THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI (Michael McDonagh, 2017)

THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI (Michael McDonagh, 2017)

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En Nicaragua serían mantas: McDormand manda poner “Tres Anuncios para un Crimen”

“Tres Anuncios para un Crimen” esta lista para arrasar en la ceremonia del Óscar, donde está nominada en siete categorías. La película acaba de ganar cinco estatuillas en los premios de la Academia Británica de Artes Fílmicas y Televisivas (BAFTA, en inglés original), incluyendo Mejor Película, y el rimbombante “Sobresaliente Filme Británico del Año”. Si, técnicamente es un filme británico.  Aunque se desarrolla en el corazón de norteamérica, es una producción financiada con capital inglés. Por una vez, Estados Unidos es objeto de apropiación cultural, cortesía del celebrado dramaturgo y cineasta Martin McDonagh.

Mildred (Frances McDormand) es una mujer madura, divorciada, en el centro de una tragedia que se ha convertido en moneda de cambio en el pueblo de Ebbing, Missouri. Su hija Angela (Kathryn Newton) fue violada y asesinada, su cuerpo quemado para ocultar el crimen. La encontramos meses después de la tragedia, dentro de una burbuja de pesar que está a punto de reventar por la desidia oficial. La policía local, comandada por el shérif Willoughby (Woody Harrelson), no ha encontrado pista alguna. Al observar tres rótulos abandonados en una carretera secundaria, decide alquilarlos para demandar justicia. Los tres anuncios, en simples letras negras sobre fondo rojo, tienen un efecto devastador en la comunidad. La simpatía por Mildred se corroe en odio, con la mayoría alineándose instintivamente con el policía. Ella se convierte en una mujer inconveniente. Su hijo Robbie (Lucas Hedges) es blanco de acoso en la escuela. El alguacil Dixon (Sam Rockwell) trata de intimidarla. Nada funciona. La mujer llevará su protesta hasta las últimas consecuencias.

Furia justiciera para todo propósito

La situación de Mildred está diseñada para que el espectador proyecte sobre ella todo el recelo que se tenga sobre los poderosos. Tome nota de la satisfactoria escena en la que escarmienta al sacerdote católico que llega a su casa para convencerla de retirar los carteles. Su diatriba sobre como el concepto de culpa se extiende a toda la iglesia por un solo cura que viole a un monaguillo, arrancó risas y aplausos en la función a la cual asistí. Es una estrategia de identificación fácil pero efectiva. La ferocidad de McDormand ayuda a que la aceptemos. Aunque ella es la protagonista, la atención de la película se divide en un extenso reparto donde casi cada personaje tiene un arco narrativo personal, que matiza el conflicto principal entre el individuo y la sociedad. Willoughby no es necesariamente un verdugo tradicional, y eso complica la simpatía por Mildred. Sorpresivamente, Dixon se revela como el que atraviera una transformación más profunda. Es el tipo de rol que demanda premios.

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Rockwell marca una cita con el Óscar al enfrentarse a McDormand

Durante la primera parte de la película, Dixon es básicamente un bufón. La desaparición de uno de sus allegados sirve como detonante para que se convierta en un agente de destrucción. La secuencia más vistoza de la película dramatiza esta transformación en lo que parece ser una sola toma. Dixon abandona furibundo la comisaría, cruza la calle, y sube a la oficina de Red Willby (Caleb Landry Jones), dueño de la empresa que ha alquilado los rótulos a Mildred. Procede a golpearlo salvajemente, y tirarlo por la ventada del segundo piso hacia la calle. De paso, le propina un puñetazo en la cara a su secretaria/novia. Al salir del edificio, sigue vapuleando a Wilby, tirado sobre el asfalto. Vuelve a entrar a la comisaria, y la cámara cierra el movimiento en un acercamiento a un transeunte de raza negra, que observa atónito los eventos. El hombre, de apellido Abercrombie (Clarke Peters), entra en la comisaría. Va a denunciar el acto violento que ha atestiguado? Algo así. Abercrombie no es un civil cualquiera.  Es un superior de la fuerza de policía, con autoridad para revelar a Dixon de su cargo.

Con la muerte de Angela fuera de cámara, esta escena consiste en el despliegue de violencia más gráfico y chocante de la película. Que sea ejercido por un agente del orden, con flagrante impunidad, lo hace aún más grotesco. Que sea ejecutado con afán cómico, la hace tremendamente incómodo.

El campo minado del racismo

La película tiene una relación particular con la política racial de EE.UU. a inicios del siglo XXI. Los personajes principales con blancos de clase trabajadora Lanzan epítetos racistas con un tono casual que delata la costumbre. El primer personaje de otra etnia que aparece, es un latino miembro del equipo que instala los rótulos. Remarcar su raza despectivamente es parte de la reacción de Dixon, el primero policía que descubre la inusual denuncia. Solo hay dos personajes negros de consecuencia: Denise (Amanda Warren), la solidaria jefa de Mildred en una tienda de souvenirs, que es enviada a la cárcel por posesión de marihuana, para presionar a su subalterna. Ella sólo existe como accesorio de la trama. Abercrombie se convierte en la reserva ética y moral del filme, pero tampoco tiene vida fuera de los conflictos definidos por los protagonistas blancos. ¿Está la película retratando el racismo normalizado, o lo está reafirmando? ¿Es realista a la hora de retratar a los personajes usando insultos raciales, o los usa de manera oportunista para generar risas, abonadas por el racismo latente de la audiencia? Usted mismo tendrá que decidir.

El fantasma de Trump en la América blanca

Algunos cronistas estadounidenses han procesado la película como una especie de apología del perfil del votante trumpiano. En pantalla, nadie menciona al millonario convertido en presidente, pero Missouri es uno de los estados del “heartland” de los EE.UU. que votaron mayoritariamente por él. Creo que es poco probable que el británico Martin McDonagh haya escrito y dirigido “Tres Anuncios…” como una reacción a la elección de Donald Trump. Sus tiempos de producción están demasiado cerca a la campaña electoral. Sin embargo, no hubiera parpadeado si hubiera visto una de las gorras rojas con el lema “Make America Great Again” en la cabeza de Dixon.

La visión que McDonagh tiene del proletariado rural puede parecer caricaturesca y condescendiente, pero es similar a la que le aplicó a los despistados citadinos de Los Ángeles en “Seven Psychopaths” (2012) y los euro mafiosos de “In Brugues” (2008). Esta es la primera de sus películas que se presenta en cines de Nicaragua, pero puede ver esos dos títulos en Netflix. Sus personajes son, inevitablemente, violentos, mal hablados y prestos a usar cualquier epíteto racial. Mientras más ofendan, mejor. Es como Tarantino, pero sin los despliegues de amor enciclopédico por la cultura pop.

Una historia de violencia

El espectro de la violencia permea todas las relaciones entre los individuos. Tome nota de un extenso flashback en el cual vemos a Angela en vida, en el último momento en que la madre la vió. Una discusión banal hace que Mildred le niegue el uso de su automóvil. Ella decide irse a pié. En el camino, sucederá el crimen. El episodio es fuente de remordimiento para la mujer. Esta escena tiene ecos en una visita que Charlie (John Hawkes), padre de Angela y ex marido de Mildred, realiza. Una discusión entre la ex pareja termina con Charlie agarrando a Mildred por el cuello, estampándola contra la pared. Si quiere saber porque terminó el matrimonio, ahí tiene su respuesta. La violencia, pequeña y grande, infecta todas las relaciones y todos los espacios.

El secreto del éxito de “Tres Anuncios…” está en como conecta con la suspicacia natural que los ciudadanos pueden tener ante las instituciones, y la injusticia en general. La identificación con Mildred es poderosa, y sirve como anzuelo para arrastrarnos hacia la zona gris ética que se revela como la verdadera agenda del filme. El brutal asesinato de Angela se presente como un misterio por resolver, escenificado en un escenario propio para una comedia. Eventualmente, aparece un sospechoso. Justo cuando pensamos que McDonagh nos confrontará con el poder corrosivo de la violencia, sea criminal o justiciera, efectúa un giro brusco y nos deja en un final abierto, eminentemente insatisfactorio. Es su manera de decir que nada puede llener al vacío que Angela ha dejado. El cambio que el crimen provoca es irreversible.

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Cuando ser bueno no basta: Harrelson no puede ganar

Pueblo de excéntricos

McDormand, Rockwell y Harrelson tiene sendas nominaciones al Óscar, pero los demás miembros del reparto ofrecen actuaciones igual de buenas en apariciones más breves. La sorpresiva fragilidad de estos bribones brilla en Peter Dinklage – Tyrion Lannister en “Juego de Tronos” – como un enano que profesa un amor no correspondido por Mildred. Esta subtramas romántica, apenas explorada, se convierte en uno de los mejores momentos de la película. Igual sucede con todo lo que implica a Caleb Landry Jones interpreta por enésima vez a una pieza de “basura blanca”, como el dueño de la empresa de rotulación. Podría haber sido simple alivio cómico, pero tiene un par de escenas que nos obligan a verlo como un ser humano.

Similarmente interesante es la relación de codependencia que Nixon sostiene con su madre, una gárgola amargada capaz de menoscabar la autoestima de su hijo con un insulto casual, infantilizándolo al mismo tiempo que lo usa como una especie de repuesto de un marido desaparecido. Es una Lady Macbeth en bata y pantuflas.

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Cita por las armas: McDormand cumple con Dinklage

El ataque del venado simbólico

El martirio de Mildred tiene una especie de paréntesis. Después de sufrir un revés – alguien quema los rótulos -. Mientras contempla la ruina durante una puesta de sol, una cierva se le acerca. Mildred le habla, contemplando la posibilidad de que sea el espíritu de su hija, al mismo tiempo que se burla de la idea. El momento critaliza los bruscos cambios de tono que McDonagh adora. Pero ni siquiera la brillante McDormand puede hacer que funcione esta escena. En momentos como este, el afán manipulador de la dirección queda en evidencia. La agenda es McDonagh es chocarnos, enternecernos, y finalmente dejarnos una sensación de incomodidad. El ambiguo final podría estar promoviendo el vigilantismo, o llamándonos la atención sobre cuán fácil es caer en sus garras. Usted escoja.

Debo confesar que me costó disfrutar el tono ligero de la película, por factores externos a ella. En la misma semana que se estrenó “Tres Anuncios..” en Nicaragua, se encontró el cuerpo de la niña Yesbeling Espinoza, de 12 años, dentro de un pozo. La campesina Elea Valle sigue reclamando los cuerpos de sus dos hijos, menores de edad asesinados durante un operativo del ejército. Emma Maldonado reclama por la brutal golpiza que la Policía le propinó a su hijo, un campesino apresado ilegalmente, que terminó con las piernas amputadas después pasar sin atención médica, en las condiciones insalubres de una celda. ¿Tendrán estas mujeres que poner rótulos demandando acción? Lo que en “Tres Anuncios…” es una situación aberrante, aquí es el pan nuestro de cada día.

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Cualquier parecido con ¨L.A. Confidential¨(Curtis Hanson, 1997)…
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…es mera coincidencia.

 

2 comentarios sobre “THREE BILLBOARDS OUTSIDE EBBING, MISSOURI (Michael McDonagh, 2017)

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