“The Omen” (John Moore, 2006)

“The Omen” (John Moore, 2006)

Por que hacer una virtual réplica de una película vieja?  Pues, para vender boletos. Cualquier filme que escape al rango temporal de experiencia del espectador requiere una dosis extra de complicidad que pocos están dispuestos a dar. En principio, la audiencia meta de “La Profecía” es poco receptiva al pasado. Las películas de horror son promocionadas para adolescentes y jóvenes adultos, un público reacio al idioma visual del pasado. El blanco y negro es una barrera infranqueable. Igual de difícil es aceptar la ropa, la manera de hablar, y el mismísimo lenguaje visual de películas “viejas” a colores. Las diferencias descubren el artificio al espectador. En el peor de los casos, le causan risa. Los jóvenes imberbes que gozan de “Hostal” se burlan de “El Exorcista”. 

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Stiles, Davey-Fitzpatrick y Schriever: la mirada tendría que delatarlo

La popularidad de “La Pasión de Cristo” y “El Código Da Vinci” avisan que los temas religiosos venden. Y ningún mercader cinematográfico podría dejar pasar la fecha del 6 de junio del 2006 sin explotar su connotación en el cristianismo. 666 es el número de la Bestia…la cifra que identifica a Satanás en persona. El día pide a gritos una película sobre la llegada de Belcebú a la tierra! Pequeño inconveniente: alguien ya hizo esa película…30 años atrás. “La Profecía”, dirigida por Richard Donner en 1976, con  actuaciones de Gregory Peck y Lee Remick, alcanzó suficiente éxito comercial como para convertirse en una verdadera franquicia, que se extendió por cuatro entregas. Pero eso no importa. Para el grupo demográfico que domina la taquilla, los setentas son virtualmente  la prehistoria.

Los críticos norteamericanos reportan que esta nueva versión es una virtual fotocopia del original. El mismo guión original de David Seltzer sirve de base, y en los créditos finales, se agradece a Donner. Yo no puedo compararlas. No vi la primera versión porque apenas tenía  seis o siete años cuando la estrenaron, y en aquel entonces, los padres y los cines eran serios a la hora de imponer los límites de edad. Pero me pasó algo mejor. Uno de mis hermanos mayores me contó, con lujo de detalles, todo lo que pasaba en la película. Y mientras veía   “La Profecía” 2006, volvía  a mi memoria esa narración. Y daba mas miedo a los siete años, contada por mi hermano.

Robert Thorn (Liev Schrieber) es un joven político norteamericano haciendo carrera diplomática en Europa. Su esposa Katherine (Julia Styles) pierde a su primogénito en el parto, y un siniestro sacerdote lo convence de suplantar al hijo muerto con un huérfano recién nacido, sin que ella se de cuenta. Se llama Damián. El niño crece en el seno de la familia, mientras cosas terribles pasan a su alrededor. Todo parece allanar el camino para que Damian encuentre a los servidores de su “padre” verdadero. Si, en realidad es el hijo del diablo. Algunos obstáculos surgen en el camino: un sacerdote maniático (Pete Postlethwaite), un paparazzo inquisitivo (David Thewlis). Se darán cuenta Robert y Katherine de lo que esta pasando antes de que sea demasiado tarde?

  Usando locaciones de Praga para simular Roma y Londres, la película crea una atmósfera inquietante. Lástima que favorezca  el shock en lugar del horror. Como los accidentes que ciegan la vida de los adversarios de Damián, la trama es irrisoriamente mecánica. El suspenso se genera con edición por choque: ruidos e imágenes que irrumpen abruptamente  un flujo apacible. 

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Como asustar por asociación: Farrow conecta con “El Bebé de Rosemary”

A medida que avanza la historia, incrementan los cadáveres y los agujeros en la trama. Y es una lástima. Los realizadores demuestran verdadero ingenio con un par de guiños cinéfilos. Mia Farrow, la mismísima madre del hijo del diablo en la clásica “Rosemary’s Baby” (Roman Polanski, 1968) es la siniestra niñera Mrs. Byalcock. Ella protagoniza en un hospital una escena genuinamente escalofriante. En otro buen detalle – del que quizás se abusa un poco-,  el color rojo impera como elemento recurrente. Una figura de capote rojo ronda a un condenado igual que el asesino acechando a Donald Sutherland y Julie Christie en “Don’t Look Now” (Nicholas Roeg, 1973). Los realizadores se inspiran en el horror clásico, pero no pueden conciliar sus gustos con las necesidades de su audiencia. 

 La credibilidad se ve atacada por todos los flancos. Stiles se ve muy joven como para ser la esposa de Schrieber. Será Damian su castigo por corromper a una menor? Schrieber es un buen actor, pero aquí parece seguir encerrado en el trance de su político con el cerebro lavado, en la reciente versión de “El Candidato del Miedo” (Jonathan Demme, 2004). En glorioso contraste, sus compañeros británicos devoran sus escenas con el tipo de deliciosa sobreactuación que solo los ingleses pueden proveer.  Postlethwaite, Thewlis y Michael Gambon repasan una hilarante escala de exageración. Sola falta Michael Caine como monja curiosa. Mas allá de esos placeres culposos, “La Profecía” es un predecible producto de horror gineco-teológico. La “realidad’ del maligno solo sirve para reafirmar las creencias de los espectadores devotos. Asustar de verdad sería un pecado.

* Texto publicado originalmente en junio 2006.

* Esta versión de “La Profecía” está disponible en video casero en este enlace.

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