“DREAMGIRLS” (Bill Condon, 2006)

“DREAMGIRLS” (Bill Condon, 2006)

Noni Rose, Beyoncé y Hudson en los inicios de la carrera de las “Dreamgirls”.

Estaba listo para detestar “Soñadoras”, en reacción a la saturación mediática que invocaron los estudios Paramount  y Dreamworks para venderla como la predestinada a ganar el Oscar a Mejor Película. La Academia mordió el anzuelo, pero no se lo tragó. La película alcanzó 8 nominaciones, el mayor número del año, pero quedó excluida en las principales: mejor película y mejor director. Fue un buen escarmiento para los ejecutivos, pero hasta el desplante se convirtió en combustible de una infernal máquina promocional. Vaya sorpresa la mía, cuando resultó ser harto entretenida.

“Soñadoras” cuenta la historia de un trío de talentosas cantantes  que a lo largo de tres décadas, encuentran fama, fortuna y dolor, de la mano de un manager manipulador.  Según los productores no se trata de The Supremes y Berry Gordon Jr., el fundador de Motown. Si, seguro. La razón de ser de este melodrama del mundo del espectáculo es su subliminal conexión con figuras de la vida real. Sabemos que Deena Jones (Beyonce Knowles) es una doble de Diana Ross, Effie White (Jennifer Hudson) es la trágica Florence Ballard y James “Thunder” Early (Eddie Murphy) es una amalgama de James Brown y Marvin Gaye. El manipulador Curtis Taylor Jr. esta inspirado en Gordon Jr. Después de todo, ¿cuantos sujetos con Jr. en su nombre fundaron compañías disqueras de talento negro, que cambiaron el panorama del negocio musical?

Mas allá del chisme tras bambalinas, “Soñadoras” funciona como una fascinante lección de historia de la música pop, especialmente en la primera parte de la película. El ascenso del trío sirve de punta de lanza para romper las barreras raciales que mantenian a los cantantes negros lejos de la radio comercial, las listas de popularidad y las ventas millonarias. Desde el ghetto del “circuito chitlin”, veían  como insípidos cantantes blancos re-grababan su éxitos, ganando la fama y fortuna que a ellos se les negaba. La dinámica dirección de Bill Condon baraja las imágenes y la música con pasión y precisión. La producción es excelente, y crea una convincente sensación de época y lugar.

Esta adaptación de la obra de Broadway  mezcla las convenciones  del llamado “musical de roconola” con el musical conversacional.  Algunas canciones se presentan como tales, en número definidos claramente como interpretaciones de los cantantes en ejercicio laboral. Otras, se plantean en el artificio del musical tradicional, haciendo las veces de diálogos. La combinación de estilos puede venir del material original. El problema reside en que las canciones no son memorables. Considerando que se esta tratando de emular clásicos del soul, esta es una seria deficiencia. Los mejores números  coinciden con el prematuro punto culminante de la película: la expulsión de Effie White para favorecer a la atractiva y telegénica Deena. “We are a Family” une al reparto en un atípico momento de comunión. La ya clásica “And I’m Telling You I’m Not Going”  consagra a Jennifer Hudson, ex concursante del show televisivo de talentos American Idol. Su interpretación, un lamento de despecho e incredulidad, se convierte en un momento de emotividad trascendental.

A partir de ese punto, se deshilvana  el intrincado melodrama de sus múltiples personajes. Hay suficiente trama para una mini-serie, y “Soñadoras”  la despecha a paso veloz y superficial. Mientras mas nos acercamos al desenlace, menos interesante se hace,  convertida en una simple distracción de impecable manufactura. Como película se queda corta. Como glamoroso espectáculo, da la talla.

  • Publicada originalmente en abril, 2007.

 

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