Para leer después de ver “JOY” (El Nombre del Éxito)

Este texto es una versión ampliada de mi columna publicada en La Prensa. Por los límites de espacio en el papel, siempre tengo que recortar bastante el texto,  privarme de analizar algunos elementos, y no mencionar detalles que si bien superficiales, contribuyen a darle valor a las películas. El medio digital me permite incluir videos, fotos y enlaces a artículos relacionados, así que también aprovecharé esa capacidad. Usaré este blog para compartir estas “críticas agrandadas”. Tomen nota que abundan los “spoilers”, así que si no ha visto la película y prefieren no saber nada de ella, véanla primero y lean después.

Genuina imitación de nevada: Lawrence es "Joy"

Genuina imitación de nevada: Lawrence es “Joy”

Con “Joy”, el director David O’Russell trabaja por tercera vez con Jennifer Lawrence, su estrella de  “Silver Linnings Playbook” (2012) y “American Hustle” (2013), para crear una inspiradora historia sobre el espíritu (norte)americano. A diferencia de las antecesoras, “El Nombre del Éxito” se enfoca completamente en la experiencia femenina. El primer trailer oficial es iluminador a la hora de poner en evidencia los prejuicios comerciales. En primer lugar, porque oculta el objeto del éxito de Joy: la invención de lampazo ultra-absorvente que puedes exprimir sin ensuciarte las manos. La manera en que lo hacen, resaltando el poder de las estrellas del reparto, es admirable por su pericia. Véanlo aquí.

Puede discernir por el “trailer” que Joy es una joven mujer de clase media baja, divorciada y con dos hijos pequeños, a un tropiezo de caer en la pobreza. También es el único miembro sensato de su familia. Todos coinciden en la misma casa ruinosa: Terry (Virginia Madsen), su madre, obsesionada con las telenovelas; Rudy (Robert de Niro), el padre, es abandonado por su última mujer en el porche de la casa; Tony (Edgar Ramírez), el ex esposo, es un cantante fracasado; su hermana Peggy (Elizabeth Rohm), esta llena de resentimiento. La abuela  (Dianne Ladd) es su único apoyo. Como tabla de salvación, Joy se aferra a la idea de comercializar el dichoso lampazo. No se trata símplemente de hacer dinero. Supone también una afirmación de su valía como persona. La película invoca las banalidades de la superación personal, pero las menoscaba cada vez que puede.

“Joy” se basa en una historia de la vida real. El personaje esta basado en Joy Mangano, mujer italo-americana que realmente hizo una fortuna mejorando productos del hogar – afortunadamente para ella, su vida familiar no es tan pintoresca como la de su contraparte ficticia -. La premisa es excusa para explorar el universo doméstico de manera simbólica. Toma medida del papel tradicional de la mujer, y como el personaje tiene que trascender a este para realizarse plenamente como ser humano. O’Russell utiliza renferentes culturales comunmente asociados con lo femenino. Véase las escenas satíricas de las telenovelas que Terry mira, invadiendo las pesadillas de Joy. El refugio de la madre es el tormento de la hija. En ellas, lo femenino se convierte en exagerado gesto teatral. El hogar, en el mundo real de la película, es escenario de un sainete cómico, poblado por personajes que llevan los roles tradicionales al extremo. Mamá es una ama de casa paralizada ante la TV, papá es un rompe-corazones, y el ex esposo es noble pero inutil, un latino cantor y bailarín. Serían caricaturas ofensivas si no fuera por la humanidad de los actores. De Niro, en particular, se roba cada escena, y es responsable de las mayores carcajadas. Le dice a su ex esposa, “Terry, eres como una fuga de gas: no te vemos, no te olemos, pero silenciosamente no estas matando a todos”.

De Niro: "Eres como una fuga de gas..."

De Niro: “Eres como una fuga de gas…”

Después del hogar, el segundo escenario simbólico es QVC, la cadena de ventas por TV, lugar del primer triunfo de la protagonista. Es otro referente de la domesticidad norteamericana. Aquí, tenemos un guiño a otra mujer emprendedora. La comediante Joan Rivers, luego de caer en desgracia con Johnny Carson, tuvo que ganarse la vida diseñando y vendiendo joyería en televisión. Resultó ser un pingue negocio, que la convirtió en una mujer acaudalada. En un golpe maestro de casting, O’Russell recluta a la hija, Melissa, para encarnar a la madre. Esto une a dos figuras femeninas que logran trascender a sus roles tradicionales y reafirmarse contra todo pronóstico. Joy es, en algún nivel, como Rivers. Y hay sombras de su sentido de humor en la película.

El escenario de QVC también funciona como símbolo de la otra gran preocupación de la película: el éxito material como razón de ser. Joy es una heroína para la era del emprendedor. No es una casualidad que Trudy (Isabella Rossellini), novia de Rudy, pase de ser mecenas a antagonista. La fortuna heredada de un marido muerto la marca como la antí-tesis de Joy. Como refutación existencial, ella construirá su propia fortuna, no la heredará de ningún hombre.

La presencia de Bradley Cooper en el reparto parece vaticinar que funcionará como interés romántico de Lawrence. Después de todo, ya han sido pareja en “Silver Linnings Playbook” (David O’Russell, 2012) y “Serena” (Susanne Bier, 2014), además de coincidir en “American Hustle” (O’Russell, 2014). Los antecedentes con el director, y la edición de los trailers promocionales sugiere que serán pareja. Pero la película tiene algo más interesante en mente. Cooper interpreta a Neil Walker, un ejecutivo de QVC que resulta ser decisivo para que el lampazo de Joy se ofrezca como parte del catálogo. Su aura de éxito y su seguridad lo convierten en un hombre digno de nuestra heroína, un macho alfa de buen talante, que representa la antí-tesis del Tony, el ex marido fracasdo. Pero en lugar de sucumbir al camino más transitado, el guión de Annie Mummolo concibe la relación entre ellos como una reunión de pares. Joy y Neil se complementan en un plano personal, completamente desprovisto de tensión sexual o romántica.

Es curioso que para reafirmar el carácter de Joy, el guión de Annie Mummolo neutralize a casi todos las demás mujeres. De no ser por la narración, la abuela sería casi silente – llegué a pensar que era un fantasma. Madsen se desperdicia como la madre. La hermana es una arpía de una sola nota. La película parece una secuela en espíritu de “Silver Linings Playbook” (O’Russell, 2012). Comparten el mismo afán de caricaturizar la experiencia italo-americana. Pero también funciona como correctivo. En aquella película, un hombre “dañado” (Cooper) encontraba la felicidad con una mujer “dañada”. Lawrence, en el papel que le valió un Óscar era una joven viuda de temperamento volátil, con fama de promiscua. En algún nivel, “Silver Linnings…” sostenía que la mujer necesitaba de un hombre para ser feliz. “Joy” refuta esa idea literalmente.

O’Russell construye una atmósfera de fábula cómica que da licencia para matar. Su cámara inquieta observa la realidad como un teatro del absurdo. La guerra de géneros culmina con un duelo de voluntades: Joy, liberada del lastre de su familia, se enfrenta sola ante machos acuerpados por el privilegio de género. Primero, en la misteriosa fábrica donde una un patán fábrica las partes de su lampazo. La escena climática, en un cuarto de hotel iluminado como cuadro de Edward Hopper, es un momento de inusitada belleza. El hombre ante quien Joy se enfrenta es silencioso y opaco. Esta es una decisión dramática deliberada. Todo corre por cuenta de ella.

El director de fotografía Linus Sandgren emula a Edward Hopper.

El director de fotografía Linus Sandgren emula a Edward Hopper.

Aún con ese guiño estilístico, todos los ambientes de la película tienen la textura de espacios mundanos. No hay un afán por hacer que las cosas se vean más bonitas de lo que son. Acaso, más bien, se ven reconocibles. Una nevada artifical marca el final feliz, aportando un tono ambiguo y agridulce. No hay magia que valga. A veces hay que pelar con uno mismo, con la familia, y con todo el mundo, para conseguir lo que quieres. Lawrence ganó el Globo de Oro, y está nominada al Óscar como Mejor Actriz Protagonista. Dudo que gane, pero realmente, no lo necesita. La actriz ya tuvo su momento, y está en un plano profesional superior. Con apenas 26 años, puede comandar una franquicia taquillera (Los Juegos del Hambre), sobrevivir desastres (Serena) y conquistar a los críticos. No creo que necesite más.

 

ESTRENO: “Vecinos Cercanos del Tercer Tipo” (The Watch)

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“Vecinos Cercanos”: cualquier alusión a “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo” es un insulto a Spielberg.

“Vecinos Cercanos del Tercer Tipo” es una comedia vulgar y desechable. Puede leer mi reseña publicada en la revista DOMINGO del diario LA PRENSA aquí. Los límites de espacio no me permitieron tocar un tema foráneo a la película, pero curiosamente conectado con su contenido.

 Por pura casualidad, quedó atrapada en un crisis de relaciones públicas. La noche del 26 de febrero de este año, en un suburbio de Miami, Trevyon Martin, un adolescente de 17 años de raza negra, fue asesinado por George Zimmerman, un hispanoamericano blanco. El muchacho caminaba por el vecindario habitado por blancos e hispanos para acortar la ruta a su casa de habitación. Aparentemente Zimmerman, azuzado por prejuicios raciales, confrontó al muchacho. En la discusión, le disparó a quemarropa cegándo su vida. El trágico caso cristaliza las tensiones raciales que en pleno siglo XXI, aún ebullen en Estados Unidos. El presidente Obama dijo en un conmovedora declaración, que si tuviera un hijo varón, se parecería al muchacho asesinado. 

¿Donde esta la conexión con la película? Pues bien, la defensa de Zimmerman recurrió a la figura de la “Vigilancia Vecinal” para justificar las acciones del hechor. El título original de la película era “Neighborhood Watch”, y todo su marketing estaba orientado a resaltar ese hijo de la trama. Lo último que quieres a la hora de promover una comedia, es que alguien la asocie con un crimen racial. El título se cambió a “The Watch” y el marketing fue re-diseñado para destacar los elementos de ciencia ficción de la trama, ya no los de violencia gráfica. 

Uno de los efectos de la sensibilización cultural en la sociedad norteamericana ha sido la desaparición de los villanos de cajón en Hollywood. La guerra fría permitió que durante décadas, los comunistas fueran los malos-todo-propósito. En los albores del cine, la clásica “Birth of a Nation” (D.W. Griffith, 1915), glorificaba al Ku-Klux-Klan y servía como piscópata violador a un esclavo negro liberado. La clave está en la diferencia. Todo lo que es distinto y ajeno, acarrea consigo recelo. Es un proceso de anti-identificación. Los prejuicios ofrecen atajos para decodificar la película y asignar rápidamente simpatías. A medida que el público se vuelve mas culto, educado y abierto a otras culturas, se produce un cortocircuito en el orden establecido. Los creadores de películas deben trabajar mas y crear personajes mas complejos, en los que raza y nacionalidad no sea factor de villanía.

Excepto en el plano de la fantasía. Nadie va a defender los derechos de los alienígenas. Sin embargo, la violencia hacia lo diferente esta siempre ahi. Si llega a ver “Vecinos Cercanos…” – deje de leer si piensa verla, y sigue después -, verá como sus realizadores se aprovechan de los resabios de racismo y xenofobia que aún pululan en el subconciente de la audiencia. El vecino mas sospechoso de ser “el malo” es caricaturescamente afeminado. La película revela eventualmente que sólo es un entusiasta de las orgías, pero para ese entonces, ya lo utilizó como objeto de escarnio y burla. El alienígena infiltrado resulta ser el único personaje negro de la película. Tiene un nombre ridículo – Jamarcus – y acento británico. Entre ellos dos, la película recure a homofóbia, racismo y xenofobia como combustible cómico.

Y muy en el fondo, esta el miedo al inmigrante. La primera víctima de los alienígenas es un hispano que acaba de convertirse en ciudadano norteamericano. No es digno de vivir como tal. También acarrea consigo un cabo suelto de la trama: para celebrar, se ha hecho un tatuaje con la leyenda “Proud to be American”. Eventualmente, se revela que los alienígenas despellejan a sus víctimas para “vestirse” como humanos e insertarse subrepticiamente en la sociedad. La escena entre el vigilante y Ben Stiller se alarga para enseñar el tatuaje. Uno creería que volvería a aparecer, como elemento revelatorio. Pero no es ese el caso.

También tenemos el miedo a la mujer, y a su sexualidad. La hombría del protagonista interpretado por Ben Stiller está en veremos porque es estéril. Le da miedo defraudar a su mujer, y no le dice nada, dejándola que salte por aros de fuego, monitoreando sus ciclos de ovulación. De remate, sus amigos del escuadrón de vigilancia exhiben características de macho-alfa: Vince Vaugh en un fanático de deportes hiper-seguro de sí mismo. Jonah Hill es un belicoso fanático de las armas. Y Richard Ayoade – el famoso Jamarcus – resulta ser un super dotado sexual. Esto está a tono con la obsesión falocéntrica del filme. El némesis de Vaugh es el novio de su hija, un patán cuya sobredotación en el departamento genital es remarcada constantemente. Además, el punto débil de los invasores resulta ser el pene. Aguanta bala en cualquier parte del cuepo sin detenerse, pero un solo tiro al paquete acaba con ellos. La película es tan torpe narrativamente que Jamarcus tiene que aparecer de la nada en la recta final, revelando su verdadera naturaleza, asegurando su alianza con los humanos, y dispensando esta pieza crucial de información. Todo en una sola escena.

 Hay una gran disonancia entre el tono cómico y la violencia brutal con que se despacha a los alienígenas. Especialmente cuando uno se da cuenta que son una suplantación simbólica para todos los “extraños” que atentan contra la integridad del macho blanco: gays, inmigrantes, gente de otras razas, etc. No creo que la película se este burlando de estos prejuicios. Los está aprovechando, mientras los dan sus últimas patadas de ahogado en la mente del público.

 

 

 

EN LÍNEA: “A Roma con Amor” (y a la piratería, con recelo)

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Penélope Cruz: apenas legal en “A Roma, con Amor” de Woody Allen.

¡Eso fue rápido! La última película de Woody Allen, “Desde Roma con Amor”, se estrenó en Nicaragua en junio. 5 meses mas tarde, ya está disponible via Netflix. Puede leer aquí mi reseña en Confidencial. Este es sólo uno de los títulos con los cuales el servicio de distribución de películas desafía la idea de que sólo incluye películas “viejas” en su oferta. “Shame” (Steve McQueen, 2011), una de las mejores películas exhibidas este año en Nicaragua, apareció en Netflix unas semanas antes de su silencioso estreno en cines. “El Artista”, la aclamada ganadora del Óscar, llegó al servicio de streaming casi un mes después de pasar por la pantalla grande.

En realidad, estos son casos excepcionales. Netflix negocia sus contratos de distribución con diferentes compañías, y cada una impone diferentes condiciones. Aparentemente, “Desde Roma…” no está disponible en México. Supongo que los dueños no quieren perder la venta de derechos a canales de cable. En latinoamerica, pudimos ver “The Hunger Games” pocos meses después de su estreno. Los usuarios norteamericanos aún están esperando a Katniss. Lo que pasa es que los estudios dueños de las películas protegen las ventanas de oportunidad que tienen para recaudar fondos por otros medios de difusión. Cada uno maneja diferentes parámetros y estrategias, según los territorios que pisan. Quizás Lionsgate, dueño de la franquicia, calculó que ganará mas vendiendo DVDs y descargas individuales en EEUU. Quizás Netflix no quiso pagar lo que pedían. O quizás se concentró en los derechos para latinoamerica, pues necesitaba un éxito taquillero para convencer al público de enrolarse.

La cadena habitual de distribución de películas atraviesa un momento de transformación. Todo era muy claro en la era pre-internet. Una película se estrenaba en cines. Entre seis y nueve meses mas tarde, aparecía en video para venta y alquiler de una cinta magnética física, o pague-por-ver en televisión cable. Unos tres meses después, llegaba a los canales premium de cable. La última frontera era la televisión abierta. Ahora, las posibilidades de la tecnología han rebalsado a las leyes y los paradigmas de distribución. Tenemos un pie en el viejo mundo, y uno en un nuevo orden que no termina de acomodarse.

Yo soy de la vieja escuela, y aún ansio ver películas en el cine. Prefiero esperar antes que ver una película pirateada. Primero, por el miedo irracional a que el FBI bote a patadas la puerta de mi teatro casero. Segundo, porque soy neurótico con la calidad de la imagen. Tercero, me siento culpable si los cineastas con cuyo trabajo disfruto tanto, no reciben nada a cambio. Se que estoy en una minoría. Y cada vez mas, el sistema me falla. Retraso ver películas en video cuando creo que son suceptibles de distribución en Nicaragua. Sigo esperando “The Road” (John Hilcoat, 2009). Ilusamente pensé que Viggo Mortensen, Charlize Theron, una trama post-apocalíptica y la base de la novela de Cormac McCarthy en un mundo post- “Sin Lugar para los Débiles” le granjearía al menos una pantallita en Managua. El poster de la comedia “Morning Glory” (Roger Michell, 2010) engalanó un pasillo del Cinema por meses, para no aparecer nunca. Ahí esta todavía el de “Never Let Me Go” (Mark Romanek, 2010), adaptación de la célebre novela de Kazuo Ishiguro. Han pasado dos años desde su estreno mundial. Desde ese entonces, Andrew Garfield, su protagonista masculino, firmó contrato, filmó y estrenó “The Amazing Spiderman”. Creo que ya esta haciendo la secuela, incluso.

Recuerdo que en la década de los ochentas sufría por conseguir el número de fin de año de la desaparecida revista “Premier”. En él, publicaban una lista con los 100 estrenos principales de Hollywood y las calificaciones en estrellas de los principales críticos de EEUU. Me encantaba tachar de la lista las películas vistas gracias a los casettes pirateados que se alquilaban en la Managua de aquel entonces. Era la única manera de verlos. Y aún así, siempre quedaban algunos en blanco.

El ímpetu de ver lo último se ha aplacado ante la posibilidad de ponerme al día con los clásicos de alto y bajo calibre. El mercado del DVD se extendió tanto que permitió el surguimiento de compañías dedicadas a restaurar y distribuir cine clásico y alternativo, de todas las naciones posibles. No tengo mucha urgencia por ver “The Road” porque tengo pendiente una pila de DVDs con cosas tan variadas como  la serie “Deadwood”,  una extraña serie checa que compré impulsivamente y la última película de Apichatpong Weerasethakul (menciono al director tailandés no para presumir de mis gustos exóticos, si no para ilustrar con el ejemplo de un cineasta aclamado mundialmente cuyo trabajo está virtualmente bloqueado de nosotros por los paradigmas de distribución imperantes).

Entre todos los problemas que cinéfilo puede tener, este es el mejor. El académico Jonathan Rosenbaum ha llamado a esta la era dorada de la cinefília, y no se equivoca. Películas que NUNCA encontraría disribución en un mercado pequeño y poco sofisticado como Nicaragua, están a nuestra disposición. Si podemos pagar por ellas. E incluso, si no podemos. La descarga de contenido pirateado es la regla, y no la excepción. Y cuesta mucho condenarlo. La pobreza del país incluye el difícil acceso a productos culturales. Son materialmente inaccesibles, en todos los sentidos.

Nicaragua representa un mercado demasiado pequeño. Nos echan en el saco de la región centroamericana o latinoamericana. Y eso nos pone en una situación de desventaja en el orden de distribución imperante. Veamos este ejemplo hipotético: los distribuidores internacionales de “Amour”, la nueva película del austríaco Michael Haneke, tienen en sus manos un producto atractivo. La película ganó la Palma de Oro en Cannes, el premio a la Mejor Película del Cine Europeo 2012, y es la favorita para llevarse el Óscar a Película en Lengua Extranjera. Protegiendo a los exhibidores teatrales de México, Argentina y los paises mas grandes de la región, prohiben su distribución inmediata en descarga legal. Entonces, los nicas que quieren verla, incluso legalmente no pueden hacerlo. Y pueden estar seguros que la película nunca se presentará en una cartelera saturada por cine norteamericano para adolescentes. Sin embargo, ya está circulando en internet una copia ilegal. Un amigo en twitter ya la vió. Yo, si no modifico mis hábitos, tendré que esperar a que se edite en DVD o descarga digital en EEUU. Si importo el disco físico, aduana va a retenerlo y cobrarme entre el 30% o el 40% mas sobre su precio facturado, porque este bien cultural, para uso privado, NO DISPONIBLE EN EL COMERCIO LOCAL, es gravado como mercancía comercial. Puedo esperar descargarla cuando este disponible en EEUU mediante una triangulación con un software enmascarador de IP. En resumen: el proceso es tardado engorroso, caro, y aún si le pago al dueño de la película, estoy rompiendo la ley. El que hace las cosas legalmente, es penalizado por todos lados. También puedo esperar a que talvez, algún festival de cine se moleste en traerla en unos cuantos años. La película previa de Haneke, “La Cinta Blanca” se presentó en el reciente Festival de Cine Europeo. En DVD, no en filme ni en DCP.

Por mucho que me ennerva la situación, tampoco puedo zambullirme en la descarga ilegal con la conciencia tranquila. Las películas que mas me interesan son restauradas, editadas y distribuidas por compañías pequeñas, para las cuales vender cada unidad cuenta. Amigos que practican la piratería argumentan que a los grandes estudios ni cosquillas les hace que unos cuantos nicas vean sin pagar “Los Vengadores”, pero yo estaría afectando directamente a pequeñas empresas que dejarían de tener recurso para preservar, salvar y difundir cine clásico. Si todos sus compradores potenciales pensaran así, eventualmente no podrían vender nada y cerrarían. Y los grandes estudios no están en el negocio de restaurar, preservar y difundir las rarezas que guardan en sus arcas. Suelen vender licencias temporales a pequeñas compañías y fundaciones para realizar ese trabajo. Quizás se esfuerzen en un título insignia, pero nada mas. El día que Criterion, Masters of Cinema y Kino cierren sus puertas, será un día muy triste para cualquier persona que ama el cine.

También me he vuelto neurótico con la calidad de la película. Demasiada gente me ha enseñado copias “originales” que les han vendido sus piratas favoritos. “Se ve nítida”, me dicen felices, mientras distingo pixeles, colores lavados y demás defectos. Por que alguien invierte a veces miles de dólares en un televisor de alta definición, para ver películas mal codificadas compradas a 10 pesos, jamás lo entenderé. El video casero todavía no nos permite resolución de calibre teatral, pero los 1080p de la alta definición a tope no son nada despreciables cuando se proyectan en condiciones óptimas. Además de la satisfacción de pagarle a la gente por su trabajo, me gusta la seguridad de que la película que meto en el blu ray player tiene la mejor calidad posible. También me gusta TENER las películas. Para mi, son como libros. Se ven hermosas en sus repisas. Son como una extensión de la identidad. Firmas como Criterion Collection diseñan cuidadosamente sus empaques, de tal manera que se vuelven objetos de arte en sí mismos. Este es otro efecto de la era de la cinefília: el fetichismo cinéfilo. Antés del VHS y el DVD, no era común poseer películas y verlas a tu antojo. Llegaban al cine, las veías y desaparecián de tu vida, dejando sólo el recuerdo. De alguna manera, con las descargas con fecha de vencimiento, estamos volviendo a esa época.

El paso a proyección digital en los cines estaba supuesto a democratizar la distribución al eliminar los costos de impresión en película. Pero eso no se traducirá en una cartelera mas diversificada. El público masivo quiere entretenimiento comercial. Mientras sea mas rentable apartar seis pantallas para la culminación de la franquicia de “Crepúsculo”, no habrá pantalla para “Amour”. Y el grueso de los que piratean no están buscando oscuras películas mudas de principios de siglo XX para su edificación personal. Están buscando “Los Vengadores”, “Iron Man” y “Crepúsculo”.

¿Que hacer, entonces, en la Dimensión Desconocida de la distribución de video que representa Nicaragua? No hay opciones. Volviendo a Woody Allen. Digamos que después de ver legalmente en Netflix “To Rome with Love”, queda con curiosidad de ver su película anterior, “Midnight in Paris”. Aunque es su película mas exitosa comercialmente – mas de 100 millones de dólares alrededor del mundo – , nunca se estrenó en los cines. No está en Netflix. Legalmente no está disponible aqui. El único que la tiene es el pirata. El sistema nos condena a la piratería o a la ignorancia. ¿Que hacen ustedes para ver películas?

ESTRENO: “Crepúsculo: Amanecer, Parte 2”

Véanlos en el poster: Edward, Bella y Jacob. Parece que van corriendo detrás del carrito de los helados. Hemos llegado al final del ritual comercial conocido como “Crepúsculo”. He aquí mi reseña de “Amanecer, Parte 2” en la revista DOMINGO del diario LA PRENSA El fenómeno de ventas de los libros de Stephenie Meyer dio luz a una franquicia fílmica descolorida. Flaco favor se le hace al vampirismo, diluido en una fantasía romántica con matices de fundamentalismo cristiano. Esta bien que los mormones crean que los jóvenes deben guardar su virginidad para después del matrimonio – y que este dure una eternidad – pero, ¿tenemos que ver cinco películas sobre eso?

Lo mas curioso es que se promueven estas ideas a través de una mitología obsesionada con el sexo. Desde la doncella durmiente sobre la cual se proyecta la sombra de “Nosferatu” (F. W. Murnau,1922 ) hasta los vampiros ambiguamente gays de “Entrevista con el Vampiro” (Neil Jordan,1994), pasando por la hipnotizante mirada de Bela Lugosi como el “Drácula” definitivo en la película de Todd Browning (1931),  y los escotes de las películas de los estudios Hammer…el vampirismo en el cine está inevitablemente conectado con el deseo carnal. Que “Crepúsculo” los use para promover la castidad pasa por irreverencia.

Todas las experiencias de la vida nos dejan alguna enseñanza. Esto es lo que aprendí mientras veía a esta franquicia quemar sus últimos cartuchos.

  1. El Ministerio de Nombres Tontos también es popular en EEUU. Prueba: “Reneesme”. La vampirita no puede llamarse “Renee”. No puede llamarse “Esme”. Tiene que ser “Reneesme”.
  2. La juventud eterna a veces necesita ayuda, como inyecciones de colágeno en los labios, botox, tinte para el pelo, etc. Vea a la alarmante Casey LaBow.

    Labios aterradores: LaBow

  3. Elle Fanning desplazó a su hermana Dakota en el radar de los buenos directores de cine. ¿De donde creen que saca la cara de desesperación?

    Fanning: Mi hermana va al Óscar, yo a una fiesta de Halloween.

  4. Michael Sheen puede chillar como colegiala en concierto de One Direction.

    Sheen: Usé este alarido cuando Tony Blair conoce a “La Reina”, pero lo cortaron.

  5. Kristen Stewart y Roger Pattinson lograrán pasar a carreras adultas e interesantes. Taylor Lautner se quedará en papeles que le exijan quitarse la camisa.

    Lautner: En la foto no se nota, pero estoy sin camisa.

  6. Truco narrativo con mas vidas que un vampiro: “¡Oh, es solo su imaginación / un sueño / una alucinación / una mentira!”.
  7. La palabra “saga” esta irremediablemente devaluada.