“LADY BIRD” (Greta Gerwig, 2017)

“LADY BIRD” (Greta Gerwig, 2017)

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La adolescencia en una mirada: Saorsie Ronan es “Lady Bird”

Greta Gerwig ha hecho carrera como comediante, e insignia del cine independiente norteamericano en su estado más puro. Empezó actuando en las películas de Joe Swamberg – “LOL” (2006), “Hanna Takes the Stairs” (2007), “Nights and Weekend” (2008). Trabajó con los hermanos Jay y Mark Duplass en “Baghead” (2008). Dio una pequeña pero sustancial aparición en el filme de horror “House of the Devil” (Ti West, 2009). Se acercó al mainstream en “Greenberg” (Noah Baumbach, 2010), con quien también desarrollo “Frances Ha” (2012) y “Mistress America” (2015). Añada al expediente “Damsels in Distress (Whit Stillman, 2011) y “To Rome with Love” (Woody Allen, 2012), y tendrá el curriculum estelar una musa cómica a la antigua, siempre lista para inspirar al hombre detrás de la cámara. Su eventual relación amorosa con Baumbach abona a esa interpretación.

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El punk le sienta bien: Gerwig actuando en “20th Century Women”

Pero Gerwig es más complicada que eso. Puede ser una intensa actriz dramática. Tome nota del fantástico trabajo que realiza en “20th Century Women” (Mike Mills, 2016). Sus entrevistas la delatan como una cinéfila empedernida – puede parecer extraño, pero no todos los actores siguen el cine con pasión -. Sus actuaciones cómicas se sienten como una extensión natural de la herencia de las grandes figuras del screwball de la era clásica de Hollywood. Pertenece al linaje de Katherine Hepburn, Claudette Colbert y Jean Arthur, con un toque de la vulnerabilidad de Marilyn Monroe. Ahora, debuta como directora con “Lady Bird”, una fina comedia testimonial con matices autobiográficos.

El nacimiento de “Lady Bird”

La protagonista se llama Christine, pero en un infructuoso intento por apropiarse de su individualidad, escoge como nombre “Lady Bird”. Es una muchacha normal, de 17 años de edad. Vive con su familia en el lado proletario de Sacramento. Cursa el último año de la escuela secundaria.  Mantiene una relación contenciosa con su madre, Marion (Laurie Metcalf), enfermera de hospital psiquiátrico. El padre, Larry (Tracy Letts), está al borde del desempleo. Su hermano (Jordan Rodríguez) y su esposa (Marielle Scott) regresan de la universidad a trabajos mal pagados, que los obligan a mudarse con ellos. Suena duro, pero se presenta como la simple realidad en clave de comedia.

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Juntas, a toda velocidad: Ronan y Metcalf van rápido a cualquier parte

Las presiones económicas de la vida hogareña contrastan con las dificultades sociales en la escuela. Lady Bird disfruta de la complicidad que ofrece su mejor amiga, Julie (Beanie Feldstein). Corteja la atención de dos posibles novios (Lucas Hedges y Timothée Chalamet). Uno es un carismático actor en ciernes, el otro, un rebelde monosilábico con pretensiones intelectuales. Ambos pertenece a un estrato económico más fluente.

Christine está en la edad en la cual la persona toma conciencia del estadio económico de su familia, y empieza a tomar medida de los límites que la encierran, y que tendría que superar con esfuerzo propio. Ella sueña con asistir a una universidad de artes liberales en la costa este de EEUU. Sabe que sus padres no pueden pagarla, así que insiste en que aplicará a becas, préstamos y ayudas económicas. En su día a día, es menos sensata. Descuida la amistad de Julie para codearse con un grupo “cool” de niños ricos. Miente sobre las modestas condiciones de su vida, asegurando que vive en una casa distintiva en un residencial mas caro. Sabemos que esa mentira terminará actuando en su contra.

La chica “del lado equivocado de las vías del tren”

Desde “Los 400 Golpes” (Francois Truffaut, 1959) hasta “Superbad” (Greg Mottola, 2007), el cine está colmado de historias de maduración centradas en personajes masculinos. “Lady Bird” se distingue, en primera instancia, por centrarse en la experiencia femenina. Mediante una estructura episódica, Gerwig observa con humanismo y compasión los ritos de crecimiento que Christine experimenta. Discusiones explotan, romances acaban, algunas travesuras ameritan castigo, pero todo esto se presenta como parte del tejido de la vida cotidiana. Lo más cerca que tenemos a un arco narrativo principal es la evolución de la relación entre Christine y su madre. Ronan y Metcalf hacen un trabajo extraordinario, invocando en sus interacciones la porosa frontera entre amor y hastío.

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Primer amor, primera desilusión: Ronan y Hedges, hacia la casa azul.

La dinámica de historias como esta suele envilecer a los personajes adultos para convertirlos en antagonistas, reduciéndolos a ser un obstáculo más que el héroe debe vencer. Los adultos se presentan inefectivos, remotos, emocionalmente inaccesibles o incluso criminales en su descuido. Pero no es esa la agenda de Gerwig. Ella muestra la vulnerabilidad que no se extingue con la adolescencia, y lo ciegos que pueden ser los jóvenes a las tribulaciones de sus mayores. Desde el sacerdote con una crisis depresiva, hasta la madre que no puede permitir la compra de una revista, para no desbalancear el presupuesto familiar. Cada quien vive su propia odisea. Quizás esa sea la cualidad más hermosa de la película. Si bien Christine es la protagonista, esta alerta al drama interno de cada personaje. Lo descubrimos en la medida en que se cruzan circunstancialmente con nuestra Lady Bird, pero cada uno podría darle razón de ser a su propia película.

Tan diferentes, tan iguales

Christine y su madre son más parecidas de lo que creen. La idea es visualizada de manera brillante. Después de la escuela, Christine y Julie regresan a casa caminando por los barrios ricos de la ciudad, imaginando qué mansión habitarán cuando sean adultas. Después de un turno doble en el trabajo, la madre regresa a casa por el camino más eficiente, disfrutando del atardecer sobre los banales paisajes urbanos. Los jóvenes tienen tiempo para soñar, los adultos encuentran la felicidad donde pueden. Las dos secuencias se presentan una detrás de la otra, sugiriendo como los sueños juveniles se transforman a medida que la realidad y el tiempo hacen lo suyo con los seres humanos.

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Ronan en miércoles de cenizas, y otros ritos de maduración en escuela católica

Dos talentos a seguir

Ronan es una actriz prodigiosa. Su interpretación es tan natural, que puede parecer que no está haciendo nada, solo existir dentro de las circunstancias del personaje. ¿Se necesita algo mas? No lo creo. Pero compare este trabajo con el que realizó en “Brooklyn” (John Crowley, 2015), donde interpretaba a Ellis, una muchacha irlandesa que migra a EE.UU. en los años 50. La vemos navegar una vida entera, desde la juventud hasta la madurez. No hay duda que es una de las mejores actrices de nuestros días, con una capacidad de transformación asombrosa.

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¡Bienvenidos al SCU!: Chalamet y Ronan dirigidos por Gerwig

“Lady Bird” fue nominada a cinco categorías del Óscar de la Academia:  Mejor Película, Dirección, Guion, Actriz Protagonista (Ronan) y Actriz de Reparto (Metcalf). Que se haya ido con las manos vacías es una de las grandes injusticias intrínsecas a los premios competitivos. Sin embargo, es una película tan modesta y delicada que, al proyectar adjetivos y trofeos sobre ella, uno se preocupa de que pueda romperse bajo el peso de las expectativas. Con o sin Óscar es un hermoso ejercicio cinematográfico, y Gerwig un talento mayor.

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