“CARS” (Lasseter & Ranft 2006)

“CARS” (Lasseter & Ranft 2006)

                        Corriendo con la reserva: Wilson, Larry the Cable Guy, y Paul Newman dan voz a los personajes de “Cars”

Pixar tiene un record implacable. Desde “Toy Story” (1995) hasta “The Incredibles” (2004), la productora de dibujos animados generados por computadora ha desbancado a Walt Disney como vanguardia en el cine familiar, capaz de crear películas para niños suficientemente sofisticadas para los adultos. El éxito ha sido tal, que Disney dobló el rey. La compañía que Mickey Mouse construyó ahora vive de distribuir los clásicos instantaneos de Pixar, y dejó sus estudios de animación en manos de su filial. A principios del año, cuando Pixar coqueteaba con la idea de abandonar a Disney, los analistas de Wall Street temían  por la sobrevivencia del gigante.  La ligera decepción que despierta su última película no cambiará el balance del poder.

Lightning MacQueen (Owen Wilson) es un auto deportivo, novato en el circuito de carreras. Su soberbia le hace perder la Copa Pistón de Oro, pero gana una segunda oportunidad cuando el final de foto revela un triple empate. En su camino a la nueva competencia, se desvía involuntariamente a Radiator Springs, un pequeño pueblo abandonado por las grandes autopistas. Forzado a quedarse unos dias por un aparatoso accidente, conocerá a sus habitantes y aprenderá de ellos que la vida es algo mas que una carrera por el triunfo.

Dos grandes cliches narrativos colisionan en el guión de “Cars”: el drama deportivo de competencias climáticas y la aleccionadora historia del citadino que aprende el significado de la vida en un publecito anticuado. La denuncia de los vicios de la modernidad frente a las virtudes del pasado siempre suena un poco hipócrita, mas aún viniendo de una compañía que trabaja con tecnología de punta. ¿Por que no hace Pixar una película sobre un geniecillo de la computadora que aprende sobre la belleza de la animación dibujada a mano, gracias a una pandilla de viejos animadores retirados que viven en una cueva sin energía eléctrica?

                                            La gloria del comercio: ¿Quieren comprar un carrito? ¿O dos? ¿O tres? ¡Colecciónalos todos!

Disculpen el sarcasmo. En un inicio, la película no capturó mi atención, que se desviaba por tangentes de esa especie. El  escenario es novedoso: un fantástico mundo sin seres humanos, donde vehículos  antropomorfos se comportan como personas. Pero el concepto despierta una multitud de preguntas prácticas que la película no quiere, ni puede, responder. Esta es una marcada diferencia con, digamos, “Toy Story” y “A Bug’s Life”, donde se aceptaba rapidamente sus premisas. Juguetes vivos?  Insectos parlanchines? Por que no! La clave esta en la complejidad psicológica de los personajes. Recuerde la riqueza del melodrama doméstico en la familia de super-héroes de “The Incredibles”. Si se acepta  a los dibujos animados como dobles de seres humanos, de rebote se acepta la realidad que polulan sin mayor resistencia. Los autos de “Cars” encajan en sus simples arquetipos y no van mas alla: el militar retirado es un Jeep, el hippie del pueblo es un van Volkswagen…. Supongo que el público infantil esta mejor equipado para dejar que la imaginación vuelve, despegando de un punto tan limitado.

La película arranca con una sátira del culto a la celebridad y la sobresaturación audiovisual de la cobertura mediática. Sobre la pantalla se despliegan las imágenes de un canal de noticias deportivas al estilo de ESPN, cubriendo la crucial carrera. La “cobertura” emula a la perfección el modelo real, con su ritmo hipercafeinado y el abuso de gráficos animados. Expandido a la pantalla grande,  el ejercicio de estilo se convierte en el foco de migrañas mas efectivo del momento. A pesar de esta cualidad nociva, la maniobra tiene sentido dentro del argumento. La acción se desacelera cuando McQueen llega al pequeño pueblo. El cortejo de McQueen y Sally (Bonnie Hunt), una Porsche/Abogado que se ha retirado para restaurar un hotel de carretera  – o un garaje?  pertenece a cualquier comedia romántica de poca monta. Igual su amistad con una sarrosa grúa llamada Mater (Larry the Cable Guy). La película se encausa por el carril correcto remolcada por Paul Newman. El insigne actor da voz a un clásico Oldsmobile que hace las veces de líder del pueblo, y que oculta un gran secreto. Gracias a él, “Cars” encuentra  su corazón en el tercio final y culmina en un conmovedor desenlace. Tarda en calentar motores, pero llega a la meta.

La película tiene sus problemas. Y sobrepasando por un minuto las dos horas de metraje, se siente demasiado larga para su propio bien. Sin embargo, es impecable en su manufactura. Será difícil que vea  este año una película mas hermosa visualmente. Los artistas de Pixar le dan buen nombre a la tecnología  digital, y todavía  dejan mordiendo el polvo a la película infantil promedio.

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