“COCO” (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017)

“COCO” (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017)

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El espíritu de Miyazaki ronda “La Ciudad de los Muertos” en “Coco”

Después de una racha de secuelas, Pixar vuelve a brillar con una película original. La acción se desarrolla en un anónimo pequeño pueblo mexicano, y en un plano alternativo inspirado en la tradición del Día de Muertos. A casi tres meses de su estreno, la película todavía se está proyectando en el cine. Tiene que verla en pantalla grande.

“Coco” es, realmente, un personaje secundario pero crucial. Ella es la abuelita del verdadero protagonista, Miguel (Anthony Gonzalez), un niño que sueña con convertirse en cantante, e idolatra al legendario Ernesto de la Cruz (Benjamin Bratt), una estrella ranchera que combina las calidades de Pedro Infante y Jorge Negrete. El problema está en que su familia detesta la música, desde que la tatarabuela Imelda fuera abandonada por su esposo, Héctor, quien se marchó en busca de fama y fortuna para nunca más volver. Obligada a mantener a su pequeña hija, Imelda aprende a fabricar zapatos, creando una tradición familiar. Este episodio se reproduce ante nuestros ojos a través de una simple pero hermosa animación en dos dimensiones, materializada en banderines de papel picado. Son las decoraciones del Día de Muertos, fecha en la cual la determinación de Miguel chocará con los prejuicios de su familia. Al tratar de robar de un mausoleo la guitarra de De la Cruz para participar en un concurso, Miguel se adentra accidentalmente en el mundo de los muertos. Ahí, tendrá que conseguir la bendición de sus antepasados antes de que el sol salga, so pena de quedarse atrapado para siempre.

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Miguel se enfrenta al poder del matriarcado…en forma de chinela

“Coco” sintetiza arcos dramáticos recurrentes en el filme animado moderno. Tenemos al protagonista infantil luchando por su realización personal, enfrentándose a las expectativas de su familia y la sociedad en general. La necesidad de encontrar a De La Cruz le da a la narrativa la forma de una búsqueda; y el plazo fatal del amanecer imprime suspenso en el desarrollo de la historia. Este héroe solitario no cuenta con más ayuda que el alivio cómico de un animal – en este caso, un perro xolocuintle. Miguel encuentra a un posible aliado, un vago llamado Héctor (Gael García Bernal), que bien puede tener una agenda propia que choque con los objetivos de nuestro héroe. No en balde puede recordarle al zorro y la comadreja que interceptan a Pinocho en su camino a la escuela. No revelaré más detalles de la trama, para que pueda sorprenderse con sus giros. Baste decirle que es funde con virtuosismo las artes de construir un mundo, establecer sus reglas, y desarrollar en él una historia con sentido de propósito e impacto emocional.
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Frida: Naturaleza bien muerta

En términos estéticos, la película es un espectáculo que debe experimentar en el cine. la laberíntica urbe que habitan los muertos es un homenaje multicolor a Ciudad de México y Guanajuato. Es una urbe monumental, a medio camino entre el sueño y la pesadilla. Merece un lugar al lado de la “Metrópolis” (Fritz Lang, 1925) y la distopia de “Brazil” (Terry Gilliam,1985). Los grandes espacios, repletos de vida e intrincados detalles, revelan también la influyencia de Hayao Miyazaki, en particular, los baños de los espíritus en “El Viaje de Chihiro” (2001) y el imponente “Castillo Vagabundo” (2004). Si la historia no fuera tan cautivante, uno querría simplemente perderse por sus calles. La música de Michael Giaccino es el tejido conjuntivo que conecta pasado con presente, el mundo de los vivos y el de los muertos. Hay una multitud de guiños a la cultura popular mexicana. Irónicamente, el plano de los muertos pulula de vida, entre la multitud de esqueletos que agolpan calles y salones, encontrará celebridades reconocibles. Puede ser muy obvio incluir una aparición de Frida Khalo, recuerde que la audiencia meta del filme son niños que aún no saben quien es ella. Que De la Cruz sea una estrella de la música ranchera abre el cajón del tesoro de la época de oro del cine mexicano. Los vitrales en el techo de la monumental estación migratoria que sirve de entrada y salida a los muertos que visitan a sus parientes vivos tiene vitrales en el techo, como el Gran Hotel Ciudad de México. Pétalos de flores de cempasúchil conforman los puentes que unen el más allá con el plano terrenal.
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Pepe Carioca invita a Donald a una copa de cachaza: esto no puede terminar bien

El fantasma de la apropiación cultural asola a esta empresa. Después de todo, Disney es un paradigma de la cultura gringa. El tío Walt era famoso por su racismo y política conservadora. Para muestra, un botón. En 1933, después de que EEUU retirara sus tropas invasoras de Nicaragua, el presidente Franklin Delano Roosevelt trató de mejorar la “política del buen vecino” con los países latinoamericanos. En 1941, creó la Oficina de Coordinación de Asuntos Inter-Americanos. A través de cooperación diplomáticas y culturales, apuntaban a mejorar la imagen de EE.UU. Entre muchos proyectos, se aliaron con los estudios de Hollywood para crear películas que acercaran a las culturas. Disney contribuyó al esfuerzo con “Saludos, Amigos!”. Un equipo de animadores tomó un tour de la región e inspirados en sus experiencias, produjeron este cortometraje de 42 minutos. El Pato Donald protagoniza varias aventuras escenificadas en países de la región, y alterna con dos personajes “lugareños”, el perico brasileño José Carioca, y el gallo mexicano Pancho Pistolas. No he vuelto a ver la película desde que era niño, pero asumo que era un producto de su tiempo. Como curiosidad histórica, merece ser vista. Recientemente, fue editada en Blu ray y DVD. Puede adquirirla aquí.

Para dimensionar el avance que “Coco” representa, hay que recordar que no fue sino hasta la década de los noventas que el estudio Disney empezó a producir filmes animados con protagonistas que no fueran de raza blanca. Sin embargo, en nuestros tiempos no basta con destacar a un grupo étnico invisibilizado. El peligro de la apropiación cultural se da por descontado. Los realizadores de “Coco” se han vacunado contra esta enfermedad, reclutando consejeros especializados y mucho talento de origen mexicano. No tengo capacidad para declarar categóricamente si no han incurrido en ningún crimen de esta naturaleza – le dejo sa tarea a los mexicanos -, pero si creo que han acertado a la hora de picar la curiosidad del público foráneo para adentrarse en la cultura que retrata. Yo mismo salí con ganas de ver más cine mexicano de la era dorada. Puedo pecar de ingenuo, pero espero tenga un efecto similar los niños blancos de Europa y Estados Unidos. Hasta mi intransigencia frente al doblaje se tambaleó. Suelo preferir ver las películas en “versión original” con subtítulos. Aunque lo personajes son mexicanos, la película se produjo en EEUU, con inglés como idioma primario. Pero escuchar a los personajes de “Coco” en inglés se sentía disonante y equivocado. Creo que trataré de verla otra vez, doblada al español.

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Miguel y sus antepasados luchan contra la burocracia del más allá

Más allá de su belleza formal, la película muestra la habilidad de Pixar para acometer temas difíciles. De la misma manera en que “Inside Out” (Peter Docter, Ronnie del Carmen, 2015) exploraba la depresión, “Coco” enfrenta los dilemas relativos a la mortalidad con sensibilidad. Es honesta, pero reconfortante. Cada espectador, según su edad y experiencia, encontrará algún elemento que conecte con su experiencia de vida. Los niños más pequeños se deleitarán con el color y la comedia física. Los preadolescentes conectarán con la subtrama que explora el balance entre libertad individual y unión familiar. Los adultos, más cerca de la tierra de los muertos que los niños, y con mas conocidos del otro lado, tendrán que explicar porque lloran. Varias veces. Lleve un pañuelo, lo va a necesitar.

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