«La Maldición de la Flor Dorada» (Yimou Zhang, 2007)

«La Maldición de la Flor Dorada» (Yimou Zhang, 2007)

Li Gong es una emperatriz con sed de venganza en «La Maldición de la Flor Dorada».

Algo anda mal en el reino del Emperador Ping (Chow Yun Fat). La emperatriz (Li Gong) sufre una misteriosa enfermedad, y la medicina que le receta el Médico Imperial (Ni Dahong) solo parece empeorarla. La hija del médico sostiene un furtivo romance con el Principe Wan (Liu Ye). Quizás por eso, él trata de extinguir la flama del romance pseudo-incestuoso que sostiene con su madrastra. El Principe Jai (Chou Jay), rival de su padre, regresa aparentemente escarmentado del exilio. Asesinos vestidos de negro implacable rondan furtivamente los pasillos del palacio multicolor. Multitudes de sirvientes preparan frebrilmente el inminente Festival del Crisantemo Amarillo. Pero esa celebración de la armonía familiar se disolverá en sangrienta ironía.

El director chino Zhang Yimou tuvo una era dorada en los 90s. Sus dramas de época ocultaban incisivas críticas sociales, y eran aclamados en el mundo occidental mientras las autoridades de su pais hacian todo lo posible por extinguirlos. Aparentemente, la presión hizo mella en el cineasta. Ahora opera con la venia oficialista. Divide claramente sus películas entre inocuos dramas costumbristas y extravaganzas escapistas. A esa segunda categoría pertenece este melodrama que destila la esencia del cine popular chino. Ang Lee, con la excelente “El Tigre y el Dragón” (2000)  introdujo el género a occidente, pero Yimou hace menos concesiones de tono y estilo. Los reveladores escotes, bien divorciados de las realidades de la Dinastía Tang nos anuncian que estamos en el plano de la ficción. Las actuaciones son super-expresivas, como si una película muda inédita apareciera magicamente con sonido y color. El diseño de producción usa una sicodélica paleta de colores, como si en un insólito fenómeno celeste un arco iris chocara con la Ciudad Prohibida. Los personajes mas inesperados resultan virtuosos de las artes marciales, pero eso no los salva del romanticismo fatalista que no deja afecto sin castigar. Súmele una sacarina e incongruente balada pop para los créditos finales. El resultado es una película que se siente como el misterioso platillo en el menú del restaurante chino que usted quiere, pero no se atreve a probar.

Bien vale la pena ajustar nuestra insularidad cultural para exponernos a este extraño manjar. “La Maldición de la Flor Dorada” arranca como una lenta telenovela venezolana y gradualmente se convierte en una histérica tragedia shakespeareana. Su intriga palaciega se ve ennnoblecida por dos actores de lujo. Chow Yun Fat y Gong Li son espléndidos adversarios. Ninguna mujer se deshace en emociones como ella. Véala sudar, llorar y convulsionarse. La desesperación sólo hace brillar mas su belleza. Él está al otro lado del espectro emocional. Tan posesionado de sí mismo que rompe la pantalla. Purga cualquier emotividad de su voz para que una condena a muerte suene aún mas cruel de lo posible. Por una vez, puede ver brillando el carisma de estas estrellas, que en Nicaragua solo se han dejado ver en producciones norteamericanas que no siempre saben aprovecharlos. Súmele la intoxicante puesta en escena del director, que pasa del melodrama intimista a secuencias de acción casi abstractas en su magnitud monumental, culminando en un desenlace devastador. Las maquinaciones de los monarcas decadentes no pueden detener el implacable sistema, con el rostro de miles de anónimos sirvientes y soldados, ejecutando un férreo protocolo. Se lava la sangre del concreto, y la fiesta continua. Las películas de Yimou no son tan inofensivas como se cree. No se la pierda.

  • Publicada originalmente en junio, 2007.

Deja un comentario