“THE OTHER SIDE OF THE WIND” (Orson Welles, 2018)

“THE OTHER SIDE OF THE WIND” (Orson Welles, 2018)

De Netflix, para el el cine, con amor: “El Otro Lado del Viento” se estrena después de 33 años.

“El Otro Lado del Viento” es un artefacto cinematográfico tan milagroso, que merece ser visto independiente de cualquier apreciación crítica. Orson Welles, uno de los cineastas más importantes en la historia del medio, murió en 1985 sin terminar de editar su última película. Para ese entonces, llevaba casi diez tratando de conseguir el dinero para completarla. En las décadas siguientes, varios intentos en falso chocaron contra la maraña legal tejida por herederos, financieros y dueños de derechos sobre el material. En el 2017, Netflix, el gigante del streaming, anunció que se encargaría de completar la película – parte de su estrategia para cultivar credibilidad en la industria -. Unos meses después de su estreno en el Festival de Cine de Venecia, cualquier persona, en cualquier lugar del mundo – incluyendo Nicaragua – puede verla en la sala de su casa. Es un epílogo perfecto para esta brutal comedia apocalíptica. 

Invitación a una fiesta apocalíptica

Estamos en el Hollywood de principios de los 70. Jake Hannaford (John Huston) es un legendario director en el ocaso de su carrera. En medio de la desastrosa filmación de su última película, organiza una extraña fiesta de cumpleaños. Decenas de estudiantes de cine y advenedizos son invitados, provistos de cámara para filmar todo lo que suceda en en su rancho a la orilla de mar. El grupo incluye a sus colaboradores de toda una vida: el productor Matt Costello (Paul Stewart), la editora Maggie Noonan (Mercedes McCambridge), el maquillista Zimmer (Cameron Mitchell), y muchos más con funciones más nebulosas. Un séquito de directores de nueva generación pujan por convertirse en su discípulo favorito. El mas aventajado es Brooks Otterlake (Peter Bogdanovich). Una escéptica crítica de cine (Susan Strasberg) busca material para un libro. Brilla por su ausencia John Dale (Robert Random), el protagonista del filme en proceso. Lo vemos en fragmentos de la película, proyectados para un financiero poco convencido de la genialidad de Hannaford. El filme se llama “El Otro Lado del Viento”. Y ese es también el título de la película que nosotros vemos, armada con el material filmado invasivamente por los invitados a la fiesta, y un equipo de producción que filma un documental sobre el supuesto genio incomprendido. En solo la introducción, el narrador nos adelanta que al final de la noche, Hannaford morirá.

El alumno supera al maestro: Bogdanovich y Huston danzan un recambio generacional.

La historia secreta de Hollywood

Es fácil asumir que Welles se ve reflejado en Hannaford, pero los paralelismos son sólo un arma más en una sátira brutal que no deja títere con cabeza. Más que pasar la cuenta como bálsamo para sus heridas, Welles se burla de la volatilidad de la vida creativa, en un momento específico de la historia de Hollywood. En la primera mitad de los 70, cuando la película se filmó, los viejos leones de la era dorada de los grandes estudios cedían terreno a los rebeldes del “nuevo Hollywood”, miembros de la primera generación de las escuelas de cine. Mientras ellos debatían sobre el alma del séptimo arte, grandes conglomerados empresariales absorbían en sus portafolios a los estudios al borde de la quiebra. La clase creativa miraba con envidia el cine europeo, y trataba de imitarlo. No es casualidad que el “filme maldito” que Hannaford no puede terminar, se ve como una sátira de “Zabriskie Point” (Michelangelo Antonioni, 1970). Aún en ese momento, la contra-cultura ya había sido replicada, empacada y vendida al mejor postor.

Welles, troleando a Antonioni

El insular mundillo de Hollywood puede ser alienante para el espectador, pero Welles invoca proféticamente nuestra era de intensa auto documentación vía teléfono. La abundancia de estímulos y la realidad fragmentada se siente como casa. Al invitar a las cámaras en su fiesta, Hannaford ha creado el primer reality show que no sabíamos que existía, a través del cual expondrá las grietas de su propia fachada. El vertiginoso mosaico de puntos de vista, texturas de película y rangos de proyección pone a prueba nuestra percepción, confirmando el carácter elusivo de la imagen y la persona. Vemos momentos filmados en 8 mm, 16 mm, 35 mm, a color o blanco y negro, bajo tormentas de granos o lustrosa iluminación. La película dentro de la película puede ser un chiste, pero tiene cinematografía de un millón de dólares.  La fiesta apocalíptica donde la gente se dice sus verdades es un género familiar, pero el espectador necesitará potenciar su complicidad para dejarse llevar por el caos controlado por Welles.

Ecos del pasado: sexualidad a la antigua

Sus esfuerzos se verán recompensados. “El Otro Lado del Viento” es densa e intrincada, plagada de actuaciones brillantes. Bajo el modernismo de su forma, la película se delata como un producto del pasado de dos maneras. Tome nota del casual racismo de los personajes a la hora de interactuar con la protagonista de la película dentro de la película. La actriz croata Oja Kodar – pareja sentimental de Welles en la última etapa de su vida – es, según el guión, una actriz nativa americana. En el filme fallido, es permanentemente sexualizada y pasa la mayor parte del tiempo desnuda. En la fiesta, ni siquiera nuestro protagonista oculta su desdén por ella. Y el personaje no emite ninguna palabra, en ninguno de los dos planos de realidad. Welles esta de su parte – en el caos de la fiesta, solo ella y Palmer conservan su dignidad intacta -, pero el tratamiento puede chocar un poco con nuestra sensibilidad contemporánea. 

Quimera, amante y musa: Kodar en la película dentro de la película en “El Otro Lado del Viento”

Hannaford es un macho alfa, un personaje compuesto con piezas de la mitología personal de Welles, pero también con el bagaje que aporta Huston, y algunas invocaciones de Ernest Hemingway. Pero la crisis de su película en proceso se precipita por un desplante de John Dale (Robert Random), el apuesto y silencioso galán que ha abandonado el set en pleno rodaje. A lo largo de la película, se hacen varias alusiones a las intensas relaciones del director  con sus actores. La crítica de cine, en su escena climática, lo acusa de seducir consuetudinariamente a las esposas de sus amigos. El exabrupto se presenta como prueba de su falta de astucia – después de todo, es una crítica de cine! -. Todo lo que tiene que saber sobre la relación entre el director y la estrella queda en evidencia en una toma de la película interna, donde la cámara registra amorosamente como la piel en el dorso del hombre se eriza durante un extraño encuentro carnal – no es de extrañarse que el director de fotografía, Gary Graver, terminara haciendo carrera en el cine erótico-. La cara, y la mujer que provoca esa reacción, están fuera de encuadre en esa toma particular. Ya no es un individuo, sino un puro objeto de deseo. Además, algún personaje comunica que a pesar de que la producción está en quiebra, al extremo que la película quedará inconclusa, el fatídico Porsche donde Hannaford perderá la vida fue pagado de contado. Es un regalo para Dale.

Parece que el “Rosebud” del ciudadano Hannaford es “el amor que no se atreve a decir su nombre”. Esta Welles siendo sutil o pudoroso? Más que criticar el machismo o reivindicar la homosexualidad como parte de la condición humana, Welles recurre a ella para develar otro nivel de distorsión en el juego de percepciones de la clase creativa.  Los que trabajan creando imágenes pierden de vista la suya propia.

Bogdanovich, Welles y equipo técnico durante el rodaje

La dulce resaca que nos espera

En algunos momentos, caemos en la cuenta que estamos viendo la película a destiempo. Una proyección climática tiene lugar en un autocine, modo de exhibición casi extinto en la actualidad. El momento de transición que le sirve de escenario es cosa del pasado. 33 años después, los jóvenes rebeldes que adulan y amenazan a Hannaford ya son ellos mismos “viejos estadistas”. El corporativismo ha mutado varias veces alrededor del negocio de la creación y distribución de la imagen en movimiento. La mayor parte del reparto y el equipo técnico ha muerto – esto es cierto de todas las películas de cierta antigüedad -, pero “El Otro Lado del Viento” se siente tan llena de vida, que la disonancia cognitiva añade otro ingrediente al complejo sabor de este banquete cinéfilo. Se siente como el tipo de película que debe ser vista más de una vez, en diferentes etapas de la vida. Y en cada uno de esos momentos, te dirá algo diferente. No se asuste si gana algún Óscar. Huston, Palmer y Bogdanovich no estarían fuera de lugar como nominados. La música de Michel Legrand es hermosa. Y la edición, acreditada a Bob Murawski y Welles, hace arte del caos. Un Óscar póstumo para el enfant terrible que tanto sufrió a manos de la industria, sería un final poético.

  • “El Otro Lado del Viento” está disponible en Netflix.

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