“THE CHRONICLES OF NARNIA: THE LION, THE WITCH AND THE WARDROBE” (Andrew Adamson, 2005)

“THE CHRONICLES OF NARNIA: THE LION, THE WITCH AND THE WARDROBE” (Andrew Adamson, 2005)

Un día, el Señor del reino de Disney despertó, y vio como los fariseos de New Line Cinema se llenaban los bolsillos con “El Señor de los Anillos”. Y vio como los infieles de Warner Brothers saqueaban la taquilla con la serie de “Harry Potter”. Y se llenó de disgusto, porque no era justo que ellos se enriquecieran mientras sus películas animadas fracasaban a la hora de convocar a fieles espectadores de antaño. Pero en un momento de inspiración divina, vio que los derechos sobre las serie de libros originales de C.S. Lewis volaban libres. Con palabras dulces y una oferta millonaria los tomó en su regazo. Ahora tenía siete tomos listos para convertirse en una franquicia, que venían de un escritor cristiano, de ideas que llegaría al corazón de la multitudinaria audiencia que hizo un éxito de “La Pasión de Cristo” . Y así, pudo descansar tranquilo, mientras sus siervos filmaban “Las Crónicas de Narnia: El León, La Bruja y El Ropero”.

Disculpe mi mala imitación de liturgia, pero esa truculencia fue la única manera que encontré de exorcizar la pesada alegoría de esta problemática super producción. No me molesta el sub texto religioso, sino la incómoda colusión de comercio y fe que se vislumbra entre las grietas de este producto ensamblado con descuido.

Chronicles-Lion
Mi cena con el castor: Popplewell, Moseley y Henley son los buenos Peavensies

La película arranca de manera prometedora. Durante la II Guerra Mundial, los cuatro hermanos Peavensie se unen al éxodo de niños enviados al campo para protegerse de los frecuentes bombardeos alemanes sobre Londres. Las escenas son mas que efectivas. Me sorprendí con un nudo en la garganta cuando dejan a las madres en el andén, con destino desconocido. Los Peavensies son asignados a la casa del Profesor Kirke (Jim Broadbent). Bajo la severa vigilancia de una tiránica ama de llaves, los niños se comportan como niños: jugando, aburriéndose, esquivando deberes, rompiendo pequeñas reglas…hasta que la pequeña Lucy (Georgie Henley) se mete en un ropero sin fondo que la lleva  aun fantástica tierra invernal llamada Narnia. El momento, visualizado con sencillez, es el prematuro punto culminante. La promesa de su magia quita el aliento, y contrasta negativamente con la fantasía por venir: una batalla entre el bien y el mal, representados por el León Aslan (con las voz original de Liam Neeson) y la Bruja Blanca (Tilda Swinton)

Los hermanos Peavensies pierden vida propia, convirtiéndose en peones de una historia armada a punta de profecías declamadas oportunamente. En “El Señor de los Anillos” también dominaban alusiones a un destino predeterminado, pero las relaciones entre los personajes eran complejas y emocionalmente accesibles. Aquí, predomina “El Mensaje” sobre los individuos. Su presencia se diluye aún mas, cuando a medida que avanza la historia, los niños deben compartir protagonismo con cada vez mas personajes manipulados o creados por computadora, con desiguales grados de éxito.  Mientras el león digital es convincente, el maquillaje y las prótesis de otras criaturas se hacen mas que evidentes. Las costuras, físicas o virtuales, saltaban tanto a la vista por lo poco conectado que estaba con la portentosa trama, una alegoría donde el León hace de Jesucristo y la Bruja es al maligno. Quizás los amantes de los libros originales, los espectadores mas devotos y los niños pequeños puedan disculpar los problemas, incluyendo la dirección plana de Andrew Adamson, curiosamente desprovisto de la exhuberancia que demostró en “Shrek” (1997).

20130920-090217-8-1000x655-we
Edmund sabe que los malos son más divertidos: Keynes y Swinton contemplan la nieve

Los hermanos Peavensies se dividen  entre el bien y el mal, en lo que a actuación se refiere. Los mas pequeños resultan ser los virtuosos. Georgie Henley y Skandar Keynes son excelentes. Por eso molesta la insistencia de la trama en convertir a Edmund en un villano, solo porque es necesario un hijo pródigo que redimir en el tercio final. Yo solo ví a un niño de verdad, acosado por los guionistas. Los hermanos mayores, Peter (William Moseley) y Susan (Susan Popplewell), padecen la tiesa expresión de los malos actores noveles. 

Peor que sus actuaciones es la escena de un jovial Santa Claus brindándole a los niños armas letales como regalos de navidad. Desconozco si el libro incluía esa escena, pero igual me resulta ofensiva – y eso es mucho decir, viniendo de alguien que disfrutó inmensamente de Los Idiotas (Lars Von Trier, 1998) -. Hay algo irónico en que los niños huyan de una guerra para meterse en otra, pero la película es tan perezosa dramáticamente, que ni siquiera reconoce esta conexión, ya no se diga encontrar resonancia alguna entre ambos conflictos. Supongo que como el “mensaje” es cristiano, nada de esto debe importar. 

 ¿Que puede hacer el espectador que no conecte el ímpetu evangelizador? Pues, concentrarse en Tilda Swinton. La actriz británica, con su fisonomía de pájaro asustado, tiene una presencia extraordinaria. Divierte como la reina villanesca, mientras no la sofoca el ruido y la multitud de muñecos. En una poco ambigua lucha entre el bien y el mal, le hará desear que gane el bando equivocado. Agnósticos, ateos, judíos, budistas e islámicos pueden coincidir en eso.

* Texto publicado originalmente en enero 2006.

* “Crónicas de Narnia: El León, La Bruja, y el Ropero” está disponible en video casero en este enlace.

<iframe style=”width:120px;height:240px;” marginwidth=”0″ marginheight=”0″ scrolling=”no” frameborder=”0″ src=”//ws-na.amazon-adsystem.com/widgets/q?ServiceVersion=20070822&OneJS=1&Operation=GetAdHtml&MarketPlace=US&source=ss&ref=as_ss_li_til&ad_type=product_link&tracking_id=jc05ce-20&marketplace=amazon&region=US&placement=B003UMW63Y&asins=B003UMW63Y&linkId=dcc2c707475b5ed3a169c071ed2da64a&show_border=true&link_opens_in_new_window=true”></iframe>

Deja un comentario