ESTRENO: “Fin de Turno” – End of Watch (David Ayer, 2012)

ESTRENO: “Fin de Turno” – End of Watch (David Ayer, 2012)

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Comportamiento ejemplar: Gyllenhaal y Peña quieren llegar al “Fin de Turno”

Lo que mas me gustó de “Fin de Turno” fueron las actuaciones. Un amigo que me acompañó a verla estaba poco impresionado. “¿Cuales buenas actuaciones? ¡Ni siquiera estaban actuando!” – dijo. Y hay esta el detalle. En lugar de admirar una interpretación, Jake Gyllenhaal y Michael Peña fabrican la sensación de que estamos espiando la vida cotidiana de dos policías de Los Ángeles. Los actores son tan efectivos, que casi no nos damos cuenta que la película esta construida con las convenciones del género.

Estamos acostumbrados a identificar la buena actuación como aquella que llama la atención sobre sí misma, apoyada en momentos de gran dramatismo para el personaje. Esta puntualizada por esos momentos que suelen escogerse para los clips que ilustran el trabajo de los nominados al Óscar. Es “Actuación” con “A” mayúscula. También esta la que implica transformaciones físicas radicales apoyadas en grandes sacrificios personales. Véase a Christian Bale en “The Machinist” (Brad Anderson, 2004), bajando de peso de 173 a 110 libras, para interpretar a su famélico protagonista. También están las proezas de maquillaje y prótesis. Cuando la gente bonita se afea, todo el mundo lo nota. Es valentía en la era de la esclavitud de la imágen. Véase a Nicole Kidman, con nariz ganchuda y vestuario de vieja bohemia para encarnar a la escritora Virginia Woolf en “The Hours” (Stephen Daldry, 2002).

Eso nos lleva a otra señal de “buena actuación”: encarnar a un personaje real o histórico. No puede despreciarse además la adopción de acentos particulares. Meryl Streep es la campeona de esta disciplina. Entre sus 17 nominaciones al Óscar, ganadas o perdidas, colorea su inglés con polaco y alemán en “Sophie’s Choice” (Alan J. Pakula, 1982), danés en “Out of Africa” (Sydney Pollack, 1986), inglés australiano en “A Cry in the Dark” (Fred Schepisi, 1988) e italiano en “The Bridges of Madison County” (Clint Eastwood, 1996). También puede elevar la imitación a la categoría de arte. Recurra al YouTube para comparar sus esfuerzos con las voces originales de Julia Child en “Julie & Julia” (Nora Ephron, 2009) y Margareth Tatcher en “The Iron Lady” (Phillyda Lloyd, 2011).

En “End of Watch”, Jake Gyllenhaal y Michael Peña no interpretan a sus personajes, mas bien se comportan como ellos. El reparto de la película de David Ayer adopta un estilo naturalista, inserto en una narrativa llena de convenciones del género. Puede leer mi reseña de “End of Watch” aquí, en la revista DOMINGO del diario LA PRENSA.

No quiero decir que un estilo sea superior a otro. Diferentes personajes en diferentes películas demandan habilidades particulares. Todo depende del tono que el director quiera infundir, su estilo para dirigir y el aporte creativo del actor. Hay actuaciones que pasan a la historia por su cualidad hiperbólica y exagerada. Muchos las etiquetan de “malas”, pero en realidad son lo que el proyecto demanda, o lo que lo hacen especial. Faye Dunaway es sublime en “Bonnie and Clyde” (Arthur Penn, 1968), “Chinatown” (Roman Polanski, 1975) y “Network” (Sidney Lumet, 1976). No en balde la Academia le dió cariño por ese trio de películas. Sin embargo, uno de sus actuaciones mas recordadas es la cruel caricatura de Joan Crawford en “Mommie Dearest” (Frank Perry, 1981), consideraba un clásico del “camp”. Y hay un lugar para las “malas” actuaciones. Las películas de John Waters, por ejemplo, no serían lo que son si el directo apuntara a emular el estilo actoral que Woody Allen imprime en sus películas.

¿Ustedes prefieren un estilo sobre otro? La frontera entre lo malo y lo bueno está en el ojo del espectador.

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