NUEVO EN NETFLIX: “RICKI & THE FLASH” (Jonathan Demme, 2015)

NUEVO EN NETFLIX: “RICKI & THE FLASH” (Jonathan Demme, 2015)

Jonathan Demme, uno de los directores más emblemáticos del cine contemporáneo norteamericano, falleció este año, en abril de 2018, dejando un vacío imposible de llenar. Es más conocido por la siniestra “El Silencio de los Inocentes” (1991), pero ese oscarizado drama es bastante atípico en su filmografía. Su sensibilidad, mezcla de humanismo, exuberancia y sentido musical, sólo podía surgir la (norte)América multi-cultural de finales de siglo XX, principios del XXI.

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Un director polifacético

A lo largo de su carrera, Demme experimentó con múltiples géneros, formatos y plataformas de distribución. Su último crédito como director, fue dirigiendo un episodio de la serie de TV “Shots Fired” (2018), un drama coral centrado en un joven fiscal y una detective de policía, ambos de raza negra, investigando una racha de abusos policiales en una ciudad del sur de Estados Unidos. La serie sólo tuvo una temporada al aire, pero puede encontrar en Netflix dos trabajos finales, muy representativos de su estilo. “Justin Timberlake + The Tennesse Kids” (2016) es un documental registrando una gira de concierto de la estrella pop; que de alguna manera conecta con uno de los títulos más importantes de inicios de su carrera, el doce-concierto “Stop Making Sense” (1984), que reproducía en la sala de cine la experiencia de asistir a un espectáculo en vivo de la banda Talking Heads – críticos muy influyentes lo consideran el mejor documental musical jamás filmado. Justo este año, el nuevo disco de Timberlake, “Man in the Woods”, cayó como plomo. Eso le da un tono agridulce al documental que lo retrata en lo que quizás sea el final de su era dorada. En el servicio de streaming también está disponible “The Manchurian Candidate” (2004), un sorpresivo re-make del clásico paranoico de los 60, que bien merece ser revaluado en la era de Donald Trump.

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La normalización de Meryl Streep

También puede encontrar “Ricky and the Flash”, una comedia dramática protagonizada por Meryl Streep, que le brinda a la actriz la oportunidad de meterse en la piel de una mujer normal. No es el tipo de papeles que ganan Oscares, pero si dan la oportunidad conjurar ante la cámara una vida distinta a la propia. Y no es esa la esencia de la actuación?

El título en español de “Ricky & The Flash”contradice el espíritu de la película. La protagonista, una rockera madura interpretada por Meryl Streep, es todo menos famosa. El director Jonathan Demme introduce al personaje en su elemento natural: el pequeño escenario de un bar de mala muerte en la ciudad de Los Ángeles. Ricky encabeza la “banda de la casa”. Cosecha la adoración de un puñado de bebedores habituales, y del guitarrista principal, Greg (Rick Springfield), a quien no termina de reconocer como su compañero de vida. Menos que fama, esto parece infamia. Pero Demme no se inscribe en esa visión binaria del mundo, informada por “American Idol”y demasiadas películas con afán inspirador. Tampoco presenta las precarias condiciones de vida y trabajo de Ricky con escarnio. A veces, seguir tus sueños implica cantar de noche en un bar, y trabajar de día como cajera en un supermercado.

Así transcurre la vida de Ricky, hasta que el pasado la alcanza. Su ex esposo, Pete (Kevin Kline), la llama por teléfono para convocarla al hogar que abandonódécadas atrás. Su hija Julie (Mamie Gummer) atraviesa una aguda depresión, provocada por la debacle de su matrimonio. Necesita a su madre. La pregunta es si Ricky es capaz de volver asumir ese papel, aunque sea por unos días. Así, la mujer que abandonóel nido por el rock-and-roll vuelve al conservador medio oeste de EEUU. La vida que Pete ha construido con su segunda esposa, Maureen (Audra McDonald), brilla como el ideal de la clase acomodada, en franco contraste con la vida proletaria de Ricky.

Una película menos interesante habría minado los contrastes, convirtiendo a Ricky en una perdedora que debe ser castigada por favorecer su vocación sobre la maternidad. O quizás, se habría ido al otro extremo, mostrándola como una fuerza vital que viene a enseñarle a los estirados como vivir. Pero Demme, trabajando sobre el guión de Diablo Cody, pinta un retrato bastante compasivo de una familia convulsionada, avanzando lentamente hacia la aceptación de sus particularidades. La película esta consciente de las diferencias de clases, y como sus personajes se dividen entre ellas. Pero al igual que en “Rachel Getting Married”(Demme, 2008), el drama se escenifica en una sociedad diversa, donde la vida misma reta cualquier prejuicio: Maureen es una exitosa mujer de raza negra, y el hijo menor de Ricky es gay. 

La música no puede parar

Después del éxito taquillero del musical “Mamma Mia!”(Phyllida Lloyd, 2008), no hay mucha novedad en el escuchar a Streep cantando. Sin embargo, Demme favorece la interpretación musical sobre la dramática. En una película habitual, escucharíamos fragmentos de canciones, reservando un número completo para el desenlace triunfal. No aquí. Demme deja que Ricky & The Flash toquen canciones enteras, dándonos un sentido claro del lugar que el ejercicio del arte tiene en su vida. Por eso, entendemos al personaje y la decisión que parte su vida en dos.

Streep celebra la vulgaridad en “Ricky and the Flash”

Demme ama la música, y a los músicos que la ejecutan. Sin embargo, esa devoción compromete el balance de la película. Las escenas dramáticas se sienten demasiado ligeras para las emociones que acarrean. Streep da una interpretación de fina comicidad. Ricky es un prototipo poco visto: la mujer blanca, proletaria, reaccionaria y políticamente incorrecta. El truco de la película es convertirla en una figura humana y adorable. Gummer, hija de Streep en la vida real en la vida real, infunde gravedad en sus escenas sin sacrificar el sentido del humor. Pero es el rockero Rick Springfield quien se roba la película. En los 80s, conquistólas listas de popularidad con la canción “Jessie’s Girl”. En plena madurez, se re inventa como actor. Tuvo un papel sustancial en la segunda temporada de la serie de HBO “True Detective”, y ahora se convierte en digno compañero de pantalla de la mejor actriz viviente del cine norteamericano.  

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Demme nos dejó a los 74 años. Es un shock confrontar la edad, porque sus películas siempre se sienten como los filmes de una persona joven, que transmite el entusiasmo del novato al emplear el lenguaje cinematográfico como expresas sentimientos, ideas, o contar historias. Es difícil identificar a un heredero de Demme, capaz de saltar de un género a otro, con un pulso certero para contemplar la conducta humana en toda su depravación y nobleza. Su escuela fue la maquila de películas serie B de Roger Corman, y ascendió hasta los augustos Óscares de la Academia. Viendo sus películas, uno sospecha que disfruto de cada experiencia con la misma intensidad.

 

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