que no merece, Juan recupera su dignidad.
La Burguesía Modernista se divierta

La burguesía modernista se divierte

La aristocracia en decadencia sobrevive

La aristocracia en decadencia sobrevive

DISEÑO DE PRODUCCIÓN COMO SIGNIFICADOR DE CLASE

La casa familiar de Juan tiene dimensiones monumentales, pero es oscura y sofocante, llena de cortinajes y muebles anticuados. Lo codifica como miembro de una oligarquía avejentada.

En contraste, la casa de María José y su esposo es un espacio abierto, amplio y decorado en estilo modernista. Delata al matrimonio como miembros de una nueva clase adinerada.

Los lugares donde Juan y María José se encuentran ofrecen un repunte tragicómico a su predicamento. Véase el encuentro la luneta de un circo, rodeados de niños riendo. El primer motivo visual que vemos en la escena es un plano cerrado de un payaso llorando de manera grotesca y exagerada. O más adelante en la película, cuando María José da por resuelto el problema en una iglesia, desestimando su crimen y conminando a Juan a hacerle llegar una ayuda económica a la viuda. Como si esto la eximiera de haber extinguido una vida.

Todas las locaciones añaden sustancia a la película. Vea como Bardem aprovecha los teatros de operación de la burguesía: un hipódromo, un museo de arte moderno, una fastuosa boda en una palaciega casa de campo, una fiesta para agasajar a inversionistas norteamericanos.

ESPAÑA ERA UNA FIESTA

La secuencia de la fiesta lleva la confrontanción entre Rafa, Juan y María José a su punto más álgido. También encierra la crítica más feroz al franquismo. El régimen disfrazaba sus prácticas represivas proyectando una imagen idealizada de la españa folklórica. El entretenimiento de la noche es una gala de españolería, con bailarinas de flamenco y el impacable ritmo de las castañuelas. Pero Bardem usa estos recursos para subir el pulso de la edición, mientras Rafa lleva sus sospechas hasta los oídos del esposo de María José.

Los personajes hablan con inuendos y medias palabras, pero Rafa es certeramente despojado de su poder por Miguel, el esposo de María José. El dinero lo puede todo. Este giro de la trama remarca la impotencia general de Juan, incapaz de proteger a su amante. Hasta en eso tiene que ceder ante los adinerados. Con el factor Rafa anulado, ahora la naciente conciencia de Juan se convierte en la mayor amenaza para el status quo.

INTERLUDIO NEORREALISTA

La influencia del neorrealismo italiano se hace patente en la secuencia que sigue a Juan en su búsqueda por la casa del ciclista muerto. Bardem filma en un genuino asentamiento popular, donde las familias pobres viven hacinadas en pequeños departamentos. El lugar contrasta con los espacios amplios y lujosos que habitan los personajes burgueses.

ELIPSIS: EL GRAN IGUALADOR

Tome nota de la manera en que el director entra y sale de esta secuencia. En la boda de la casa de campo, Rafa y Carlos sostienen una conversación amistosa y ominosa a la vez, bajo la mirada recelosa de María José. La cámara se mueve hacia tres niños que corren en traje de gala. Detrás de ellos viene una anciana que los conmina “¡Niños! ¡Niños! ¡A merendar! ¡Vamos!”. La cámara corta al asentamiento pobre, donde un vendedor ambulante de golosinas suena una corneta. Una niña compra un puñado de nueces. Ricos y pobres, todos los niños meriendan. La cámara sigue a la niña hacia el fondo del encuadre, hasta que Juan da un paso en la escena.

Las elípsis que Bardem usa para pasar de una escena a otra extienden un enlace simbólico a la vez que mantienen el ritmo de la película. Vamos más adelante, a la escena en que Rafa ha sido efectivamente desarmado. En la terraza de palacio de campo, preso de la frustración, tira una botella al aire. Cortamos a una ventana que rompe, pero a kilómetros y días de distancia. Es un edificio de la universidad. La ventana se ha quebrado por una piedra lanzado por los estudiantes que protestas afuera por el re integro de Matilde. La película esta llena de decisiones editoriales como esta, que unifican escenas dispares a través del tiempo, el espacio, y los escalafones del orden social.

La viuda negra contempla el futuro

La viuda negra contempla el futuro

DESENLACE FATAL: TE AMO HASTA LA MUERTE

Si tiene alergia a los spoilers, quizás es mejor que deje de leer. Con Rafa neutralizado, la principal amenaza para el status quo reside en el despertar de la conciencia de Juan. Miguel le da un ultimatum a María José: dejarán el país por el tiempo para que el tiempo disipe la amenaza de una investigación criminal, pero ella debe terminar con Juan. No acceder a estas condiciones acarrearía escándalo, divorcio y pobreza. Apenas unas horas antes de partir, María José cita a Juan en su parador campestre. Hay algo de suspenso en la decisión final de María José, que aún no es clara para el espectador. La ingenua convicción de Juan, convencido de que deben entregarse juntos a las autoridades por el homicidio del ciclista, sella su destino. La pareja se detiene en el mismo lugar donde atropellaron al hombre. Incidentalmente, es un viejo campo de batalla, escenario de guerra que trae ingratos recuerdos para Juan. De la misma manera en que la guerra civil cobró vidas, así la burgesía desecha al proletariado sin mirar atrás. Sin pensarlo dos veces, María José arrolla a Juan, y sale disparada por la carretera para llegar a tiempo al aeropuerto.

La película podría haber terminado aquí. Sería un final redondo y lapidario. Pero la censura franquista y el afán moralista exigía que la adultera fuera castigada. Así, María José encuentra su final al tratar de esquivar a un ciclista en la oscuridad. Es un final irónico, digno de O’Henry, pero redundante. Para terminar de sellar la superioridad moral del proletariado, el ciclista, ileso, contempla la escena y finalmente decide ir a buscar ayuda a una casa cercana. La “Muerte del Ciclista” del final ha sido revertida con justicia poética.