“CRASH” (Paul Haggis, 2004)

“CRASH” (Paul Haggis, 2004)

                                                       Razas y clases sociales en punto de colisión: Newton y Dillon en “Crash”

Según la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, “Crash” fue la mejor película del 2005. Permitanme disentir. Ese fué el año que vió “Brockeback Mountain”, “A History of Violence” y “Cache”. En un año de películas confrontativas y descarnadas, “Crash” se destaca por ser la alternativa segura e infoensiva. Adula al espectador convenciéndolo de que es un mejor ser humano por verla. Tiene la sutileza de un accidente de tráfico, su motivo recurrente favorito.

En un dia invernal en Los Angeles, una serie de coincidencias entrelazan los caminos de un grupo de personajes racialmente definidos, repartidos entre todos los estratos sociales. Los blancos: el acomodado fiscal de distrito (Brendan Fraser) y su tensa esposa (Sandra Bullock); dos policias con una relación confrontativa (Matt Dillon y Ryan Phillipe). Los negros: un exitoso director de televisión (Terrence Howard) y su bella esposa (Thandie Newton); un investigador de policía (Don Cheadle) con una madre adicta; dos jóvenes criminales de poca monta (Larenz Tate y Chris “Ludacris” Brown). Los hispanos: un joven cerrajero tatuado (Michael Peña), una bella detective (Jennifer Esposito) enredada con su compañero de patrulla, y una modesta sirvienta (Yomi Perry). También hay una joven doctora persa (Bahar Soomekh) y su volátil padre (Shaun Toub), que siempre son etiquetados como árabes. Hay algunos asiáticos en la periferia. Solo faltan unos esquimales.

Disculpen si parece grosero encasillar a los personajes por su etnicidad, pero es exactamente eso lo que hace el director y guionista Paul Haggis. Utiliza los estereotipos que tanto critica para articular un melodramático llamado a la tolerancia, apoyado en una filigrana de coincidencias que atenta contra la credibilidad por la forzada simetría de su estructura. Cada personaje entra en pantalla declamando un epíteto racial, o compartiendo su prejucio favorito. Se convierte en víctima y victimario de los demás. Cada uno peca y se redime. Algunos son escarmentados por la fatalidad. La lección que “Crash” quiere impartirnos es que en el fondo, todos somos iguales, unidos por el miedo al otro, pero podemos convivir si tan solo nos amamos los unos a los otros. Saquen sus pañuelos, y esperen a que la acomodada ama de casa abrace a su sirvienta.

                                                                                               Bullock y Fraser: avatares del privilegio blanco

Paul Haggis es un veterano productor de televisión (culpable del popular vehículo de Chuck Norris titulado “Walker: Ranger de Texas”) y se nota su tendencia a la sobre-simplificación, típica de la televisión episódica en su variante mas humilde, ahora aplicada a una estructura dramática que otros han usado con mejor suerte: “Short Cuts” (Robert Altman, 1993) y “Magnolia” (Paul Thomas Anderson, 1999). La misma ciudad, la misma dinámica colectiva. “Crash”  se diferencia por su énfasis en el ángulo racial, pero la hace con una simpleza de espíritu que impide tomarla en serio.

Sin embargo, no puedo descartarla completamente. Esta es la peor película mejor actuada del año.  El reparto ennoblece las caricaturas. Todos ellos pueden encarnar una gran historia sobre el choque de razas y clases en los Estados Unidos multi-étnicos del siglo XXI. Lástima que hayan quemado sus cartuchos en este premiado accidente.

Deja un comentario