“ENCHANTED” (Kevin Lima, 2007)

“ENCHANTED” (Kevin Lima, 2007)

 Adams y Dempsey quieren hacer realidad un cuento de hadas en “Encantada”.

Disney llega bien tarde a la fiesta de la sátira post-modernista. Su principal rival en animación, Dreamworks, marcó la pauta desde el 2001 con “Shrek”. Desde aquel entonces, el sub-género revisionista se marchitó en secuelas (Shrek 2, 2004) y se diluyó en imitaciones (Hoodwinked!, 2005). La modesta calidad de la reciente “Shrek The Third” (Chirs Miller y Raman Hui, 2007) anuncia que la irreverencia ha dejado de ser la actitud de moda. Ahora esel status quo. En esta situación, todo lo viejo se siente nuevo otra vez. Lástima que “Encantada” no pueda comprometerse a fondo con el romanticismo anticuado que la haría florecer.

Todo comienza a la antigua. En luminosos dibujos animados, la doncella Giselle encuentra a su proverbial príncipe y se enamoran a primera vista. Que “retro”. Hasta la imagen esta confinada a las dimensiones de un anticuado radio de proyección (1.75:1). Camino a su boda, Giselle es interceptada por una anciana. En realidad de se trata de la Madrastra del príncipe, dispuesta a impedir la boda para no perder el trono. Su plan, ejecutado a la perfección, implica empujar a la futura nuera en un pozo sin fondo, que mágicamente la trae al mundo contemporáneo.  La pantalla se ensancha al cinemascope de hoy y Giselle emerge por una alcantarilla en el centro de Times Square, hecha carne y hueso pero con su mentalidad de cuento de hadas intacta.

Giselle no esta preparada para enfrentarse a la vorágine de Nueva York, y menos para entender  el amor en el siglo XXI, escenificados por un padre soltero que la socorre (Patrick Dempsey), su insegura hija (Rachel Covey) y su prometida (Idina Menzel), una profesional que ve con suspicacia a la sorpresiva huésped. Muy pronto, el Príncipe Edward (James Mardsen) y su intrigante escudero (Timothy Spall) cruzan al mundo real para rescatar a la doncella. La malvada Reina (Susan Sarandon) les sigue los pasos, para resolver de una vez el problema de su sucesión.

Lo que “Encantada” se propone es una tarea muy difícil: honrar las convenciones dramáticas de las viejas películas animadas, al mismo tiempo que se burla de ellas y las actualiza a la mentalidad moderna. La dirección de Kevin Lima y el guión de Bill Kelly no están a la altura. La película  es vulgar cuando trata de ser infantil – vea a la ardilla Pip, animada por computadora,  reaccionando escatologicamente a un susto-. Es banal cuando trata de ser adulta – las escenas que definen y resuelven el triángulo romántico parecen sacadas de la tiesas películas que Disney filmaba con actores reales durante los años sesentas. También define antojadizamente los términos de sus ficción. Giselle no conoce nuestro mundo, pero instintivamente sabe como usar una aspiradora. Peor aún, en su acto final, sucumbe a las demandas imaginarias del taquillerazo. Aunque la película sea una dulce comedia romántica, tiene que culminar con una estrepitosa secuencia plagada de acción y efectos especiales. Eso es lo que en teoría , el público quiere ver. Quizás, pero aplasta el espíritu de la película.

Y a pesar de todo eso, tiene que verla. La actriz Amy Adams es excelente como la princesa confundida. Sostiene su inocencia interna aún cuando todo a su alrededor atenta contra ella, desde la actitud de los personajes hasta los desatinos de los realizadores. Su actuació es un triunfo de tono y consistencia. Como Reese Whiterspoon en “Legally Blonde”  (Robert Luketic, 2001), Adams eleva la “Encantada”  a un plano superior. Si la película fuera mejor, la habría impulsado a una segunda nominación al Oscar. Aunque se publicita como una “revelación”,  Adams fue nominada a Mejor Actriz de Reparto por “Junebug” (2005, Phil Robinson).  En la misma órbita genial se mueve James Mardsen. Su Príncipe Edward es otro inspirado ejercicio cómico, similar en efectividad a su Corny Collins en “Hairspray” (Adam Shankman, 2007). Los números musicales funcionan, y algunas rutinas humorísticas brillan – tome nota de la ardilla tratando de prevenir a Giselle sobre los planes de la Reina a punta de charadas -. Es un oasis de gracia en una ruidosa y caótica pieza de entretenimiento.

  • Publicada originalmente en diciembre 2007.

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