NUEVO EN NETFLIX: “LA LLAMADA” (Ambrossi y Calvo, 2017)

NUEVO EN NETFLIX: “LA LLAMADA” (Ambrossi y Calvo, 2017)

“La Llamada” parece una comedia juvenil convencional. La acción se desarrolla en un campamento de verano regentado por monjas. María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo), son las típicas chicas fiesteras. Saben quien vende droga y como escaparse a una noche de farra. La película arranca mientras se preparan a salir. Visten trajes de noche bajo las sábanas, esperando que la hermana Milagros (Belén Cuesta) haga su ronda nocturna, para después irse de fiesta. Mientras esperan, María experimenta una visión. Las paredes de su cabaña se abren, y de una escalera monumental baja un anciano vestido de lentejuelas (Richard Collins Moore), cantando “I Will Always Love You”, emulando la interpretación de Whitney Houston con vocalización tentativa. La estampa absurda revela la verdadera agenda de la película: María esta escuchando “la llamada” de la fe. O al menos, eso es lo que cree. La revelación estremecerá los cimientos de su amistad con Susana, y precipitará cambios en las monjas que las rodean.

Lo sagrado y lo secular coexisten en esta comedia que se toma en serio la espiritualidad. Los devaneos románticos terminan figurando en la trama, pero su preocupación principal es existencialista. Las protagonistas se encuentran en la encrucijada del fin de la adolescencia. Confían en un futuro en el cual puedan seguir juntas, y vivir de fiesta sea la vida misma: sueñan con convertirse en un dúo que interpreta música electrolatina. En la discoteca, un tipo promete presentarles a un influyente productor. Nosotros –y la película– sabemos lo que eso puede significar, pero “La Llamada” le concede a sus personajes la inocencia de sus sueños juveniles. El verdadero obstáculo reside en la insistente aparición del anciano, repasando el cancionero de la trágica diva norteamericana. ¿María alucina?¿Se está volviendo loca? ¿O esta teniendo, realmente, visiones divinas? Responder a la llamada –es decir, volverse monja– sería una refutación total de su identidad. Que el campamento se llame “La Brújula” refuerza la el dilema de fondo en la trama: que dirección debe tomar la vida, para ser fiel a uno mismo?

El campamento como escenario de maduración

El campamento de verano, como escenario de maduración, es una convención que España tiene en común con Estados Unidos. Este espacio es reconocible por la temprana comedia de Bill Murray, “Meatballs” (Ivan Reitman, 1979), la sexi-comedia juvenil “Little Darlings” (Ron Maxwell, 1980) y la más reciente “Red Hot American Summer” (David Wain, 2001), revisitada en la serie de culto de Netflix, “Red Hot American Summer: 10 Years Later” (2017). Ninguno de estos referentes introduce a la espiritualidad como elemento crucial. En “La Llamada”, la mayoría de las monjas y las muchachas se van en una excursión, dejando el lugar desolado. Sin muchos testigos, los personajes pueden enfrentar con relativa privacidad sus respectivas crisis. Susana resiente profundamente la transformación de su amiga. La hermana Milagros cuestiona su fe, asediada por recuerdos de la vida que dejó atrás al tomar los hábitos. La cocinera Yanice (María Isabel Díaz) lamenta el abandono de su novio. La única en estado de gracia plena es Sor Bernarda (Gracia Olayo), la recién llegada jefa del campamento. En una interpretación de exquisita comicidad, Olayo invoca la efervescencia del adulto mayor que cree estar conectado aún con el mundo de los jóvenes. Inmune al sentido del ridículo, quiere enseñarle a las niñas la coreografía gimnástica con que ella misma estremeció a un retiro de juventud en el Vaticano de los tempranos ochenta. Cuando María comparte con ella su secreto, no puede ocultar su entusiasmo –“¡Me encanta ‘Wini Husin’!”—. Uno de los aciertos de “La Llamada” es la manera en que explota el potencial cómico del personaje sin rayar en la crueldad.

“¡Me encanta ‘Wini Husin’!”: Olayo y Cuesta liberan su diva interior en el campamento desierto

Dios sigue apareciendo. Nunca habla, solo canta temas incluidos en la discografía de Houston. Presentarlo como un hombre que se comunica a través de canciones asociadas a una mujer negra delata discretamente la generosa de la película ante la fluidez del género y la sexualidad moderna. No solo él canta. La película es formalmente un musical, y cada personaje tiene oportunidad de expresarse a través de canciones populares u originales. El uso de temas de reconocida popularidad lo inserta en la tradición del “musical roconola” – véase “Mamma Mia!”, tanto en versión teatral como cinematográfica -. También hay un puñado de números originales. María y Susana tendrán chance de interpretar la única canción de su dúo fallido en el clímax de la película. 

Podrían pedirse números más elaborados, pero más que despliegues espectaculares, los parámetros íntimos funcionan como una ventana a la psicología de los personajes. Tome nota de la escena en que Susana espía a través de una ventana como Milagros hace fonomímica de un tema de “Presuntos Implicados”, contemplándose a sí misma en el espejo, vestida como una muchacha normal, ataviada para asistir a un baile. Se mira a sí misma, pero también el camino que no tomó. El pop de los 90 es lo suyo. María y Susana tienen como referentes el reggaeton y el trap. Sor Bernarda hace referencia a los 80. Tres generaciones coexisten en el universo contenido del campamento, cada una con sus propios dilemas, unificadas en el poder sanador de la música. 

Cada generación con su canción

En principio, puede ser difícil creer que una adolescente de principios de siglo XXI experimente visiones religiosas al ritmo de Houston. La era dorada de la diva se desarrolló en la década que va desde el lanzamiento de su primer disco, en 1985, hasta el estreno de la película “Waiting to Exhale” (1995). Si acaso, María habría conocido a Houston a través de sus padres, pero no hay ninguna alusión directa. Apropiadamente, el personaje ni siquiera está seguro del nombre de la cantante. Más allá de usar las canciones, la película no explota los detalles de historia de Houston, ni su doloroso declive, hasta su muerte en 2012. Y quizás así debe ser. Después de todo, la relación del público con los artistas, la mayor parte del tiempo, comienza y termina con la manera en que sus trabajos conectan emocionalmente al ser consumidas e integradas en el tejido de la vida propia. Solo los genuinos fanáticos van más allá.

García: la agonía y el éxtasis de escuchar “La Llamada”

A veces, la puesta en escena de “La Llamada” traiciona el origen teatral del material. Sin embargo, observar de cerca el rostro de Macarena García, en plena crisis existencial, es un privilegio que solo el cine puede brindar. Anna Castillo tiene menos tiempo en pantalla para trazar el viaje emocional de Susana, pero hace contar sus apariciones. Parece la versión española de Michelle Williams. García y Castillo pintan un elocuente retrato de la amistad juvenil resquebrajándose en el umbral de la madurez

…¡separadas al nacer!
Castillo y Michelle Williams.

Es fascinante ver actuaciones tan complejas en una comedia de apariencia ligera. Igual de interesante es como la película construye un estado de gracia, donde el ejercicio de la fe coexiste armoniosamente con los cambios sociales que los sectores más conservadores reprochan. Cuando la incipiente homosexualidad de un personaje se manifiesta, el hecho que esto no sea tratado como un escándalo por las monjas, sino que sea aceptado sin levantar una ceja, promete un estado utópico en el cual el catolicismo deja atrás la actitud pasiva-agresiva de “amar al pecador y odiar al pecado”, para realmente aceptar a los cristianos que pertenecen a la comunidad LGBTI. Porque “tolerar” no es suficiente, cuando estamos hablando de la identidad, un factor intrínseco a la condición humana. Entre el Espíritu Santo y el espíritu de Almodóvar, “La Llamada” encuentra espacio entre lo divino y lo humano.    

La vida de una canción

Servir de punta de lanza en esta producción española es un asterisco más en la fascinante historia de “I Will Always Love You”. Ahora, todo el mundo la asocia con Houston, gracias a la popularidad de “The Bodyguard” (Mick Jackson, 1992), en cuya banda sonora sirvió de pieza central. Sin embargo, no le pertenece enteramente a esa diva. Nació en como una balada “country”, compuesta e interpretada por Dolly Parton en 1974. La volvió a grabar en 1982, para la banda sonora de la película “The Best Little Whorehouse in Texas” (Colin Higgins, 1992). Para todos los fines prácticos, Houston hizo suya la canción, pero no lloren por Dolly. Sus derechos de autor sobre el tema contribuyeron a hacerla una mujer acaudalada.

El director Paul Thomas Anderson acredita a la canción como la fuente de inspiración de su melodrama épico “Magnolia” (2001). En entrevistas publicadas alrededor de su estreno, contó como tuvo la idea inicial del filme al observar una madrugada a una mujer desconsolada, sentada en su vehículo en el parqueo de una tienda de conveniencia, llorando mientras cantaba con el tema sonando desde el radio de su carro. 

  • ASTERISCOS
  • Netflix también tiene disponible una “versión karaoke” de la película, donde puede visualizar las letras de las canciones.
  • Si quiere saber más sobre la atribulada vida de Houston, también esta disponible en Netflix el documental “Whitney: Can I Be Me?” (Broomfield & Dolezal, 2017)
  • Para el climax de la película, habría esperado un número más arrebatador que “Step by Step”, un éxito modesto que Houston interpretó en el soundtrack de “The Preacher’s Wife” (Penny Marshall, 1996). Yo hubiera preferido “Emotional”, o “I Wanna Dance With Somebody”, pero ese es MI problema.
  • “La Llamada fue nominada a los premios Goya 2018 en las categorías de Mejor Director Novel (Ambrossi y Calvo), Mejor Guión Adaptado, dos consideraciones a Mejor Actriz de Reparto (Belén Cuesta, Anna Castillo). Se llevó el premio de Mejor Canción Original.

Deja un comentario