«PATHFINDER» (Marcus Nispel, 2007)

«PATHFINDER» (Marcus Nispel, 2007)

Karl Urban mata a hierro en «Conquistadores».

Esto pasó de verdad. En la taquilla del cine, un muchacho de unos 15 años, acompañado de su madre, pregunta a la vendedora de boletos:

– “Conquistadores”…de que es esa película?

– Es sobre los españoles y el descubrimiento de América

– Es “Apocalypto”?

– No, esa es otra.

– Es histórica?

– Y de acción.

– Y es buena?

En ese momento, la madre interrumpe…

– ¡Claro que te va decir que es buena! ¡Si quiere que comprés el boleto!

Y para eso estamos los críticos de cine. Para decirle si es buena o mala. Para despejar dudas y aliviar la desinformación. Para darle el contexto de estos productos que caen en las pantallas locales como venidos de la nada. No queremos venderla nada – ok, si queremos que compre esta revista! – pero en cuanto a la película, nuestra opinión es 100% desinteresada. Puede que no este de acuerdo con nosotros, pero el debate mental entre el crítico y el lector es como un producto agregado. Mas entretenimiento, sobre una misma experiencia.

“Conquistadores” no tiene nada que ver con los españoles. Su relación con la historia es tenue, siendo muy generoso con los adjetivos. Varios siglos antes de la llegada de nuestros conquistadores oficiales , una indígena  norteamericana encuentra los restos de un naufragio vikingo. Entre los escombros, la sorprende el único sobreviviente: un niño de piel blanca y ojos azules. La mujer lo lleva de regreso a su aldea, y convence a los líderes de acogerlo. Bautizado como Fantasma, el niño se convierte en un miembro tentativo de la comunidad. No es un paria, pero tampoco es uno de ellos. Llámele el primero de los mohicanos. Diez años mas tarde, nuevos invasores aparecen. Es una tropa de patanes escandinavos con intenciones de asentar en el bucólico territorio indígena,  no sin antes masacrar a cuanto nativo se les cruce en el camino. El apuesto Fantasma (Karl Urban) se encuentra en una encrucijada existencial: es él un indígena o un invasor? Debe unirse a los sanguinarios guerreros que comparte su origen, o ser un instrumento de venganza de su tribu adoptiva?

Eso suena mas dramático de lo que se ve en pantalla. La película no esta preocupada por conflictos morales internos. Es una pieza de acción sin mas alicientes que el ruido magnificado de los golpes y los despliegues de violencia explícita.  El director Marcus Nispel, veterano de videoclips musicales y el reciente re-make de “The Texas Chainsaw Massacre” (2003), ejecuta las peores decisiones creativas jamás vistas en un ejercicio de este género. Parece indiferente a la posición de la cámara.  Vease un momento en el que guerreros indígenas caen en una trampa que Fantasma ha tendido para los villanos. El momento esta supuesto a ser tenso y trágico, pero Nispel lo filma como si fuera un revés del Coyote en pos del Correcaminos. Será una suerte si logra distinguir lo que esta pasando en pantalla. La fotografía tiene una paleta de colores azulados ennegrecidos que hace parecer que todo se ve reflejado en un charco de petroleo. Alguien debería descomisar los filtros del director de fotografía. Puede que el movimiento capture su atención, pero dudo que eso sea entretenimiento en el sentido estricto de la palabra.

La mayor sorpresa esta en los créditos finales. “Conquistadores” esta basada en la película noruega “Ofelas” (Nils Gaup, 1987), distribuida en EEUU con el título “Pathfinder” y nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. Recuerdo haberla visto en los albores de la televisión por cable, a inicios de los noventas. La trama es la misma – inspirada en una leyenda sumi -,  suplantando a las tribus laponas del original por indígenas y vikingos. El protagonista era un adolescente de verdad, convertido ahora en un mugroso galán de telenovela.  Lejos del original,  “Conquistadores” está mas cerca de “Conan el Bárbaro” (John Millius, 1982), pero sin el sentido del humor. Hace que “300” (Zack Snyder, 2007) se vea  como un ejemplo de técnica visual expresiva. Me obliga a re evaluar “Apocalypto”. La saga maya de Mel Gibson parece un documento humanista en comparación a esta opresiva distracción.

  • Publicada originalmente en abril, 2007.

 

 

 

 

 

 

 

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