“INCEPTION” (Christopher Nolan, 2010)

“INCEPTION” (Christopher Nolan, 2010)

En “Memento” (2000), un hombre sin memoria de corto plazo investiga la muerte de su esposa, la trama se relata al revés para duplicar en la audiencia el estado mental del protagonista. En “Insomnia” (2002), un policía insomne en la soleada noche veraniega de Alaska caza con desventaja a un asesino en serie. En “The Prestige” (2006), la rivalidad de dos ilusionistas en el Londres de principios de siglo se recuenta en una historia donde nada es lo que parece ser. Bienvenidos al mundo del director Christopher Nolan, amante de realidades maleables y estados alterados de la mente. Era cuestión de tiempo para que recurrieran al plano de lo onírico, y ahora lo hace en “Inception” (El Origen).

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La vida es un sueño: Dicaprio y el trompo de la perdición

En un mundo muy parecido al nuestro, algunas personas han desarrollado la capacidad de introducirse en los sueños de los demás. Esta habilidad se vende al mejor postor para practicar espionaje corporativo. Cuando conocemos a Cobb (Leonardo Dicaprio), el invasor está merodeando en la mente adormecida de Saito (Ken Watanabe), un poderoso hombre de negocios. Le acompaña su colega Arthur (Joseph Gordon-Levitt). Ambos extraen un sobre secreto de la caja fuerte que representa el rincón mas recóndito del subconsciente. Pero algo sale mal. Una figura del pasado de Cobb aparece con una pistola en mano. Se trata de Mal (Marion Cotillard), lista para saldar una cuenta indefinida. ¿Que pasa cuando alguien te dispara en un sueño? ¿Y de quien es este sueño,  después de todo? ¿Importa acaso, en el gran esquema de “El Origen”? No crea que le he arruinado la película. Esa es solo la premisa y la secuencia inicial.  Pero no quisiera comprometer ninguna sorpresa porque….mejor vaya a verla y regrese. Podemos seguir.

La densidad metafísica del mundo de sueños donde discurre la película le permite al director y guionista disimular cuan convencionales son sus trucos circunstanciales. Cobb es contratado para plantar una idea en el subconsciente del heredero de un emporio energético. Para completar el trabajo, recluta a Ariadne (Ellen Page), poderosa “arquitecta” que igual necesita intensivo entrenamiento. Así, ella – y nosotros – somos aleccionados sobre como funciona todo. Con un equipo que incluye al imitador Eames (Tom Hardy) y el químico Yusuf (Dileep Rao), hay mucha oportunidades de diálogos expositivos y demostraciones. 

Hay sueños dentro de los sueños, y un “limbo” que puede convertirse en locura, o incluso muerte. Pero no deje que que eso lo desconcierte. Una vez que los protagonistas llegan al “sueño principal”, paramilitares anónimos los persiguen armados hasta los dientes. Las aparatosas persecuciones no se hacen esperar. Bajo la “ciencia del sueño”, nuestros héroes se enfrascan en una película de acción bastante convencional.  O varias. Un plano se desarrolla en una ciudad lluviosa al mejor estilo de los directores Ridley y Tony Scott. Otro, en una caricaturesca guarida nevada que parece salida de una aventura de James Bond…o Austin Powers. Peor aún, Nolan está inscrito en la escuela de acción por edición confusa. Al igual que en su popular “Batman: The Dark Knight” (2008), filma y corta a la velocidad del rayo desde todos los ángulos posibles. Esto no es edición. Es confusión espacial.

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Por a amor a The Matrix: Gordon Levitt en una alucinante secuencia de acción

Afortunadamente para “El Origen”, su mitología genera la ilusión de consecuencia mientras se desenmaraña ante nosotros. Dicaprio y Cotillard logran imbuir de consecuencia el psicodrama de reconciliación y catarsis. La presencia de Dicaprio acarrea además ecos de “Shutter Island” (Martin Scorsese, 2010), un trabajo superior que también jugaba a desorientar al espectador con un concepto de realidad maleable. Paige y Levitt le dan sustancia a sus personajes y el británico Tom Hardy se roba cada una de sus escenas.

Hay imágenes de inquietante belleza, como una calle de Paris que se dobla sobre si misma; o la extensa secuencia en la que Arthur batalla contra  pistoleros de saco y corbata en un hotel, a la vez que trata de proteger a sus cómplices durmientes. En el laberinto de los sueños,  la gravedad se les aplica antojadizamente. Así, pelean y flotan por el pasillo invocando “The Matrix” (Larry y Andy Wachowski, 1999) y los dibujos de Robert Longo.        

Al estrenarse la película en EEUU, algunos se apresuraron a invocar el nombre del maestro Stanley Kubrick para describirla. Quizás el compararla con el resto de la oferta de la temporada les alteró los sentidos. Kubrick era un virtuoso visual, pero también manifestaba una profunda preocupación por la condición humana. El habría encontrado la manera de explorar más la ética de la invasión, y su efecto en los involucrados. Pero Nolan parece estar sólo preocupado por lucir su poder para manipular una narrativa. Hasta su final truncado – me niego a calificarlo de abierto -, denota cierto desprecio a una idea conclusiva. Olvídese de lo que dice el cuento, su prioridad es ver que tanto puede torcerlo. Puede ver una y otra vez las películas de Kubrick;  sacar miles de lecturas del cine-sueño-pesadilla de David Lynch; o admirar la maleable realidad en los filmes de Charlie Kauffman. Basándonos en una de sus imágenes recurrentes,  “El Origen” de Nolan es como un laberinto que usted sigue con un lápiz. Es muy entretenido, pero una vez que está resuelto, no hay mayores alicientes para volverlo a visitar.

* Texto publicado originalmente e agosto 2017.

“Inception” (El Origen) está disponible en video casero en este enlace.

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