“50 SOMBRAS LIBERADAS” (James Foley, 2018)

“50 SOMBRAS LIBERADAS” (James Foley, 2018)

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Anastasia Steele (Dakota Johnson) se casa de blanco, la muy descarada.

La larga pesadilla del cine erótico llega a su final. La franquicia de películas basada en las novelas de E.L. James arriba a su anti-climax con “Cincuenta Sombras Liberadas”. Si ha leído los libros y/o a visto las películas anteriores, lo más probable es que complete el trámite y vea como termina la “saga” de Anastasia Steele (Dakota Johnson) y Christian Grey (Jamie Dornan).

Un poco de historia

Si el Día de los Enamorados no existiera, probablemente estas películas nunca hubieran sido filmadas. Cada una de las tres se estrenó un 14 de febrero. El estudio y los distribuidores lograron convertirlas en genuinos eventos. Incluso en un mercado tan modesto como Nicaragua, podían verse funciones privadas organizadas por grupos de amigas, promoción cruzada con librerías y tiendas de juguetes eróticos, e incluso souvenirs fabricados por fans. Recuerdo que cuando se estrenó la primera película, tres adolescentes llegaron al cine con camisetas a todas luces impresas por ellas mismas, que llevaban la palabra “sumisa” impresa en la espalda.

En una pequeña proeza, la compañía productora estrenó las secuelas en años consecutivos, minimizando el tiempo de espera entre una y otra. Es raro que una franquicia haga eso, porque usualmente requieren años de trabajo para construir efectos especiales cada vez más intrincados. Al ser un “drama adulto”, las películas de “50 Sombras…” se presentan más manejables que una complicada super producción. Es, básicamente, un serie de escenas de personas hablando en cuartos y vehículos.

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Las portadas de los libros de E.L. James pusieron de moda las corbatas grises

Los libros de E.L. James triunfaron en EE.UU., y se convirtieron en un legítimo fenómeno de ventas. Confesión de parte: no he leído los libros, pero los extractos que se han citado en la prensa confirman su pobre calidad literaria —“Mi diosa interna baila el merengue con pasos de salsa”—. Eso no molestó al público, que encontró en estos volúmenes una ventana a un mundo desconocido: el de las prácticas sexuales sadomasoquistas. James escribía para mujeres como ella misma, norteamericanas blancas de clase media, que habrían crecido en un ambiente más o menos conservador y religioso. Curiosamente, estas mismas cualidades delatan a Latinoamérica  como terreno fértil para su poder seductor.

El Señor Grey hace su entrada

La búsqueda del actor que interpretaría al seductor “Sr. Grey” se manejó como herramienta publicitaria. Durante unos días, parecía que Charlie Hunnam, mejor conocido por la serie de TV “Sons of Anarchy”, asumiría el papel. Cuando abandonó el proyecto por problemas de agenda, la tarea fue asignada a otro actor inglés, Jamie Dornan. De curriculum limitado, era conocido por un personaje recurrente en la serie norteamericana “Once Upon A Time”,  y por se el asesino en serie de “The Fall”, némesis de la detective interpretada por la brillante Gillian Anderson.

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En “50 Sombras más Oscuras”, Christian y Anastasia se atreven a usar sus antifaces en público

El difícil papel Anastasia Steele, la protagonista femenina que sirve como doble de la audiencia, recayó sobre Dakota Johnson. La joven actriz tenía apariciones pequeñas en películas de alto perfil, como “The Social Network” (2010) y “21 Jump Street” (2012), pero era mejor conocida por ser la hija de los actores Don Johnson y Melanie Griffith – e hijastra de Antonio Banderas.

En la tierra de las mujeres

La dinámica de poder implícita en el ejercicio del sadomasoquismo convertía el proyecto en una propuesta arriesgada, al menos, en los parámetros comerciales de Hollywood. Los productores se curaron en salud contratando a una mujer para que dirigiera la película. La británica Sam Taylor-Johnson, fotógrafa de profesión, había debutado como directora de cine con “Nowehere Boy” (2009), un filme biográfico sobre la juventud de John Lennon. También se convirtió en presa de los tabloides, cuando durante el rodaje entabló una relación romántica con el protagonista, el actor Sam Johnson, algunos años menor que ella. El aura de escándalo puede haber operado en su favor, incrementando el espíritu “licencioso” de la nueva empresa. Se reporta que el estudio también cedió mucho poder a la autora E.L. James. Es encomiable que un filme de aspiraciones taquilleras tenga mujeres en posiciones de control creativo, pero los ejecutivos no operaban en espíritu de inclusión. Era una movida calculada para protegerse de prensa negativa.

La “mirada femenina” de Taylor-Johnson no bastó para salvar “50 Sombras…”

Lástima que “Cincuenta Sombras de Grey” sea tan mala. Anastasia (Dakota Johnson) es una virginal estudiante universitaria, entrevistando al multimillonario Christian Grey (Jamie Dorman) para hacerle el favor a su mejor amiga, quien ha caído enferma. El hombre queda fascinado con la muchacha, y empieza cortejarla con la intensidad de un acosador. Finalmente, le hace una propuesta: quiere establecer con ella un contrato que les permita entablar una relación sadomasoquista. Anastasia pondera la posibilidad de firmar, solo porque está enamorada. Mientras negocian, él cabildea liberándola de su virginidad, e iniciándola en prácticas sexuales poco ortodoxas.

Pero lejos de ser un ejercicio de liberación, la película delata la doble moral implícita en este fenómeno cultural. Grey es un ser humano traumatizado por su pasado. Sus prácticas sexuales no son un asunto de preferencias, son síntomas de un trauma, impuesta por una infancia traumatizante. Anastasia se erige como la salvadora de este hombre dañado. Si para curarlo tiene que someterse, que así sea.

La trama es ridícula, los personajes se comportan de manera absurda, y lo diálogos son risibles. Pero en sociedades tan reprimidas como la nuestra, es bienvenido cualquier medio que le ayude a la gente a explorar su sexualidad. O al menos, a iniciar una conversación. Las prácticas dramatizadas en la película son escenificadas con paralizante “buen gusto”, y la actitud frente al sadomasoquismo es esquizofrénica. Por un lado, pretende que la audiencia disfrute morbosamente de algo “prohibido”. Grey no es un adulto que simplemente encuentra disfrute sensual en una dinámica de control y sumisión. Es un hombre “roto”. Queda implícito que el buen amor de una mujer como Anastasia puede “curarlo” de sus problemas.

Más perturbador que los látigos es el materialismo que la película celebra, la intención de control que se manifiesta más allá de la cama. Grey es guapo, elegante y apestosamente rico. Hace gala de todos los juguetes que el dinero puede comprar. Si fuera un pobre dependiente de tienda, la fantasía sería más bien una película de terror.

A pesar de todo, hay algo positivo en medio del desastre. Dakota Johnson es una buena actriz, y hace que funcione su caricatura de personaje. En la mejor escena, Anastasia y Grey negocian los términos del contrato que lo une en una estéril sala de reuniones, y puede ver como ella asume su cuota de poder en la relación. El problema del consenso se convierte en el tercer personaje sentado en la mesa. “Cincuenta Sombras de Grey” termina con Anastasia abandonando al galán. Es la mejor manera que tiene para recuperar su poder de agencia personal.

La sombra más pálida

La película se convirtió en un éxito de taquilla, garantizando la continuidad de la franquicia. Sin embargo, reportes de roces entre James y Taylor-Johnson culminaron en el retiro de la directora. Las riendas pasaron a manos de un hombre, James Foley. Este veterano tuvo su mejor momento en los ochenta – “At Close Range” (1986) – y los noventas  – “After Dark, My Sweet” (1990), “Glengarry Glenn Ross” (1992) -. Desde entones, ha trabajado más en televisión, dirigiendo episodios de las series “Billions” en Showtime, y “House of Cards” en Netflix. Foley ha hecho cosas interesantes, pero en las dos secuelas, filmadas una detrás de la otra, opera como jornalero contratado. Su trabajo es aséptico e impersonal. Tampoco puede suplir la “mirada femenina” que Taylor Johnson suplía.

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Kim antes de “Grey”: Basinger en “9 1/2 Weeks”

En “Cincuenta Sombras más Oscuras”, Grey trata de conquistar nuevamente a Anastasia. El foco de atención pasa de la piscología interna de los personajes, a factores externos que prometen violencia: Leila (Bella Heathcote),  ex “sumisa” que merodea con intenciones vengativas; Jack Hyde (Eric Johnson), jefe de Anastasia en una editorial, artero depredador sexual; y Elena Lincoln (Kim Basinger), la mujer mayor que abusó de Christian en su adolescencia.

Mientras los villanos hacen lo suyo con poca convicción, Ana deja que Christian saque sus juguetes. En lugar de asumir que estamos ante dos adultos que actuan en consenso, la película marca con signos de admiración cada transgresión, por pequeña que sea. “50 Sombras…” es moralista y morbosa al mismo tiempo. Su retrato de la sexualidad es anticuado, coloreado de un machismo latente.

Hay dos destellos de ingenio, completamente prescindibles. Cuando Anastasia asciende en la escala laboral y conversa por primera vez con su propia asistente, el diálogo es una cita casi textual de un momento crucial en “Working Girl” (Mike Nichols, 1988), uno de los filmes más representativos de su madre, la actriz Melanie Griffith – y una película con un genuino discurso feminista-. Es lo más simpatico que ocurre en dos horas de metraje. El casting de Kim Basinger es un guiño a “9 1/2 Weeks” (Adrian Lyne, 1986), fábula erótica de sumisión y empoderamiento. Esta pedestre película no llega ni a la sombra de esos dos viejos filmes.

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¡A mi mamá le pasó lo mismo!: Griffith en “Working Girl”

El clímax anti-climático

En “Cincuenta Sombras Liberadas”, la virgen modesta y el millonario pervertido han avanzado hasta un genuino estado de gracia heteronormativo: el matrimonio, con todo y vestido blanco.  La pareja todavía practica el sadomasoquismo, pero el anzuelo sensacionalista es ahora un distracción marginal. Hay mucha trama que procesar: ella trata de probar en su trabajo que su ascenso no es un regalo de bodas, él resiente sus amagos de mantener cierta independencia. Protagonizan una agria discusión sobre sus reparos ante el uso del apellido “de casada”. A pesar de sus pretensiones de atrevimiento erótico, en el fondo “Cincuenta sombras…” es un melodrama de los años cincuenta. La arquitecta Gia Matteo (Arielle Kebbel) les construirá una mansión que llamaran hogar, pero hace algunos amagos de quedarse con el patrón. Más violentos son los avances de Jack (Eric Johnson), el ex jefe de Anastasia, que ahora no sólo actúa por despecho romántico. También tiene una conexión problemática con Christian, que anticipa su involucramiento con nuestra heroína.

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“Olvidate del calabozo,¡mirá la mansión que te compré!”: “50 Sombras Liberadas” para consumir

El ejercicio sadomasoquista se convierte en una breve distracción. Pero la verdadera agenda de la serie nunca fue hacer una exploración genuina del erotismo . Solo lo utiliza como para darle un matiz de escándalo a una fantasía aspiracional eminentemente materialista. De ahí, el énfasis en los lujosos juguetes adultos que Christian puede proveer. No me refiero a los columpios, los látigos y las esposas; sino a los aviones, yates, helicópteros, carros, mansiones, apartamentos de ciudad y casas de campo. La trama se detiene virtualmente cada vez que la pareja se sube en un vehículo. En sus peores momentos, “Cincuenta Sombras…” parece un catálogo dramatizado. Es contenido patrocinado, como si un influencer hubiera sido contratado para producir una película.

Si la serie realmente quisiera ser atrevida a la hora de explorar la sexualidad humana, no se casaría con esta visión ultra-conservadora, donde el matrimonio tradicional se plantea como el único final feliz posible – y en el cual la capacidad reproductiva de la mujer prevalece como el factor mas importante para su plenitud. Y todo esto, justo en el momento en que la cultura popular empieza a reconocer el poli amor, las relaciones abiertas y la fluidez del género. Pero “Cincuenta Sombras…” quiere que nos sigamos sonrojando por una gaveta de vibradores. Es la versión de atrevimiento que sólo una beata del siglo pasado puede conjurar.

Por lo menos, ahora Dakota Johnson puede migrar a mejores oportunidades. Si en la primera parte logró hacer algo interesante con un personaje risible, su brillo se fue apagando a medida que la película la despojaba de más prendas de ropas. Hacen falta los pequeños vestigios de humanidad que otras actrices aportaban. Jennifer Ehle aparece en los créditos, pero apenas la vemos en una toma fugaz de la fiesta de bodas. No tiene ni siquiera una línea de dialogo. Recuerdo haber visto en el trailer promocional a Kim Basinger, quien apareció en la película previa en el papel de la “mujer mayor” que había abusado de Christian. Una supuesta reunión con ella se convierte en punto de contención, pero el encuentro sucede fuera de cámara. Lo que haya pasado ahí, es más interesante que todo lo que vemos en pantalla.

El final feliz de Anastasia

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Mathias Schoenaerts, Tilda Swinton, Johnson, y Ralph Fiennes en “A Bigger Splash”: cine erótico bien consumado

Cuando “Cincuenta Sombras de Grey” se estrenó en 2015, predije que Johnson tendría una larga y fructífera carrera. Desde entonces, hasta ahora, hay indicios de que estaba en lo correcto. En “A Bigger Splash” (Luca Guadagdino, 2015), hizo un despliegue de erotismo que pone en vergüenza a esta franquicia, como la precoz seductora en un decadente re-make del thriller francés “La Piscina” (Jacques Deray, 1969). Tuvo un éxito taquillero con la comedia comercial “How to be Single” (Christian Ditter, 2016). Este año, se reune con Guadagnino para encabezar un intrigante re-make del clásico de horror “Suspiria” (Dario Argento, 1977).  Ojalá una fracción de los espectadores que favorecieron la flácida provocación de esta franquicia, siga a la actriz rumbo a mejores películas.

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