“El Espía que Sabía Demasiado” era (es) el Mejor

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Si solo conocen a Gary Oldman por interpretar a Sirius Black en “Harry Potter” y el Comisionado Gordon en “Batman”, esta película será una revelación. George Smiley, legendario espía de las novelas de John Le Carré, vuelve a la pantalla. Y si, es mejor que Batman. Siga el enlace para leer mi artículo en CONFIDENCIAL.

“GOOD NIGHT, AND GOOD LUCK” / George Clooney, 2006

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CINE FORO CCEN: Ciclo “Cine y Periodismo”
JULIO 2012

Juan Carlos Ampié

El periodista Edward Murrow no es una referencia en nuestras tierras. En Estados Unidos es una leyenda. Hizo carrera en CBS, primero como corresponsal y productor radial durante la II Guerra Mundia, después migró a la naciente división de noticias en televisión. Pionero del reportaje noticioso, definió los parámetros del periodismo audiovisual con el programa “See it Now” (Míralo Ahora). Cubrió celebridades y cultura popular en “Person to Person” (Persona a Persona). Esta curiosa combinación, que ahora es tan común, era producto de un toma y daca con los dueños de la televisora. Si en un programa toreaba al poderoso senador Joseph McCarty, en el otro tenía que contribuir al espejismo de que el pianista Liberace buscaba a una buena chica para casarse.

Esa es la etapa de su vida que se retrata en esta película dirigida por George Clooney, tras la cámara por tercera ocasión para relatar una historia que conecta con su manera de ver la vida. Antes de ser celebridad, Clooney es hijo de un periodista de televisión. También estudió periodismo en la universidad. De ahí le viene el activismo político – ha hecho campaña por detener el genocidio en Darfur –. Una visión romántica del periodismo como agente de cambio en la sociedad que informa “Good Night and Good Luck” (Buenas Noches y Buena Suerte). El título es la frase con la cual Murrow despedía sus transmisiones. La tomo de los londinenses asediados por la Luftware, que cada vez que se despedían invocaban a la buena suerte necesaria para sobrevivir a los bombardeos alemanes.

La película condensa acontecimientos que se desarrollaron en 1954. Murrow atacó desde su trinchera televisiva la cacería de brujas instigada por el fervor anticomunista de Joseph McCarthy, enfrascado en denunciar “espías soviéticos” supuestamente atrincherado en el ejército y las altas esferas de gobierno. Cubierto por la histeria de la guerra fría, McCarthy acosaba y esgrimía acusaciones sin fundamento, destruyendo vidas y carreras, y creando un clima de terror y persecución. Este ejercicio fue una extensión de la persecución perpetrada en Hollywood desde 1950, que dió paso a listas negras, exiliados políticos y muchas carreras truncadas.

Usted puede ver a McCarthy en persona en la película. Los realizadores decidieron utilizar material de archivo del político, porque era tan estridente que nadie le creería a un actor que duplicara su teatral intensidad. Incluso así, las audiencias de prueba se quejaban de que el “actor” sobre actuaba. Mas convincente es David Strathairn, como el severo y digno Murrow. El veterano del cine independiente, mejor conocido por ser el actor fetiche del director John Sayles, consiguió su primera y hasta la fecha única nominación al Óscar.

El uso del material de archivo marcó la decisión de filmar en blanco y negro. La película se sumerge en el hermético mundo de los estudios de televisión y las oficinas de la CBS. Muy pocas escenas nos sacan de ahí, y todas suponen una extensión del ambiente laboral: el bar donde los colegas se relajan esperando las reseñas del periódico, o una estación de tren donde un reportero es emboscado por una fuente animosa. Esta es una de las películas que retratan con mas precisión el mundillo del periodismo televisivo: el ambiente de olla de presión en la sala de redacción, la tensión del estudio durante una transmisión en vivo, la ceremonia de las oficinas corporativas. Sólo en este ambiente vemos a Murrow, su productor Fred Friendly (Clooney). Esposas e hijos permanecen fuera de cámara. Nunca vemos sus hogares. El trabajo los define.

La carrera contra el tiempo de la producción de contenido es vívidamente recreada, así como los momentos en que las pequeñas decisiones de la jornada suponen grandes desafíos morales. En estos pasillos y salones se filtra el miedo sembrado por McCarthy. Y eso empuja a Murrow al ataque frontal. Los ejecutivos cuestionan reportar una historia sin la versión de “la otra parte”. Murrow replica que el poder monolítico de McCarthy, con todos los medios en estado de sitio y repitiendo la línea oficial, ya está sobre representado. “Me niego a creer que en cada historia hay dos bandos con igual potestad sobre la verdad”. Apunten eso, estudiantes de periodismo.

Las únicas salidas al mundo doméstico tienen lugar en el departamento de Joe (Robert Downey) y Shirley Wershba (Patricia Clarkson). La pareja debe ocultar su matrimonio porque los reglamentos de CBS prohíbe que esposos laboren juntos. Ellos sirven un dispositivo dramático de varias funciones: son representante del espectador, enunciando dudas sobre las acciones de Murrow. También funcionan como una especie de coro griego, comentando sobre el estado de la sociedad. Finalmente, dramatizan una dimensión personal de la persecución que constriñe la libertad: sea un político que te acusa de comunista, o una corporación que se mete en tu cama, el resultado es el mismo.

La persecución cobra una víctima: Don Hollenbeck (Ray Wise), presentador de noticias , es constantemente asediado por un columnista aquiescente a McCarthy y se quita la vida. Poco antes, le pide a Murrow que lo interpele desde su tribuna televisiva. Él desestima la posibilidad. “No puedo enfrentarme a McCarthy y Hearst al mismo tiempo”, en referencia a William Randolph Hearts, magnate dueño del New York Post y miles de periódicos alrededor de EEUU. A la luz de los eventos posteriores, Murrow se ve brusco y cruel. Pero la decisión está informada por una consideración realista sobre sus límites en el mundo corporativo. No es una casualidad que Murrow se rebajara a entrevistar celebridades de segunda categoría – en una reveladora y breve escena, lo vemos pendiente de la interpelación de McCarthy al mismo tiempo que conduce una entrevista tan banal que no tiene que poner atención a las respuestas del entrevistado.

Con recursos limitados, la película crea una versión convincente del pasado. La bella fotografía en blanco y negro, ejecutada por Robert Elswit, puede haber sido impuesta por la necesidad de ser congruente con el material de archivo, pero le da un matiz mas dramático a la historia. Véase los comerciales de la época, haciendo énfasis en los de cigarrillos – el conspicuo consumo de tabaco es remarcado con afán irónico -. Mas adictivas son las canciones interpretadas por Dianne Reeves con un “combo” de jazz. Los interludios musicales están justificados por la escenificación en los estudios de la CBS – era común que los canales de televisión filmaran números musicales como ese. Sirven para marcar capítulos dentro de la narrativa. También proveen la única música utilizada en la película. No hay partitura de música original, interpretada fuera de cámara por una orquesta. Los artificios cinematográficos son reducidos a su mínima expresión. Esto es real. Esto esta pasando. Véalo ahora. El estado divide a la sociedad en amigos y enemigos. La “caja de cables y luces” está encendida en nuestras casas, sirviendo propaganda y distracción. Buena suerte, de verdad.