“VENOM” (Ruben Fleischer, 2018)

“VENOM” (Ruben Fleischer, 2018)

El hombre que sería Venom: detrás de esos dientes, está Tom Hardy. ¡Creo!

No dudo que el personaje titular tenga una intrincada mitología, capaz de alimentar su propia franquicia, pero yo lo conozco por su aparición en “Spider Man 3” (Sam Raimi, 2007), donde convirtió a Peter Parker en un emo, y a su amigo-rival Eddie Brock (Topher Grace) en un villano. El infructuoso afán de Sony por conseguir algo de la dulce taquilla de Marvel lo ha empujado a un lugar interesante: tratar de reconstituir a un villano marginal – el mismo que socavó los cimientos de una franquicia saludable – y convertirlo en un héroe alternativo. Sony quería su propio “Deadpool”, y ahora tiene, al menos una pálida sombra de él.

El origen del monstruo: el ego de un periodista

Eddie Brock (Tom Hardy) es un rudo periodista, moldeado en el sensacionalismo “progre” de las redes sociales y “Vice”. A pesar de su apariencia desaliñada, tiene una existencia más bien burguesa, viviendo en el confort de San Francisco con su novia, Anne (Michelle Williams), una abogada tan bien colocada, que lleva la cartera de la Fundación Vida, brazo filantrópico de un multimillonario de Silicon Valley. Se trata de Carlton Drake (Riz Ahmed), una mezcla de Elon Musk y Bill Gates. Al inicio de la película, un transbordador espacial de su propiedad regresa a la tierra cargado de especímenes extraterrestres. Un aparatoso accidente los deja libres por el mundo. Mientras los parásitos gelatinosos saltan de un huésped humano a otro, sembrando a su paso destrucción sin sentido, Eddie emplaza a Drake por practicar experimentos médicos con la población indigente. El exabrupto lo deja sin trabajo, sin novia y sin futuro. Y un malogrado intento por redimirse lo deja infectado por la criatura extraterrestre que invade su cuerpo y su subconsciente. Se identifica como Venom, y vino para quedarse.

Un poco de Michelle Williams aporta mucho en “Venom”

A pesar de ceñirse a la dinámica predecible de una “historia de origen”, el tercio inicial de la película tiene un tono despreocupado y lánguido. No parece tener prisa en llegar a ninguna parte, y así podemos disfrutar la presencia de un reparto talentoso, jugando a que se toman en serio roles cuya principal razón de ser es pagar las cuentas. La ineptitud de los personajes, útil para echar a andar los engranajes de la trama, se experimenta como inocencia. Eddie se comporta como el peor periodista del mundo. Williams es una de las mejores actrices contemporáneas de EEUU, y puede hacer este papel con los ojos cerrados. Jenny Slate lleva años regalando comedias idiosincrásicas, pero solo la vemos en la pantalla grande del mercado internacional porque asume el papel de una científica con una profunda crisis ética – y si, su comportamiento es el de la peor científica del mundo – . Hardy, quien se resiste a interpretar a Eddy como héroe convencional. El actor encuentra un espacio propio entre los extremos de la pureza de “Capitán América” y la ironía auto complaciente de “Iron Man”. Más cerca del hombre común que del héroe accidental, el protagonista se ve ofuscado por los poderes que la fatalidad le concede.

Conexión Merengue

Una vez que “Venom” infecta al protagonista, la mecánica de las secuencias de acción monopoliza la película. El ego del periodista convive con el super-ego del invasor extraterrestre, es un dúo que recuerda “El Otro Yo del Profesor Meregue”, la tira cómica del argentino Guillermo “Willy” Divito. Hardy debería hincarle el diente a la oportunidades que esta extraña competencia presta, pero no hay tiempo para esas gracejadas. Pronto, otro organismo infecta a Drake, y la película se precipita aparatosamente hacia un clímax de destrucción. Cada escena que pasa, se vuelve menos interesante.

El “Venom” de tus abuelos: “El otro yo del profesor Merengue”, tira cómica de Willy.

Nada de sexo, por favor. Somos fanboys.

Parte del problema de “Venom” reside en la resistencia a explorar todas las implicaciones de su concepto original. La relación entre Venom y Eddie puede ser una sublimación de la esquizofrenia, el “yo” que se desdobla en dos identidades. Pero fuera del plano mental, la capacidad de la criatura para invadir el cuerpo de sus anfitriones tiene resonancia en estos tiempos donde hay más consciencia sobre la volatilidad de la identidad de género. En el transcurso de la película, Venom toma los cuerpos de hombres y mujeres. Su lengua, larga y lasciva, promete un abandono carnal que nunca llega. Lo que sí ofrece es violencia, cuando cercena a dentelladas la cabezas de los villanos que le sirve de alimento.

Las únicas provocaciones son heteronormativas, como cuando una mujer invadida por Venom se pasea alrededor de Eddie en curvilínea leotardo negro, como el traje de cuero de una dominatrix. Uno no puede más que imaginar que haría con este material un director como David Cronenberg, maestro del body horror –  véase “The Fly” (1986) o Crash” (1996) – y el suspenso psicológico – véase “Dead Ringers” (1988) y “Spider” (2002) -. No dudo que Hardy sería un buen voluntario para sus experimentos. En su carrera como actor y personalidad pública, no se ha inhibido de presentarse como objeto de deseo, o transformar su cuerpo en retratos de masculinidad exaltada. No en balde, Christopher Nolan practicó el perverso juego de taparle la cara por casi toda la duración de “Dunkirk”, solo para hacer más poderoso su desenlace. Pero explorar la sexualidad en el contexto de una pieza de ficción como esta, implicaría darle la espalda al mercado infantil y juvenil, eminentemente conservador, y piedra angular de la taquilla moderna. No crea que eso sería una aberración. “Deadpool” lo hace, pero en medio de ráfagas de chiste que facilitan el ocultamiento de material que vuela sobre la cabeza del espectador presto a escandalizarse.

Tom, apenas te vimos: Hardy convive con Venom.

“Venom” demanda ser mas adulta, más grotesca, mas rara. Pero Sony no está dispuesta a ir hasta ese extremo. Y no crea que predico desde una torre de marfil. Tome nota que décadas atrás, Stan Lee en persona cortejó al director francés Alain Resnais, creador de “Hiroshima, Mon Amour” (1959) y “L’année dernière à Marienbad” (1961) para que adaptara “El Hombre Araña”. Añáda ese título a la lista de filmes tan imposibles como un filme de súper héroes para adultos.

  • Observaciones huérfanas

  • Mary, la trágica indigente, es interpretada por Melora Walters, la sufrida heroína de “Magnolia” (Paul Thomas Anderson, 1999)
  • Jenny Slate fue pareja sentimental de Chris Evans durante algunos años, inscritos en su ciclo interpretando a “El Capitán America”.
  • Tom Hardy interpretó al villano Bane en “The Dark Knight Rises” (Christopher Nolan, 2012)
  • Stan Lee sigue su tradición de hacer cameos en las películas basadas en sus personajes.
  • Hay dos escenas extras (stingers) insertas en los créditos finales. Una de ellas, sienta las bases de la secuela. ¡Que optimistas!

 

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