“FANTASTIC FOUR: RISE OF THE SILVER SURFER” (Tim Story, 2007)

“FANTASTIC FOUR: RISE OF THE SILVER SURFER” (Tim Story, 2007)

Chiklis, Evans, Gruffud y Alba, en forma como “Los 4 Fantásticos”.

En el sistema de castas de los super-héroes del celuloide, los Cuatro Fantásticos se han convertido en los parientes pobres. Mientras los talentos de primera línea gravitan hacia el Hombre Araña y Batman; Reed (Ioan Gruffudd), Sue (Jessica Alba), Johnny (Chris Evans) y Ben (Michael Chiklis) deben conformarse con poco.

La tendencia se solidifica en esta secuela, que encuentra a los Cuatro Fantásticos asumiendo el rol de super héroes publicamente reconocidos como tales. Ben, reconciliado con su fisonomía pedregosa, se refugia en la adoración de su novia (Kerry Washington). Johnny disfruta la atención que la celebridad le granjea. Sue y Reed tratan infructuosamente de casarse. Cada vez que lo intentan, alguna emergencia los obliga a abandonar el altar. La última en materializarse es un misterioso ser antropomorfo de color plateado, que se desliza por el espacio en una tabla de surf. Se trata de Silver Surfer (Doug Jones, con la voz de Laurence Fishburne). Su llegada a la tierra coincide con extraños desastres ambientales. La boda tendrá que esperar. Solo la familia en espandex azul puede resolver este misterio.

Aunque las películas de super-héroes son mercadeadas como cosa de niños, sus mejores exponentes ostentan una ambición novelesca por explorar la traumatizada psiquis de sus personajes  (vease “Batman), o explorar la tensa relación entre el deber que imponen los poderes extraordinarios y el anhelo de llevar una vida común (vease “Spiderman II”). También puede encontrar cargadas alegorías a males sociales y episodios históricos. Por ejemplo, los  mutantes de “X-men”  han sido relacionados con la persecución de los judios bajo el II Reich, la lucha de los homosexuales por sus derechos civiles, y la discriminación racial en general.

En principio, los Cuatro Fantásticos tienen ese mismo potencial, pero sus realizadores parecen hacer un esfuerzo conciente por no tomarse en serio el proyecto. La actitud es refrescante, pero también sabotea la película. En ningún momento se puede establecer una conexión emocional con los personajes. El humor es accesible, a veces hasta el extremo de la chabacanería. El director Tim Story, al igual que en la primera entrega, es un artesano desinspirado. Los efectos especiales gravitan entre lo aceptable y lo apenas adecuado. Algunas secuencias parecen procesadas en el ciber café del barrio. Estamos acostumbrados a que cada película sube la parada en cuento a tecnología. Esta película la baja. El deslizador nos lleva de regreso a 1991, cuando James Cameron sorprendió en “Terminator II: Judgment Day” con un autómata de metal líquido. A pesar de la presencia de Doug Jones, mejor conocido por darle movimiento a las criaturas de “El Laberinto del Fauno” (Guillermo del Toro, 2006), el Deslizador no sorprende. Sólo emite una vaga sensación de familiaridad.

La modestia es el único super-poder a la vista en esta empresa. En parte, eso justifica su éxito de taquilla. Mientras otros se esfuerzan por hacer de sus aventuras de pasquín un evento, “Los Cuatro Fantásticos”  asumen su carácter desechable. Dicen sus chistes, hacen sus piruetas y corren ligeros hacia el desenlace. El público agradece la risa fácil y el metraje sensato. Menos que una película, es como un episodio de la vieja serie de dibujos animados, pero con actores de carne y hueso. Y estirado de 30 minutos, a una hora y media de duración. Supongo que gracias a cambios en su estructura molecular, por efecto de una lluvia de misteriosa radiación solar.

  • Publicada originalmente en junio, 2007.

 

 

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