“HARRY POTTER AND THE ORDER OF THE PHOENIX” (David Yates, 2007)

“HARRY POTTER AND THE ORDER OF THE PHOENIX” (David Yates, 2007)

Grint, Radcliffe y Watson se enfrentan a la totalitaria “Orden del Fénix”.

La quinta película en la serie de Harry Potter viene pisándole los talones a la publicación del séptimo libro. La expectativa le esta dando tracción al estreno cinematográfico. Y vaya que necesita toda la ayuda que pueda encontrar. La película está mas cerca de las inertes adaptaciones de Chris Columbus que de la vital narrativa de Alfonso Cuarón en “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban” (2004).

Encontramos a Harry (Daniel Radcliffe) traumatizado por su encuentro con Lord Voldemort (Ralph Fiennes) y la muerte de su amigo Cedric, en el desenlace la “Harry Potter y el Cáliz de Fuego” (Mike Newell, 2005). El status quo representado por las autoridades del Ministerio de la Magia niegan el regreso del “Señor Oscuro” y tratan de minar la credibilidad del joven hechicero, alineando incluso a los medios de comunicación del mundo mágico. Dolores Umbridge (Imelda Staunton), una nueva maestra en Hogwarts, promueve la agenda represiva del ministerio bajo un rosado manto de sonriente manipulación. El clima es perfecto para una revuelta juvenil, encabezada por Harry y sus amigos. Aceptando la inminente amenaza de Voldemort, se entrenan en secreto como guerrilleros en un estado militar, incluso a espaldas de la Orden del Fénix, un grupo de adultos escépticos sobre los motivos del Ministerio. Harry esta enojado con el sistema, y listo pelear.

Ya era hora que la serie invocara la rebeldía generacional. La adolescencia ha hecho lo propio con los actores de la serie. Harry (Daniel Radcliffe) tiene que afeitarse, Hermione (Emma Watson) revela una figura curvilínea bajo sus ajustadas prendas y Ron (Rupert Grint) podría actuar como uno de los fornidos delincuentes juveniles de la “Naranja Mecánica” (Stanley Kubrick, 1971). No importa que estén demasiado maduros para sus personajes, si estamos entrenados a aceptar a veinteañeros como adolescentes. Los tres han crecido como actores dentro de los personajes.

Lo que si sigue siendo un problema es la reverencia por el material original. Aún sin leer los libros de Rowling, es notable que el guión esta sobrecargado de eventos y personajes, hasta el punto que los que deberían de ser puntos cruciales en la trama se repasan como un episodio mas en una sarta de acontecimientos escenificados en un mismo plano de prioridad. En “La Orden del Fénix”, Harry descubre que papá Potter no era un paradigma de bondad. Sufre una traición conectada a un episodio romántico. Un buen amigo muere frente a sus ojos. Los momentos pueden articularse como hitos en el camino a la madurez: descubrir que los padres no son perfectos e infalibles, que el amor no es inmune a las presiones del medio, afrontar una muerte súbita e inesperada. Pero  reciben menos tiempo y atención que un innecesario interludio con un gigante en un bosque, o las burocráticas escaramuzas del Ministerio y los profesores de Hogwarts. En el peor de los casos, se resuelven con un par de líneas de diálogo. Los realizadores de esta serie deberían estudiar las películas de Pixar para retomar claves sobre economía narrativa y caracterizaciones breves pero incisivas. En la reciente “Ratatouille” (Brad Bird, 2007) no hay personaje secundario que no se destaque, momentos que no resuenen en el gran esquema de la historia, ni desgresiones innecesarias. Quizás es injusto comparar un guión original con una adaptación, pero el trabajo de Michael Goldenberg funciona como una acumulación amorfa de acontecimientos. A pesar de todo, el director David Yates mantiene la trama en movimiento, y casi redime la película con un intenso tercer acto. Imelda Staunton (Vera Drake)se roba cada escena como la profesora de sus peores pesadillas.

La publicación del último libro en la serie le sube la parada a los realizadores. Con el desenlace de la historia descubierto y el futuro de Harry revelado, las dos películas restantes deberán ofrecer algo mas que la dramatización plana de la trama de los libros. Deben conjurar su propia magia y dejar atrás el encantamiento de la palabra escrita.

  • Publicado originalmente en julio, 2007.

Deja un comentario