ESPECIAL: Las Mejores Películas (que vi en el cine) en el 2012.

Asa Butterfield y Chloe Moretz viendo cine...en el cine. ¡Que retro!

Asa Butterfield y Chloe Moretz viendo cine…en el cine. ¡Que retro!

Me toca pasar el por el ritual de fin de año, en el cual todos los críticos de cine editan una lista con las mejores películas que vieron en el año. Es una tarea agridulce. Primero, porque funciona como uno de esos hitos que marcan el paso del tiempo. Segundo, porque hace manifiesta nuestra marginación del mundo de la cinefília internacional. Mientras los críticos de países desarrollados exaltan las virtudes de “Tabú”, del portugués Miguel Gómes; o la película independiente estadounidense “Beast of the Southern Wild” (Behn Zeitlin, 2012), este servidor debe ceñirse a la cartelera propia de nuestro mercado. La verdad, no debería quejarme. Afloraron verdaderas rarezas, como “Shame” y “We Need to Talk About Kevin”, títulos que engalanaron muchas listas del 2011. Si, el estreno inmediato y oportuno se reserva solo para secuelas de acción. Las películas con intereses mas adultos y propuestas estéticas mas arriesgadas llegan tarde, si es que llegan del todo.

Tecnicamente podría haber visto “Beast of the Southern Wild” a tiempo para incluirla en la lista. Rentarla cuesta $4.99 en la tienda digital de iTunes. Si tuviera menos escrúpulos, probablemente podría rastrearla pirateada en internet. Mi problema es que siempre albergo la esperanza de que por un accidente del destino, vendrá al cine. Y a pesar de las hordas parlanchinas blandiendo teléfonos de pantalla super luminosa, aun prefiero ver películas en el cine. Quizás por eso mismo, opero en el entendido que listas como estas funcionan en la medida en que trabajan sobre un plano de referencia común. Todos tenemos, mas o menos, igual al acceso al cine. Es plausible que hayan visto estas películas. Y habiendo sido distribuidas comercialmente en Nicaragua, es mas que probable que los encuentren facilmente en video. Al menos tres de ellas ya están disponibles en Netflix.

Flaco favor le haría a mis lectores si basara mi lista en películas a las cuales no pueden acceder. O quizás, sea tremendamente oneroso hacerlo si quieren hacerlo legalmente. Aún me resisto al canto de sirena de la piratería. El grueso del cine que veo es, apropiadamente, en el cine. El resto, comprado en video legal e importado, o adquirido en línea a través de suscripción o renta. Esos canales se abren a un universo demasiado amplio. Entre mis mejores experiencias cinéfilas del año esta la primera temporada de la serie “Deadwood”, de David Milch, estrenada en HBO en el 2004; y “El Carruaje Fantasma”, clásico silente del sueco Victor Sjostrom que data de 1921, que la Colección Criterion distribuye en una versión restaurada que parece filmada ayer. Pero, ¿es justo meter en la competencia filmes del canon clásico? Cada vez mas, el mejor cine viene del pasado, o nace en televisión, o es un exótico disco o archivo digital que solo unos cuantos descubren – “we happy few” -. Quizás para el próximo año, me anime a preparar listas alternativas, individuales y egoistas. ¿”Mejores Películas en Netflix”? ¿”Mejores Películas en Blanco y Negro”? ¿”Mejores Películas No Norteamericanas?”Las opciones son infinitas, y ese es uno de los grandes problemas. El filtro del estreno es en el cine es tan simple y bello.

Por lo pronto, sepan que esta lista, publicada en CONFIDENCIAL, esta límitada por la oferta de la cartela comercial y sus particularidades, inevitablemente sesgada hacia la cultura anglosajona y ligeramente desfasada por los patrones de distribución que nos gobiernan. Por una semana, se me quedó fuera “Magic Mike” (Steven Soderbergh, 2012). De haberla incluido, mi lista habría contenido 12 y no 11 títulos (si, no hice la tradicional lista de 10). Visite el artículo para mas información y los trailers de las películas. En orden alfabético, las mejores películas que vi en el cine en el 2012 fueron:

1. Argo (Ben Affleck, 2012)

2. Chronicle (Josh Trank, 2012)

3. The Descendants (Alexander Payne, 2011)

4. Hugo (Martin Scorsese, 2011)

5. Metal y Hueso – De Rouille et  D’Os (Jacques Audiard, 2012)

6. Palabras Mágicas para Romper un Encantamiento (Mercedes Moncada, 2012)

7. Shame (Steve McQueen, 2011)

8. Tinker Tailor Soldier Spy (Tomas Alfredson, 2011)

9.To Rome with Love (Woody Allen, 2012)

10. Skyfall (Sam Mendes, 2012)

11. We Need to Talk About Kevin (Lynne Ramsay, 2011)

* Tarde a la fiesta: Magic Mike (Steven Soderbergh, 2012), Life of Pi (Ang Lee, 2012).

EN LÍNEA: “A Roma con Amor” (y a la piratería, con recelo)

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Penélope Cruz: apenas legal en “A Roma, con Amor” de Woody Allen.

¡Eso fue rápido! La última película de Woody Allen, “Desde Roma con Amor”, se estrenó en Nicaragua en junio. 5 meses mas tarde, ya está disponible via Netflix. Puede leer aquí mi reseña en Confidencial. Este es sólo uno de los títulos con los cuales el servicio de distribución de películas desafía la idea de que sólo incluye películas “viejas” en su oferta. “Shame” (Steve McQueen, 2011), una de las mejores películas exhibidas este año en Nicaragua, apareció en Netflix unas semanas antes de su silencioso estreno en cines. “El Artista”, la aclamada ganadora del Óscar, llegó al servicio de streaming casi un mes después de pasar por la pantalla grande.

En realidad, estos son casos excepcionales. Netflix negocia sus contratos de distribución con diferentes compañías, y cada una impone diferentes condiciones. Aparentemente, “Desde Roma…” no está disponible en México. Supongo que los dueños no quieren perder la venta de derechos a canales de cable. En latinoamerica, pudimos ver “The Hunger Games” pocos meses después de su estreno. Los usuarios norteamericanos aún están esperando a Katniss. Lo que pasa es que los estudios dueños de las películas protegen las ventanas de oportunidad que tienen para recaudar fondos por otros medios de difusión. Cada uno maneja diferentes parámetros y estrategias, según los territorios que pisan. Quizás Lionsgate, dueño de la franquicia, calculó que ganará mas vendiendo DVDs y descargas individuales en EEUU. Quizás Netflix no quiso pagar lo que pedían. O quizás se concentró en los derechos para latinoamerica, pues necesitaba un éxito taquillero para convencer al público de enrolarse.

La cadena habitual de distribución de películas atraviesa un momento de transformación. Todo era muy claro en la era pre-internet. Una película se estrenaba en cines. Entre seis y nueve meses mas tarde, aparecía en video para venta y alquiler de una cinta magnética física, o pague-por-ver en televisión cable. Unos tres meses después, llegaba a los canales premium de cable. La última frontera era la televisión abierta. Ahora, las posibilidades de la tecnología han rebalsado a las leyes y los paradigmas de distribución. Tenemos un pie en el viejo mundo, y uno en un nuevo orden que no termina de acomodarse.

Yo soy de la vieja escuela, y aún ansio ver películas en el cine. Prefiero esperar antes que ver una película pirateada. Primero, por el miedo irracional a que el FBI bote a patadas la puerta de mi teatro casero. Segundo, porque soy neurótico con la calidad de la imagen. Tercero, me siento culpable si los cineastas con cuyo trabajo disfruto tanto, no reciben nada a cambio. Se que estoy en una minoría. Y cada vez mas, el sistema me falla. Retraso ver películas en video cuando creo que son suceptibles de distribución en Nicaragua. Sigo esperando “The Road” (John Hilcoat, 2009). Ilusamente pensé que Viggo Mortensen, Charlize Theron, una trama post-apocalíptica y la base de la novela de Cormac McCarthy en un mundo post- “Sin Lugar para los Débiles” le granjearía al menos una pantallita en Managua. El poster de la comedia “Morning Glory” (Roger Michell, 2010) engalanó un pasillo del Cinema por meses, para no aparecer nunca. Ahí esta todavía el de “Never Let Me Go” (Mark Romanek, 2010), adaptación de la célebre novela de Kazuo Ishiguro. Han pasado dos años desde su estreno mundial. Desde ese entonces, Andrew Garfield, su protagonista masculino, firmó contrato, filmó y estrenó “The Amazing Spiderman”. Creo que ya esta haciendo la secuela, incluso.

Recuerdo que en la década de los ochentas sufría por conseguir el número de fin de año de la desaparecida revista “Premier”. En él, publicaban una lista con los 100 estrenos principales de Hollywood y las calificaciones en estrellas de los principales críticos de EEUU. Me encantaba tachar de la lista las películas vistas gracias a los casettes pirateados que se alquilaban en la Managua de aquel entonces. Era la única manera de verlos. Y aún así, siempre quedaban algunos en blanco.

El ímpetu de ver lo último se ha aplacado ante la posibilidad de ponerme al día con los clásicos de alto y bajo calibre. El mercado del DVD se extendió tanto que permitió el surguimiento de compañías dedicadas a restaurar y distribuir cine clásico y alternativo, de todas las naciones posibles. No tengo mucha urgencia por ver “The Road” porque tengo pendiente una pila de DVDs con cosas tan variadas como  la serie “Deadwood”,  una extraña serie checa que compré impulsivamente y la última película de Apichatpong Weerasethakul (menciono al director tailandés no para presumir de mis gustos exóticos, si no para ilustrar con el ejemplo de un cineasta aclamado mundialmente cuyo trabajo está virtualmente bloqueado de nosotros por los paradigmas de distribución imperantes).

Entre todos los problemas que cinéfilo puede tener, este es el mejor. El académico Jonathan Rosenbaum ha llamado a esta la era dorada de la cinefília, y no se equivoca. Películas que NUNCA encontraría disribución en un mercado pequeño y poco sofisticado como Nicaragua, están a nuestra disposición. Si podemos pagar por ellas. E incluso, si no podemos. La descarga de contenido pirateado es la regla, y no la excepción. Y cuesta mucho condenarlo. La pobreza del país incluye el difícil acceso a productos culturales. Son materialmente inaccesibles, en todos los sentidos.

Nicaragua representa un mercado demasiado pequeño. Nos echan en el saco de la región centroamericana o latinoamericana. Y eso nos pone en una situación de desventaja en el orden de distribución imperante. Veamos este ejemplo hipotético: los distribuidores internacionales de “Amour”, la nueva película del austríaco Michael Haneke, tienen en sus manos un producto atractivo. La película ganó la Palma de Oro en Cannes, el premio a la Mejor Película del Cine Europeo 2012, y es la favorita para llevarse el Óscar a Película en Lengua Extranjera. Protegiendo a los exhibidores teatrales de México, Argentina y los paises mas grandes de la región, prohiben su distribución inmediata en descarga legal. Entonces, los nicas que quieren verla, incluso legalmente no pueden hacerlo. Y pueden estar seguros que la película nunca se presentará en una cartelera saturada por cine norteamericano para adolescentes. Sin embargo, ya está circulando en internet una copia ilegal. Un amigo en twitter ya la vió. Yo, si no modifico mis hábitos, tendré que esperar a que se edite en DVD o descarga digital en EEUU. Si importo el disco físico, aduana va a retenerlo y cobrarme entre el 30% o el 40% mas sobre su precio facturado, porque este bien cultural, para uso privado, NO DISPONIBLE EN EL COMERCIO LOCAL, es gravado como mercancía comercial. Puedo esperar descargarla cuando este disponible en EEUU mediante una triangulación con un software enmascarador de IP. En resumen: el proceso es tardado engorroso, caro, y aún si le pago al dueño de la película, estoy rompiendo la ley. El que hace las cosas legalmente, es penalizado por todos lados. También puedo esperar a que talvez, algún festival de cine se moleste en traerla en unos cuantos años. La película previa de Haneke, “La Cinta Blanca” se presentó en el reciente Festival de Cine Europeo. En DVD, no en filme ni en DCP.

Por mucho que me ennerva la situación, tampoco puedo zambullirme en la descarga ilegal con la conciencia tranquila. Las películas que mas me interesan son restauradas, editadas y distribuidas por compañías pequeñas, para las cuales vender cada unidad cuenta. Amigos que practican la piratería argumentan que a los grandes estudios ni cosquillas les hace que unos cuantos nicas vean sin pagar “Los Vengadores”, pero yo estaría afectando directamente a pequeñas empresas que dejarían de tener recurso para preservar, salvar y difundir cine clásico. Si todos sus compradores potenciales pensaran así, eventualmente no podrían vender nada y cerrarían. Y los grandes estudios no están en el negocio de restaurar, preservar y difundir las rarezas que guardan en sus arcas. Suelen vender licencias temporales a pequeñas compañías y fundaciones para realizar ese trabajo. Quizás se esfuerzen en un título insignia, pero nada mas. El día que Criterion, Masters of Cinema y Kino cierren sus puertas, será un día muy triste para cualquier persona que ama el cine.

También me he vuelto neurótico con la calidad de la película. Demasiada gente me ha enseñado copias “originales” que les han vendido sus piratas favoritos. “Se ve nítida”, me dicen felices, mientras distingo pixeles, colores lavados y demás defectos. Por que alguien invierte a veces miles de dólares en un televisor de alta definición, para ver películas mal codificadas compradas a 10 pesos, jamás lo entenderé. El video casero todavía no nos permite resolución de calibre teatral, pero los 1080p de la alta definición a tope no son nada despreciables cuando se proyectan en condiciones óptimas. Además de la satisfacción de pagarle a la gente por su trabajo, me gusta la seguridad de que la película que meto en el blu ray player tiene la mejor calidad posible. También me gusta TENER las películas. Para mi, son como libros. Se ven hermosas en sus repisas. Son como una extensión de la identidad. Firmas como Criterion Collection diseñan cuidadosamente sus empaques, de tal manera que se vuelven objetos de arte en sí mismos. Este es otro efecto de la era de la cinefília: el fetichismo cinéfilo. Antés del VHS y el DVD, no era común poseer películas y verlas a tu antojo. Llegaban al cine, las veías y desaparecián de tu vida, dejando sólo el recuerdo. De alguna manera, con las descargas con fecha de vencimiento, estamos volviendo a esa época.

El paso a proyección digital en los cines estaba supuesto a democratizar la distribución al eliminar los costos de impresión en película. Pero eso no se traducirá en una cartelera mas diversificada. El público masivo quiere entretenimiento comercial. Mientras sea mas rentable apartar seis pantallas para la culminación de la franquicia de “Crepúsculo”, no habrá pantalla para “Amour”. Y el grueso de los que piratean no están buscando oscuras películas mudas de principios de siglo XX para su edificación personal. Están buscando “Los Vengadores”, “Iron Man” y “Crepúsculo”.

¿Que hacer, entonces, en la Dimensión Desconocida de la distribución de video que representa Nicaragua? No hay opciones. Volviendo a Woody Allen. Digamos que después de ver legalmente en Netflix “To Rome with Love”, queda con curiosidad de ver su película anterior, “Midnight in Paris”. Aunque es su película mas exitosa comercialmente – mas de 100 millones de dólares alrededor del mundo – , nunca se estrenó en los cines. No está en Netflix. Legalmente no está disponible aqui. El único que la tiene es el pirata. El sistema nos condena a la piratería o a la ignorancia. ¿Que hacen ustedes para ver películas?