CRIMSON PEAK (Guillermo del Toro, 2015)

CRIMSON PEAK (Guillermo del Toro, 2015)

El director mexicano Guillermo del Toro está viviendo el momento más exitoso de su carrera. Su película más reciente, “The Shape of Water” (2017), tuvo el mayor número de nominaciones al Óscar del 2017, con un total de 13, y se llevó cuatro estatuillas, en las categorías de Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Música y Mejor Diseño de Producción. Bien puede ser la película con mayor proyección en su filmografía, y la más accesible. Sin embargo, puede ser menos interesante que su antecesora inmediata, “La Cumbre Escarlata”. Demasiado extraña para la taquilla masiva, demasiado sangrienta para la Academia, el siniestro romance gótico languideció en los cines, pero esta listo para ser re descubierto gracias a Netflix.

Invocando al espíritu del horror clásico

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Edith (Wasikowska) es la clásica “damisela en apuros” en “Crimson Peak”

Después de los espectáculos taquilleros de “Hellboy II” (2008) y “Pacific Rim” (2013), del Toro dispuso regresar al horror íntimo de sus primeras películas. “La Cumbre Escarlata” supone el cruce de múltiples corrientes dramáticas y estilísticas: las historias de casas embrujadas, el esteticismo de los filmes de los italianos Mario Bava y Dario Argento, la atmósfera teatral de las películas de los estudios Hammer en Inglaterra, Edgar Allan Poe…Del Toro es un erudito de la cultura popular en clave siniestra, pero las referencias no servirían de mucho sin sus afinados – y afilados – instintos artísticos.

En el Nueva York de principios de siglo XX, Edith Cushing (Mia Wasikowska) es una joven enfrentándose a lo límites de la alta sociedad. De niña, la muerte de su madre en una epidemia de cólera la deja susceptible a ver fantasmas. Ya adulta, prefiere alimentar sus ambiciones literarias que cazar pretendientes en los bailes. Es una mujer de avanzada. Al menos, hasta que Thomas (Tom Hiddlestone) y Lucille Sharpe (Jessica Chastain) entran en su vida – tome nota que “sharp” quiere decir “filoso” en inglés – . Los hermanos son atractivos aristócratas ingleses, buscando capital para rescatar su negocio familiar: una mina de arcilla roja, ubicada a los pies de su casa señorial en una remota costa de Cornwall. Edith es seducida por la vulnerabilidad de Thomas, y rápidamente termina en sus brazos, a pesar de la suspicacia de su padre, Carter (Jim Beaver), y de su amigo de infancia, el Dr. Alan McMichael (Charlie Hunnam). Pronto, el amor conduce a Edith a la ruinosa, remota mansión de los Sharpe, plagada de espectrales visiones.

El pasado no ha terminado con nosotros

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Hiddleston y Chastain: los vagamente incestuosos hermanitos Sharpe

El virtuoso equipo de producción crea una versión estilizada del pasado, vívida y convincente. Del Toro se mantiene alerta a explotar símbolos y contrastes. Las vibrantes calles de Manhattan dan paso a  la soledad de Cornwall. Cuando la acción se traslada a Inglaterra, la ruinosa mansión embrujada compite por protagonismo con los actores de carne y hueso. El diseño se vuelve más expresivo que realista, y asume el bagaje psicológico de los personajes.   La arcilla roja supura por las paredes y las tuberías, como la sangre que abona los secretos de los hermanos Sharpe.

Del Toro ama el “gore”, la representación de violencia extrema en términos teatrales. Pero también lucha por trascender al simple sensacionalismo. En “El Espinazo del Diablo” (2001) y “El Laberinto del Fauno” (2006), fantasmas y monstruos son resabios del horror de la Guerra Civil Española. Son víctimas del pasado, o oráculos que tratan de prevenir, infructuosamente, a los protagonistas. Los vivos suelen ser más peligrosos. En “La Cumbre Escarlata” no hay un sub texto político que le de sustancia a la fantasía, pero sí referencias históricas y sociales: los Sharpe son los últimos vestigios de la aristocracia en decadencia, en relación parasitaria con el “dinero nuevo” de los capitales americanos. Es eso lo que representa el padre de Edith. Ella es una heroína feminista, simbólicamente castigada por sucumbir a la fantasía romántica que Sharpe le ofrece. No es casualidad que su otra posibilidad romántica sea un médico.

La dinámica competitiva entre la aristocracia europea desmonetizada y la nueva clase rica ávida de títulos recuerda las novelas de Henry James y Edith Warthon. Pero las convenciones del filme de horror, que del Toro despliega con celo enciclopédico, hacen que la película aterrice en el plano más accesible de la cultura popular.

Nada más aterrador que desafiar expectativas

En retrospectiva, la película se beneficia de la creciente popularidad de series de TV que reproducen primorosamente épocas pasadas, como la inglesa “Downton Abbey” (2011-2016) o la española “Velvet” (2013-2016). Sin embargo, no hay que esperar apego a la realidad en “La Cumbre Escarlata”. Quizás las escenas en Nueva York apunten a un costumbrismo idealizado, pero el grueso de la acción, escenificado en Inglaterra, es pura hipérbole arquitectónica y paisajista.

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Cumbre Escarlata: la casa de los sueños de cualquiera chica bien

Algo parecido pasa con los actores. El arco de sus carreras se proyecta en franca contradicción con lo que la película pide de ellos. Hiddleston se ha convertido en un caricaturesco villano-héroe en las franquicias de “Thor” y “Avengers” según las demandas del “universo cinematográfico Marvel”. Aquí, es un opaco galán romántico. Loki, apenas te reconocemos. Chastain es una actriz seria y sustancial, que llega a esta casa con sendas nominaciones al Óscar, primero como la esposa trofeo en “The Help” (2012) y después como la valiente agente cazadora de terroristas en “Zero Dark Thirty” (Kathryn Bigelow, (2012). Un filme de género como este, por muy estilizado que sea, no es lo que el status quo espera de una actriz que se perfila como la nueva Cate Blanchet.

Curiosamente, “La Cumbre Escarlata” se siente menos urgente que sus “películas españolas”, sin embargo, es una vital ejercicio de horror, con intoxicantes gestos cinematográficos. Tome nota de la introducción de Lucille Sharpe, y como Chastain devora cada escena. Es una villana para toda la eternidad. Hiddlestone la sigue paso a paso, apropiándose del arco narrativo más interesante.

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Chastain, dándole a la histeria un buen nombre

En retrospectiva, Edith es una excusa para introducirnos en el enfermizo mundo de ellos. La pobre Mia Wasikowska termina siendo el personaje menos interesante de todos, un simple doble de la audiencia a quien podemos seguir en un pasillo oscuro. Si en algo falla la película, es en convertirla en un personaje con más niveles y complicaciones. Sin embargo, no es una falla mortal. La película, bellamente producida, es un espectáculo que debe verse en la pantalla más grande posible. Sus pesadillas jamás se han visto tan hermosas.

 

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