“BABEL” (Alejandro González Iñárritu, 2006)

“BABEL” (Alejandro González Iñárritu, 2006)

Hablando en lenguas: Rinko Kikuchi es la revelación de “Babel”

Con su tercer largometraje, el mexicano Alejandro González Iñárritu expande sus preocupaciones por la fatalidad y la casualidad a una escala global. “Amores Perros” (2000) merodeaba en el caos de México D.F.;“21 Gramos” (2003) iluminaba unos Estados Unidos mundanos. “Babel” se divide entre cuatro localidades. En Marruecos, Richard (Brad Pitt) y Susan (Cate Blanchet), una pareja de privilegiados turistas norteamericanos, se ven directamente afectados por un mortal juegos de niños. Yuseff (Boubker Ait El Caid) y Ahmed (Said Tarchani), los hijos de un pastor de cabras, disparan a un bus sin considerar las consecuencias. En San Diego, EEUU, una niñera mexicana llamada Amelia (Adriana Barraza) decide cruzar la frontera con los dos niños gringos que cuida, para no perderse la boda de su hijo en México. En Japón, la adolescente Chieko (Rinko Kikuchi) enfrenta tres demonios personales: incipiente sexualidad, las barreras sociales inherentes a su condición de sordamuda, y la memoria de su madre muerta. Su atribulado padre (Koji Yakuso) sólo atina a ver el espectáculo desde el margen. En el reconocible estilo forjado por el director y el guionista Guillermo Arriaga, las historias se refractan y conectan con ligeros desfases intencionales de tiempo.

La alusión bíblica del título es reductiva. La comunicación es apenas uno de los engranajes capaces de descarrilarse en la máquina de humanidad que Gonzalez Iñárritu construye. “Babel” invoca diferencias de clase, cultura y nacionalidad como catalizadores de tragedias. Ni siquiera los mejores impulsos del ser humano se salvan de conducirnos por los peores caminos. La devoción de los padres hacia los hijos y sus límites, son fuente inagotable de gloria y sufrimiento. El montaje de la boda mexicana pulsa con energía vital. En otra escena, de fina ironía poética, Chieko trata de establecer una conexión romántica en una discoteca. La música jubilosa se escucha o se corta, según entramos y salimos de la perspectiva de la joven sorda. Lo global y lo personal se confunden. El amor, la miseria, la incapacidad de establecer conexiones, los breves momentos de gracia, son universales. Estamos juntos en esto. Suena cursi, pero no lo es. “Babel” es la película que “Crash” (Paul Haggis, 2005) quería ser.

González- Iñárritu es un maestro de la técnica fílmica. Apoyado en excelente equipo, erige su película como un concierto de imágenes que se convierte en una experiencia exhaustiva e inmersiva. Usted esta ahí, desangrándose en el suelo de una choza berebere. Asediado por la migra en la frontera. Gravitando entre los cliques juveniles de una cafeteria en Tokio. A pesar del virtuosismo técnico y su encomiable humanismo, la experiencia esta comprometida por dos problemas. Como en todas las películas-omnibus, algunas historias son mejor ejecutadas, o mas ricas que otras. En el balance balance final, el capítulo japonés se eleva a un plano superior al de los “norteamericanos feos” en la peor vacación del mundo.

El segundo problema esta en la raíz del proyecto. La narración fragmentada y a destiempo nos condiciona a esperar una gran revelación. En sus películas anteriores, descubrir la mecánica que conectaba a las historias o los personajes añadía sentimiento y consecuencia a la película. Aquí, la conexión final entre las historias es tan ligera y casual que se siente trivial. Es un encogimiento de hombros virtual. Quizás la película se beneficie de una segunda vista. Sin la presión de atar cabos y hacer calzar las piezas, se puede concentrar en su exquisita manufactura y las admirables caracterizaciones del reparto.

Así, la unión creativa entre González-Iñárritu y Arriaga cierra con un suspiro, no con una exclamación. Un rencilla pública, provocada por la búsqueda de crédito artístico, ha separado a director y guionista. Quizás es mejor asi. Hay algo de agotamiento del modelo narrativo que juntos han forjado. Es hora que traten de hablar en otros idiomas.

  • Publicada en marzo, 2007.

 

 

 

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