“SPEED RACER” (Lana & Lilly Wachowski, 2008)

“SPEED RACER” (Lana & Lilly Wachowski, 2008)

Hirsch protagoniza “Speed Racer”, un filme de estética visionaria.

Al principio de “Speed Racer”, los pedestres logos animados que identifican a las compañías productoras se refractan a través de múltiples colores, cómo si estuvieran dentro de un kaleidoscopio. Es un detalle muy apropiado, considerando la febril psicodelia que anteceden. Los hermanos Larry y Andy Wachowski, mejor conocidos por “The Matrix” (1999-2003), ahora hechan mano de una serie japonesa de dibujos animados de los años sesenta, como ingrediente primario para crear un experimento audiovisual radical. Sin pseudofilosofía y con una trama harto sencilla, las imágenes deben cargar el peso de la experiencia.

Speed Racer (Emile Hirsch) es un joven corredor de autos, dedicado a competir en los vehículos construidos por Papá Racer (John Goodman). Es un deporte dominado por patrocinios corporativos, pero para ellos es un arte. Mamá Racer (Susan Sarandon) y la novia de Speed, Trixie (Christina Ricci), les ofrecen apoyo incondicional. El hermano menor Spritle (Paulie Litt) y el mono Chim Chim aportan alivio cómico. La única sombra sobre sus vidas es la desaparición de Rex (Scott Porter) , el hermano mayor que después de una pelea con Papá Racer, muere en un peligroso Rally. La trama se complica cuando Royalton (Roger Allam), un siniestro millonario, aparece tratando de reclutar a Speed. En las márgenes, el enmascarado Corredor X (Matthew Fox) observa los acontecimientos.

La trama es simple. Los personajes son caricaturas. La película esta en principio, diseñada para niños. Su fuente de inspiración, su status de éxito taquillero pre determinado y el mercadeo sellan su destino. En realidad, “Speed Racer” habita un limbo imposible. Es demasiado larga para niños (mas de dos horas). Demasiado infantil para los adultos. Demasiado abrumadora para nervios ópticos humanos. Después de verla, sentirá que necesita re ajustarse la vista para registrar correctamente la realidad concreta. Asi de intensa es su hiperkinesis audiovisual, apoyada en sets de colores acaramelados y vertiginosas animaciones abstractas, que retan las reglas de la composición y la perspectiva. Hordas de espectadores la detestarán.

Y es una lástima. “Speed Racer” es un atrevido experimento audiovisual que todo cinéfilo debe ver con la mente abierta. Digo esto como un agnóstico de “The Matrix” – la primera parte es brillante, las secuelas son terribles -. Recuerdo haber visto “Meteoro” en mi infancia, pero no lo suficiente como para dejar que la nostalgia nuble mi entendimiento. Además, esta película es una re invención demasiado radical en términos visuales como escudarse en eso. Vaya sorpresa la que me llevé.

Los Wachowskis son fieles a la emotividad del melodrama animado japonés, mezclándolo con la alucinogénica estética visual del juego de video del siglo XXI. Esta es una telenovela escenificada dentro de un Nintendo Wii. De paso, rescatan la tecnología de manos de los artesanos para devolvérsela a los artistas. Las técnicas de pantalla verde y animación computarizada n se usan como simples herramientas para suplantar la realidad, o en el peor de los casos, como una muletilla creativa (Hola, “300”!) para dignificar ejercicios de acción. Aqui, sirven para crear una nueva realidad y conectar con emociones primarias.

También rompe con otras reglas del negocio del cine. Tome nota de la virtual ausencia de publicidad invasiva, mas encomiable aún después de ver como “Iron Man” devora hamburguesas del Burger King a bordo de su Audi. En parte, los Wachowski se pueden dar el privilegio de prescindir de esa estratagema porque tienen el botín de Neo. Eso no les quita el mérito. Ojalá que todos los cineastas millonarios de Hollywood tuvieran el valor de tomar riesgos creativos de este calibre. “Speed Racer” le causará una migraña, o lo pondrá a alucinar. Las probabilidades son 50/50. Si tan solo fuera mas corta. Si la trama cerrara mejor…pero esas quejas, al igual que la clasificación de estrellas, no viene al caso. Puede amarla u odiarla. Pero no podrá negar que es una experiencia singular.

* Artículo publicado originalmente en el año 2008, antes de que las hermanas Wachowski anunciaran públicamente su condición transgénero, presentándose como Lana y Lilly Wachowski.

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