“Las Horas Más Oscuras” (Joe Wright, 2017)

“Las Horas Más Oscuras” (Joe Wright, 2017)

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Oldman en “Darkest Hour” o “How Winston Got His Groove Back”

Gary Oldman le hinca el diente al jugoso papel de Winston Churchill, el primer ministro británico que guió al imperio en la II Guerra mundial. Las “horas más oscuras” que el director Joe Wright invoca tienen lugar en el mes de mayo de 1940, cuando Hitler avanza imparable por Europa, e Inglaterra se bate en una crisis de liderazgo. La primera escena reproduce una histriónica sesión del parlamento en la cual el primer ministro Neville Chamberlain (Ronald Pickup) es repudiado por su pobre manejo del conflicto. Winston Churchill (Gary Oldman) es conspicuo por su ausencia, pero está en línea para convertirse en el sucesor. La secuencia sugiere su influencia tras bambalinas, cerrando un elegante movimiento de cámara en su sombrero, posado sobre el asiento donde él debería estar. Esta es una de las pocas escenas de la película donde no vemos al actor.

A estas alturas, conocemos su estatura de héroe, pero en los 21 días que observa “Darkest Hour”, Chruchill es el “underdog”. No es una opción popular para el cargo. El apologista Halifax (Stephen Dillane), próximo en línea según su partido, descarta asumir el ministerio porque quiere que su contrincante se queme. El rey Jorge VI (Ben Mendelsohn) reniega de él. “Su currículo es una letanía de desastres”, dice exasperado, justo antes de recibirlo en el palacio. El espectador contemporáneo puede congratularse a sí mismo, porque sabe cuán equivocados están.

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Detrás de cada gran hombre…: una alarmantemente canosa Scott-Thomas apoya a Oldam

El guionista Anthony McCarten encuentra novedad en la idea de humanizar a Churchill. Para estos fines, se apoya en dos personajes femeninos: su esposa Clemmie (Kristin Scott-Thomas) nos permite verlo vulnerable, en la intimidad del hogar. Su secretaria, Elizabeth Layton (Lilly James) nos sirve de guía en el plano profesional. Recién reclutada para el trabajo, seguimos sus pasos mientras se adentra en las laberínticas oficinas subterráneas desde donde se dirige la guerra. Eventualmente, se convierte en una especie de conexión con el ciudadano común. Clemmie y Layton son catalizadoras de humor y emotividad. Al lado de ellas, el líder deja de ser abrasivo y beligerante y se convierte…en un gruñón adorable. Estoy seguro que Churchill, como todos los hombres, contenía multitudes, pero en estos momentos, puede verse como la película hace trabajo extra para funcionar como entretenimiento popular.

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Lilly James conecta a Churchill con el hombre común…y puede mecanografíar más de 100 palabras por minuto a doble espacio.

El afán de hacer que el espectador se “identifique” con los protagonistas suele tener el efecto de simplificar a personajes complejos y aclarar sus zonas grises. La tiranía de la simpatía se extiende a este filme. En medio de un apasionante episodio de la II Guerra Mundial, la película asume como arco narrativo principal la pretendida crisis de autoconfianza del líder. Las “horas más oscuras” no son las del mundo civilizado frente al avance del fascismo, sino las del bueno de Winston frente a las maquinaciones de Halifax y Chamberlain, maniobrando en pos de pláticas de paz negociadas por Mussolini. Vía telefónica, el presidente de EE.UU. le deja claro que no puede darle el apoyo que necesita. ¿Podrá nuestro héroe superar sus dudas y llevar al mundo libre a la victoria?

Ya sabemos la respuesta. Para mantenernos interesados, Wright recurre a una puesta en escena florida y dinámica, con una cámara móvil que igual puede caer en picada desde el cielo o atravesar paredes. Es visualmente atractivo, pero superfluo a la hora de alimentar la trama. Es una película hermosa a la vista. No es casualidad que el diseño de producción y la fotografía de Bruno Delbonnel hayan sido nominadas a un Óscar. La atmósfera es fascinante. Da ganas de perderse en este mundo de sombras, con matices de luz sepia. En el lado problemático, puede situar a la partitura musical de Dario Marianelli, haciendo fuerza extra para telegrafiar qué emoción debemos sentir a cada momento. Las caracterizaciones de Halifax y Chamberlain son transparentes en su villanía. Solo les hace falta ponerse el bigote de Hitler.

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El patán que sería rey: Mendelsohn en la serie de Netflix “Bloodline”

La película es un vehículo de estrella, diseñado para que Gary Oldman se luzca invocando a un personaje real que creemos conocer por nuestra familiaridad con el gran arco narrativo de la historia. Es el tipo de actuación que conquista premios. Oldman ya se llevó el Globo de Oro, y es el favorito para llevarse el Óscar de la Academia. A pesar de su simpático ejercicio de transformación, la mejor actuación del filme la da el actor que menos llama la atención sobre sí mismo. El actor australiano Ben Mendelsohn ha hecho su carrera a costa de interpretar a caracteres de dudosa reputación. Vea la primera temporada del drama de Netflix “Bloodline” (2015-2017), donde interpreta a la oveja negra de una familia notable en Key West. El especialista en bribones da una actuación bellamente calibrada como el rey que vacila frente al abismo del exilio. Pero hay una catarsis más accesible en la historia de cómo Winston recuperó la chispa de la vida, para cerrar la película con un electrizante discurso.

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Que el verdadero “Winston” se levante: Oldman en “Darkest…”, Lithgow en “The Crown”

Las comparaciones son odiosas, pero el hecho de que la operación Dynamo figure en la trama nos hace recordar a “Dunkirk” (Christopher Nolan, 2017), que también compite por el premio de la Academia a Mejor Película, y logra la proeza de hacernos ver la historia con nuevos ojos. Si se le pasó verla en el cine, puede corregir la omisión con esta edición en Blu Ray y DVD. De la misma manera, es inevitable comparar el trabajo de Oldman con el realizado por John Lithgow en la primera temporada de la serie de Netflix “The Crown”. El formato episódico permite más tiempo para construir al personaje, explorar sus contradicciones – y por ende, su humanidad. El foco de atención se extiende sobre un capítulo más amplio de la historia – es una de las ventajas que el formato de la TV puede tener sobre el cine -. La actuación de Oldman es un genial ejercicio de mímica, pero palidece en comparación al trabajo de Lithgow.

Esta no es la primera vez que el director Joe Wright visita esta época. En “Atonement” (2007), adaptación de la magnífica novela de Ian McEwan, cuenta como la II Guerra afecta el destino de una familia aristocrática y sus sirvientes, incluyendo el incipiente romance entre la bella debutante Cecilia (Keira Knightley) y el hijo de la ama de llaves, Robbie (James McAvoy). El libro es muy superior a la película, pero merecer ser vista. En un despliegue de virtuosa puesta en escena, recrea en una sola toma el dantestco escenario de Dunquerque. La película recibió 7 nominaciones al Óscar, incluyendo Mejor Película, y Mejor Actriz de Reparto para Saorsie Ronan, entonces, de tan solo 14 años de edad. Ella interpretaba a Briony, una niña fantasiosa que cuenta una mentira de consecuencias destructivas. Este 2018, Ronan compite como Mejor Actriz por “Lady Bird” (Greta Gerwing, 2017).

Los dejamos con este cándido video de Oldman-como-Churchill bailando al ritmo de James Brown. ¡Lástima que no encontraron lugar para una escena así en la película!

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