“THE HURT LOCKER” (Kathryn Bigelow, 2009)

“THE HURT LOCKER” (Kathryn Bigelow, 2009)

No me extraña que “The Hurt Locker” (En Zona de Peligro) se haya llevado el Óscar a Mejor Película. Tampoco que sea la ganadora con menos ingresos de taquilla, pues desafía todas las expectativas del público ante una película de guerra. No es simple entretenimiento escapista, ni la validación simplista de una ideología. Eso la convierte en un verdadero campo minado, tomando en cuenta que la trama en la controversial invasión norteamericana de Irak. En EEUU, comentaristas de derecha la acusan de ser “anti-soldado”, analistas de izquierda le denuncian por ser “pro-guerra”. Eso es prueba del éxito del filme. Aquí, la guerra simplemente existe. Lo que le interesa a la directora Kathryn Bigelow, es mostrar que le hace a los hombres que se enfrascan en ella.

Los hombres en cuestión pertenecen a una compañía especial de desactivación de explosivos. Al perder a su inspirador líder en la recta final de su año de movilización, el Sargento JT Sanborn (Anthony Mackie) y el Especialista Owen Eldridge (Brian Geragthy), deben acostumbrarse a trabajar bajo el Sargento Especial William James (Jeremy Renner). No es fácil. James es una bala perdida, individualista y amante de la adrenalina. Lo suyo no es un deseo oculto de morir. Es una adicción al peligro. Adora despojarse de su voluminoso traje protector y cortar comunicación con el resto de su equipo. “Si voy a morir, prefiero estar cómodo”, dice casualmente. Vive para el momento en que debe decidir que cable cortar. Lo demás son distracciones. No en balde la película inicia con una cita que escuetamente se resume en “la guerra es una droga”.

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La guerra es una droga, o una bomba que puede estallar en tu cara

Ese es solo un indicio de la agenda. Una idea de las muchas que azotan al espectador, como granos de arena en una tormenta. Con profundidad novelesca, el guión de Mark Boal traza las relaciones de este grupo de hombres, dejando en segundo plano el contexto mayor del teatro de operaciones. La película se divide claramente en un prólogo, un epílogo, y seis capítulos, definidos por días específicos entre los 30 que les quedan juntos. Cada segmento comenta sobre dilemas específicos, y construye una narrativa mayor sobre el efecto de la guerra en ellos. Tome nota de la escena en que encuentran a un grupo de consultores de seguridad varados en el desierto. En un jugoso pequeño papel, Ralph Fiennes se ufana de tener prisioneros a dos terroristas que le reportarán una jugosa recompensa. Los soldados proletarios contrastan con el aire de privilegio de los mercenarios civiles. Y todo lo que tiene que saber sobre la posición de Bigelow y Boal ante la guerra, está en el episodio que sigue al Sargento James cuando, impulsivamente, se escapa de su base para buscar a los responsables de una bomba humana. Se introduce en la casa de quien resulta ser un civilizado profesor iraquí. “The Hurt Locker” si tiene un punto de vista sobre la invasión. Lo transmite con susurros, y no con estallidos.

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Nace una estrella: Renner es el soldado que nunca abandona el campo de batalla

Es notable como Boal inscribe sus diálogos sin afectaciones literarias. Los personajes hablan como gente común, sin grandes declaraciones ni frases hechas. Bigelow extrae actuaciones naturalistas de todo su reparto. Encajan a la perfección con el estilo pseudo-documental. El suspenso no viene solo de la posibilidad de que una bomba estalle, sino de la electrizante inmediatez. La edición de imágenes y sonidos, sumada al estilo interpretativo, contribuyen a hacer del filme una experiencia envolvente. Usted esta ahí. Y esto está pasando ahora. Es por eso que tiene que verla en el cine. Incluso si ya la vio en video casero. Una segunda visita se ve recompensada con creces.

A pesar de los problemas de sus películas anteriores, Bigelow siempre ha sido una virtuosa de la acción. Sus secuencias ponen en vergüenza a los confusos despliegues de éxitos taquilleros como “The Dark Knight”.  También es una maestra del retrato de las superficies. No en balde tiene formación de artista plástico. Vea como la arena se levanta del metal sarroso de una chatarra vehicular; el sudor corriendo en el rostro de un francotirador apostado por horas en el inclemente sol del desierto.  Lo importante no es la terrible belleza estética de las imágenes del director de fotografía Barry Ackroyd , sino como contribuyen a construir una sensación de realidad. O hiperrealidad, sobre la cual va una lacerante carga de humanidad. Podría describir la última toma, en apariencia sencilla y banal, sin hacerle justicia a su carga trágica. El Sargento James avanza con paso firme al único lugar donde se siente que pertenece. El arte de la guerra es destruir al individuo aunque lo deje con vida.  “The Hurt Locker” es pura poesía.

* Texto publicada originalmente en abril 2010.

* Puede adquirir “The Hurt Locker” en video en este vínculo.

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