“BLACK PANTHER” (Ryan Coogler, 2018)

“BLACK PANTHER” (Ryan Coogler, 2018)

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El mejor super héroe, el rey: Chadwick Boseman es “Pantera Negra”

Marvel salda una cuenta pendiente con “Pantera Negra”.  En su nueva era como estudio multimedia, lleva más de una década dominando la taquilla con películas centradas en héroes de un perfil definido: basicamente, hombres de raza blanca. Las mujeres y todos los demás grupos étnicos quedan relegados a interés romántico y papeles de apoyo. DC Comics se le adelantó con “La Mujer Maravilla” (Patty Jenkins, 2017), mientras una esperada aventura de “La Viuda Negra”, con Scarlett Johansson, nunca llegó a materializarse. “Pantera Negra” es una ambiciosa película que revierte el balance racial de los repartos, y ofrece una intrigante exploración de la cultura africana en clave “pop”.

Flashback al principio, o antes, incluso

Las semillas están en “Capitán América: Guerra Civil” (Anthony & Joe Russo, 2016). Ahí conocimos a T’Chaka (John Kani), rey de Wakanda, una misteriosa nación africana. Su hijo, el príncipe T’Challa (Chadwick Boseman), trata infructuosamente de salvarlo cuando terroristas de HYDRA  atacan las Naciones Unidas. Pero antes de llevarnos al funeral real, la película arranca con un flashback a Oakland, California, en 1992, cuando una escuadrón secreto le hace una visita mortal a un agente infiltrado. ¿O es un traidor? De vuelta en el presente, un grupo de mercenarios roba una reliquia de un museo británico. El objeto está hecho de vibranium, el misterioso mineral que abona el progreso del país imaginario. En su palacio, T’Challa se prepara para los ritos de su coronación.

Suena como demasiado, y en algún nivel, lo es. El guión acreditado al director Ryan Coogler y Joe Robert Cole, carga mucha trama. Además de eso, tiene que invertir tiempo en crear no solo un mundo, sino una cultura entera. Además, reconoce elementos históricos de la dolorosa relación entre EE.UU. y África, desde la esclavitud hasta la ola de violencia actual. A eso debe sumar las particularidades políticas de este país imaginario, formado por cinco tribus distintivas, así como la intriga palaciega alrededor de la sucesión del trono. ¡Oh! Y no hay que olvidar la conexión de la historia con el resto del “universo Marvel”. Spoiler alert: Pantera Negra regresará en “Avengers: Infinity War”, programada para estrenarse el 4 de mayo del 2018.

Ciencias Sociales de Wakanda

Gracias a las propiedades mágicas de vibranium, Wakanda es una nación rica y desarrollada, donde tradiciones milenarias coexisten con tecnología tan avanzada que es desconocida en el resto del mundo. Apartando El reino ha apostado por sobrevivir a costa de una política aislacionista. No comercian con ningún otro país ni aceptan migrantes. Tampoco aceptan la ayuda internacional que necesitan sus vecinos. Incluso, utilizan un avanzado sistema de radares para hacer que sus ciudades y fronteras sean invisibles.

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Boseman y Jordan en el rito de coronación más violento en la historia de las monarquías

“Pantera Negra” revierte el balance racial del reparto – solo hay dos personajes blancos de consecuencias, el agente Ross (Martin Freeman), un clásico “sidekick”, y Ulysses Klaus (Andy Serkins), villano secundario. Los personajes hablan con la cadencia de un acento indefinidamente africano. La película también trasciende a la clásica narrativa de redención y empoderamiento personal. T’Challa tiene que convertirse en el líder que su pueblo necesita, pero el conflicto de fondo tiene que ver con responsabilidad de él como sujeto, y el país entero, frente al mundo. W’Kabi (Daniel Kaluuya), líder de la tribu fronteriza, suena como Donald Trump cuando dice que Wakanda no debe involucrarse con los otros países. En contraste, Nakia (Lupita Nyong’o), la novia de T’Challa, le da la espalda a la realeza para ayudar a naciones vecinas, empobrecidas por el colonialismo – y la falta de vibranium, supongo. La película la introduce tratando de liberar a un grupo de muchachas secuestradas por una milicia al estilo de Boko Haram. A lo largo del filme, vemos repetidamente los portentos de la tecnología de Wakanda, ubicándonos en el bando moral de ella, contra los reparos del mismísimo T’Challa. Simplemente, no esta convencido de que es lo correcto. En el otro extremo ético tenemos a los principales villanos, que quieren usar el poderío de Wakanda para vengar violentamente a su raza, invadiendo los países donde sus hermanos son oprimidos.

Poder a las mujeres: más que interés romántico

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Nakia (Lupita Nyong’o) es el corazón y la conciencia de “Pantera Negra”

Nakia no es la única mujer de armas tomar. Ayo (Florence Kasumba) es una implacable general que dirige el ejército de Wakanda, y debe resolver en cuestión de segundos profundos dilemas éticos. Shuri (Letitia Wright), la hermana de T’Challa, es algo más que una princesa: es la inventora de las armas de última tecnología que Pantera Negra usa, incluyendo su traje especial. Ella es como Q para James Bond, y Lucious Fox para Batman. La reina Ramonda (Angela Bassett) apropiadamente proyecta majestad, y recuerda la ferocidad de su Tina Turner en “What’s Love Got To Do With It?” (Brian Gibson, 1993).

En el “universo Marvel”, “Pantera Negra” tiene más parecido con la franquicia de “Thor”, al fundir “realidad” y mitología en un mundo sin barreras. No hay dioses per se, pero si un ritual de coronación que permite encontrarse con los ancestros. La escena se desarrolla en una planicie iluminadas por una surrealista aurora boreal. T’Challa se encuentra con el espíritu de su padre, quien reafirma el aislamiento. Se hace énfasis en el hecho de que Wakanda nunca ha sido colonizada, y esa es la clave de su progreso. El nuevo rey debe proteger a su pueblo, pero bajo la influencia de Nakia, se siente culpable. Los ciudadanos de Wakanda son los privilegiados, el 1% que vive en bonanza, mientras el 99% sucumbe en la pobreza. Esto le da un sabor agridulce a la celebración de los avances de esta civilización, inmune a la explotación y subyugación de los blancos.

El villano que conoces

Esa contradicción le da combustible a Erik Kilmonger (Michael B. Jordan), el villano principal. Él es un hijo perdido de Wakanda, que ha pagado con sangre el precio de proteger los secretos de su país. Ha crecido como los afroamericanos de Norteamérica, experimentando en carne propia el racismo y la exclusión. Kilmonger y T´Challa se enfrentan en cuanto al uso de violencia. Kilmonger quiere emplear todo el poder destructivo del vibranium para vengar a su raza. T’Challa no puede permitir que la solidaridad se manifieste de manera destructiva.

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No hay héroe sin villano: Jordan y Kaluuya en el mismo bando

Jordan es un excelente adversario. Esta es su tercera película con Coogler, después del drama de de la vida real “Fruitvale Station” (2013) y la secuela sorpresivamente efectiva de “Creed” (2015). Búsquelas en Netflix, porque valen la pena. Una villanía más simple, pero con su propio encanto, es profesada por Andy Serkis, como un mercenario capaz de impactante brutalidad. Es refrescante ver al actor virtual que hizo de Gollum usar toda su presencia física para construir un personaje.

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Ayo (Florence Kasumba) está lista para patear el trasero del hombre que ama

Si algo podemos reclamarle a la película, es el alcance de su ambición narrativa. Hay tanta trama, personaje y drama, que es fácil perderse. En medio de una multitudinaria secuencia de acción, la general Ayo y W’Kabi se enfrentan el uno contra el otro, desde bandos separados en una lucha fratricida. Ella le deja claro que sería capaz de matarlo, si fuese necesario, a pesar de que sean pareja. ¿Ayo y W’Kabi son pareja? Seguro parpadee en el momento preliminar en el que se estableció ese vínculo. También es un poco extraño que una película tan alerta a las heridas del colonialismo ofrezca como alternativa una monarquía.

A diferencia de las películas de “Thor”, las que más se parecen en espíritu y forma, el diseño de producción logra combinar lo digital con lo orgánico. Wakanda es un triunfo de conceptualización y ejecución. Puede ser que trenes autónomos recorran un laberinto de túneles subterráneos cargando toneladas de un súper mineral; pero los líderes se reúnen sobre una plataforma cubierta de tierra roja, en el centro de un lujoso salón. El afro-futurismo es tan poderosos, que uno espera que George Clinton y Erika Badú aparezcan tras una esquina para interpretar un dueto.

El director Ryan Coogler logra lo imposible, manteniendo su impronta personal bajo las demandas de un estudio notorio por su afán de control. Ejecuta secuencias de acción claras y envolventes. La mejor puede ser una pelea colectiva escenificada en un casino ilegal de Seúl. La puesta en escena, definida por tomas largas, recuerda la masacre de la Casa de Hojas Azules en “Kill Bill Vol. 1” (Quentin Tarantino, 2003). No en balde recuerda a la envolvente toma inicial de “Creed”, siguiendo al joven boxeador desde la calle hasta el cuadrilátero. Ojalá Coogler pueda seguir minando el mundo que ha construido en busca de más historias. Es la mejor película de súperheroes que Marvel ha hecho en años.

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