«BORAT: CULTURAL LEARNINGS OF AMERICA FOR MAKE BENEFIT GLORIOUS NATION OF KAZAKHSTAN» (Larry Charles, 2006)

«BORAT: CULTURAL LEARNINGS OF AMERICA FOR MAKE BENEFIT GLORIOUS NATION OF KAZAKHSTAN» (Larry Charles, 2006)

«Tiempo sexy…¡con mi hermana!»: Borat se prepara para descubrir EE.UU.

Mi exposición al trabajo del humorista británico Sacha Baron Cohen ha sido nula. Sé que salto a la fama como Ali G, un blanquísimo judío que se hace pasar por rapero. Sus otros personajes son Bruno, un modelo alemán abiertamente homosexual, y Borat, el auto-proclamado “segundo mejor reportero de Kazajstán”. En su serie de TV “Da Ali G Show”, los tres alter-egos de Baron Cohen entrevistan a políticos y entretenedores, confrontándolos con situaciones incómodas y preguntas de estupidez exhuberante. “Borat” representa su primera incursión significativa en cine (en el 2006, tuvo un papel del reparto en la comedia norteamericana “Talladega Nights”). Las escenas promocionales de “Borat”, con sus caricaturas eslavas, no pueden prepararlos para la brillante sátira social que es esta película.

La premisa es sencilla: el reportero Borat Sagdijev es escogido por el Ministerio de Información de su país para viajar a Estados Unidos y filmar un documental que recoja lecciones valiosas para su pueblo. Acompañado de su voluminoso productor Azamat (Kevin Davitian), Borat llega a Nueva York armado de buena voluntad y un catálogo de idiosincracias y prejucios. En un vagón del metro, trata de saludar a los extraños besándolos. Decide no tomar un avión a California por si acaso “los judíos repiten su atentado del 11 de Septiembre”. La película consiste en episodios donde ciudadanos comunes interactuan con el personaje sin saber que es una construcción ficticia, hilvanados por una narrativa picaresca en la que Borat viaja desde Nueva York a California, en busca de su amada Pamela Anderson. Si, Pamela Anderson, conocida por las páginas de Playboy y pornografía casera de consumo público.

El principal blanco de “Borat” son los prejuicios. Hay para escoger: misoginia, antisemitismo, racismo, homofóbia. El mísmo Borat los personifica y hace que afloren en los demás. En principio, me incomodaba un poco el modus operandi de los humoristas. Después de todo, sus inocentes víctimas acogian al excéntrico extranjero con buena voluntad e infinita paciencia. Todos mis reparos desaparecieron al ver lo que sucede en pantalla. Los humoristas no están a la caza de individuos, sino de conductas generalizadas, inherentes a la sociedad.Luchar contra ellas al exponerlas y denunciarlas es una guerra, y como en toda guerra, hay víctimas colaterales. Siento simpatía por la instructora de etiqueta que trata de preparar a Borat para una cena de sociedad. Ninguna por los universitarios alcoholizados que piden el regreso de la esclavitud. La estocada final, que legitimiza de manera incuestionable el método de Baron Cohen es su compromiso total con la experiencia. Él no opera desde un plano de remota superioridad moral. Se pone a sí mismo en la línea de fuego, jugandose el pellejo, la integridad física y la dignidad. Se trata a sí mismo peor que a cualquiera.

A pesar de las protestas del gobierno de Kazajstán, “Borat” no es una ofensa para su país. Ni para los Estados Unidos. Ofende al mundo entero. Un mundo donde la omnipresencia del detrito de la cultura popular norteamericana hace las veces del esperanto. No es una casualidad que la musa de Borat sea Pamela Anderson. Después de todo, la pobrísima serie de TV “Baywatch” es historicamente uno de los programas mas vistos a nivel mundial. Que dice eso de nosotros?

Tampoco el ejercicio de los prejuicios es exclusivo de los norteamericano. En una escena temprana, Borat trata de cantar el himno de Estados Unidos en un rodeo tejano. El momento puede estar asociado a “America the Beautiful”, pero el nacionalismo obtuso es el arma favorita de todos los gobiernos (“Unida, Nicaragua Triunfa”, amigos mios). Las circunstancias que colman la paciencia de una matrona sureña pondrían igual de lívida a una dama granadina. Los cristianos fundamentalistas que evangelizan con celo auto-complaciente a Borat podrían haber esta aquí en una marcha contra el aborto terapeutico, con todo y su oportunista dirigente político.

El director Larry Charles, apoyado en la experiencia de la serie “Curb Your Enthusiasm”, es un virtuoso de la comedia improvisada. Los arranques de espontaneidad se ordenan en un brillante guión que se burla de las convenciones dramáticas del cine. No en balde fue nominado a un Oscar como Mejor Guión Adaptado, perdiendo injustamente ante la opción conservadora de “The Departed” (Martin Scorsese, 2006). La estética misma de la película es fuente de humor. Tome nota de los bloques de color negro que se usan constantemente para sobreponer subtítulos en inglés sobre textos en kazaco, similares a los utilizados en algunas películas norteamericanas y series alemanas difundidas por el Sistema Sandinista de Televisión en los 80s.

Una advertencia. Le garantizo que en algún momento se sentirá ofendido. Puede ser por el inuendo sexual, la desnudez, el morbo, la violencia implicita, por reconocerse a sí mismo a a la gente que quiere. Si no ofendiera, “Borat” no estaría haciendo su trabajo. Esta sátira de extremos surrealistas, cruda y grosera, es una de las mejores películas del año. Luis Buñuel estaría orgulloso.

  • Publicada originalmente en marzo, 2007.

 

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