“LA ARDILLA ROJA” (Julio Medem, 1993): CARTA DE AMOR A MI NOVIA AMNÉSICA

Nancho Novo y Emma Suárez, llevando la guerra de los sexos a "La Ardilla Roja".

Nancho Novo y Emma Suárez, llevando la guerra de los sexos a “La Ardilla Roja”.

Apenas un año después de “Vacas” (1992), su impactante largometraje debut, el joven director vasco Julio Medem sorprendió una vez más con “La Ardilla Roja”, una extraña comedia romántica de oscurísimo humor negro. La trama: Jota (Nancho Novo), un músico deprimido por el abandono de su novia, contempla la posibilidad de suicidarse lanzándose por un acantilado al mar. Un acto de intervención divina lo distrae. O más bien, un accidente. Una motocicleta resbala sobre la carretera, choca contra la baranda. El conductor se desploma aparatosamente sobre la arena, como ángel que cae del cielo. Jota corre a socorrerlo. Al abrir la visera del casco, descubre que se trata de una muchacha (Emma Suárez). Ella recupera el conocimiento, pero dice no recordar nada. Ni siquiera su nombre. Entre la llegada de los socorristas y el arribo al hospital, Jota construye una elaborada mentira: le concede a la extraña el nombre de Lisa – el mismo de la novia que le ha dejado – y se identifica como su pareja. Cuando la charada se vuelve difícil de sostener en el hospital, se la lleva a un campamento veraniego. Pero la verdadera vida de “Lisa”, encarnada por un hombre llamado Félix (Carmelo Gómez) cierra el cerco alrededor de la nueva pareja.

La premisa bien podría funcionar para una película de horror. Al engañar a una amnésica haciéndole creer que se su pareja, y dejando que la relación llegue hasta el extremo del sexo, Jota estaría cometiendo una especie de violación. Es testamento a la habilidad del director y los actores que esta interpretación no capture la mente del espectador y la película entera. De hecho, la agenda de Medem es eminentemente feminista. Su película supone una crítica al machismo, y los peligros del afán de control que los hombres ejercen sobre las mujeres.

CUATRO HOMBRES, UN CAMINO

“Lisa” escoge el campamento de “La Ardilla Roja”. Al trasladarse ahí, la película presenta un interesante retrato de la europea costumbre de hacer “camping” en las vacaciones de verano. La pareja tiene como vecinos a una familia nuclear a bordo de un trailer, símbolo rodante de la clase media alrededor del mundo. El marido, Antón (Karra Elejalde) es el típico macho. Trabaja como taxista y mantiene a su esposa a raya en el hogar. Carmen (María Barranco) vive resignada como ama de casa, y no pierde ocasión de atraer a Jota y “Lisa”, tratando de convertirlos en una extensión de su familia. Sus pequeños hijos, Cristina (Ane Sánchez)  y Alberto (Eneko Irizar), extienden la pantomima de concordia marital jugando a que son esposos. Incluso tienen una “hija”, Ana (Sarai Noceda), una niña aún más pequeña que pernocta con ellos, porque su madre, Begoña (Elena Irureta) esta dedicada tiempo completo a engatusar a un turista alemán para convertirlo en su próximo marido.

Las dinámicas entre estos personajes son como advertencias para la pareja “nueva” formada por Jota y la bella amnésica. A medida que la trama avanza, se hacen más patentes las grietas bajo el barniz de amabilidad. Antón no está por encima de ejercer violencia doméstica. Cuando Félix arrecia su campaña en busca de “Lisa”, el afán protector de Antón, pura pose de macho alfa, oculta cobardía e interés personal. El adolescente Alberto sigue al pie de la letra las lecciones de papá. Infantilmente trata de afirmar su pretendida superioridad masculina retando a quien se le pone enfrente a correr o nadar. En otra escena, le da una palmada en el trasero a “Lisa” – la reacción de ésta representa uno de los momentos mas divertidos e incómodos de la película.

Las mujeres que rodean a “Lisa” también funcionan como referentes de lo que le puede pasar a una mujer que se somete a la estructura de poder tradicional. Carmen se sofoca bajo los confines del rol de ama de casa. Begoña es presentada como una figura tragicómica en su afán por suplantar a su marido muerto, un alemán, por otro de la misma nacionalidad. El contrapunto de estas figuras son dos enigmáticas muchachas que trabajan en el camping, una recepcionista y la otra mesera. Visten casi uniformadas, usan el mismo corte de pelo – solo que de diferente color – y evidencian la naturaleza de su relación en un repunte de comedia física de tono subido. Son tan inquietantes y provocativas, que podrían protagonizar su propia película.

MI NOVIA AMNÉSICA

El personaje de “Lisa” supone una construcción magistral de la actriz Emma Suárez. Su disposición reta la idea de que es una mujer desvalida, a pesar que todos los hombres pretenden tratarla como tal. También le lima las asperezas a las facetas más siniestras del plan de Jota. Ella siempre esta en control de la situación, de tal manera que nuestra simpatía con el protagonista nunca se ve menoscaba. Jota, como todos los hombres que se cruzan con ella, esta siendo educado sobre como tratar a un mujer. Simplemente no se da cuenta de ello. Poco a poco, el director y la actriz construyen la convicción de que “Lisa” sabe más de lo que los demás suponen, sentando las bases para un giro final que nos obliga a re evaluar todo lo que hemos visto.

¡Ay, Carmelo!: Gómez lleva el sadismo machista a extremos auto destructivos

UN MONSTRUO LLAMADO FÉLIX

El carácter alegórico de los personajes es más evidente en Félix. Él representa el extremo de la patología machista. Al haber perdido a Lisa, se dedica a buscarla por las autopistas cercanas a Barcelona, atropellando a la cuanta pareja encuentra. Entre un hombre envilecido por el afán de control, y un asesino en serie, sólo hay un paso. Su capacidad de violencia es exhibicionista y teatral, y no duda en cortarse un mejilla para mostrar hasta donde sería capaz de llegar por recuperar a “Lisa”.

Felix es como el gemelo malvado de Jota, una advertencia. Puede convertirse en esto si no entiende que “Lisa” es su igual, y debe aceptarla como es. No existe para que el la amolde en su ideal imposible, en la novia que lo abandonó. El dispositivo narrativo de la amnesia permite convertir a “Lisa” en una enfermiza fantasía masculina: la mujer como tabula rasa, un ser que el hombre puede moldear a su placer. La equivalencia entre Jota y Félix se refuerza con trucos visuales y narrativos. En diferentes momentos, Medem planta escenas en las cuales “Lisa” les dice “lo que me gusta que me haga” a la hora de tener relaciones. Ambos pelean en una secuencia de sueño que culmina con un chiste surrealista magistral. Y la rivalidad/hermandad Jota-Félix se resuelve en un simbólico acto de auto destrucción con matices bautismales. El vencedor emerge de la aguas convertido en un hombre mejor.

UNA INTELIGENCIA SUPERIOR

En su debut, “Vacas”, Medem retrata la vida de una familia del campo durante décadas de convulsa historia vasca, desde el punto de vista de las vacas. Se que suena extraño, pero tiene que verlo para entenderlo. Aquí recurre a un truco similar, tomando a la ardilla roja como motivo recurrente, que llega al extremo de secuestrar el punto de vista de la cámara en algunas ocasiones. La “ardilla” resulta ser una especie de extensión de lo femenino, y esta conectada con “Lisa” y su verdadero yo. No sólo esta en el nombre del “camping”. También inunda los sueños de Jota, cuando este despierta una mañana y un documental sobre el animal emana desde su televisor.

Medem recurre a la casualidad como agente dramático. Y con su puesta en escena, convierte al espectador en una especie de inteligencia superior que trasciende a los límites de la realidad concreta que habitan sus personajes. Menem nos mete en los sueños, las pesadillas y la imaginación de sus personajes. Tome nota de como bien temprano, visualizamos las intenciones de Jota cuando en un sueño inspirado en una foto de la pareja disuelta, suplanta a la Lisa original con la amnésica que cayó del cielo. Tenemos un flashback enigmático y recurrente a la filmación de un videoclip de la banda en la que Jota y Lisa tocaban, que en su recurrencia se revela como una de las coincidencias que tejían el inevitable encuentro con “Lisa”: la filmación se interrumpe por el ruido de un avión que pasa volando…dentro de él, viajan “Lisa” y Félix, años antes del accidente. Entonces. “Lisa” tuvo tiempos felices con Félix”, y eso refuerza la idea de que Jota corre el peligro de repetir el patrón de conducta. Simplemente, su estilo de machismo es más pasivo e indirecto, menos agresivo que el de Félix.

La visión de Medem es secular, y socarronamente, identifica a la inteligencia superior con animales. Véase el ejemplo de “Vacas”, o las escenas en las cuales la cámara adopta el punto de vista de una ardilla que no vemos físicamente. Esta estocada cómica supone que los seres humanos no son tan diferentes a los animales. Sin embargo, creo que la identificación de “Lisa” con el animal, apunta que es ella, el intelecto femenino, la inteligencia superior que gobierna la trama. La posición de la cámara en la escena final encuentra la forma de que visualmente, Jota y “Lisa” registren como iguales. Es un truco de perspectiva simple pero elocuente. El final feliz de “La Ardilla Roja” consiste en la admisión de igualdad entre hombres y mujeres.

“La Ardilla Roja” se presento en el marco del Curso de Apreciación Cinematográfica del Centro Cultural de España en Nicaragua (CCEN), en la Universidad Centroamericana de Nicaragua. La próxima proyección, de “Crimen Ferpecto” (Alex de La Iglesia, 2004) tendrá lugar el lunes 3 de agosto, a las 3:00 pm, en el Auditorio Roberto Terán de la UCA. Entrada libre.

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