“DER UNTERGANG” (Olivier Hirschbiegel, 2004)

“DER UNTERGANG” (Olivier Hirschbiegel, 2004)

“La Caída” aparece sorpresivamente en cines locales, casi dos años después de su estreno mundial. Así llegan las películas estimables. Sin previo aviso, poca o ninguna propaganda, meses después de estar disponibles en video. Para buena parte de su audiencia meta, ya es historia antigua. Si tiene la suerte de no haberla visto aún, corra al cine. Es la única película en exhibición apta para mayores de edad y uno de los filmes mas interesantes del año. 

Desde su concepción, “La Caída” se vio envuelta en controversia por su supuesta intención de retratar con vestigios de humanidad a Hitler y sus secuaces. Existe la percepción de que humanizar al monstruo se traduce en avalar sus crímenes. Solo al final, “La Caída” se somete a la tiranía de lo políticamente correcto, en un paso en falso que no cancela sus aciertos.  La acción se desarrolla entre los confines de Berlín bajo estado de sitio soviético. Un amplio grupo de personajes, desde civiles inocentes hasta el mismísimo Fuhrer, enfrentan las consecuencias de perder una guerra.  Es un microcosmos de desesperación, donde la derrota es un virtual Apocalipsis. Oficiales nazis arman frenéticas borracheras con prostitutas, mientras niños jugando a ser adultos toman las armas. 

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Frente al Fuhrer: el estado mayor contempla su causa perdida

El actor suizo Bruno Ganz, mejor conocido como el beatífico angel caído de “Las Alas del Deseo” (Win Wenders, 1987), encarna a Adolph Hitler como una suerte de Rey Lear, un líder envejecido viendo de cara al abismo, traicionado por sus seguidores, asediado por la demencia y la enfermedad. Es una actuación magnética. Ganz trasciende los gestos y define los confines humanos del monstruo. Su Hitler no es un mítico villano, sino un hombre vulnerable y falible. Eso lo hace aún mas aterrador. Note con que ligereza toma una decisión que condena a los civiles que aún habitan en la ciudad sitiada. Mientras sus fieles aún combaten, él los borra del mapa sin pensarlo dos veces. Sabe que para él – y por ende, para sus seguidores – todo esta perdido.

Sorpresivamente, Hitler se vuelve casi un personaje secundario. El guión adopta la estructura de la moderna película coral y sigue a una multitud de personajes cuyos destinos terminan conectándose. Nuestra guía en el camino es Traudl Junge (Alexandra Maria Lara), la joven secretaria que sirvió a Hitler en sus últimos años. Otro personaje crucial en el esquema narrativo es el médico Ernst-Günter Schenck, miembro del equipo médico de Dachau que se convierte en cirujano a la fuerza en un dantesco hospital dilapidado. El desfile de figuras es incesante: Himmler, Albert Speer, Goebbels… Esto es como crack para fanáticos del Histoy Channel. Pero la multitud de personajes diluye el impacto de la película. Los azares de la guerra y su corrosión del espíritu humano ya ha sido retratada en el pasado con mayor elocuencia. El niño de la bazooka y su amiguita belicosa parecen refugiados de una película de Spielberg. Cada vez que Hirschbiegel  nos saca del búnker, se siente como una distracción. Es en ese agujero negro donde reside la novedad de “La Caída”.

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Braün (Khöler), Hitler (Gana) y Speer (Ferch)  en el cuarto mejor decorado del búnker

El director Oliver Hirschbiegel, conocido por el thriller “Das Experiment” (2001), encuentra sus mejores escenas en el claustrofóbico refugio final de Hitler. La patética Eva Braun (Juliane Kholer), bailando sobre una mesa en la fiesta mas deprimente del mundo; Goebbels (Ulrich Matthes), deslizándose como un espectro en los zapatos de su jefe. Su esposa Magda (Corinna Harfouch) protagoniza el inesperado punto culminante del filme: la ejecución de sus cuatro hijos. “Es mejor que mueran, antes de que vivan en un país sin social-nacionalismo”, escribe en la carta de despedida a su hijo de un matrimonio anterior.

Bajo la dramatización histórica se esconde la escalofriante fortaleza de la película: su implacable observación de la naturaleza humana en la órbita del poder. Los funcionarios fieles suenan como los burócratas de cualquier gobierno. Los nazis hablan de su líder con las palabras similares a las de los representantes de cualquier partido político. El mesianismo, la ambición, el fanatismo y la negación trascienden el tiempo y las fronteras.

La película cierra con una declaración de la verdadera Traudl,  tomada del documental “Blind Spot: Hitler’s Secretary” (Andre Heller y Othmar Schmiderer, 2002). En ella, reflexiona que su juventud no era una excusa para comprometerse con el fascismo y hacerse de la vista gorda al genocidio judío y demás crímenes del régimen. Es una manifestación de la conciencia culpable del pueblo alemán que no suma nada a “La Caída”.  A esas alturas, el trabajo del filme ya esta hecho. 

* Texto original publicado en junio 2006.

* La película está disponible en video casero en este enlace.

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