CINE FORO: “EL ÁNGEL EXTERMINADOR” (Luis Buñuel, 1962)

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Es imposible sintetizar la carrera de Luis Buñuel en un puñado de películas. Pero el tiempo y las leyes nos obligan a hacerlo. Con el ciclo “Las Edades de Buñuel”, pretendemos repasar las diferentes etapas de su carrera. Los cortometrajes nos permitieron encajar décadas de experiencia en una sola jornada. Con “El Perro Andaluz” (1929) y “Las Hurdes” (1933) tocamos base en sus inicios. La inconclusa “Simón del Desierto” (1965) es atípica de su etapa mexicana, pero fue la mejor opción para completar la primera noche de este breve festival.

La proyección de “El Ángel Exterminador” (1962) tuvo que ser retrasada una semana por la alerta sísmica que mantuvo en vilo a toda Nicaragua. Casualidad harto apropiada para esta comedia surrealista que 52 años después de su estreno, sigue siendo tan válida como en la noche de su estreno. La premisa es francamente perversa: un grupo de elegantes burgueses se reúnen para cenar, pero al terminar la velada, no pueden abandonar el elegante salón de su anfitrión. No hay ningún impedimento físico, simplemente…no pueden salir.

Poco a poco, el estupor da paso a la irascibilidad y el salvajismo. La máscara de la civilidad cae, y los cautivos se convierten en fieras prestas a devorarse entre si. Buñuel no solo satiriza la hipocresía burguesa, también juega con el espectador y sus expectativas sobre como deben armarse y consumirse una película. Nos reta a aceptar las reglas de juego que el impone. Lanza símbolos al azar sabiendo que estamos desesperados por construir significado y progresión narrativa. Hay un método en su locura, pero no es el que estamos acostumbrados a aceptar como satisfactorio. Su lógica es la de los sueños, o más bien la de las pesadillas. Sociedad, familia, matrimonio, iglesia, clases sociales…todas las instituciones que sirven de base a la civilización reciben su dosis de sorna. Esta es una película coral en el sentido más estricto de la palabra. Silvia Pinal es la estrella más reconocible, pero todos y cada uno de los actores tiene su momento. Dentro de sus confines físicos, la película es densa en eventos y ocurrencias. Una sola línea de diálogo, que puede pasar desapercibida, ilumina un prejuicio. Cuando la Valkiria (Pinal) lanza un cenicero contra una ventana, un hombre justifica ruido del cristal roto culpando por la fechoría a “algún judío que pasaba por ahí”. Dos elegantes caballero son presentados en tres ocasiones seguidas, y son demasiado educados como para romper la charada de aceptación social. Una elegante dama guarda plumas y patas de gallo en su cartera, pero eso no la inhibe de alucinar con el Papa cuando el hambre aprieta.

¿Y que significa todo esto? Pues, lo que usted decida que significa. Buñuel ha creado una especie de test Rorscharch fílmico. Un espejo quebrado en el cual nos reflejamos con monstruosa multiplicidad. Pero nada que yo pueda escribir le hace justicia al negro sentido del humor de la película, y su juguetón ingenio. “El Ángel Exterminador” es el tipo de película que recompensa múltiples visitas, en diferentes etapas de la vida.

En una entrevista reciente, Silvia Pinal aseguró que con esta película, Buñuel habría vaticinado la cultura del reality show, y la idea tiene perfecto sentido. Los personajes se someten a un confinamiento voluntario, exhibiendo sus peores instintos en una brutal lucha por sobrevivir, todo para el entretenimiento de un espectador cómplice. Ese espectador cómplice somos todos nosotros. Acaso también vaticinó otro sub-género popular hoy día: el filme-acertijo, que nos reta paso a paso para encontrar el sentido de un rompecabezas, sólo para obligarnos a re evaluar todo lo que creemos saber a la luz de un inesperado y sorpresivo giro final. Piense en “The Usual Suspects” (Bryan Singer, 1995), “The Sixth Senses” (M. Night Shyamalan, 1999), “Memento” (Christopher Nolan, 1999) o “Inception” (Nolan, 2010). Pero a diferencia de estos directores contemporáneos, Buñuel no quiere complacernos con un final reconfortante. Mantiene el suelo moviéndose bajo nuestro pies. Su giro final tuerce la trama para que esta serpiente se trague su propia cola. “El Ángel Exterminador” nunca termina su trabajo.

En su autobiografía “Mi Último Suspiro”, Buñuel reveló que la película había sido concebida para filmarse en Inglaterra. México no poseía la rancia burguesía que el quería torturar. Sin embargo, las realidades económicas de la industria del cine lo obligaron a trabajar en su tierra adoptiva. La incongruencia social se convierte en otra estocada hacia la ilusión auto-complaciente de los privilegiados. “El Ángel Exterminador” es un genuino clásico de la cinematografía mundial. Ni siquiera Buñuel pudo escapar de él, filmando una especie de secuela espiritual en “El Discreto Encanto de la Burguesía” (1972). En ella, un grupo de burgueses desean reunirse para comer, y nunca pueden hacerlo. Es el otro lado de esta moneda. “El Ángel Exterminador” anticipa los juegos narrativos que distinguen a la tercera etapa de su carrera, escenificada en Europa. También ocupa un lugar especial en el imaginario cinéfilo. En la reciente “Midnight in Paris” (Woody Allen, 2011), un guionista contemporáneo viaja mágicamente en el tiempo al París de los años 20s. Vagabundeando en la bohemia de la época, se encuentra con Dalí y Buñuel en un café. Se atreve a sugerirle la trama de la película: un grupo de gente se reúne para cenar, y al final, nadie puede irse a su casa. “¿Por que no pueden irse? ¡No entiendo!”, dice el joven Buñuel. Buen chiste, Woody.

* “El Ángel Exterminador” se presenta este lunes 28 de abril en el Cine Foro del Centro Cultural de España en Nicaragua. Managua, de la 1ra. Entrada de Las Colinas, 7 cuadras al sur. Entrada completamente gratuita.

EN LÍNEA: “A Roma con Amor” (y a la piratería, con recelo)

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Penélope Cruz: apenas legal en “A Roma, con Amor” de Woody Allen.

¡Eso fue rápido! La última película de Woody Allen, “Desde Roma con Amor”, se estrenó en Nicaragua en junio. 5 meses mas tarde, ya está disponible via Netflix. Puede leer aquí mi reseña en Confidencial. Este es sólo uno de los títulos con los cuales el servicio de distribución de películas desafía la idea de que sólo incluye películas “viejas” en su oferta. “Shame” (Steve McQueen, 2011), una de las mejores películas exhibidas este año en Nicaragua, apareció en Netflix unas semanas antes de su silencioso estreno en cines. “El Artista”, la aclamada ganadora del Óscar, llegó al servicio de streaming casi un mes después de pasar por la pantalla grande.

En realidad, estos son casos excepcionales. Netflix negocia sus contratos de distribución con diferentes compañías, y cada una impone diferentes condiciones. Aparentemente, “Desde Roma…” no está disponible en México. Supongo que los dueños no quieren perder la venta de derechos a canales de cable. En latinoamerica, pudimos ver “The Hunger Games” pocos meses después de su estreno. Los usuarios norteamericanos aún están esperando a Katniss. Lo que pasa es que los estudios dueños de las películas protegen las ventanas de oportunidad que tienen para recaudar fondos por otros medios de difusión. Cada uno maneja diferentes parámetros y estrategias, según los territorios que pisan. Quizás Lionsgate, dueño de la franquicia, calculó que ganará mas vendiendo DVDs y descargas individuales en EEUU. Quizás Netflix no quiso pagar lo que pedían. O quizás se concentró en los derechos para latinoamerica, pues necesitaba un éxito taquillero para convencer al público de enrolarse.

La cadena habitual de distribución de películas atraviesa un momento de transformación. Todo era muy claro en la era pre-internet. Una película se estrenaba en cines. Entre seis y nueve meses mas tarde, aparecía en video para venta y alquiler de una cinta magnética física, o pague-por-ver en televisión cable. Unos tres meses después, llegaba a los canales premium de cable. La última frontera era la televisión abierta. Ahora, las posibilidades de la tecnología han rebalsado a las leyes y los paradigmas de distribución. Tenemos un pie en el viejo mundo, y uno en un nuevo orden que no termina de acomodarse.

Yo soy de la vieja escuela, y aún ansio ver películas en el cine. Prefiero esperar antes que ver una película pirateada. Primero, por el miedo irracional a que el FBI bote a patadas la puerta de mi teatro casero. Segundo, porque soy neurótico con la calidad de la imagen. Tercero, me siento culpable si los cineastas con cuyo trabajo disfruto tanto, no reciben nada a cambio. Se que estoy en una minoría. Y cada vez mas, el sistema me falla. Retraso ver películas en video cuando creo que son suceptibles de distribución en Nicaragua. Sigo esperando “The Road” (John Hilcoat, 2009). Ilusamente pensé que Viggo Mortensen, Charlize Theron, una trama post-apocalíptica y la base de la novela de Cormac McCarthy en un mundo post- “Sin Lugar para los Débiles” le granjearía al menos una pantallita en Managua. El poster de la comedia “Morning Glory” (Roger Michell, 2010) engalanó un pasillo del Cinema por meses, para no aparecer nunca. Ahí esta todavía el de “Never Let Me Go” (Mark Romanek, 2010), adaptación de la célebre novela de Kazuo Ishiguro. Han pasado dos años desde su estreno mundial. Desde ese entonces, Andrew Garfield, su protagonista masculino, firmó contrato, filmó y estrenó “The Amazing Spiderman”. Creo que ya esta haciendo la secuela, incluso.

Recuerdo que en la década de los ochentas sufría por conseguir el número de fin de año de la desaparecida revista “Premier”. En él, publicaban una lista con los 100 estrenos principales de Hollywood y las calificaciones en estrellas de los principales críticos de EEUU. Me encantaba tachar de la lista las películas vistas gracias a los casettes pirateados que se alquilaban en la Managua de aquel entonces. Era la única manera de verlos. Y aún así, siempre quedaban algunos en blanco.

El ímpetu de ver lo último se ha aplacado ante la posibilidad de ponerme al día con los clásicos de alto y bajo calibre. El mercado del DVD se extendió tanto que permitió el surguimiento de compañías dedicadas a restaurar y distribuir cine clásico y alternativo, de todas las naciones posibles. No tengo mucha urgencia por ver “The Road” porque tengo pendiente una pila de DVDs con cosas tan variadas como  la serie “Deadwood”,  una extraña serie checa que compré impulsivamente y la última película de Apichatpong Weerasethakul (menciono al director tailandés no para presumir de mis gustos exóticos, si no para ilustrar con el ejemplo de un cineasta aclamado mundialmente cuyo trabajo está virtualmente bloqueado de nosotros por los paradigmas de distribución imperantes).

Entre todos los problemas que cinéfilo puede tener, este es el mejor. El académico Jonathan Rosenbaum ha llamado a esta la era dorada de la cinefília, y no se equivoca. Películas que NUNCA encontraría disribución en un mercado pequeño y poco sofisticado como Nicaragua, están a nuestra disposición. Si podemos pagar por ellas. E incluso, si no podemos. La descarga de contenido pirateado es la regla, y no la excepción. Y cuesta mucho condenarlo. La pobreza del país incluye el difícil acceso a productos culturales. Son materialmente inaccesibles, en todos los sentidos.

Nicaragua representa un mercado demasiado pequeño. Nos echan en el saco de la región centroamericana o latinoamericana. Y eso nos pone en una situación de desventaja en el orden de distribución imperante. Veamos este ejemplo hipotético: los distribuidores internacionales de “Amour”, la nueva película del austríaco Michael Haneke, tienen en sus manos un producto atractivo. La película ganó la Palma de Oro en Cannes, el premio a la Mejor Película del Cine Europeo 2012, y es la favorita para llevarse el Óscar a Película en Lengua Extranjera. Protegiendo a los exhibidores teatrales de México, Argentina y los paises mas grandes de la región, prohiben su distribución inmediata en descarga legal. Entonces, los nicas que quieren verla, incluso legalmente no pueden hacerlo. Y pueden estar seguros que la película nunca se presentará en una cartelera saturada por cine norteamericano para adolescentes. Sin embargo, ya está circulando en internet una copia ilegal. Un amigo en twitter ya la vió. Yo, si no modifico mis hábitos, tendré que esperar a que se edite en DVD o descarga digital en EEUU. Si importo el disco físico, aduana va a retenerlo y cobrarme entre el 30% o el 40% mas sobre su precio facturado, porque este bien cultural, para uso privado, NO DISPONIBLE EN EL COMERCIO LOCAL, es gravado como mercancía comercial. Puedo esperar descargarla cuando este disponible en EEUU mediante una triangulación con un software enmascarador de IP. En resumen: el proceso es tardado engorroso, caro, y aún si le pago al dueño de la película, estoy rompiendo la ley. El que hace las cosas legalmente, es penalizado por todos lados. También puedo esperar a que talvez, algún festival de cine se moleste en traerla en unos cuantos años. La película previa de Haneke, “La Cinta Blanca” se presentó en el reciente Festival de Cine Europeo. En DVD, no en filme ni en DCP.

Por mucho que me ennerva la situación, tampoco puedo zambullirme en la descarga ilegal con la conciencia tranquila. Las películas que mas me interesan son restauradas, editadas y distribuidas por compañías pequeñas, para las cuales vender cada unidad cuenta. Amigos que practican la piratería argumentan que a los grandes estudios ni cosquillas les hace que unos cuantos nicas vean sin pagar “Los Vengadores”, pero yo estaría afectando directamente a pequeñas empresas que dejarían de tener recurso para preservar, salvar y difundir cine clásico. Si todos sus compradores potenciales pensaran así, eventualmente no podrían vender nada y cerrarían. Y los grandes estudios no están en el negocio de restaurar, preservar y difundir las rarezas que guardan en sus arcas. Suelen vender licencias temporales a pequeñas compañías y fundaciones para realizar ese trabajo. Quizás se esfuerzen en un título insignia, pero nada mas. El día que Criterion, Masters of Cinema y Kino cierren sus puertas, será un día muy triste para cualquier persona que ama el cine.

También me he vuelto neurótico con la calidad de la película. Demasiada gente me ha enseñado copias “originales” que les han vendido sus piratas favoritos. “Se ve nítida”, me dicen felices, mientras distingo pixeles, colores lavados y demás defectos. Por que alguien invierte a veces miles de dólares en un televisor de alta definición, para ver películas mal codificadas compradas a 10 pesos, jamás lo entenderé. El video casero todavía no nos permite resolución de calibre teatral, pero los 1080p de la alta definición a tope no son nada despreciables cuando se proyectan en condiciones óptimas. Además de la satisfacción de pagarle a la gente por su trabajo, me gusta la seguridad de que la película que meto en el blu ray player tiene la mejor calidad posible. También me gusta TENER las películas. Para mi, son como libros. Se ven hermosas en sus repisas. Son como una extensión de la identidad. Firmas como Criterion Collection diseñan cuidadosamente sus empaques, de tal manera que se vuelven objetos de arte en sí mismos. Este es otro efecto de la era de la cinefília: el fetichismo cinéfilo. Antés del VHS y el DVD, no era común poseer películas y verlas a tu antojo. Llegaban al cine, las veías y desaparecián de tu vida, dejando sólo el recuerdo. De alguna manera, con las descargas con fecha de vencimiento, estamos volviendo a esa época.

El paso a proyección digital en los cines estaba supuesto a democratizar la distribución al eliminar los costos de impresión en película. Pero eso no se traducirá en una cartelera mas diversificada. El público masivo quiere entretenimiento comercial. Mientras sea mas rentable apartar seis pantallas para la culminación de la franquicia de “Crepúsculo”, no habrá pantalla para “Amour”. Y el grueso de los que piratean no están buscando oscuras películas mudas de principios de siglo XX para su edificación personal. Están buscando “Los Vengadores”, “Iron Man” y “Crepúsculo”.

¿Que hacer, entonces, en la Dimensión Desconocida de la distribución de video que representa Nicaragua? No hay opciones. Volviendo a Woody Allen. Digamos que después de ver legalmente en Netflix “To Rome with Love”, queda con curiosidad de ver su película anterior, “Midnight in Paris”. Aunque es su película mas exitosa comercialmente – mas de 100 millones de dólares alrededor del mundo – , nunca se estrenó en los cines. No está en Netflix. Legalmente no está disponible aqui. El único que la tiene es el pirata. El sistema nos condena a la piratería o a la ignorancia. ¿Que hacen ustedes para ver películas?