“PIRATES OF THE CARIBBEAN: DEAD MAN’S CHEST” (Gore Verbinski, 2006)

“PIRATES OF THE CARIBBEAN: DEAD MAN’S CHEST” (Gore Verbinski, 2006)

                                                     Depp, Bloom y Knightley posan como si fueran “Piratas del Caribe…”

Esto es lo que pasa cuando la audiencia premia a los mercaderes del cine. Se envalentonan y suben la parada, dando mas de lo mismo, pero peor. Vea la prueba en la secuela de “Piratas del Caribe”. La original era una pequeña distracción con modestas expectativas. Se convirtió en un sorpresivo éxito de taquilla, apoyada en una original interpretación cómica por cortesía de Johnny Depp. Los realizadores se apuraron a cocinar no una, sino dos secuelas. “Piratas del Caribe 2: El Cofre de la Muerte” es un aparatoso producto sin razón de ser, que se las arregla para extinguir todo lo que era estimable en su antecesora.

Una bizantina conspiración enreda a los personajes de la primera parte en la búsqueda de un misterioso cofre. Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth (Keira Knightley) ven su boda interrumpida y sendas condenas de muerte sobre sus cabezas, para motivarlos a cumplir la misión. El mayor inconveniente lo experimenta Jack Sparrow (Johnny Depp): en algún momento de su pasado, vendió su alma al fantasmagórico Capitan Davy Jones (Bill Nighy) que ahora quiere cobrar la deuda. Para capearse de su compromiso, Jack necesita el contenido del cofre. Jones posee la llave que abre el cofre…pero aparentemente no sabe donde esta oculto. Todo es un poco confuso. Lo que si queda claro es que en el proceso, se forma entre los personajes un precario triángulo – ¿o cuadrilátero? – amoroso.

Estos son los huesos de “Piratas del Caribe 2”. La trama es una distracción que solo sirve como excusa para escenificar eternas secuencias de acción. Los actores no tienen tiempo de construir personajes. Si no estan ocupados recitando diálogo expositivo, tiene que huir de una tribu de caníbales, pelear con un calamar gigante, enfrascarse en un duelo de espadas dentro de la rueda de un molino que se desploma por una pendiente….Lo que hace falta aquí son los momentos quietos. En la primera parte, Jack Sparrow hace su entrada triunfal en la punta del mástil de barco que se hunde al acercarse a puerto. Con grácil sincronía, desciende sobre el muelle con un solo paso, al tiempo que el barco termina de hundirse. No hay un solo momento con esa gracia silente en el castigo sensorial de esta película. Quizás debería decir máquina. Una máquina que utiliza a los actores como engranajes,  despeñándose aparatosamente hacia ninguna parte.

                                                              El capitán de los fenómenos: Nighy es tan bueno como su maquillaje

Depp, que consiguió una merecida nominación al Oscar por su trabajo en la primera parte, es apenas una sombra de si mismo. El editor lo utiliza para puntualizar con muecas. Ahora los vestigios de humanidad corren por cuenta de Bill Nighy. A pesar de estar sepultado bajo efectos especiales que convierten la cara de Davy Jones en un pulpo vivo, Nighy da un lectura casi melancólica de su villano. Si, un pulpo. Los piratas-fantasmas de la primera parte ahora dan lugar a piratas-mutantes que mezclan características humanas y animales. Eso le da oportunidad a los realizadores de desplegar efectos especiales que van desde lo mas fino – los tentáculos en la cara de Jones hacen las veces de barba – hasta lo mas pedestre. Algunos mutantes parecen refugiados de un servicio de personajes animadores de piñata.  Esto parece no ser un problema para los realizadores, porque el objetivo de ellos es acumular efectos, secuencias de acción y sensaciones. Buscan cantidad, no calidad. Tampoco están en el juego de crear una narrativa creíble, con vestigios de humanidad que permitan conectarse emocionalmente con lo que pasa en la pantalla.

Quizás es ingenuo esperar mucho de una película que después de todo, esta basada en una atracción de feria en Disneylandia. Y es ahí donde regresa “Piratas del Caribe”. Menos que una película,  es un nauseabundo paseo por una montaña rusa de dos horas y media, que en realidad dura una eternidad. El final abierto que se resolverá en la tercera parte no es una promesa. Es una amenza.  Con el botín que han recaudado hasta ahora – 334 millones de dólares solo en norteamerica – se imagina lo que harán en la próxima?

 

 

 

 

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