“SAW IV” (Darren Lynn Boussman, 2007)

“SAW IV” (Darren Lynn Boussman, 2007)

Lo que menos importa es quien puede perder en “El Juego del Miedo 4”.

Críticos norteamericanos han acuñado esa termino “porno-tortura” para identificar al nuevo cine de horror. De la misma manera que el porno solo existe para estimular el líbido, sin atención a la emoción o la estética, el porno horror solo busca repulsión sin ningún aliciente emocionales o intelectuales. El estreno de alto perfil de “Saw IV”  me obligan a mirar a los ojos a estos productos. O mas bien, mirar a las profundidas de sus cuencas oculares vacías y llenas de pus.

Todo empezó con “Saw”  (2004), una modesta producción independiente que apareció como de la nada y se convirtió en un genuino éxito de taquilla. Tras ella, no se hicieron esperar las imitaciones y secuelas. Este cuarto capítulo llega en un momento de crisis. “Hostel 2”  (Eli Roth, 2007) sufrió una muerte rápida. Sus creadores culpan a la piratería. Otros señalan cierto agotamiento de la audiencia. De cualquier manera, la distribuidora Lionsgate cubre la espalda con un estreno simultáneo de alcance internacional.

El cuerpo sin vida de“Jigsaw” (Tobin Bell) yace en una sala de operaciones. Después de tres películas donde torturó sin clemencia, recibe un escarmiento post-mortem, sometido a una autopsia. Los médicos descubren en su estómago un micro-casette, que empuja a los policias sobrevivientes de sus correrías pasadas en un nuevo juego de cacería. Para salvar a unos colegas, el agente Rigg (Lyriq Bent) tiene que pasar varias pruebas, que implican enfrentarse a, o aplicar,  un dispositivo de tortura sobre un sujeto. En teoría, Jigsaw ha previsto esto antes de morir. O se trata del trabajo de un complice, o un imitador.

O no tiene importancia alguna. Hay un superficial discurso aleccionador – los torturados siempre son caracteres cuestionables y débiles. Pero ese vago moralismo es una coartada. La trama, sus giros y sorpresas son sólo un vehículo para hilvanar sesiones de tortura, que es lo verdaderamente interesa a creadores y consumidores. Los realizadores solo quieren retar a su audiencia con desplieguez de violencia cada vez mas explícitos y absurdos. Tienen el involucramiento emocional de un científico probando la resistencia de los materiales, solo que en este caso miden la capacidad de asombro, y la resistencia de la materia orgánica frente a la tortura. Para simular suspenso, exageran los efectos de sonido, abusan de los cortes bruscos y los golpes de cámara. La violencia infringida en el cuerpo no es gratuita. Es la única razón de ser de este producto. Y digo, producto, porque no llega a ser película. Es una colección de estampas sangrientas.

Hay tradición de derramar sangre para entretener. A finales de siglo XIX y principios del XX, el Teatro Grand Guignol en París atraía a multitudes con chocantes obras donde actores simulaba los efectos de la violencia con sangre y vísceras de animales. El “gore” ha sido un género popular, y algunos directores, como Dario Argento y George Romero han alcanzado estatura de autor por sus películas. El horror sigue vivo en el cine. Vea “El Laberinto del Fauno” (Guillermo del Toro, 2006) o “Los Otros” (Alejandro Amenábar, 2001). Las escenas de violencia explícita, cuando las hay, sirven como una pincelada mas en una cuadro que va mas allá de lo que retrata. O sirven como signos de puntuación en una historia que trasciende a la descripción del abuso anatómico. Lo que no se ve espanta mas que lo concreto. Recuerde “The Blair Witch Project” (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999), o como en “Seven” (David Fincher, 1996) solo veíamos el “trabajo” del asesino en serie después de su ejecución.

Y a eso se reduce la cuestión. Horror reducido a su menor expresión, desactivado por la repetición y la saturación. “Saw IV” y sus pares son sensacionalismo sin emoción. Después del golpe inicial – Vaya! Cuanto tarda en soltarse el cuero cabelludo! – la acumulación de sangre y violencia solo da paso al hastío. Es como pasar viendo la portada del Mercurio por 2 horas. Dudo que esa sea su idea de entretenimiento. O arte. O cine.

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