“15:17 TREN A PARIS” (Clint Eastwood, 2018)

“15:17 TREN A PARIS” (Clint Eastwood, 2018)

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Podemos ser héroes: Sadler, Stone, Eastwood y Skarlatos.

La Noticia del Día

El 21 de agosto del 2015, un terrorista solitario, armado hasta los dientes, trató de ejecutar un atentado mortal en un tren de alta velocidad que hacía el recorrido entre Amsterdam y París. El crimen en masa fue frustrado gracias a la intervención de tres jóvenes norteamericanos, de vacaciones por Europa. Cuando Clint Eastwood declaró que su próxima película contaría esta historia, uno podía imaginarse el producto final. Sonaba como algo perfecto para volver a colaborar con Bradley Cooper, quien se llevó una nominación al Óscar por “American Sniper” (2014). Pero el viejo zorro, a sus 88 años, esta dispuesto a tomar riesgos que sus colegas más jóvenes evitarían. En lugar de contratar a tres estrellas en ascenso, Eastwood trabajaría con Alek Skarlatos, Anthony Sadler y Spencer Stone. Si no reconoce los nombres, es porque no son actores. Son los legítimos protagonistas de la noticia, dos jóvenes miembros de las fuerzas armadas y un civil, su amigo de infancia. Ninguno tenía experiencia actoral.

La Infancia de los Héroes

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Madres coraje: Fischer y Greer se ponen bien serias.

La película arranca el día del atentado, asumiendo el punto de vista de el terrorista (Ray Corasani). El sujeto sale armado del baño, listo para comenzar su misión destructiva. De ahí, pasamos a un extenso flashback escenificado en la infancia de los héroes. Alek (Bryce Gheisar) y Spencer (William Jennings) ya son amigos, unidos por su imposibilidad de seguir la dura disciplina de una escuela cristiana. Sus madres, Heidi (Jenna Fischer) y Joyce (Judy Greer), ambas mujeres solas, se apoyan para resistir los embates de administradores hostiles y maestros que recetan con ligereza medicamentos para déficit de la atención. Castigados en la oficina del director, se identifican con otro niño problema, Anthony (Paul-Mikél Williams). Juntos juegan a la guerra, una forma subliminal de reclamar algo de poder para sí mismos.

De los tres niños, dos tienen experiencia en cámara – Gheisar fue el antagonista de la reciente “Wonder” (Stephen Chbosky, 2017) – y uno acomete su primera actuación. Fisher y Greer son actrices bien establecidas, conocidas por sus roles cómicos. Greer lleva 20 años robando escenas. Fischer fue el interés romántico de la versión norteamericana de la serie “The Office” (2005-2013). Aquí, ambas se comprometen con el registro dramático. Y no son las únicas. La escuela represiva esta colmada de rostros reconocibles, todos actores cómicos, asumiendo papeles abrasivos, completamente divorciados del género que asociamos con ellos. Cuando aparece Tony Hale – Buster en “Arrested Development” (2003-2018), y Gary Walsh en “Veep” (2012-2017) – como un impaciente entrenador, uno no puede hacer más que esperar por un chiste que nunca llega. Esto puede experimentarse como una broma perversa para el espectador que conoce el trabajo previo de estos actores. Sin embargo, también sirve para sacarlos de su zona de confort y rebajar un poco la ventaja que llevan sobre los novatos.

“El Método”: Más Real que lo Real

Los actores profesionales están confinados en el capítulo inicial, minimizando la interacción con los protagonistas. La estrategia permite reducir el contraste entre los estilos interpretativos. Los tres muchachos tienen el registro “natural” que asociamos con las personas que actúan como sí mismas en reality shows de televisión. En comparación, los actores son visiblemente histrionicos, a pesar que sus personajes sean delineados en términos básicos: las madres son unas mártires sufridas, los profesores y administradores son unos pesados. Lado a lado, la comparación no le ayuda a nadie. Los actores pasarían por “sobre actuados”, los novatos quedan en evidencia como “amateurs”.

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El discurso del método: Vivien Leigh y Marlon Brando en “Un Tranvía Llamado Deseo”

El lenguaje actoral es uno de los elementos mas complicados del cine. Los actores usan su cuerpo, emociones y comportamiento para construir personajes que deben funcionar dentro de un ejercicio narrativo. Deben infundir espontaneidad – o su apariencia – en el ejercicio. Pero lo que percibimos como “natural” es simplemente el estilo que hemos aprendido a aceptar como tal. Por eso, cuando alguien que solo ha estado expuesto al cine contemporáneo se enfrenta a una película antigua, puede resentir un estilo más teatral y expresivo de interpretación. Vivimos en la madurez del método Stanislavski, desarrollado por el actor y director ruso Konstantin Stanislavski. Su idea de fondo es que el actor experimente a su personaje, y no que simplemente lo represente. Se convirtió en lingua franca gracias a las escuelas Lee Strasberg y Stella Adler en Nueva York. A finales de los 40, su influencia empieza a sentirse en Broadway y Hollywood. La actuación de Marlon Brando como Stanley Kowalski en “Un Tranvía llamado Deseo”, dirigido en el teatro y el cine por Elia Kazan, puede ser la primera gran incursión del “método” en la cultura popular. Sus herederos mas conocidos son Robert De Niro, Al Pacino y Dustin Hoffman, pero virtualmente todos los actores profesionales de nuestro tiempo operan bajo sus estatutos. Su aplicación es democrática, desde las películas que ganan Óscares hasta las telenovelas que llenan el prime time. Recuerdo en los 80 a Lupita Ferrer, celebrada por el éxito de la telenovela venezolana “Cristal” (1985-1986), revelando en entrevistas que la florida villanía de su personaje estaba alimentada por los designios del maestro ruso. Si alguna vez quisieron conectar a Lupita Ferrer con Brando, ahí lo tienen.

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Lupita Ferrer en “Cristal”: ¡Stanislavski me obligó a hacerlo!

El uso de personas sin formación actoral en el cine es común. Puede suceder por asuntos logísticos o ideológicos. En un país donde no existe una industria desarrollada, que abone la existencia de una gran población de actores profesionales, es más probable que se recurra a actores sin experiencias. El gran cineasta francés Robert Bresson solía enrolar gente sin formación actoral para sus películas, buscando autenticidad. No gustaba de los tics actorales. Dentro de la misma industria, existen una estirpe de actores intuitivos, que sin estudios formales, aprenden a jugar el juego. Véase el ejemplo de la cantante Cher, que llegó a ganar un Óscar por la comedia romántica “Moonstruck” (1987). OK, Cher tendría algo de ventaja por su trabajo musical, pero está bien lejos de ser esclava del “método”.

Muchas películas emplean a los personajes que inspiran sus tramas como extras. Abundan los filmes con secuencias donde periodistas reales, como ellos mismos, entrevistan a personajes ficticios. Estos ejercicios de apropiación y simulación están al servicio de construir una especie de simulacro de la realidad, bajo los parámetros de la exaltación dramática que esperamos de una narrativa conjurada con el objetivo de entretener.

Lady Chablis: Pionera de este Rodeo

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The Lady Chablis en “Midnight in the Garden of Good and Evil” (1977)

El mismísimo Eastwood, en el pasado, ya ha favorecido ejercicios de auto-interpretación. En 1997, dirigió una adaptación de “Midnight in the Garden of Good and Evil”, el libro-reportaje de John Berendt, que registraba un sonado asesinato en la alta sociedad de Savannah, Georgia. Actores profesionales como Kevin Spacey y John Cusak asumían los papeles principales, pero el reparto incluía a algunas personas interpretándose sí mismas. La más notable era Lady Chablis, legendaria drag queen del lugar, con suficientes escenas y líneas de diálogo como para ser considerada actriz de reparto. Es curioso que un sujeto eminentemente conservador como Eastwood tuviera un gesto así, adelantándose décadas al repunte de representación que la comunidad LGBTI esta teniendo ahora. Casi 20 años más tarde, las personas transgénero lucha por ser tomadas en cuenta a la hora de que se filmen sus historias. Incluso una producción tan sensible como la serie de Amazon “Transparent” empleó a Jeffrey Tambor, un hombre heterosexual cisgénero, para encarnar a su personaje principal, una mujer transgénero.

Por cierto, “Midnight in the Garden of Good and Evil” está lista para ser re descubierta. Puede adqurirla aquí. La banda sonora es irresistible, y esta compuesta de puros “covers” de canciones del legendario compositor Johnny Mercer. K.D. Lang abre con un hermoso “Skylark”, y Casandra Wilson le pondrá la piel de gallina con “Days of Wine and Roses”. ¡Eastwood en persona canta “Ac-cent-tchu-ate the positive”! Tiene que escucharlo para creerlo. Puede escucharlo en Amazon o comprar el CD aquí.

Soldados en labor y ocio

Pero volvamos a “15:17 Tren a París”. Una vez que cerramos el capítulo de infancia, Stone, Skarlatos y Sadler asumen sus propios papeles por el resto del metraje de la película. Stone se convierte en el protagonista putativo. Lo seguimos en su accidentado proceso de aplicación en las fuerzas armadas. A pesar de su voluntad de servir, esta lejos de ser el soldado modelo. Un problema de visión evita que entre en las fuerzas especiales de rescate. En su primer día de entrenamiento, duerme más de la cuenta y no pasa una prueba básica. Pronto, está en el último escalafón, entrenando para sanitario. Skarlatos tiene tiempo de estar en listado en una patrulla de Afganistán. Pero tampoco es – ni se ve a sí mismo – como un súper soldado. “Soy como un guardia de seguridad de centro comercial” – dice con tono agridulce durante una llamada por Skype. Aprovechando su licencia, los tres amigos se ponen de acuerdo para viajar por Europa como mochileros. El civil Anthony incluso tiene que sacar una tarjeta de crédito para poder pagar la gira. Queda claro que los protagonistas son jóvenes promedio, adultos en formación, proletariado norteamericano. La película no exagera sus capacidades, ni manipula los parámetros de sus carreras para hacerlos más heroicos.

Eastwood se inclina por un tratamiento visual compatible con la mundana realidad de sus personajes. Los elementos más artificiosos del cine son modulados para que no modifiquen demasiado la realidad. El estilo no es muy distinto a los programas que recrean historias reales para la TV. El guión de Dorothy Bliyskal, basado en el libro reportaje Anthony Sadler, se toma la molestia de no manufacturar tensión ni conflicto a lo largo del camino. Apartando ocasionales flashforwards que nos proyectan a la violencia futura, la película retrata la realidad mundana con paciencia. Desde el paso por la academia militar hasta la indolente gira turística…el tono es naturalista, sin afectaciones. Esto ayuda a que los “actores” funcionen, pues no impone grandes demandas interpretativas en ellos. Spencer y Anthony se reúnen en Italia. Skarlatos se encuentra con una amiga en Alemania y después se junta con sus amigos. Van a un rave, duermen mas de la cuenta en el hostal y despiertan con resaca. Lo ordinario es extraordinario. Al menos, hasta que la violencia rompe el tejido social. El acto terrorista es aún más chocante por lo reconocible de la realidad que “15:17 Tren a Paris” ha construido.

Tome nota de la languidez de las secuencias turísticas. Más que estar empeñado en construir drama, sigue a los jóvenes sin rumbo. La vacación ocupa bastante tiempo en pantalla. No hay drama, pero sí podemos sentirnos como el visitante que estira las horas en un hermoso lugar foráneo. Los tres jóvenes actúan con la naturalidad de las personas reclutadas por un reality show para dejarse seguir por cámaras en un ambiente mediatizado, o para recrear sus acciones a posteriori. Han crecido en un mundo donde este género se ha convertido en uno de los más influyentes en la cultura popular. “Survivor” inició en el 2000, “American Idol” en el 2002. Y de remate, el anfitrión de “The Apprentice” es ahora el presidente de su país.

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“¡Mira a la Coca Cola bebé, Spencer!”: Stone y Skarlatos de vacaciones.

Camino a Paris, la violencia irrumpe en sus vidas. Se da por descontado que tienen que involucrarse en el asunto. El conocimiento que hemos acumulado sobre los tres protagonistas sugiere que todas sus vidas han sido preparación para llegar a este punto. Sin embargo, prefiero pensar que frente a la banalidad del mal, Eastwood opone la banalidad del bien. Puede presentarse en cualquier momento.
Todos los seres humanos comparten el sentido de responsabilidad por los demás, que nos empuja a intervenir en situaciones de vida o muerte, contra todo instinto de protección personal. “No pensé en lo que estaba haciendo”, “cualquier persona en mi lugar hubiera hecho los mismo”, suelen decir las personas comunes que ejecutan actos heroicos cuando son entrevistados después de cometer hazañas como esta. Aún bajo el shock de confrontar lo que han hecho, reconocen que han actuado instintivamente. Los tres del tren sabían lo que hacían, de la misma manera que los pasajeros del vuelo United 93 trataron de detener a los terroristas que pretendían usar el avión como proyectil contra el Pentágono el 11 de septiembre del 2001. Las circunstancias conspiraron a favor de lo héroes del tren, y en contra de los del avión. El resultado es diferente, el impulso es el mismo.

La película cierra con escenas en video de la ceremonia en la cual el presidente francés Francois Hollande rindió homenaje a los tres jóvenes norteamericanos. Si discurso funciona como epílogo del filme. “15:17 Tren a París” es un extraño experimento, a medio camino entre cine y televisión, realidad y ficción. Puede no ser una “buena” película, pero como experimento, es muy interesante. Parece que Eastwood no estaba listo para dejar ir los temas que exploró en “Sully” (2016).

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