“WALL STREET: MONEY NEVER SLEEPS” (Oliver Stone, 2010)

“WALL STREET: MONEY NEVER SLEEPS” (Oliver Stone, 2010)

La primera vez que vimos a Gordon Gecko, el magnate de “Wall Street” (1987) proclamaba que “¡la codicia…es buena!”. El director Oliver Stone lo concibió como una siniestra figura mefistofélica, peleando contra el buenazo de Martin Sheen – haciendo de sindicalista, para mas claridad moral – por el alma de su hijo Charlie, un inocente corredor junior. La película le pasó la cuenta, pero el carisma de Michael Douglas y la interpretación selectiva de la audiencia lo convirtió en una especie de héroe de los 80s, cuando los grandes corredores de bolsa eran aclamados como “maestros del universo” en la fiebre de los años “reaganómicos”. Quizás Gordon mordió el polvo al final, pero triunfó en la corte de la opinión pública al convertirse en el elemento mas memorable de la película.

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Mentor, suegro y depredador: LaBeouf encuentra todo en Douglas

Han pasado 23 años, y el panorama se ve preñado de posibilidades para otra diatriba anti-capitalista del combativo Stone. La premisa se sacar a Gecko de prisión, para tratar de rehacer su imperio en un Nueva York post-debacle hipotecaria es muy atractiva. También hay nuevas inocentes que corromper: Jake Moore (Shia LaBeouf) es un ambicioso corredor de bolsa, comprometido con Winnie (Cary Mulligan), la hija de Gecko que ha cortado toda comunicación con el padre, a quien culpa de la debacle de su familia. Pero parece que los años en la sombra han amansado al tiburón. Gecko ahora solo trafíca en su notoriedad, escribiendo libros que predican responsabilidad fiscal. El peso de la villanía corre por cuenta de Bretton James (Josh Brolin), quien dispersa rumores que destruyen la firma de Louis Zabel (Frank Langella), el mentor de Jake. Cuando el hombre se ahorra la ignomínia de enfrentar la bancarrota lanzándose frente a un tren subterráneo, Jake quiere venganza. ¿Y que mejor profesor en esas artes oscuras que su suegro?

Esa sinopsis es mas entretenida que la película. Quizás preocupado por aburrir a sus espectadores con demasiadas escenas de gente tecleando furiosamente sobre sus computadoras, ladrando instrucciones por el teléfono o haciendo presentaciones de power-point, Stone crea constante estímulo visual. Animaciones convierten la silueta de rascacielos en gráficos de desempeño. Las bandas de información accionaria se proyectan sobre el rostro de los personajes. La pantalla se corta en paneles múltiples para seguir habladurías. Y en un momento crucial,  aparece por disolvencia la fantasmagórica imagen de un difunto. Y justo cuando creía que Stone había agotado los trucos mas viejos del oficio, indirectamente mente comenta sobre la burbuja hipotecaria…con un grupo de niños haciendo pompas de jabón en el fondo de una escena.

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LaBoeuf entabla un romance con la bellamente nombrada Winnie Gecko (Carey Mulligan)

La sutileza nunca ha sido una de las virtudes del director. Pero sus películas solían compensar con energía demencial, y en el mejor de los casos, sorpresiva empatía. Nunca me hubiera imaginado que, por ejemplo, su “Nixon” (1995) pintara al caído ex presidente como una figura trágica. Pero no hay nada de eso aquí. Con “Wall Street 2”, quizás por primera vez, Stone se expone como un cineasta agotado y envejecido, luchando por mantenerse “actual”. Desde el casting de LaBeouf – ya puesto en evidencia como inadecuado para heredar el sombrero de Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” (2008) – hasta las superfluos amagos de acción – ¿de veras necesitamos una carrera de motos entre Bretton y Jake para ilustrarnos la rivalidad? – Stone parece un viejo narrador luchando por mantener su historia interesante para los muchachos de ahora.

La verdadera atracción está en lo márgenes. Brolin se roba la película como el faux-Gecko. Uno quisiera que la película botara a los blandengues veinteañeros para dedicarse a un genuino duelo de inmoralidad entre los adultos. Susan Sarandon brilla en un par de escenas como la madre de Jake. Aunque le han asignado el ingrato papel de representar a la clase trabajadora que infló la burbuja hipotecaria comprando casas que no podía pagar, la actriz esconde reconocible experiencia de vida en sus súplicas por dinero. A la par de ella, el hijo y la nuera parecen maniquíes. Y el problema conceptual de la primera parte vuelve a manifestarse. Todo apunta a que este mundo es malo y vacío. Pero la fotografía de Rodrigo Prieto lo pinta irresistible. Y después de un (in) esperado giro dramático, Douglas vuelve a demostrarnos que si él depende, la decencia simplemente no tiene chance.

* Texto original publicado en octubre 2010.

* Disponible en video casero en este enlace.

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