PODCAST: “La Liga de la Justicia” versus “Thor: Ragnarok”, DC Comics versus Marvel

¡”No pasa nada” vive! En mes y medio fue imposible reunirnos a grabar por el permiso de paternidad de Manuel, pero logramos hacerlo en una fecha importante para los “geeks”: el estreno de “La Liga de la Justicia” vuelve a poner en la palestra la rivalidad entre DC Comics y Marvel. Esperamos que el próximo no tome tanto tiempo. Gracias a doña Cate por venir emo. Nada como una ganadora del Óscar que se vuelve darks. ¡Denle play y compartan!

Episodio 72: DC Comics, sigue un paso atrás de Marvel

“Asesinato en el Expreso de Oriente” (Kenneth Branagh, 2017)

Todos son sospechosos: “un gran reparto lleno de rutilantes estrellas” a bordo del “…Expreso de Oriente”

Confesión de parte: traigo mucho equipaje a la hora de abordar “Asesinato en el Oriente Express”, la nueva adaptación de la novela de Agatha Christie dirigida y protagonizada por el británico Kenneth Branagh. En mi infancia, tuve una racha obsesiva con las novelas de la autora británica, leyendo frenéticamente cuanto volumen encontraba en mi casa y en la biblioteca del colegio. Eran libros de bolsillo de la Editorial Molino, que se caracterizan por hermosas portadas ilustradas que reproducían provocativamente pistas de la narrativa (¡alguien debería hacer un blog de diseño gráfico recopilando las portadas!). La edición de “El Asesinato en el Expreso de Oriente” que leí había sido lanzada alrededor del estreno de la primera versión fílmica, bajo dirección de Sidney Lumet (1974). Decepcionantemente, carecía del evocativo montaje de pistas. Tenía a Albert Finney caracterizado como el detective Hercule Poirot, frente a una siniestra locomotora. En la contraportada, un mosaico con las fotos del resto del elenco. La película se presentó en Nicaragua en la inauguración del Cine Dorado de Managua. En aquella época no permitían bebés en los cines, así que tuve que conformarme con ver la película al filo de los 2000, cuando fue editada en DVD

Puedo decir orgullosamente que en tres ocasiones descubrí al asesino antes de llegar a las páginas finales – “Némesis”, “Testigo Mudo” y “En el Hotel Beltram”, ¡si tienen que saberlo!-. Eventualmente, agoté los libros disponibles y gravité hacia otras lecturas. No puedo emitir juicios de valor sobre la obra de Christie, pero los críticos aseguran que “Asesinato en el Oriente Express” es uno de sus mejores trabajos. Sus numerosas adaptaciones, a traves de diferentes medios – cine, TV, radio, teatro – hacen imposible declarar con autoridad cual es la mejor, o la más auténtica.

Mi problema con el nuevo “Asesinato en el Expreso de Oriente” es que recuerdo todo. Muy bien. Sé quien, donde, como y porqué se cometió el misterio central de la película. Pero no importa. En alguna medida, el filme no esta hecho para mí, sino para nuevas audiencias que no necesariamente conocen a Christie, ya no digamos, haber sus libros. Es una pieza de nostalgia que usa el texto como excusa para revivir un ejercicio cinematográfico anticuado: el glamuroso filme de entretenimiento para adultos, “¡estelarizado por un gran reparto de rutilantes estrellas!”. Ese anticuado lema publicitario es perfecto para describir un proyecto que enlista a veteranas de lujo como Michelle Pfeiffer y Judi Dench, actores excéntricos y sustanciales como Willem Dafoe, estrellas entrando a una madurez problemática como Johnny Depp, y nuevos talentos como Josh Gad, Leslie Odom Jr. (revelación en el fenómeno teatral “Hamilton”) y Daisy Ridley (la nueva heroína de la franquicia “Star Wars”).

La película también se adapta al progreso de los tiempos, neutralizando el clasismo que matiza la obra de Christie. Sus novelas reforzaban la supremacía de la más rancia aristocracia. No pocas veces, hacía gala del exotismo colonialista. Podemos imaginarnos a la escritora desmayándose en un diván ante la inclusión de un romance interracial. La nacionalidad de algunos personajes se cambia para ofrecer un panorama más inclusivo: tenemos a una misionera española (Penélope Cruz), un comerciante de autos de origen hispano (Manuel García-Rulfo). En un destello de progresismo, el hijo del dueño del tren, el disipado Bouc (Tom Bateman) convence a Poirot de tomar el caso manifestando que al llegar a la próxima estación, las autoridades asumirían que el negro o el mexicano serían automáticamente culpables sólo por el color de su piel. A pesar del cadáver desangrado en una cabina, el Orient Express se presenta como una especie de utopía donde todas las razas y clases sociales coexisten armoniosamente, bajo la sombra de la sospecha. El único personaje cripto-facista se revela como un consumado actor.

El Dr. Frankenstein no tiene ética…ni camisas. Branagh en “Mary Shelley’s Frankenstein” (1994)

No es el único devorando el escenario. Branagh dirige para lucirse. De la misma manera en que en “Mary Shelley’s Frankenstein” (1994) convirtió la clásica novela de Mary Shelley en un escaparate para sus abdominales, aquí convierte al seco y remoto Poirot en un manojo de sentimientos nobles: tiene una novia  perdida y contempla lloroso su retrato, las circunstancias del crimen sacuden sus convicciones sobre el bien y el mal, al extremo de empujarlo al borde de una crisis de fé. Peor aún, los convierten en una especie de hombre de acción, presto a utilizar su bastón como una de esas armas multi-propósito de Batman o James Bond. Poirot apareció en 33 novelas y al menos cincuenta cuentos de Christie. Más de 20 actores han acometido la tarea de darle visa y cada generación tiene el suyo. El mío es Peter Ustinov, gracias a “Muerte en el Nilo” (John Guillermin, 1978) y “Maldad bajo el Sol” (Guy Hamilton, 1982). Otros favorecen a David Suchet, gracias a sus múltiples encarnaciones en la serie de ITV.

Un Poirot para mi solo: Peter Ustinov en “Muerte en el Nilo” (John Guillermin, 1978)

Es imposible asegurar que Branagh sea el peor, pero lo construye como un héroe más convencional. Tomando mucha licencia creativa, el guión de Michael Greene asume la forma de una especie de “historia de origen”, que introduce al personaje de Hercule Poirot como protagonista de una nueva franquicia. Un extenso prólogo dramatiza su fastidiosa naturaleza, y ofrece la resolución de un misterio que no estaría fuera de lugar en una sátira de película de Agatha Christie. Supone que un rabino, un cura y un imán son sospechosos del robo de una reliquia. La convicción de que la audiencia necesita “identificarse” con el héroe los empuja por el azaroso proyecto de “humanizar” al remoto y seco personaje. Casi todo el mundo sobreactua, pero este tipo de película lo pide a gritos. El efecto es delicioso, cuando se trata de actores como Pfeiffer, Cruz, Dafoe y Gad. El peor despliegue corre por cuenta de Sergei Polunin, como el príncipe Andreyi, presto a lidiar con los paparazzi con un par de patadas balletísticas.

La novela es una cadena de tensas conversaciones e interrogatorios, escenificados en los confines claustrofóbicos de un lujoso tren detenido en un paso de montaña por una avalancha de nieve. Branagh hace hasta lo imposible por “abrir” visualmente su película. Hay un extenso prólogo en un Estabul de recreado por artesanía de estudio y computadora – en línea, muchos dicen en son de burla que Estambul parece Naboo -. Cada vez que pueden, sacan a los personajes a del vagón, sea para una persecución por un puente, o un encuentro climático en la boca de un tunel.

Mi cuota de suspenso residía en si Branagh cambiaría el desenlace del libro original. Sabiamente, no lo hizo. Pero a lo largo del camino, hay ciertas libertades con el texto original: personajes compuestos, persecuciones, pistas nuevas y una cuchillada propinada al abrigo de la oscuridad. No son grandes transgresiones. Cada generación tiene el Poirot que amerita su época. Por eso, este tiene escenarios generados por computadora , heroes emotivos y lágrimas fáciles. También secuelas. La película cierra virtualmente anunciando que la próxima aventura será “Muerte en el Nilo”. Solo puedo lamentar que no hayan escogido otro libro, alguno que no haya leído o visto en cine. Sé quien cometió el crimen, como y porqué. ¡Mala suerte!

“La Verdad Incómoda 2” y “Geostorm”

¡EL CLIMA ES UN DESASTRE!: “La Verdad Incómoda 2” y “Geo-tormenta”

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¡Al Gore presidente del mundo!: salvando a la tierra, una presentación de powerpoint a la vez.

Si quiere ir al cine para escapar de los efectos de la última onda tropical, sepa que puede ser que esté lloviendo más adentro que afuera. Dos películas de alto perfil aprovechan la crisis del cambio climático para apelar al favor de la audiencia. Sólo una de ellas amerita su atención.

Hace diez años, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, sonó la campanada de alerta sobre el cambio climático con “Una Verdad Incómoda”. El documental dirigido por Davis Guggenheim fue un fenómeno mundial. Recaudó mas de 23 millones de dólares en la taquilla norteamericana – nada despreciable para un documental, y particularmente uno descrito como una presentación de powerpoint en pantalla grande; y conquistó dos Óscares de la Academia. Algunos gobiernos compraron copias de la película para usarla en sus escuelas, como material didáctico. Es difícil medir el impacto del filme, pero si podemos decir que contribuyó a posicionar este problema en el imaginario popular. Lo precario de su forma se compensaba con la contundencia de su mensaje.

La verdad Incómoda 2” se beneficia de no tener que explicar desde cero el problema. El guión, acreditado a Gore, encuentra un arco narrativo natural en las negociaciones previas a la firma del Acuerdos de París, con todo y giros sorpresas. La película hace un buen trabajo a la hora de recapitular la carrera del político convertido en activista, poniendo al día al público que quizás era demasiado joven – o no había nacido – para el drama electoral del año 2000, cuando se plegó a la decisión de la Corte Suprema de Justicia y cedió la silla presidencial al republicano Goerge W. Bush, después de un recuento imposible en el estado de Florida. En “La Verdad Incómoda 2” se sugiere que el revés lo redirige hace una causa mayor. Su trabajo concientizando por el medio ambiente se presenta como una extensión natural de su vocación de servicio público. Quizás ese es el subtexto más sorpresivo en la película: bajo la alarma ambiental, se esconde una vocación de servicio que le devolverá fé en los políticos – al menos, por el tiempo que dure la película.

La negativa de Nicaragua a firmar el acuerdo – recién corregida la semana pasada – no figura en la narrativa. Los dilemas del mundo en desarrollo, y las contradicciones con los paises desarrollados, se cristalizan a través de India. En un giro de película, Gore se presenta como el artífice de la maniobra resuelve el entuerto. “La verdad…” es transparente en sus maquinaciones estructurales: en el tercio inicial, Gore se reune con los burócratas indios que resienten ver como los paises ricos, después de gozar del combustible fósil por mas de un siglo, pretenden que ellos no lo utilizen para hacer lo propio. El episodio es indispensable para fundamentar el climax. Similarmente, invertimos tiempo en la formación de los activistas globales. En Paris, se revela que Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), es egresada de los programas de formación fundados por Gore.

¡Al Gore va a salvar mundo! Podemos disculpar cierto nivel de culto a la personalidad, en una película hecho por el hombre que alguna vez declaró haber inventado el internet. Queda en evidencia que Gore está haciendo el trabajo que dice hacer. Las cámaras lo siguen a las Filipinas, hasta el sitio de una tormenta cataclísmica, y reconforta a los sobrevivientes. Busca evidencias en su propio traspatio, visitando en Miami las zonas inundadas por el agua de mar que invade las alcantarillas de la ciudad, gobernada por un republicano famoso por pertenecer a la facción que niega las evidencias científicas del cambio climático. Después de exaltarse en una presentación, Gore pide disculpas por su exceso de emoción. No debería, es contagiosa. Y más necesaria que nunca, considerando el retroceso que representa la presidencia de Donald Trump.

Lástima que la película pasó fugazmente por el cine. Tendra que esperar a que aparezca en las plataformas de streaming. Apenas se proyectó durante una semana, en dos tandas nocturnas por día. Es encomiable que la hayan programado del todo, pero queda pendiente un esfuerzo más agresivo de promoción. No basta con que el poster figure en el sitio web, y se mencione un par de veces en la página de Facebook. Por género, formato y tema, la película enfrenta mucha resistencia. En la tanda que asistí, de 10 personas, cuatro abandonaron la sala después de unos 20 minutos, después de pasar comiendo nachos, conversando y viendo sus teléfonos incesantemente. Ni siquiera le dieron chance al filme. Al día siguiente, quiso la suerte que fuera a ver otra película al medio día. Era el último día de proyección del documental. En el lobby, se agolpaba un nutrido grupo de estudiantes de secundaria de un colegio privado capitalino. Eran tantos, que era evidente que se trataba de un viaje de campo institucional. ¡Seguro venían a ver “La Verdad Incómoda 2”! Pues…no. Un empleado del cine me confirmó que iban a ver “Línea Mortal”. Creo que los “profes” no hicieron su tarea.

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¡Estas tolvaneras ya parecen las de León!: la India sufre la antesala de la “Geo-tormenta”

El clima también está en la mente de Dean Devlin, director de “Geo-Tormenta”, un lastimoso ejercicio de cine-desastre. El productor de “El Día de la Indepencia” debuta trás la cámara con un esfuerzo que hace que ese esperpento marciano parezca “Ciudadano Kane”. La premisa monta incongruencia sobre tragedia: en un futuro cercano, para revertir los efectos del cambio global, la humanidad se ha unido para crear una red de satelites que manipulan el clima, desde una estación espacial construida por Gerad Butler. El problema está en que alguien hackea el sistema, provocando cataclismos ambientales micro-localizados – como una tormenta de nieve en medio del desierto, que congela a una tribu de beduinos -. Pero esta es solo la antesala del evento principal, ¡una “geo-tormenta” que cubrirá todo el planeta! O algo así. Butler, y una tripulación internacional que garantiza estrenos teatrales alrededor del mundo, tienen que descubrir al culpable y detenerlo antes de que sea demasiado tarde. El grupo incluye a la alemana Alexandra Maria-Lara, el mexicano Eugenio Derbez, y el cubano-americano Andy Garcia.

Las escenas de destrucción son breves pero apropiadamente hiperbólicas. El poblema está en que Devlin no se toma la molestia de delineas personajes que puedan involucrarnos emocionalmente en los desastres que construye a punta de animación computarizada. Eso se consigue con estrellas reconocibles, que no necesiten mas de un par de escenas para engancharnos. Compare con la reciente “San Andreas” (Brad Peyton, 2015), donde alguien tuv o el buen sentido de introducir a Kyle Minogue sólo para tirarla desde lo alto de un rascacielos. Aquí, los actores de verdad se desperdician en una pálida intriga, y el aburrido drama de discordia filial entre Butler y Jim Sturgess, como su hermano, un funcionario del departamento de estado.

Por supuesto que “Geo-Storm” sigue en cartelera, por tercera semana, con una taquilla saludable. Si el cambio climático nos extermina, será porque lo merecemos.