“EAT, PRAY, LOVE” (Ryan Murphy, 2010)

“EAT, PRAY, LOVE” (Ryan Murphy, 2010)

Después de una debacle matrimonial, la escritora Elizabeth Gilbert se tomó un año sabático para viajar por Italia, India y Bali. Consignó sus experiencias en el libro “Comer, Rezar y Amar”. La mezcla de crónica de viaje y exploración personal se convirtió en un genuino best-seller, y ahora, un vehículo de estrella para la cada vez mas reticente Julia Roberts.

Eat-Pray-Love-DI-3
Roberts pedalea hacia la iluminación en “Comer, Beber, Amar”

Liz (Roberts) es una escritora aquejada por un elusivo sentido de insatisfacción sobre su vida. Salta de un matrimonio con un hombre bueno pero desenfocado (Billy Crudup), a un impulsivo romance con un actor mas joven que ella (James Franco). Pero nada la hacer…sentir. Está tan sensible que se toma en serio la profecía de un gurú balinés que ha entrevistado para un artículo. Volverá a su santuario. Pero antes, empujada por el azar, escoge dos destinos preliminares. Un diccionario de italiano recogido a la ligera en una librería la manda a Roma. La devoción de su novio por una gurú induh la convence de hacer una escala en Calcuta. En cada lugar, conoce gente que la obliga a examinarse a sí misma, conectar con los demás y experimentar los placeres de la vida.

No he leído el original de Gilbert, pero la adaptación de Ryan Murphy – creador de las series de televisión “Nip/Tuck” y “Glee” – conecta con conspicuas tendencias culturales norteamericanas. Tenemos la combinación de curiosidad y movilidad que empuja a los norteamericanos a conocer tierras foráneas; la obsesión con la felicidad y el mejoramiento personal; la masificación del misticismo que alguna vez estuvo consignado a la esfera hippie; la preocupación post-feminista con asuntos de identidad y matrimonio; finalmente, y no menos importante, la fetichización de la gastronomía. Súmele el encanto taquillero de Roberts, y el resultado es una “película de mujeres” con el pulso en el zeitgeist. O al menos, el de las norteamericanas de cierta edad.

Si su libro de cabecera es “Para Leer al Pato Donald”, de Ariel Dorfman, se regodeará identificando las semillas de imperialismo cultural y los estereotipos en flor. ¡Ah, los italianos…tan indolentes y enamorados de la vida! ¡Oh, los orientales…tan espirituales! El mundo existe para que la bella norteamericana se empodere. Pero sería ingenuo seguir esa línea. La película se origina, después de todo, en la experiencia de una mujer específica. Y su audiencia meta son mujeres como ella, o que al menos aspiran a ser como ella. Comparado con “Sex & The City 2”, por ejemplo, “Comer Rezar Amar” es un dechado de sensibilidad. El exotismo es bien explotado por la bella fotografía de Robert Richardson, que nunca descuida el halo de luz que debe caer sobre la lustrosa cabellera de la Roberts. Y Murphy tiene buena mano para trabajar con sus actores.

alg-eat-pray-love-still-jpg
Nada como un latin lover para acelerar tu llegada a la paz espiritual

El principal problema de la película es conceptual y estructural. El verdadero “viaje” de Liz es hacia su interior. La gente que conoce, lo lugares que visita, las experiencias que tienen, todos son catalizadores para el re descubrimiento personal. Murphy no puede traducir eso visualmente. Habita sus escenas hasta que un personaje le verbaliza las pistas. También se ejecutan triquiñuelas en el guión. La primera parte, dedicada a la debacle sentimental en Nueva York, omite partes cruciales sin las cuales las motivaciones de Liz se vuelven oscuras. Las reveladoras discusiones se guardan para insertarse como flashbacks en los momentos de catarsis que ella experimenta en el extranjero. Así, la heroína se nos presenta inicialmente como una caprichosa quimera. En lugar de aceptar su angustia existencial como algo válido, la percibimos como una insegura que victimiza a los que se atreven a comprometerse con ella. Para cuando las piezas cruciales se revelan, es demasiado tarde.

Cuando el español Javier Bardem aparece, como el brasileño que apunta a reclamar su corazón, uno quiere mas bien advertirle que huya en dirección contraria. Roberts – cada vez mas parecida a Kyra Sedgwick, su hermana en “Something to talk About” (Lasse Hallstrom, 1995) – hace visibles esfuerzos por compensar. Hasta la vena que cruza su frente permanece resaltada. Irónicamente, los hombres le roban el show. Crudup es divertido y conmovedor en partes iguales. Richard Jenkins brilla como un expatriado refugiándose de su pasado y Bardem conserva la dignidad en un papel que parece hecho para Antonio Banderas.

<iframe style=”width:120px;height:240px;” marginwidth=”0″ marginheight=”0″ scrolling=”no” frameborder=”0″ src=”//ws-na.amazon-adsystem.com/widgets/q?ServiceVersion=20070822&OneJS=1&Operation=GetAdHtml&MarketPlace=US&source=ss&ref=as_ss_li_til&ad_type=product_link&tracking_id=jc05ce-20&marketplace=amazon&region=US&placement=B0042816YK&asins=B0042816YK&linkId=4a6d7e863192b05cd85aa8bec449b219&show_border=true&link_opens_in_new_window=true”></iframe>

Deja un comentario