«SYRIANA» (Stephen Gaghan, 2005)

«SYRIANA» (Stephen Gaghan, 2005)

 

“Syriana” no existe. Al menos, no como un lugar físico. Es un término acuñado por ideólogos norteamericanos para identificar al ideal estado democrático en el medio oriente, donde la democracia florece regada por asesoría del Departamento de Estado a cambio de acceso a reservas inagotables de petróleo.

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Clooney es un espía con dudas en «Syriana»

En el mundo que si existe dentro de la película “Syriana”, Bob Ames (George Clooney) es un agente de la CIA en el medio oriente, traficando con misiles tierra-aire según las órdenes de sus superiores. En Washington D.C., Bennett Hollyday (Jeffrey Wright) es un abogado de color encargado de detectar y anular obstáculos en la fusión de dos grandes compañías petroleras. Wasim Khan (Maazar Munir) es un adolescente pakistaní que pierde su miserable trabajo en los campos petroleros por culpa de esa fusión. Bryan Woodman (Matt Damon) es un analísta de recursos energéticos, dispuesto a traficar con una tragedia familiar para entrar en el negocio de Nassir Al Subaai (Alexander Siddig), principe heredero del pais con el último gran yacimiento petrolero. Sus intenciones de venderlo al mejor postor a la China complica sus relaciones con los Estados Unidos. Estas son solo algunas de las fichas en este laberínto narrativo.

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Matt Damon es un hombre de negocios que progresa en el caos

“Syriana” pretende estar en la liga de “Z” (Costa-Gavras, 1969) – un electrizante  thriller político de alto impacto emocional – pero esta mas cerca de “Traffic” (2000). Stephen Gaghan ganó el Oscar al Mejor Guión Adaptado por su trabajo en la película de Steven Soderbergh, y ahora adopta un formato similar en su ambiciosa excursión detrás de las cámaras. En lugar de droga, el petróleo es el combustible que mueve este mundo lleno de conseciones éticas y redenciones forzosas. Hay algunas diferencias formales de peso. Gaghan no es condescendiente con su audiencia de la manera que Soderbergh lo fue. En “Traffic”, las escenas en cada pais estaban codificadas por un esquema de colores e iluminación, como si el público fuera demasiado estúpido para enteder como se movía la trama. Gaghan se va al extremo contrario, confiando en que el espectador seguirá el hilo, gratuitamente enredado, con algunas frases declarativas aqui y allá para iluminar ideas. 

Las minucias de la intriga son de poca importancia en el gran esquema de Gaghan, porque “Syriana” importa por su ideología. La lleva bien accesible, debajo de la manga: la corrupción es omnipresente. Los rebeldes que tratan de enderezar las cosas no tienen mucha oportunidad frente al monstruo de la ambición, eficiente seductor de gobiernos e individuos. Se pierde en la maraña de el verdadero capital de una película: la conexión emocional con los personajes. El desenlace incluye inmolaciones, sacrificios, magnicidios y redenciones imposibles…pero me dejo curiosamente frío. La película es admirable en su construcción, eficientemente actuada por el extenso reparto,  bien intencionada en su simple discurso disfrazado de complejidad…pero ahoga la llama del conflicto humano, que haría explotar sus volátiles elementos como el memorable artefacto cinematográfico que aspiraba ser.  

 

* Texto original publicado en marzo 2006.

La película «Syriana» está disponible en video casero en este enlace.

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