“LAZZARO FELICE” (Alice Rohrwacher, 2018)

“LAZZARO FELICE” (Alice Rohrwacher, 2018)

Tardiolo cultiva su santidad en los campos de tabaco de “Lazzaro Felice”

 

Es difícil lamentar la disrrupción que Netflix ha provocado en la distribuición teatral de películas, cuando nos ofrece acceso a títulos que nunca figurarían en la cartelera nicaraguense. Véase el ejemplo de “Lazzaro Felice”, la hermosa fábula conjurada por la directora italiana Alice Rohrwacher, ganadora de premio al Mejor Guión y nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. La película está punteando en las listas de lo mejor del año por los críticos más influyentes. Por una vez, podemos saber de inmediato porqué.

La explotación no tiene tiempo

La acción arranca al abrigo de la noche. Estamos en una comunidad rural tan pobre, que la gente no tiene suficientes bombillos para alumbrar sus casas. Los instalan y desinstalan, de un cuarto a otro, según la necesidad. Un muchacho le pone serenata a una muchacha, para pedirle matrimonio. El evento se celebra en comunidad. Lázaro (Adriano Tardiolo) observa con sus ojos grandes, y ayuda en lo que puede. Es lo que hace, siempre. Durante el día, cosechan tabaco y labran la tierra.

Todo apunta a que estamos presenciando una pieza de época, ambientanda en el campo italiano a principios del siglo XX. Al menos, hasta que aparece un administrador en un vehículo que nos puede ubicar en la década de los 60 o los 70. Los campesinos son jornaleros en Inviolata, la propiedad de la Marquesa de la Luna (Nicoletta Braschi). Cuando el administrador saca las cuentas – cada bujía que les lleva se debe pagar – queda claro que los proletarios trabajan para comer, en virtual esclavitud. Poco tiempo después, aparece la dueña con su sobrino, Tancredi (Luka Chicovani). Durante un almuerzo, saca casualmente su teléfono celular, un modelo típico de finales de los noventa. Descubrir que esta forma de explotación vive en nuestro tiempo es un shock que reverbera en toda la película.

Como crear magia con tecnología

Rohrwacher usa todas las herramientas a su alcance para desorientarnos temporalmente. Tome nota del encuadre de las imágenes. Ha filmado en película Kodak de 16 mm. Conserva las esquinas curvas del fotograma, y el borde sombreado por hilos deshilachados que aparecen y desaparecen. Aunque veamos la película por vía digital en una TV de última generación, reproduce el efecto de enmascaramiento, propio de los teatros pre-multicine. El efecto contribuye a darle a la película una atmósfera intemporal y extraña. Como su protagonista, esta es una película demasiado buena para este tiempo.

La directora se ha inspirado en una historia real – una noble venida a menos explotaba de forma similar a varias familias campesinas -, pero éste es sólo el punto de partida para construir una fábula socialmente consciente, que observa con ironía y compasión la condición humana. Lázaro parece un Cándido digno de Voltaire, recompuesto para nuestro tiempo. Es pura bondad. Sus compañeros se aprovechan de su ayuda, pero no cuestiona nunca nada. Hace lo que le piden. Cuando su amiga Antonia (Agnese Graziani) le muestra estampas de santos escondidas en los muebles de la marquesa, entendemos que más que un tonto, Lázaro pertenece en una de esas estampas. Si la gente se aprovecha de él…el problema es de la gente. El interés personal, el suyo propio, no es una preocupación.

Lázaro (Tardiolo) y Antonia (Rorhwacher) se reúnen entre el detrito de la gran ciudad.

Lazzaro y Tancredi son cercanos en edad, y pronto entablan una especie de amistad que duplica la dinámica de explotación que existe entre sus respectivas clases sociales. El marquesito pide, Lazzaro da. Siempre. En afán de cumplir sus promesas, Lazzaro sufre un accidente que se traduce en un dramático salto temporal. Como un nuevo Rip Van Winkle, despierta en nuestro presente. No ha envejecido un solo día. Pronto, encuentra a Antonia, ya adulta (Alba Rohrwacher, hermana de la directora), y algunos de sus compañeros de la finca. El tiempo les ha pasado la cuenta. Solo han cambiado la pobreza rural por su variante urbana, y sobreviven a punta de pequeñas raterías. Los burgueses también están cerca, y aunque venidos a menos, no pierden su mañas.

Midiendo los límites de la pobreza

Rohrwacher navega sobre la tradición del neorrealismo. En su película anterior, “Le Meraviglie” (2014), observaba las vicisitudes de una pareja idealista que pretendía vivir en contacto con la naturaleza. Con sus cuatro pequeños hijos, trabajan explotando un apiario, pero la miel apenas pone comida en la mesa. Cuando un reality show llega para montar una competencia en la región, la mayor de sus hijas los asume como una oportunidad para salir de la pobreza. El espectador sabe que el programa en cuestión es una producción precaria, proporcionalmente tan pobre como los campesinos que quiere usar. Monica Bellucci es excelente como la vedette que lucha por seguir trabajando en el ocaso de su carrera. La directora considera las ilusiones de sus personajes – una hermosa secuencia muestra a la familia durmiendo en una cama al aire libre – pero no deja de medir la dura realidad que los obliga a aterrizar. Se ve lindo, dormir así. ¡Pero vaya que debe hacer frío! Alba Rohrwacher es excelente como la madre que resiente cada ve más las limitaciones materiales.

Si en “Le Meraviglie” la magia era una construcción ficticia, en “Lazzaro Felice” es una realidad incuestionable. Al menos, en lo que a Lazzaro se refiere. Los demás personajes se presentan en términos reconocibles y realistas. Al protagonista se le conecta con San Francisco de Asís – un lobo mítico figura en la trama – , pero sus milagros son de pequeña escala. Le enseña a los campesinos urbanizados que plantas de su lote baldío pueden consumir, para no comer tanta comida chatarra. El milagro de Lazzaro es estar, ahí, para vos, eternamente joven y listo para ayudarte. Su entrega incuestionable marca su destino, o al menos, el de la encarnación que conocemos. El clímax de la película se desarrolla en un banco moderno, donde San Lázaro encontrará su martirio.

Tardiolo, un estudiante de secundaria sin experiencia actoral, es excelente en el difícil papel de hacer interesante la bondad. La facilidad con que los demás se aprovechan de Lazzaro podría haberlo convertido en una especie de “tonto santo”. “Forrest Gump” (Robert Zemeckis, 1994) no es un referente descabellado, pero el personaje encarnado por Tom Hanks era una especie de comodín que navegaba la historia de Estados Unidos, inmune a cualquier compromiso ideológico. Lázaro es un prisma que enfoca los efectos de las acciones del individuo en su entorno. La disposición de Tardiolo, su total ausencia de malicia, revierte cualquier carga negativa y la deposita sobre el oportunista. Tontos son los que se aprovechan de él. El actor español Sergi López es hilarante como el compañero de Antonia, y virtual patriarca del grupo.

  • “Lazzaro Felice” (Happy as Lazaro / Lazaro Feliz) está disponible en Netflix.

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