“MARY MAGDALENE” (Garth Davis, 2018)

“MARY MAGDALENE” (Garth Davis, 2018)

El australiano Garth Davis saltó a la fama como director gracias a un doble golpe de gracia. Primero, colaboró con Jane Campion en la aclamada serie de TV “Top of The Lake” (2013). Después, debutó en la pantalla grande con “Lion” (2016), drama inspirado en una historia de la vida real, sobre un niño indio, adoptado por una familia de Nueva Zelandia, que usa Google para rastrear a su madre biológica. La película, distribuida en Latinoamérica bajo el título “Camino a Casa”, conquistó seis nominaciones al Óscar, incluyendo Mejor Película.

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María Magdalena (Rooney Mara) no pertenece al mundo terrenal

Su siguiente trabajo tiene todas las señas de un producto de prestigio: es una ambiciosa versión de la historia bíblica, protagonizada por Rooney Mara (nominada al Óscar por “Carol”), como la mujer marcada que se unió a los apóstoles. Joaquín Phoenix (ganador del Óscar por “Walk the Line”) interpreta a Jesús. Pero quiso la mala suerte que Harvey Weinstein tuviera mano en el proyecto. Cuando de material promocional habla de “los productores de “El Discurso del Rey”, se refieren a él. A raíz del escándalo que protagonizó por acoso sexual, la película quedó atrapada en el limbo comercial, al menos en lo que respecta al mercado norteamericano. El filme se estrena en Latinoamérica, justo a tiempo para las vacaciones de Semana Santa. Pero es importante que sepa que este no es el cine bíblico de su abuelita.

La película introduce a María Magdalena como una muchacha de familia, asumiendo un papel importante en su hogar después de la muerte de su madre. En la secuencia inicial, haces las veces de partera. Literalmente, ayuda a dar vida. Ya está en edad casadera, y un pescador de la comunidad, viudo reciente, necesita una compañera para él y una madre para sus hijos. Rooney Mara, con sus ojos grandes y presencia etérea, nos transmite con cada fibra de su ser la idea que sus preocupaciones no son terrenales.

La familia, alarmada por su violento rechazo a la idea de seguir las tradiciones, asume que está poseída por el demonio. Pronto, reclutan a un rabino milagroso, para que la cure de su mal. Su nombre es Jesús (Joaquin Phoenix). No cuentan con que se reconocerán como almas gemelas, unidos en su manera de experimentar la fe. Pronto, María deja todo atrás y se une a Jesús y sus apóstoles, Pedro (Chiwetel Ejiofor) y Judas Iscariote (Tahar Rahim).

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Un rabino llamado Jesús (Joaquin Phoenix)

La película está atentan a trazar los límites de la mujer en la época. En la primera parte, experimentamos la normalidad de la dinámica familiar, tan tóxica y violenta para nuestra sensibilidad contemporánea, pero dramatizada sin exaltación dramática. Implícitamente, nos dicen que es así como eran las cosas. Podemos creer que esto era lo que pasaba. Una vez que el personaje se inserta en el séquito de Jesús, vemos como el patriarcado también informa las relaciones del grupo, relegándola a un papel predeterminado. Los apóstoles se resisten a verla como un igual, y podemos discernir como esas mismas fuerzas terminaron relegándola en la liturgia, e incluso caracterizándola como una prostituta.

Esta es quizás la razón de fondo, detrás de la suspicacia frente a María Magdalena. En la medida en que se impone la idea que la mujer vale en cuanto a su rol como esposa y el ejercicio de su capacidad reproductiva, el hecho que el personaje abandone ese papel la hace problemática. Es más fácil pintarla como una “mujer perdida” que aceptar la posibilidad de que existan alternativas al ejercicio de la maternidad y la sumisión al hombre en el contexto familiar.

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Judas (Tahar Rahim) espera que los muertos se levanten

El problema de como interpretar las predicas de Jesús, y su eventual sacrificio, domina la segunda mitad del filme. Los apóstoles discuten constantemente ente ellos. Cada uno tiene su propia idea de lo que esto significa para el futuro. Una de las mejores escenas del filme tiene lugar entre Pedro y María, confrontando sus emociones ante la inminente pérdida física de la persona que conocen, el amigo que aman. Tome nota de las ideas de Judas, que interpreta literalmente las profecías: los muertos se levantarán cuando venga el reino de Dios, y él podrá reunirse con su esposa e hija. Su eventual traición termina empujada por la revelación de que esto no es una verdad literal. Los realizadores crean en Judas un análogo del fundamentalista moderno, que toma la liturgia al pié de la letra, desechando voluntariamente el pensamiento crítico y la empatía hacia el otro. Todo sea por confirmar su manera de interpretar la Biblia.

Davis, trabajando sobre un guión de Helen Edmunson y Phillipa Goslett, crea una realidad terrenal y persuasiva. Es muy diferente al cine religioso tradicional: las lujosas judeas de Cecil B. De Mille; la reciente ola filmes “inspiradores”, repletos cristianos que se congratulan constantemente de tener fe; o el sensacionalismo amarillista de “La Pasión de Cristo” según Mel Gibson. “Maria Magdalena” transmite la sensación palpable de cuan extraño y desestabilizadora habría sido la gesta de Jesús. Al mismo tiempo, el tono de los episodios recreados no es exaltado, sino íntimo, casi mundano. La expulsión de los mercaderes del templo en Jerusalem, la traición en el monte de los olivos, el mismo camino al Gólgota….no estamos viendo los episodios gloriosos que fundamentan una religión milenaria. Estamos viendo las cosas que le pasaron a un hombre como tantos. Y seguro, pasaban con cierta regularidad.

El mundo natural tiene un rol protagónico. La película arranca con una imagen confusa. María parece volar. En realidad, se hunde en las profundidades del mar. Varias escenas más tarde, descubrimos que la escena emula un juego infantil de su familia, que la conecta con su deseo de trascendencia.  La hermosa música de Jóhann Jóhannsson suena a medio camino entre lo tribal y lo celestial. El compositor islandés falleció a principios del año, y este es su último trabajo para el cine. En su carrera, recibió dos nominaciones al Óscar, por “La Teoría del Todo” (James Marsh, 2014) y “Sicario” (Denis Villeneuve, 2015). Bien puede ser que consiga la tercera por su partitura final.

La principal concesión hecha a la modernidad está en el casting. Esta es otra película bíblica donde los protagonistas, Mara y Phoenix, son estrellas de Hollywood. Digamos que es un mal necesario. En algún nivel, nadie habría financiado el filme si estos nominados al Óscar no se hubieran vestido con las raídas túnicas de los pobres. Pero el resto del reparto está radicalmente integrado, de una manera más cercana a lo que debe haber sido la realidad histórica.

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Black Power: Pedro (Chiwetel Ejiofor) confirma la existencia de hombres negros en África

Anecdóticamente, he escuchado sobre auto proclamados cristianos que se quejan porque Pedro sea interpretado por un actor negro – el nominado al Óscar Chiwetel Ejiofor, nominado al Óscar por “12 Years a Slave” -. Que la gesta de Jesucrito haya ocurrido en el norte de África, donde seguramente existían personas de raza negra, no parece cruzarse por sus cabezas. ¿Hay algo más ridículo que el racismo floreciendo en un pueblo de mestizos? Otros lamentan que la película sea “feminista”, como si esto fuera algo malo. Ciertamente, la película reta el discurso tradicional sobre María Magdalena, pero los créditos finales dejan claro que el mismísimo Vaticano avala la re evaluación de la figura histórica, aceptando su condición de igualdad entre los apóstoles. Y no, no era una prostituta.

Irónicamente, estos exabruptos fundamentalistas terminan disculpando los momentos menos sutiles de la película. Después de sepultar a Jesús, María Magdalena sostiene una discusión filosófica con los demás apóstoles, en términos que apelan directamente con la sensibilidad contemporánea. Es un momento didáctico, que contrasta con el tono natural y humano del resto del filme. Pero las reacciones virulentas contra el filme confirman que son lecciones que aún deben ser impartidas.

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