“Cartas a Van Gogh” (Dorotea Kobiela y Hugh Welchman, 2017)

“Cartas a Van Gogh” (Dorotea Kobiela y Hugh Welchman, 2017)

“Cartas a Van Gogh” (Loving Vincent) es un filme de dibujos animados, pero no está diseñado para niños. Es una exploración en la leyenda del artista, que repasa el mundo que habitó en sus últimos días. No ha pasado suficiente tiempo como para que sus contemporáneos reconozcan al gigante que se movía entre ellos.

Loving-Vincent-1200x600-c-default
Vincent, en una inusual aparición multicolor en “Cartas a Van Gogh”

El cine ama a un genio incomprendido

La vida del pintor Vincent Van Gogh es tan dramática, que incluso antes de que sus cuadros se convirtieran en las pinturas más caras del mundo, los cineastas repasaban su biografía en busca de inspiración. Kirk Douglas lo interpretó en uno de sus papeles más emblemáticos en “Lust for Life” (Vincente Minelli, 1956) – aunque fue Anthony Quinn el que se llevó el Óscar por su Gauguin -. Los rebeldes del nuevo cine americano hicieron lo propio, aunque un poco tarde. Robert Altman dirigió “Vincent and Theo” (1990), un filme tardío enfocado en el punto de vista de su hermano Theo. Martin Scorsese dejó la cámara e interpretó el pintor en un episodio de “Sueños” (1990), el filme antológico del legendario Akira Kurosawa. El tratamiento de esa película puede ser el antecedente más directo a “Cartas a Van Gogh”. En el episodio “Cuervos”, un estudiante de arte se introduce, literalmente, en algunas pinturas famosas del pintor, y eventualmente lo encuentra en plena faena de trabajo sobre el lienzo que eventualmente conocemos como “Campo de Trigo con Cuervos”.

MSDDREA EC013
Retrato del director como artista: Scorsese es Van Gogh en “Sueños de Akira Kurosawa”

“Cartas a Van Gogh” es una extensión natural de ese ejercicio creativo. La película nominada fue nominada al Óscar a Mejor Largometraje Animado, pero perdió la estatuilla ante la imparable “Coco” (Unkrich y Molina, 2017). Acaba de aparecer en la rejilla de Netflix, después de un fugaz estreno en los cines de la región. Tiene que verla para creer que existe. Los directores Dorota Kobiela y Hugh Welchman han realizado un filme animado al estilo de las pinturas de Vincent Van Gogh. Cada fotograma es, técnicamente, una pintura. Recrean sus obras más distintivas e infunden vida en personajes reconocibles de sus lienzos. Si alguna vez deseó ver “Noche Estrellada” en movimiento, esta es su oportunidad.

Artesanía moderna, via Linklater

Según las notas promocionales de la distribuidora, 100 artistas pintaron a mano los 65 mil cuadros que conforman la película, de poco más de hora y media de duración. Es un imaginativo uso del procedimiento conocido como “animación rotoscópica”, desarrollada por el cineasta norteamericano Richard Linklater para sus películas “Waking Life” (2001) y “A Scanner Darkly” (2006). La tecnología permite filmar a actores de carne y hueso, y después animar cuadro por cuadro el video resultante.

quick-fix-movies-to-watch-waking-life-image
Jessie (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) en una escena de “Waking Life” (Linklater, 2001)

CSI: el sur de Francia

En lugar de presentar una biografía tradicional del artista, el guion escrito en colaboración con Jack Dehel se articula como un misterio post-mortem. El jefe de correos Joseph Roulin (Chris O´Dowd), uno de los pocos amigos del trágico pintor, encuentra una carta sellada, escrita por Vincent para su hermano Theo. Han pasado dos años desde de su muerte, pero el hombre quiere cumplir su deber y entregar la carta a su destinatario. Para eso, recluta a su hijo, Armand (Douglas Booth), joven con poco miramiento para el artista.

loving-vincent-1200-1200-675-675-crop-000000
Monsieur Roulin (Chris O’Dowd) asigna una misión a su displicente hijo Armand (Douglas Booth)

Armand acomete la tarea a regañadientes, pero a medida que conoce a más personas conectadas con Van Gogh, y las circunstancias de sus últimos días, se obsesiona con la idea de saber que pasó exactamente. ¿Se quitó la vida por mano propia? ¿Fue un accidente? ¿Alguien jaló el gatillo?  Los personajes son familiares de sus cuadros: el vendedor de pinturas Père Tanguy (John Sessions), la posadera Adeline Ravoux (Eleanor Tomlinson), el doctor Gachet (Jerome Flynn) y su hija, Marguerite (Saorsie Ronan) – presentada como un posible interés romántico. La abundancia de actores angloparlantes delatan las ambiciones globalistas de los realizadores, patentes en el afortunado pero fugaz estreno en mercados de exhibición teatral tan pequeños como los de Centroamérica.

Loving-Vincent-03-web-758x337
Pere Tanguy (John Sessions) antes y después de recibir el tratamiento rotoscópico

Blanco y negro, a colores

El “presente” del filme, cubriendo las interacciones de Armand, se visualiza como las famosas pinturas al óleo de Van Gogh. Los realizadores no solo se apropian de la belleza estética creada por el artista, también sugieren de forma directa como su obra sigue viva tras su muerte física. Cada personaje que Armand encuentra funciona como el clásico narrador poco confiable, que ofrece una versión subjetiva de la verdad. Estas escenas se presentan como flashbacks, reproducidos como bocetos en carboncillo. El mundo que Van Gogh habita es, literalmente, blanco y negro, contrastando dramáticamente con el brillo de sus obras. Es un concepto que sugiere el arco trágico de su carrera. En vida, languidece en el anonimato gris, en los márgenes de la sociedad. Tras su muerte, su visión es validada, y literalmente cambia nuestra forma de ver el mundo.

life03-112317-696x508
Vincent (Robert Gulaczyk), apenas te conocimos…

La forma supera el contenido en “Cartas a Van Gogh”. Armand no es un personaje interesante, más allá de cumplir su misión como doble del espectador. La articulación de los últimos días del artista, como una especie de misterio por resolver, es marginalmente interesante. Quizás funcione mejor para personas que desconocen completamente la historia. En medio de todo eso, Van Gogh permanece inescrutable, como una quimera. En sus breves apariciones, encarnado por Robert Gulaczyk, apenas lo escuchamos hablar. El actor polaco es sorprendentemente parecido al pintor, y su intensidad nos deja con ganas de haberlo visto siendo parte más activa del filme. Pero quizás ese es el punto. Van Gogh, despreciado en vida, es inalcanzable después de la muerte, tanto para sus contemporáneos como para nosotros. Sólo nos quedan sus pinturas, como despachos de una mente brillante, un hombre demasiado sensible para el mundo que le tocó vivir.

Epilépticos y migrañosos, procedan con cautela

loving-vincent
Mira a la luz, siente la migraña detonar…

La artesanía de la película es admirable, aunque a veces puede resultar demandante para el globo ocular. Las tomas abiertas, con mucho detalle en reflejos y luces, por ejemplo, vibran con una multitud de estímulos. Tuve una migraña que bien puedo achacársela al desvelo, pero quizás se activó por los destellos expresionistas de una lámpara de techo. El concepto mismo del filme no sobrevive, a la hora de compararlo con su fuente de inspiración. Después de todo, los cuadros de Van Gogh no necesitan movimiento físico de sus elementos. Lo tienen implícito en sus pinceladas. La película termina siendo un desafío creativo, curioso pero innecesario desafío creativo. Es el tipo de película diseñada para hacerte sentir culto por el solo hecho de entrar en contacto con ella. Peor aún, protegido por el conocimiento y el tiempo, el espectador puede sentirse superior a todos los personas que desfilan en la pantalla. ¡Son uno idiotas! ¿Acaso no saben que Van Gogh era un genio?  No, no lo saben. Pero no se regodee mucho. Solo el tiempo nos dirá a cuantos genios estamos despreciando en este momento. Quizás no vivamos lo suficiente para descubrirlo.

Aún así, “Cartas a Van Gogh” merece un chance en Netflix. Y puede ser un valioso puerto de entrada para que el público más joven conozca al artista y su obra.

  • “Loving Vincent” está disponible para streaming en Netflix Latinoamérica.
  • La película también está disponible en DVD y en Blu Ray.

Deja un comentario