“PHANTOM THREAD” (Paul Thomas Anderson, 2017)

“PHANTOM THREAD” (Paul Thomas Anderson, 2017)

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El artista encuentra a su musa: Day Lewis encuentra a Krieps

En el Londres de los 50, el diseñador Reynolds Woodcock (Daniel Day Lewis) preside sobre un atelier frecuentado por miembros de la realeza y la más rancia aristocracia europea. Él es el genio creativo, y su hermana Cyril (Leslie Manville), la administradora que mantiene la operación funcional. Tras intensas jornadas de trabajo, salta a su auto deportivo y escapa a su casa de campo. En una de estas escapadas, conoce a Alma (Vicky Krieps), una mesera un poco torpe, en la cual detecta eso que los franceses llaman un je ne sais quoi. La invita a salir esa misma noche. La cita termina con Reynolds haciéndole un vestido y su hermana tomando las medidas. El artista tiene una nueva musa.

PT Anderson: “director de actores”

“El Hilo Fantasma” es el octavo largometraje de ficción de Paul Thomas Anderson, uno de los directores más importantes del cine contemporáneo. El artista entró en el radar con “Hard Eight” (1996), una pieza de noir intimista, y se consagró con la expansiva “Boogie Nights” (1997), una épica historia coral escenificada en la industria del cine porno en el Valle de San Fernando durante la década de los setenta. Es difícil caracterizar su carrera, más allá de identificarlo como un “director de actores”, una especie francamente rara en esta era en que los efectos especiales, la acción y los superhéroes gobiernan la taquilla.

La nueva película supone una reunión con Day Lewis, su estrella en la brillante “There Will Be Blood” (2007). Diez años después de esa adaptación de la novela de Upton Sinclair, la pareja nos presenta un nuevo estudio sobre obsesión, capaz de invocar a grandes maestros al mismo tiempo que ofrece algo puro y original. El título hace alusión a palabras y frases que el diseñador borda secretamente en los ruedos de las prendas que hace. La película misma es así. Deslumbra con la exquisitez de su manufactura, ofrece muchos placeres sensoriales, pero al mismo tiempo posee una cualidad enigmática. Mientras mas sabemos sobre estos personajes, es más evidente que hay algo crucial que no termina de revelarse.

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Manville: haciendo de la co-dependencia una virtud

Reynolds parece fascinado con Alma, pero no lo suficiente como para destronar el lugar que su trabajo ocupa en su psiquis. La ama en la medida en que puede darle vida a los trajes que diseña, y pueda insertarse dócilmente en el estilo de vida que ha construido. Aunque nunca los vemos consumar fisicamente la relación, es evidente que la necesita. Modela a su discreción, sostiene poses por horas como maniquí humano, adorna su brazo en funciones públicas e incluso le ayuda a recuperar el vestido que ha mancillado una dama de sociedad pasada de copas – “¡No merece vestir un Woodcock!”, exclama en una escena de exquisitez cómica – . Al poco tiempo, empieza a reclamar su propio lugar en la relación. Y eso choca con el modo de vida del genio fastidioso.

El trabajo de un genio nunca termina

Alma no la tendrá fácil. En la introducción de la película hemos visto que tiene una antecesora. En una escena que tiene lugar durante el desayuno – abundan las escenas en tiempos de comida – vemos que la actual musa/pareja de Reynolds, Johanna (Camila Rutherford) va de salida. Sordas increpaciones entre el hombre y la mujer vuelan. Cuando ella abandona la mesa, Cyril interpela a su hermano: ¿Quieres que me encargue de ella? Para el protagonista, la mujeres son objetos de admiración, siempre y cuando estén postradas ante el altar de su genialidad y supeditadas a sus propias necesidades. Una vez que tratan de igualar la relación o satisfacer sus propias necesidades emocionales, el hombre las desecha. Cyril funciona como accesorio que facilita este proceso. Es notable que esto ha pasado antes, muchas veces. Los hermanos tienen su sistema de reclutamiento y expulsión. Pero no cuentan con que Alma no es una muchacha cualquiera.

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Alma da la talla: el trabajo como ritual de cortejo

Poco a poco, la película se revela como un fascinante estudio sobre la sorda lucha de poder que tiene lugar dentro de todas las relaciones de pareja. Y no me refiero solo a la relación entre un hombre y una mujer. La dinámica entre los hermanos tiene profundidades novelescas. El hombre también lleva consigo el fantasma de su madre, con quien tiene una conexión especial. Cuando la difunta se materializa durante un sueño febril, vistiendo el elaborado vestido de bodas que Reynolds le cosió en su juventud, la aparición no es procesada como un shock. ¡Por supuesto que está presente! Así de fuerte es el vínculo.

La historia oculta en un ruedo

El contexto histórico es reverbera bajo la superficie. No hay alusiones explícitas a la II Guerra Mundial, pero el desarraigo de Alma bien podría delatarla como una sobreviviente o una refugiada. ¿Será una judía que se ha secularizado para encajar en el nuevo mundo? El lujo elaborado de la ropa es como una refutación a la miseria de la Inglaterra asediada y el horror de la guerra. Reynolds y Cyril sirven a la clase alta, pero no necesariamente pertenecen a ella. Y el tren de la modernidad lo está dejando atrás. Toma nota de la fuga de una clienta aristocrática, y denuncia amargamente la avidez por la moda francesa. El pobre no sabe que los 60, a la vuelta de la esquina, lo dejará obsoleto. Pero nosotros si sabemos. Anderson establece una complicidad exquisita con el espectador, mientras descubre las capas de estar fantástica construcción narrativa.

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De Luxemburgo al mundo: Krieps es una revelación

 

En algún nivel, la película funciona como una hermética pieza de teatro de cámara, entre tres actores funcionando al tope de sus capacidades. La gran sorpresa es Vicky Krieps. Parece la hija imaginaria de Julianne Moore y Meryl Streep. La actriz nativa de Luxemburgo es una virtual desconocida, aunque su carrera inició en 2008. Ha tenido empleo constante en pequeños papeles, en producciones europeas. Pero nada que anticipe trabajo de este calibre, ante dos gigantes de la actuación, como los son Day Lewis y Manville. El actor anunció que esta sería su última película, pues siente que ya hizo todo lo que podía en este oficio. Al ver “El Hilo Fantasma”, es fácil comprender este punto de vista. Así de determinante y definitiva se siente su encarnación. Pero los fanáticos no deben apesararse. A mediados de los noventa, el actor anunció que se retiraría de la actuación para convertirse en zapatero, y pasó un año como aprendiz del diseñador Stefano Bemmer por casi un año. Martin Scorsese lo convenció de volver en “Gangs of New York” (2002). Si es cierto que se retira, al menos se va en una nota alta. Pero tengo la sospecha que un buen papel lo traerá de vuelta.

Honrando a los viejos maestros

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La mirada masculina, parte I: Anthony Perkins en “Psycho” (1960)

“El Hilo Fantasma” es original, pero tiene un gran deuda estilística con dos viejos maestros. El tratamiento visual recuerda la implacable disciplina de Stanley Kubrick. El sentido de humor y los matices de suspenso vienen de Hitchcock. Como Joan Fontaine en “Rebecca” (1940), Vicky es una chica modesta que se inserta en un hogar por encima de su estrato social de origen, donde no puede evitar enamorarse del misterioso amo. La cortante Cyril parece un doble de la Sra. Danvers, pero no es ella la que está obsesionada con un fantasma. Es Reynolds el que no puede soltar el recuerdo de su propia madre. Durante un desfile, el obsesivo diseñador corre por un pasillo para admirar a su modelo favorita a través de un agujero abierto en la pared de un cuarto contiguo. El momento es una cita exacta de una toma en “Psycho” (1960).

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La mirada masculina, parte II: Day Lewis en “Phantom Thread” (2017)

Hitch también habría apreciado la incursión en el suspenso conectado con la introducción un agente tóxico con fines posiblemente violentos. Del amor a la extinción hay un solo paso. Pero, ¿no esta implícita en el establecimiento de una pareja la aniquilación simbólica de las personas que los integrantes eran antes de unirse? ¿Deberíamos interpretar de alguna manera particular el hecho que Alma comparte el nombre de Alma Reville, la esposa de Hitchcock?

Añada a la sobrecarga de estímulos sublimación de la comida como fetiche amoroso. Cuando Reynolds conoce a Alma, ordena coquetamente un desayuno opíparo. Cuando la domesticidad lo hastía, el ruido que ella hace untando mantequilla en el pan o masticando una tostada es como uñas arañando un pizarrón. Su cara proyecta la angustia del animal atrapado en una trampa. Pero Reynolds y Alma navegan, sin saberlo, hacia un entendimiento.

Premios a la antigua y a la moderna

Esta es la película más sensual que he visto en años, entendiendo el término no como la representación del acto sexual, sino como la exaltación de los sentidos. La cámara observa con amor los elaborados diseños de Reynolds. La expresiva música de Jonny Greenwood – mejor conocido por ser miembro de la banda de rock Radiohead – oscila entre el romance y la pesadilla con una cualidad hipnotizante. Es como un personaje más. Que haya perdido el Óscar a Mejor Partitura Original va para el expediente de crímenes de la Academia. Al menos, los trajes diseñados por Mark Bridges se llevaron el premio a Mejor Vestuario.

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“El Hilo Fantasma” ha encontrado el tipo de validación vedada para productos culturales diseñados para adultos. Es una fuente inagotable de memes. Las líneas de diálogo más agresivas se dibujan en delicada caligrafía sobre fotogramas del filme, para responder jocosamente en conversaciones virtuales. Como en la película misma, el contraste entre la vulgaridad de las expresiones y la pretendida gentileza de los interlocutores tiene una irresistible carga cómica. Siéntase en libertad de compartirlas en su vida diaria.

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Apenas he visto la película una vez, y demanda ser vista muchas veces más. Y se que cada ve que la vea, me dirá cosas distintas.

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