“LA VIE EN ROSE” (Olivier Dahan, 2007)

“LA VIE EN ROSE” (Olivier Dahan, 2007)

Cotillard sufre por el arte como la Piaf de “La Vie en Rose”.

Si la vida de Edith Piaf no estuviera bien documentada, nadie la creería.   Así de inverosímiles son los extremos de vicisitud que la diminuta cantante francesa experimentó. Como Judy Garland y Billie Hollyday, Piaf resplandecía en el escenario mientras se auto-destruía  fuera de él. Su debacle personal se volvió parte del espectáculo. Desde que era una niña pobre cantando en las calles a cambio de limosnas, hasta sus conciertos de despedida, donde nadie sabía si podría terminar  apenas una canción sin olvidar las letras o derrumbarse físicamente. Lo patético y lo grotesco abundan en su vida, como materia prima para el bio-filme ideal.

Colaborando en el guión con Isabelle Soleman, el director Olivier Dahan decide mezclar los episodios de la vida de la Piaf como quien baraja unos naipes. Pasamos de su juventud  a su agonía una treintena de años mas tarde, de regreso a su debut en un cabaret de Louis Leplée (Gerard Depardieu). Mientras la película salta en el tiempo, un amplio reparto de amigos, amantes, colaboradores y esposos entran y salen de su órbita. Quizás el director pretende duplicar para el espectador la sensación de caos que la Piaf habría experimentado,  pero lo que consigue es sabotear cualquier momentum dramático que la película pueda generar. Cuando Edith es acusada de complicidad en un asesinato, la resolución es truncada. En el tercio final, un episodio crucial del pasado se revela expeditamente para fabricar un climax que mas bien se disuelve entre tantos golpes del destino. Su impacto, difuminado por el tiempo y la distancia. En lugar de iluminar los temas de la película, la fragmentación los enturbia y la reduce a un catálogo de tragedias y epifanías. Entre las grietas se caen personajes fascinantes (la prostituta Titine, interpretada por Emmanuelle Seigner) y se pierden de vista cruciales episodios históricos. ¿Que hizo Piaf durante la ocupación nazi? Adivínelo,  porque “La Vie en Rose” apenas reproduce un anecdótico encuentro con Marlene Dietrich en Nueva York.  Su descubrimiento y relación con Yves Montand es también ignorada por completo. A pesar de su largo metraje y exceso de eventos,  la película se siente incompleta.

Marion Cotillard, co-protagonista de Russell Crowe en “A Good Year” (Ridley Scott, 2006), se transforma para encarnar a la cantante desde su juventud  hasta su vejez prematura.  Los saltos en el tiempo llaman constantemente la atención sobre el artificio de la transformación. En lugar de conectar emocionalmente con el personaje,  nos empujan  fuera de la historia para admirar la artesanía . Cuesta ver a Edith Piaf – la mujer – si la construcción de la película se hace evidente a cada paso, contrastando a la joven con la anciana, una y otra vez. En vez de identificarse con su humanidad, se admira la pericia del maquillaje. Hay una vistoza secuencia que pone en evidencia las limitaciones. En su primer gran concierto, la aterrada Edith supera el miedo escénico para conquistar al público. Pero cuando sale a cantar al escenario, no escuchamos su voz. Solo vemos a Cotillard duplicando a la perfección los característicos  manerismos de la Piaf (en youtube.com puede encontrar clips de la verdadera Piaf que dan fé del trabajo de Cotillard).  Así, Dahan reduce el trabajo de la actriz a la imitación. En el resto de la película, Cotillard hace fonomímica sobre grabaciones originales de la cantante.

Pero Cotillard trasciende a las limitaciones y salva la película, imprimiendo  convicción a las diferentes facetas de Piaf. Nos convence de que la megalómana tras bambalinas es el ángel en el escenario, pero también la adicta drogandose en su recámara y la muchacha muerta de hambre que se venga  despiadamente de la madre que la abandonó. Tome nota de una pequeña escena en la que Edith, desintoxicándose en California, se reune con la periodista de una revista de modas para una entrevista. La banalidad de las preguntas, contrastada con la sinceridad de las respuestas le partira el corazón. Los mejores momentos vienen cuando el director Dahan supera su deficit atencional. Las escenas que cubren en el romance de Piaf con el boxeador Marcel Cerdan (Jean Pierre Martins) se vuelven el centro dramático de la película, y culminan con una secuencia de virtuosismo técnico que quita el aliento. Si tan solo el resto de la película siguiera esa tónica. Con excelentes valores de producción y una soberbia actuación anclándola en un mar de caprichosos vaivenes narrativos,   “La Vie en Rose” resulta un imperfecto homenaje a una artista sublime y trágica por partes iguales.

  • Publicada originalmente en enero, 2008.

 

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