«SHREK THE THIRD» (Chris Miller & Raman Hui, 2007)

«SHREK THE THIRD» (Chris Miller & Raman Hui, 2007)

Prepárese para explicarle a los niños de donde vienen los ogros bebes: Shrek se reproduce en «Shrek the Third».

No es fácil ser verde. Verde como el ogro Shrek, que en su tercera aventura debe entretener por partes iguales a los niños y a los adultos que pagan por el boleto y las golosinas del cine. Al menos, idealmente debe hacer eso. Me parece que en el caso de “Sherk Tercero”, la balanza se ha inclinado decididamente hacia los espectadores de mas edad.

Veamos la premisa: en su lecho de muerte, el Rey Rana (John Cleese) designa a Shrek (Mike Meyers) como sucesor del trono. El ogro esta harto del protocolo real, y preferiría volver a su pantano. La rana agonizante revela que en el siguiente heredero en el linaje es el primo Artie (Justin Timberlake), un adolescente inadaptado interno en una lejana escuela secundaria. Después de los funerales, el ogro parte en busca de Artie en compañía de sus inseparables Burro (Eddie Murphy) y el Gato con Botas (Antonio Banderas). Al despedirse, la Princesa Fiona (Cameron Diaz) confiesa que esta embarazada.  Shrek será un padre. Las pesadillas con bebés no se hacen esperar. Mientras tanto, el Príncipe Encantado (Rupert Everett) reune a todos los villanos de cuentos de hadas para asestar un golpe de estado al reino.

Mortalidad, ansiedad paternal, maquinaciones políticas…no creo que esos sean temas de debate a la hora del recreo en el pre escolar de sus hijos. La escandalosa verdad sobre Shrek es que es una comedia para padres de familia. Me atrevería  a decir que las insulares referencias culturales de sus mejores chistes la hacen una película creada exclusivamente para jóvenes padres asentados en Hollywood.

En el entierro del Rey, un coro de ranas canta “Live and Let Die”, el tema de una película de James Bond que data de 1973. Si usted tiene mas de 40 años, probablemente la identificará. Si tiene menos de 40, la conectará con la versión que Guns and Roses grabara a finales de los 80s. Si usted es un niño – supuesta audiencia meta de esta película – , la referencia pasará volando sobre su joven cabeza, junto con el resto de la película. El episodio que cubre las desventuras de Artie en su escuela se burla de las comedias juveniles de secundaria. Tendrá que ser al menos adolescente para apreciarlo. ¿Que le queda a los niños? La gracia de los dibujos, el movimiento, el sonido y la escatolgía. Ya sabe, chistes con vómitos, gases, etc. Puede parecer suficiente, pero creo que no lo es.

El estilo de sátira post-moderna que ahora impera en el cine infantil se ha auto-satirizado hasta encerrarse en una genuina crisis de identidad. Un agujero negro creativo. Un artículo reciente en la revista Time identifica esto como “El efecto Shrek”. Los niños están expuestos a la sátira antes de conocer el objeto que se satiriza. Y aunque como adultos estamos mejor preparados para procesar los chistes – ¿una bruja fracasada cantando en karaoke “I’ve Never Been To Me”? ¡Brillante! – no puedo dejar de extrañar una narrativa directa, completa en sí misma. Quizás por eso las películas de Pixar, y las épicas de japonés Hayao Miyazaki, son más satisfactorias. Han encontrado un balance perfecto entre lo reconocible y lo original. La funcionalidad de sus historias depende de sí mismas, y no de referencias extemporáneas, o la capacidad del espectador para decodificarlas. Tendría que regresar al primer “Shrek” para encontrar una película de ese calibre.

A pesar de todo, “Shrek Tercero” supone una mejoría sobre el frenético vaudeville de la segunda parte. Estaba listo para detestarla, pero me sorprendí a mi mismo riendo de vez en cuando. También tiene la virtud de la brevedad. Con hora y media de metraje, apenas se siente un poco larga. Una observación: esta crítica esta basada en la versión original, con diálogos en inglés y subtítulos en español. Considerando que la película depende tanto de la cultura popular norteamericana,  creo que esta es la mejor manera de verla.  El doblaje al español la debe convertir en una película completamente diferente. Me bastó con ver un clip del Gato con Botas exclamando “¡No manches!”. El inglés de espeso acento español de Antonio Banderas suplantado por un comediante de Televisa,  gritando un dicharacho del argot popular mexicano… ese es un chiste post-moderno que prefiero no experimentar.

  • Publicado originalmente en junio, 2007.

Deja un comentario