Trailer “Blade Runner 2049”: Todo lo viejo es nuevo otra vez.

screen-shot-2016-12-19-at-10-40-37-am

Ridley Scott le ha hecho tantas revisiones a “BLADE RUNNER”, que es inútil molestarse por una secuela dirigida por otra persona. Lo bueno: el director Denis Villeneuve promete, después de “Sicario”. Y su reciente “Arrival” es aclamada como uno de los mejores filmes del 2016. Lo malo: la dinámica de “el viejo Harrison” tratando de ungir a un heredero huele a “Indiana Jones and the Crystal Skull”. El pobre Shia LaBeouf todavía no se recupera.

Las tomas exteriores que introducen el trailer conservan la estética del original, al menos, hasta que atraviesa un desierto bañado en un dorado solar. Ryan Gosling, el nuevo compañero de fórmula de Ford, entra en un suntuoso edificio abandonado. Después de que Gosling toca distraídamente las teclas de un piano – ¿alusión a la reciente “La La Land”? – enfrenta el cañón de un revolver empuñado por Ford. “Tuve tu trabajo una vez…y era bueno haciéndolo”, le dice. Podríamos vaticinar una dinámica de confrontación entre los personajes, pero los trailers promocionales suelen ser poco fiables. Veremos que pasa realmente el 6 de octubre del 2017, fecha oficial del estreno.

Trailer oficial, “BLADE RUNNER 2049”

MOISES SUPERESTRELLA: “ÉXODO: DIOSES Y REYES”

Ridley & Ripley: Scott y Sigourney Weaver, a años-luz de la diversión de "Alien".

Ridley & Ripley: Scott y Sigourney Weaver, a años-luz de la diversión de “Alien”.

Cada película cuenta dos historias: la de su trama, y la de la época que la concibe. En 1956, Cecil B. DeMille presentó una súper-producción que relataba con reverencia la historia de Moisés y el éxodo del pueblo hebreo hacia la tierra prometida. “Los 10 Mandamientos” ganó un Óscar por Mejores Efectos Especiales, y se convirtió en programación exigida para semana santa. Es puro kitsch piadoso, convertido por el paso del tiempo en artefacto de nostalgia. Nosotros veíamos una especie de catequismo glamouroso, pero el contexto era más complicado. El fascinante libro “An Army of Phantoms: American Movies and the Making of the Cold War”, del crítico de cine J. Hoberman, revela como la “épica bíblica” encaja en la política ultra-conservadora que regía a una industria abatida por el pánico anti-comunista. Huelga decir que DeMille, al igual que su estrella, Charlton Heston, estaban firmemente alineados con el McCarthysmo y la cacería de brujas que destruyó las carreras de innumerables profesionales del cine. Lea unas cuantas citas de DeMille. Es un milagro que el Tea Party no lo haya nombrado Santo Patrón. A la par de DeMille, otras figuras del conservatismo radical incluyen a Heston, John Wayne, el eventual presidente Ronald Reagan y – horror de horrores – Olivia de Havilland, la dulce Melanie de “Lo Que El Viento Se Llevó” (sólo por eso, de por vida quedo en el “Team Scarlett”).

Casi 6 décadas más tarde, llega una nueva versión fílmica de la historia bíblica. A pesar de los amagos de la Rusia de Vladimir Putin, la Guerra Fría es cosa del pasado. La globalización gobierna el planeta, imponiendo demandas inusitadas en Hollywood. Para empezar, no hay buenos directores ultra-conservadores en Estados Unidos. El agnóstico británico Ridley Scott es reclutado por su sentido del espectáculo. Los trucos ópticos y las maquetas ceden lugar a la animación digital. Otras cosas simplemente no cambian. Todavía necesitas a una estrella blanca para vender boletos. Christian Bale, mejor conocido por encarnar a Batman en la reciente trilogía de Christopher Nolan, asume la tarea de cargar la tablas de la ley de Dios. El australiano Joel Edgerton, es el faraón Ramsés.

La falacia de ver hombres blancos occidentales haciéndose pasar por egipcios y hebreos ya no pasa desapercibida. Egipto prohibió la proyección de la película, acusando sus “libertades históricas”. Scott respondió a las críticas asegurando que era poco probable que una producción de 140 millones de dólares recuperara el dinero con actores desconocidos en los papeles estelares. Bloquear el filme es un gesto político con poca tracción en la era del pirateo. Y Scott, a pesar de todo, tiene razón. Nadie va al cine en busca de “verdad histórica”. Los cristianos que acuden a “Éxodo” lo hace como un acto de fé que, incidentalmente, se cruza con el entretenimiento. Para buena parte de la base cristiana, audiencia meta de esta película, su interpretación de la Biblia ES la historia.

“Éxodo: Dioses y Reyes” es una experiencia anticuada y moderna a la vez. Es catecismo como cine-desastre, más convincente como película de acción que como narrativa bíblica. El director Scott, después del fracaso artístico de “Prometheus” (2012), dirige como contratado. Sólo se espabila en la recta final, cuando las plagas azotan a Egipto. El matiz “religioso” de la película, la idiosincracia de nuestro público y el celo comercial de los cines, se confabulan para que muchos padres de familia lleven a sus pequeños hijos a ver la película. Las semillas de una nueva generación de ateos está siendo plantada por la aterradora secuencia en que mueren todos los primogénitos de Egipcio. Si este “Éxodo…” tiene una agenda ideológica, es la de Mammon.

Lo más conmovedor tiene que ver con la vida real, y la esfera personal del director. El filme está dedicado a la memoria de su hermano menor, el director Tony Scott, quien falleciera quitándose la vida por su propia mano en el 2012. Es el primer crédito que aparece al final de la película.

Puede leer mi reseña de “ÉXODO: DIOSES Y REYES” en La Prensa.