Especial: Sobre “Lincoln”, “The Grey”, “Flight” y los finales eternos.

Imagen

Que no lo confunda esta imagen de acción, la guerra de “Lincoln” se libró a punta de palabras.

Es uno de los chistes mas tontos del momento, pululando en las redes sociales y las fiestas reales. “¿Ya vistes ‘Lincoln’?…¡al final lo matan!”. Jaja. Si, el asesinato de Abraham Lincoln marcó el final de su vida, pero no es necesariamente el final de la película. Si aún no la ha visto, deje de leer. Quiero hablar sobre el desenlace de la película de Steven Spielberg y compararlo con el de “Un Dia para Sobrevivir” (The Grey), que coincide en la cartelera. No podrían ser producciones mas disímiles, incluso en sus estrategias de cierre. Asi que una vez mas, les pido, si aún no han visto “Lincoln” y “The Grey”, véanlas antes de seguir leyendo. O pueden leer mis reseñas aquí y aquí. Son libres de “spoilers” y podrán saciar su curiosidad sobre los filmes en cuestión. Y con suerte, motivarlo a verlos.

¿Cual es el final satisfactorio para una película? Realmente depende de cada director y sus colaboradores, sean creativos o comerciales. El grado de satisfacción depende de cuan en sintonía están las expectativas de cada espectador. Pero como un libro que cierra con la frase o la palabra perfecta, las películas que saben donde cortar a los créditos finales se elevan a un nivel superior. Concluyen nuestro consumo del material, pero no nuestra interacción con él. Dan que pensar, abren lo que hemos visto a nuevos significados, invocan resonancia poética o dejan preguntas en el aire. El material, la historia misma, dice donde terminar. No es ese el caso de las películas que se alargan mas allá de lo necesario. Usualmente, esto es producto de la indulgencia de un director demasiado enamorado de lo que ha filmado; o de los ejecutivos nerviosos ante la posibilidad de que el espectador no entienda que pasó; o de la apremiante necesidad de reconfortar al espectador promedio. Un buen final puede salvar a una película mediocre. Y un final estirado, puede sabotear a una obra maestra.

Creo que eso le pasa a “Lincoln”. Una vez que el conflicto central de la película se ha resuelto – la aprobación de la 13ava enmienda constitucional -, el presidente se prepara para ir al teatro. Sabemos lo que eventualmente pasará ahi. Su mayordomo, un anciano negro, lo observa como si quisiera decirle algo. La timidez lo detiene. Lincoln deja sus guantes sobre una mesa y camina por un pasillo oscuro, de espalda a la cámara. El mayordomo lo mira con ojos de agradecimiento y ternura hasta que desaparece. Es una secuecia hermosa. Puramente visual. Se me pone la carne de gallina de solo recapitularla para ustedes. Y entonces, en vez de desvancer a negro y la leyenda “Directed by Steven Spielberg”…seguimos.

Una y otra escena se suceden. Son historicamente correctas, pero no añaden a la película mas que un sentido de literalidad y didacticismo. Terminamos con un “flashback” a su segundo discurso inaugural. La película se convierte en un pequeño catálogo de hitos históricos, no en el retrato impresionista de un hombre excepcional y la democracia en movimiento. Ya sabemos que le sur se rindió. Sabemos que Lincoln fue asesinado. Sabemos que sus discursos eran inspiradores y legendarios. ¿Por qué seguir?

Pues, porque el director asi lo desea. Los críticos – y los espectadores – siempre nos enfrentamos a dos películas, la que vemos y la que quisieramos ver. Spielberg tiene una marcada tendencia a estirar sus finales. Véase la visita contemporánea al cementerio en “Schlinder’s List” (1993); el rescate de los extraterrestre al proto-Pinocho de “Inteligencia Artificial” (2001); el final feliz de “Minority Report” (2002). Spielberg es un reincidente. A pesar de todo, “Lincoln” es casi perfecta. Inspiradora y humanista, emotiva sin ser cursi, es la primera película del director que amo incondicionalmente desde “El Imperio del Sol” (1987).

Imagen

Volando bajo la influencia: Washington es un alcohólico bajo presión.

Si Spielberg esta respondiendo a un impulso didáctico o reverencial, su discípulo, Robert Zemeckis, opera en busca del comfort de la audiencia. “El Vuelo”, su duro retrato de un adicto obligado a enfrentar su enfermedad por una situación límite, se extiende mas allá de lo necesario sólo para reconfortarnos. Todo va a estar bien, no dice. Puede leer mi reseña aquí.

Imagen

Neeson y sus letales puños de vidrio en “The Grey”.

En el otro extremo tenemos a “The Grey”. La película de Joe Carnahan sigue el calvario de Liam Neeson, como jefe putativo de una escuadra de obreros petroleros del ártico, varados en tierra salvaje tras un accidente aereo. Los sobrevivientes tratan de volver a la civilización mientras una manada de lobos los elimina, uno por uno. Sin embargo, la verdadera agenda de la película es devolverle al estoico Neeson las ganas de vivir. Al principio, vimos como no puede jalar el gatillo en un intento de suicidio. Y los recuerdos de un amor perdido lo asedian durante todo el viaje. Uno a uno, sus compañeros sucumben. La película va construyendo anticipación por el duelo final entre Neeson y el jefe de la manada. Son los dos machos-alfa. Sólo uno puede sobrevivir. Finalmente, Neeson queda sólo. Agotado, al borde de la hipotermia, encuentra la fortaleza para enfrentarse al lobo. Rompe las pequeñas botellas de licor y se arma dañinos guantes de pelea, grita, se cuadra ante la bestia. Ha recuperado la voluntad de vivir, que enciende su furia. Se cuadra frente a la bestia, y entonces….corte a créditos finales.

Una película convencional mostraría una pelea cuidadosamente coreografiada. El héroe estará al borde de la derrota, hasta que en un último empuje, sorprende al contrincante y triunfa. Talvez, incluso, veríamos al equipo de rescate. Lo dejaría en el hospital, bajo el cuido de una bella enfermera que quizás pueda ocupar el lugar de aquella mujer que se fue. Carnahan sabe cuando el arco narrativo de su personaje culmina. El resultado de la pelea no importa. El suicida ha recuperado la voluntad de vivir. Se ha transformado. Es un final brusco y perfecto. Quien “gana” en la pelea, si vive 5 minutos, 3 dias o 4 décadas mas, es inmaterial al conflicto central de la película.

Carnahan es juguetón. Después de los créditos, hay una secuencia “extra”, de esas que usan las películas de Marvel para dejar enchilados a sus fans. En realidad no es una secuencia. Es una toma. Vemos en close-up el lomo de un lobo. Recostado sobre él, vemos la parte de atrás de la cabeza de un hombre. Es Neeson. Antes de poder discernir si el lomo del lobo sube y baja por la respiración, o si la cabeza del hombre se mueve, cortamos a negro. Buena jugada, Joe. Siempre es mejor dejarnos deseosos de ver y saber mas. No menos.